Prehistoria y Antigüedad en la Península Ibérica: resumen de sus etapas históricas

1. Prehistoria

1.1 Paleolítico Inferior

En la Península, los hallazgos más antiguos se encontraron en el yacimiento burgalés de Atapuerca, donde aparecieron restos de hace más de un millón de años pertenecientes a una especie emparentada con el Homo ergaster. También en Atapuerca, en el yacimiento de la Gran Dolina, en 1994 fueron hallados abundantes restos de 800.000 años de antigüedad que pertenecen a una nueva especie denominada Homo antecessor. Su importancia reside en que sería el origen tanto del Homo heidelbergensis, especie surgida hace 250.000 años y que puede ser considerada como un ancestro tanto del hombre de Neandertal como del ser humano actual.

1.2 Paleolítico Medio

Hace 100.000 años apareció en Europa el Homo neanderthalensis. Se trataba de una especie caracterizada por su gran fortaleza física y capacidad craneal. Desde el punto de vista tecnológico, destaca la aparición de los primeros rituales funerarios y religiosos. La presencia del Neandertal en la Península fue abundante, como demuestra la cueva del Sidrón (Asturias).

1.3 Paleolítico Superior

Hace aproximadamente 40.000 años se estableció en la Península una especie, el Homo sapiens, conocido como hombre de Cromañón, que presentaba rasgos físicos y cognitivos similares a los del ser humano actual. Neandertales y cromañones convivieron hasta la extinción de los primeros, probablemente como consecuencia de su menor adaptación a las condiciones climáticas surgidas tras el final de la última glaciación. El Homo sapiens llevó a cabo una rápida evolución, tanto tecnológica como sociocultural. Durante el Magdaleniense, la alimentación se fue haciendo más diversificada, al incluir la recolección de frutos, la pesca y el marisqueo. La industria lítica fue cada vez más sofisticada y se desarrolló un universo simbólico y religioso. Las pinturas rupestres de la escuela franco-cantábrica constituyen uno de los ejemplos más sobresalientes del arte prehistórico, con yacimientos como El Castillo o Tito Bustillo.

2. Mesolítico y Neolítico

2.1 El Mesolítico

Las transformaciones climáticas ocasionadas por el fin de la última glaciación obligaron a los grupos humanos a adaptarse a esas nuevas condiciones. Comenzó entonces el período conocido como Mesolítico, que se caracterizó por la aparición de una industria lítica de pequeño tamaño, los llamados microlitos; por el incremento de las actividades recolectoras, como paso previo a la aparición de economías productoras propias del Neolítico; por el surgimiento de los primeros indicios de sedentarización y por la constatación de las primeras muestras de jerarquización social. Un mejor ejemplo se encuentra en la Cueva de los Azules (Cangas de Onís).

2.2 El Neolítico

Durante el Neolítico, la economía depredadora fue sustituida por un modelo de economía productora, gracias a la aparición de la agricultura y la ganadería, como consecuencia de una progresiva sedentarización de los grupos humanos, lo que facilitó un mayor dominio del entorno y su posterior domesticación. El desarrollo de la agricultura y la ganadería propició un incremento demográfico, una mayor especialización del trabajo y una jerarquización social. Desde el punto de vista tecnológico, la piedra tallada fue sustituida por la piedra pulimentada, lo que permitió la confección de útiles más elaborados y diversos; además, surgieron la industria textil, la cerámica y la cestería, fundamentales para la conservación y la cocción de los alimentos. En la Península, la irrupción del Neolítico se produjo en torno al 4.000 a. C.

2.3 El Calcolítico

A partir del 3.000 a. C. se aprecia en la Península el uso del cobre para la elaboración de diversos útiles. Comenzó entonces la Edad del Cobre, que se caracterizó por un mayor desarrollo de la agricultura, por la aparición de enterramientos colectivos, que dieron como resultado la expansión del megalitismo, y por el surgimiento de núcleos de población de carácter preurbano. En la Península destacaron las siguientes culturas:

  • Los Millares (Almería): poblados fortificados con una estructura social jerarquizada. Tumbas megalíticas con forma circular o de corredor.
  • Vaso Campaniforme: tipo de cerámica con forma de campana invertida. Han aparecido enterramientos individuales.

3. Pueblos y colonizaciones

3.1 Las migraciones indoeuropeas

A partir del año 1.100 a. C. se produjo la penetración en la Península de pueblos provenientes del norte de Europa, que reciben el nombre de indoeuropeos y que presentaban algunas características culturales de tipo céltico. Se trata de la cultura de los campos de urnas, cuyos aspectos más característicos fueron su tipología cerámica y un nuevo rito funerario basado en la incineración de los cadáveres, posteriormente depositados en urnas.

3.2 La colonización fenicia

En torno al 900 a. C. llegaron a las costas de Andalucía los fenicios, un pueblo procedente del Mediterráneo oriental. Fueron los responsables de la fundación de Gadir, la actual Cádiz, así como de otras ciudades como Malaka (Málaga). Desde allí establecieron intensos lazos con los pueblos hispanos, que se vieron definitivamente influidos por su presencia. Se debe a los fenicios la generalización del hierro y la introducción de la escritura. Además, sus creencias religiosas incluían al dios Melqart.

