Aristocracia en la revolución industrial

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LA SOCIEDAD LIBERAL (RESTAURACIÓN)


A medida que la legislación liberal se iba imponiendo y se creaban los primeros establecimientos fabriles, se fue formando una sociedad moderna, la sociedad industrial de clases.
Desaparecidos los privilegios estamentales, y con ellos los estamentos, las divisiones sociales se hacían exclusivamente en función del nivel de riqueza.

  • Las clases superiores, principales beneficiarias del régimen liberal, eran la Aristocracia (la vieja nobleza del Antiguo Régimen) que aunque desaparecíó como estamento privilegiado, en la primera mitad del Siglo XIX mantuvo su predominio económico gracias a su enorme patrimonio inmobiliario que generaba gran parte de la renta nacional, pues mantuvieron plena propiedad sobre sus antiguos dominios.

Seguirán siendo, propietarios de grandes fincas dedicadas al cultivo de cereal u olivo, de bajos rendimientos, que se asegura el mercado nacional gracias a los elevados aranceles dictados por una política proteccionista.

Generalmente viven en las ciudades y no suelen visitar las explotaciones, se limitan a percibir las rentas que les entregan sus administradores. Dichas explotaciones necesitan un escaso número de trabajadores que sólo se incrementa en la época de la recolección. A menudo, una parte importante de la tierra permanece sin cultivar, como coto de caza o como dehesa para el ganado de lidia.

No se aburguesaron y siguieron su comportamiento tradicional de vivir de las rentas, del consumo de objetos de lujo y no participaron en el mundo de los negocios, ni contribuyeron al desarrollo de los sectores económicos de la segunda mitad del siglo (Bolsa, ferrocarril, minería, mercado inmobiliario, industria etc.).

La vieja nobleza perdíó también su predominio político, pero su influencia siguió siendo notoria en la toma de decisiones políticas, con su presencia en los aparatos del poder  (Senado, ejército, Corte.).

  • La vieja nobleza se mostró abierta a una nueva nobleza, procedente de la burguésía enriquecida y de los altos cargos de la administración.
    El Estado Liberal concedíó títulos de nobleza a altos cargos de la administración, del ejército, del mundo de los negocios, en pago a sus servicios políticos y financieros.

La Burguésía Agraria invirtió en la compra de tierras desamortizadas a la Iglesia y a los Ayuntamientos. Aquí se incluirían los bodegueros del sur, mayoritariamente extranjeros, y  los propietarios de las empresas azucareras de las colonias. Se relaciónó con la vieja nobleza.

El desarrollo capitalista del país permitíó a estos grupos  unirse a la burguésía de los negocios y diversificar sus fuentes de rentas: sociedades de crédito, banca, especulación inmobiliaria y sociedades mineras, mercantiles e industriales.

La progresiva identificación económica entre ambos grupos (propietarios, vínculos con los gobiernos liberales, matrimonios mixtos, títulos nobiliarios) completaba el proceso de fusión entre las familias de este bloque dominante. Esta integración entre los «aristócratas de nombre y los príncipes del dinero» produjo también una aproximación ideológica basada en los valores de progreso, libertad individual, orden y una rígida moral puritana católica.


A lo largo del s.XIX el nivel elevado de renta capacitaba a la alta burguésía y a la aristocracia a ejercer derechos políticos de acuerdo con las leyes electorales y al falseamiento de los resultados mediante prácticas fraudulentas de la época de la Restauración. Estos grupos, acompañados por la cúpula del ejército y algunas profesiones liberales eran a su vez, electores y elegibles. Constituían el núcleo fundamental del Partido Moderado, formaban el gobierno de unos pocos (oligarquía), que organizados a través de los Gobernadores civiles, los capitanes generales y los caciques, se impónían sobre todo el territorio y sofocaban con dureza cualquier protesta campesina o urbana.

Las clases medias estaban formadas principalmente por la pequeña burguésía, propietarios de negocios familiares (tenderos, pequeños comerciantes de telas y ultramarinos) que sustituyeron a la venta artesanal y ambulante, profesiones ligadas a la industria editorial y topográfica y los que regentaban pequeñas fábricas dedicadas a productos de consumo. También estaban incluidos en este grupo, funcionarios, oficiales del ejército y periodistas.

Formaban el grupo más activo de las juntas revolucionarias surgidas en las ciudades a lo largo de todo el s.XIX.

Separados de la alta burguésía por dinero, mentalidad, situación y derechos, evolucionaron hacia posturas más democráticas, al estar excluidos del sistema censitario, son los principales generadores del sistema republicano, federalismo o el radicalismo de carácter laico y anticlerical, que va forjando su oposición a los grupos dominantes.                                                                 

Las capas populares urbanas, dado el escaso nivel de industrialización, estaban integradas por artesanos y trabajadores asalariados, ligados al mundo de los oficios, por pequeños comerciantes y por un elevado número de mujeres dedicadas al servicio doméstico.

La clase obrera industrial, el proletariado, todavía minoritario en la 2ª 1/2 de siglo, se concentra en Barcelona (industria algodonera) y en Vizcaya (siderurgia). La permanente inestabilidad en el empleo, la inexistencia de prestaciones sociales frente a los accidentes, la invalidez y la vejez, el hacinamiento y la mendicidad marcaban el ritmo diario de la lucha por la vida en el mundo urbano.

La mayoría de la población del S.XIX era rural y su situación de pequeños propietarios, arrendatarios o jornaleros no varíó con la disolución de los señoríos, pues la estructura de la propiedad no cambió.

La política desamortizadora, no solo no les benefició sino que les perjudicó al perder las propiedades comunales.
El crecimiento demográfico empeoró la situación, al incrementarse el número de campesinos sin tierras.

El proletariado agrícola (jornaleros y criados) era el grupo más numeroso de la sociedad española del S.XIX, especialmente al sur del Tajo, lo que explica la fuerte respuesta social del campesinado andaluz, alentado por la idea del reparto de tierras e influido por demócratas y republicanos, partidarios de la reforma social.

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