Caída del Imperio romano de Occidente y expansión de los reinos germánicos (siglos V–VII)

Fin del Imperio romano de Occidente (los reinos germánicos)

Al principio del siglo V, los hunos, pueblo bárbaro llegado de Asia y dirigido por Atila, arrasaron los territorios del este de Europa. Desde finales del siglo V se formaron diversos pueblos germánicos, independientes y rivales entre sí.

  • Ostrogodos — Italia y Dinamarca
  • Visigodos — sur de la Galia y la Hispania
  • Francos — establecidos en la Galia; se fueron expandiendo
  • Burgundios — este de la Galia
  • Alamanes — establecidos en el Rin
  • Anglosajones — expandidos por la Bretaña

La persistencia del pueblo de Oriente

Se convirtió en una economía agraria y de subsistencia; el Imperio romano de Oriente mantuvo su riqueza y pudo frenar las invasiones. A partir del siglo VI, el Imperio romano de Oriente, al que se denominó Bizancio, se fue helenizando: adoptó el griego como idioma e introdujo formas políticas y culturales más orientales y alejadas de la cultura romana antigua.


Surgimiento del Islam y movimientos en la Península Ibérica

Durante el siglo VII, en los territorios antes dominados por Roma, irrumpió una nueva religión originaria de Arabia: el Islam. Se trata de una religión monoteísta, al igual que el cristianismo o el judaísmo, que llamaba a sus fieles a la yihad o guerra santa para expandir la nueva fe. Mediante conquistas militares, en pocos años el Islam se extendió y ocupó parte de las tierras del antiguo Imperio romano.

En el año 409, en la Península Ibérica entraron una serie de pueblos germánicos: suevos, vándalos y alanos, muchos de los cuales se dirigieron posteriormente hacia el norte de África. Los visigodos acudieron a la península como aliados al servicio de Roma para expulsar a los invasores. A partir del año 415, los visigodos consiguieron expulsar a los vándalos y alanos hacia el norte de África.

Los francos querían ampliar sus dominios; se enfrentaron a los visigodos, los derrotaron en el año 507 y los empujaron hacia los Pirineos. Desde ese momento, los visigodos consolidaron su presencia en Hispania y organizaron un reino que pervivió durante más de 200 años y fijó su capital en la ciudad de Toledo.

Los visigodos eran poco numerosos (alrededor de 150.000 sobre una población de 6 millones). Entre sus rasgos destacan:

  • Una monarquía fuerte: en principio electiva, que se transformó en hereditaria. Para gobernar, el monarca se apoyaba en instituciones de gobierno.
  • El control de todo el territorio peninsular: expulsó a los suevos (585), conquistó los territorios que los bizantinos habían ocupado (572–623) y detuvo a los francos del norte.
  • La unión jurídica y religiosa: epígrafe 1 y 2.

Fin del Imperio romano de Occidente (los reinos germánicos)

Al principio del siglo V, los hunos, pueblo bárbaro llegado de Asia y dirigido por Atila, arrasaron los territorios del este de Europa. Desde finales del siglo V se formaron diversos pueblos germánicos, independientes y rivales entre sí.

  • Ostrogodos — Italia y Dinamarca
  • Visigodos — sur de la Galia y la Hispania
  • Francos — establecidos en la Galia; se fueron expandiendo
  • Burgundios — este de la Galia
  • Alamanes — establecidos en el Rin
  • Anglosajones — expandidos por la Bretaña

La persistencia del pueblo de Oriente

Se convirtió en una economía agraria y de subsistencia; el Imperio romano de Oriente mantuvo su riqueza y pudo frenar las invasiones. A partir del siglo VI, el Imperio romano de Oriente, al que se denominó Bizancio, se fue helenizando: adoptó el griego como idioma e introdujo formas políticas y culturales más orientales y alejadas de la cultura romana antigua.


Surgimiento del Islam y movimientos en la Península Ibérica

Durante el siglo VII, en los territorios antes dominados por Roma, irrumpió una nueva religión originaria de Arabia: el Islam. Se trata de una religión monoteísta, al igual que el cristianismo o el judaísmo, que llamaba a sus fieles a la yihad o guerra santa para expandir la nueva fe. Mediante conquistas militares, en pocos años el Islam se extendió y ocupó parte de las tierras del antiguo Imperio romano.

En el año 409, en la Península Ibérica entraron una serie de pueblos germánicos: suevos, vándalos y alanos, muchos de los cuales se dirigieron posteriormente hacia el norte de África. Los visigodos acudieron a la península como aliados al servicio de Roma para expulsar a los invasores. A partir del año 415, los visigodos consiguieron expulsar a los vándalos y alanos hacia el norte de África.

Los francos querían ampliar sus dominios; se enfrentaron a los visigodos, los derrotaron en el año 507 y los empujaron hacia los Pirineos. Desde ese momento, los visigodos consolidaron su presencia en Hispania y organizaron un reino que pervivió durante más de 200 años y fijó su capital en la ciudad de Toledo.

Los visigodos eran poco numerosos (alrededor de 150.000 sobre una población de 6 millones). Entre sus rasgos destacan:

  • Una monarquía fuerte: en principio electiva, que se transformó en hereditaria. Para gobernar, el monarca se apoyaba en instituciones de gobierno.
  • El control de todo el territorio peninsular: expulsó a los suevos (585), conquistó los territorios que los bizantinos habían ocupado (572–623) y detuvo a los francos del norte.
  • La unión jurídica y religiosa: epígrafe 1 y 2.

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