3.3 La presencia griega

A partir del siglo VIII a. C., las distintas polis griegas iniciaron una expansión por el mar Mediterráneo. En el año 600 a. C., una de estas polis, Focea, creó un asentamiento en Massalia, la actual Marsella. Desde allí establecieron una primera colonia en Emporion (Ampurias) y una posterior en Rhodes (Rosas), ambas en la actual provincia de Girona. La presencia griega en la Península fue intensa, y los intercambios comerciales con los pueblos autóctonos fueron abundantes, como demuestra la presencia en el territorio de numerosos restos materiales griegos, como monedas, cerámicas y otros objetos.

3.4 Los cartagineses

En el 820 a. C. los fenicios fundaron Cartago en el actual Túnez. Tras la decadencia de las ciudades fenicias, los cartagineses pasaron a controlar las rutas comerciales. El dominio cartaginés del Mediterráneo se vio cuestionado desde el siglo III a. C. por Roma, lo que provocó el enfrentamiento entre ambas ciudades en las llamadas Guerras Púnicas. La Primera Guerra Púnica (264-241 a. C.) las enfrentó por el control de Sicilia y se saldó con la victoria de Roma.

4. Culturas prerromanas

4.1 Tartesos

A partir del 1.200 a. C. se extendió por el suroeste peninsular la cultura tartésica. Su origen se encontraría en la evolución de las culturas autóctonas del Bronce. Su máximo esplendor coincidió con la presencia en la zona de los fenicios. Desarrollaron una escritura con clara influencia fenicia, incorporaron algunos de los dioses y ritos religiosos fenicios, así como un modelo social aristocrático. Practicaban la agricultura y la ganadería, aunque su esplendor económico se fundamentaba en la explotación minera de la plata y el cobre de la zona, así como en el control de las rutas comerciales que conducían al estaño procedente de las islas británicas. La ausencia de hallazgos arqueológicos concluyentes ha contribuido a dotar a esta cultura de un carácter enigmático. Las referencias a Tartesos en textos griegos, e incluso en la Biblia, son comunes, pero muchas de ellas parecen responder al terreno de la mitología. Solo el rey Argantonio parece ser un personaje histórico. Algunos tesoros, como El Carambolo (provincia de Sevilla), son testimonio de su riqueza. Cuando los romanos llegaron a la Península, Tartesos había desaparecido, si bien los habitantes de la región, llamados turdetanos, evidenciaban un desarrollo superior al de otras zonas.

4.2 Los pueblos íberos

Iberia es el nombre que los griegos dieron a la Península. Su origen fue el resultado de una evolución a partir de los poblamientos finales del Neolítico. Entre sus rasgos destacan la religión, que incorporó divinidades y ritos fenicios; la lengua, también influida por las lenguas orientales; un sistema de escritura de ascendencia griega y fenicia; la jerarquización social en castas (guerreros, sacerdotes, artesanos) y el aspecto de sus poblados amurallados, ubicados en zonas elevadas. Igual de decisiva fue la influencia oriental en sus manifestaciones artísticas.

4.3 Los pueblos celtíberos

Su origen se hallaría en las culturas del Bronce Final, como la de los campos de urnas. Sus actividades económicas esenciales eran la ganadería y la agricultura, mientras que la artesanía y el comercio tuvieron una implantación menor. También desarrollaron una interesante metalurgia del hierro. Destaca la ciudad de Numancia.

4.4 Los pueblos del norte

Culturas de tipo céltico, entre las que destacan:

  • Lusitanos
  • Galaicos: castros
  • Vascones: tribu de origen discutido sobre cuya procedencia hay diversas hipótesis, si bien parece que compartía rasgos con el resto de pueblos de la cornisa cantábrica.

5. Roma en Hispania

5.1 La llegada de Roma a Hispania

La presencia de Roma en la Península se relaciona con el estallido de la Segunda Guerra Púnica. Previamente se firmó el Tratado del Ebro, que establecía en dicho río el límite de las áreas controladas por ambas potencias. Roma firmó una alianza con Sagunto, ciudad ibera ubicada en el área de influencia cartaginesa, lo que provocó la destrucción de la ciudad por parte de Cartago y la intervención romana en Hispania. El desembarco tuvo lugar en Ampurias y fue dirigido por Publio y Cneo Escipión, pero las tropas romanas fueron derrotadas por el general cartaginés. Roma envió entonces a Publio Cornelio Escipión, el Africano, que fue capaz de tomar Cartago Nova y expulsar a los cartagineses.

