Las consecuencias de los sucesos de octubre
Las consecuencias de los sucesos de octubre fueron graves. Hubo una polarización de la política española y un aumento de la tensión social. La izquierda justificaba los sucesos de octubre como una defensa del espíritu republicano. El Gobierno, ahora con predominio de los cedistas, también radicalizaba su postura y aceleraba la eliminación de las reformas del bienio anterior; además de situar en puestos claves del Ejército a militares de dudosa fidelidad a la República, como Mola y Franco. También, miembros del Gobierno del Partido Radical se vieron envueltos en diferentes escándalos de corrupción, como fue el “caso estraperlo”. En este contexto, Alcalá Zamora, tras fracasar en el intento de formar un Gobierno de republicanos moderados, decidió disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones para febrero de 1936.
Las elecciones de 1936 y el Frente Popular
Las elecciones de febrero de 1936: la victoria del Frente Popular
A las elecciones del 16 de febrero de 1936 los partidos se presentaron en dos bloques antagónicos:
- La derecha: Se presentó desunida. La CEDA centró su programa en la revisión total de la Constitución. Los monárquicos, encabezados por Calvo Sotelo, formaron el Bloque Nacional, y su objetivo era derribar la República. Falange se mantuvo al margen de cualquier coalición y promovía su modelo fascista.
- La izquierda: Formó el Frente Popular, que respondía a las directrices marcadas en 1935 por la Internacional Comunista, donde se recomendaba en todos los países la formación de alianzas tácticas del movimiento obrero con la burguesía con el objetivo de combatir el fascismo.
El programa del Frente Popular era fundamentalmente socialdemócrata reformista. En la coalición destacaban partidos republicanos como “Izquierda Republicana” (Azaña) y “Esquerra Republicana de Catalunya”; marxistas como el PSOE, el PCE o el nuevo partido trotskista, el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). La CNT no participó, pero tampoco pidió la abstención. Las elecciones dieron una victoria ajustada al Frente Popular, pero por la Ley electoral, el resultado se traducía en una mayoría absoluta de escaños.
El Gobierno del Frente Popular
Alcalá Zamora encargó a Azaña formar Gobierno y este se compuso solo por republicanos de izquierda, ya que los socialistas rechazaron formar un Gobierno de coalición a pesar de la insistencia del socialista Indalecio Prieto de tomar esa opción. Cuando en abril se abrieron las nuevas Cortes, la primera medida que tomaron fue la destitución de Alcalá Zamora y el nombramiento de Azaña como presidente de la República. Azaña nombró jefe de Gobierno a Casares Quiroga, que decretó una amplia amnistía para los presos de octubre y continuó con las reformas ya emprendidas en el Bienio reformista: se restableció el Estatuto catalán, inició la tramitación parlamentaria de nuevos estatutos de autonomía y se aceleró la reforma agraria.
Conflictividad social y golpe de Estado
Los nuevos Gobiernos tuvieron que actuar en un ambiente de fuerte conflictividad social:
- Por parte de sectores de la izquierda y anarquistas se promovieron ataques anticlericales contra edificios religiosos, huelgas y ocupaciones de tierras, lo que provocaba enfrentamientos con las fuerzas del orden público.
- La derrota de las derechas hizo que muchos miembros de la CEDA se desplazasen hacia posturas más extremas, ya fuese hacia la derecha monárquica y autoritaria que defendía Calvo Sotelo, o hacia las propuestas fascistas de Primo de Rivera.
En muchas ciudades, tanto miembros de la izquierda como de la derecha, empezaron a practicar un pistolerismo callejero hacia rivales políticos. Las acciones violentas practicadas por miembros de Falange llevaron al Gobierno a detener a Primo de Rivera y cerrar sus sedes. Ante los constantes rumores de que había militares organizando un golpe de Estado, el Gobierno respondió alejando a los principales sospechosos de los centros de poder: Franco fue enviado a Canarias, Goded a Mallorca y el general Mola a Navarra. Esta última decisión fue un error, porque contactó con “el requeté” (brazo armado del carlismo) y se convirtió en “el director” de la conspiración. Mola preparó el golpe minuciosamente: tenía que ser una acción rápida en la que se utilizara el grado de violencia que fuera necesario para triunfar en pocos días.
El asesinato de Calvo Sotelo el 13 de julio, como represalia por el asesinato del socialista teniente Castillo de la Guardia de Asalto, aceleró los preparativos. Finalmente, el 17 de julio se produjo la rebelión en Marruecos y el 18 de julio se sumaron otras guarniciones en la Península. El fracaso de la rebelión militar en la mayoría de las grandes ciudades derivó en una sangrienta guerra civil que duró tres años.