5.2 La conquista de Hispania

Cuando los romanos expulsaron a los cartagineses, emprendieron la conquista del territorio, que se llevó a cabo en una serie de etapas:

  • Primera fase: durante la Segunda Guerra Púnica, los romanos ocuparon las costas de Levante y Andalucía.
  • Segunda fase: Roma llevó a cabo su expansión por el interior de Hispania. En esta zona encontró una gran oposición, lo que le obligó a librar guerras contra los celtíberos y los lusitanos. La resistencia de los celtíberos se prolongó hasta la destrucción de Numancia, mientras que los lusitanos, liderados por Viriato, mantuvieron la lucha hasta que una traición de sus tropas provocó su asesinato.
  • Tercera fase: tras la derrota de los lusitanos, Roma emprendió un progresivo avance hacia el noroeste que le permitió ocupar Gallaecia.
  • Cuarta fase: Octavio Augusto llevó a cabo las guerras contra los cántabros y los astures, que fueron derrotados tras oponer una dura resistencia. Después, se convirtió en el primer emperador romano.

5.3 La organización social

Supuso la implantación de un sistema esclavista. Durante la conquista, aquellas poblaciones que se opusieron a la ocupación se convirtieron en esclavos, mientras que los que no mostraron resistencia no fueron considerados ciudadanos de Roma, sino que tuvieron que pagar un tributo y contribuir con efectivos a las legiones. Caracalla divulgó la Constitutio Antoniniana, más conocida como Edicto de Caracalla, que otorgó la ciudadanía a todos los habitantes libres del Imperio.

5.4 La explotación del territorio

Los territorios hispanos reportaron a Roma una importante fuente de ingresos debido a sus grandes riquezas y su intensa actividad económica. Hispania se convirtió en una región que abastecía de alimentos a Roma, gracias al cultivo de la trilogía mediterránea (trigo, vid y olivo). Destaca la explotación minera, como en Las Médulas (León), una de las mayores minas de oro del Imperio.

6. La Romanización

6.1 Las bases de la Romanización

La superioridad cultural de Roma respecto de los pueblos colonizados llevó a una rápida asimilación de las leyes y las costumbres romanas. Con ello, salvo en algunas zonas del norte donde la presencia romana fue escasa, desaparecieron las lenguas y los rasgos culturales previos, sustituidos por los romanos. Un vehículo fundamental de romanización fue la lengua latina. Inicialmente, el politeísmo romano convivió con los cultos preexistentes, pero tras la proclamación del Imperio las autoridades se preocuparon de imponer el culto al emperador. Se propagó, tanto por Hispania como por el resto del Imperio, el cristianismo, que Teodosio proclamó religión oficial.

6.2 Las ciudades romanas

Uno de los elementos más significativos de la romanización hispánica fue el establecimiento de un sistema urbano, como Emerita Augusta (Mérida) o Tarraco (Tarragona). Todas ellas quedaron conectadas a través de una extensa red de calzadas, que articularon el territorio y facilitaron el comercio y el desplazamiento de tropas. Estas ciudades seguían el modelo urbano romano: un trazado en cuadrícula, con el cardo y el decumano que se cruzaban en un espacio central en el que solía situarse el foro. La ciudad fue un espacio idóneo de romanización, donde se construyeron edificios públicos como termas, teatros, templos o circos, como los teatros de Sagunto o conjuntos arquitectónicos como los de Mérida o Itálica.

7. La crisis del Imperio y los reinos germánicos

7.1 La crisis del Imperio

A partir del siglo III d. C. el Imperio romano se sumió en una profunda crisis que tuvo su origen en el deterioro de la economía. El declive económico trajo consigo una profunda crisis social, con un proceso de ruralización. La crisis también fue de valores, pues los romanos perdieron la confianza en sus creencias, lo que favoreció la gran aceptación del cristianismo. Se vivió una etapa de anarquía militar, hasta que Diocleciano implantó un nuevo modelo político, el Dominado, en el que el emperador ejerce el poder absoluto.

7.2 Las invasiones en la Península

Llegaron pueblos germánicos. Algunos de ellos llegaron a acuerdos con Roma, como ocurrió con los visigodos, pero otros irrumpieron en el Imperio de forma violenta, como los suevos, los vándalos y los alanos. Para combatirlos, Roma firmó un pacto con los visigodos, que penetraron y lograron expulsar a los vándalos, que se establecieron en el norte de África, y a los alanos. Los suevos permanecieron en el noroeste de la península como recompensa por su intervención en Hispania, mientras que los visigodos pudieron establecerse en el sur de la Galia, donde fundaron un reino con capital en Tolosa, la actual Toulouse.

7.3 El reino visigodo de Toledo

Tras la desaparición del Imperio romano, los visigodos controlaron gran parte de la Península. Solo Gallaecia, donde los suevos habían creado un reino, y el sureste, dominado por el Imperio Bizantino, quedaron al margen. Otro pueblo germánico, los francos, derrotó a los visigodos en la batalla de Vouillé y los expulsó de la Galia. Se desplazaron entonces a Hispania, donde configuraron un nuevo reino con capital en Toledo. Leovigildo completó el dominio de la península, tras derrotar a los suevos e incorporar la mayoría de las posesiones bizantinas. Así, la práctica totalidad de Hispania quedó bajo poder visigodo.