Causas, industrias y consecuencias de la Revolución Industrial en Gran Bretaña y su expansión

Factores impulsores de la industrialización

La Revolución Industrial tuvo su origen en Gran Bretaña a mediados del siglo XVIII. Fue pionera y se convirtió en el país industrial por excelencia gracias a varios factores clave:

  • Sistema político estable y favorable a la iniciativa privada.
  • Crecimiento de la población, que aportó mano de obra y aumentó la demanda.
  • Abundancia de recursos y materias primas, especialmente carbón y hierro.
  • Facilidad de transporte y mejora de las comunicaciones.
  • Pertenencia a un imperio colonial, que garantizaba mercados y materias primas.

Cambios en el sistema de cultivo

Se difundió la rotación cuatrienal de cultivos, que combinaba la siembra de cereales, que empobrecen la tierra, con plantas forrajeras (nabos, tréboles, alfalfa). El nuevo sistema de rotación de cultivos permitió suprimir el barbecho de la rotación trienal y aumentar la superficie cultivada.

La introducción de nuevas máquinas

La invención de nuevas máquinas permitió realizar con mayor facilidad y eficacia las tareas agrícolas. Entre las principales innovaciones:

  • La siembra mecánica, que facilitó la recogida de frutos y la eliminación de malas hierbas.
  • El nuevo arado de Rotherham, que ayudó a remover los campos con mayor facilidad y profundidad.
  • La introducción de la máquina de vapor y el desarrollo de la siderurgia, que posibilitaron nuevas máquinas segadoras y trilladoras para la siega y la trilla.
  • Incorporación de nuevos cultivos como patatas y maíz, que diversificaron la alimentación.

El aumento de la producción

El notable aumento de la producción de alimentos permitió la supervivencia de una población en rápido crecimiento. En torno a 1650 la producción de un campesino permitía alimentar a aproximadamente 1,5 personas; en 1800 había aumentado hasta alrededor de 2,5 personas.

La locomotora y el ferrocarril

El ferrocarril fue el primer vehículo movido por la aplicación práctica de la máquina de vapor. Antes del desarrollo de la locomotora, existía un sistema de arrastre con vagonetas o diligencias de pasajeros tiradas por animales sobre raíles. La invención de la locomotora por George Stephenson (destacando la locomotora Rocket de 1829) permitió utilizar una máquina de vapor para transmitir un movimiento continuo a las ruedas.

El nuevo sistema de transporte permitió trasladar mayor cantidad de personas y mercancías en menos tiempo y a menor coste, estimulando el comercio de mercancías hacia un gran mercado interior.

La industria textil

En el siglo XVIII existía un gran comercio de indianas, un tejido de algodón procedente de la India. El gobierno británico prohibió su importación y, con ello, estimuló la producción de tejidos de algodón en el interior del país. El proceso de mecanización se inició con:

  • La lanzadera volante de John Kay (1733), que aumentó la velocidad del tejido y permitió ensanchar las piezas.
  • Máquinas de hilar como la Mule Jenny y la Water Frame.
  • La incorporación del telar mecánico de Edmund Cartwright (1785), que aumentó la producción y abarató los tejidos.

La siderurgia

Durante el siglo XVIII aumentó la demanda de hierro para fabricar barcos, máquinas, herramientas, etc. Entre los hitos:

  • El uso del carbón de coque en la fundición, desarrollado por Abraham Darby en 1709, que impulsó la minería del carbón.
  • Los procesos de puddelación y laminado por Henry Cort (1783).
  • El proceso de Bessemer (1855), que permitió obtener acero por medio de la eliminación de impurezas en el hierro y produjo una aleación apta para la construcción de maquinaria y edificios.

La minería del carbón y del hierro

La generalización del uso de los minerales como materia prima fue otra característica del nuevo mundo industrial. El carbón se convirtió en la gran fuente de energía de la Revolución Industrial. Las regiones carboníferas atrajeron a las industrias siderúrgicas y en esas zonas se generaron paisajes industriales característicos.

La expansión de las ciudades

La industrialización transformó las antiguas ciudades en grandes metrópolis y multiplicó sus habitantes. Entre los cambios urbanos:

  • Desarrollo urbano y crecimiento demográfico.
  • Demolición de murallas para permitir la expansión.
  • Aparición de barrios nuevos y segregación social por zonas.
  • Implantación de nuevos medios de transporte, infraestructuras y servicios.

El capitalismo industrial

El capitalismo es un sistema económico en el que los instrumentos de producción son predominantemente de propiedad privada. Las actividades económicas responden a la libre iniciativa de los individuos, cuyo objetivo es obtener el máximo beneficio.

Librecambismo

El librecambismo o libre comercio es un sistema de libertad plena de comercio: cada país consagra su capital y su industria al empleo que considera más útil y en el que está mejor preparado para competir.

Proteccionismo

El proteccionismo es el intento de favorecer la producción nacional frente a la competencia extranjera, aplicando impuestos a la importación de productos extranjeros y adoptando medidas especiales que beneficien a los productores nacionales.

La expansión de la industrialización

El proceso industrializador se expandió por el mundo, aunque de manera desigual. A principios del siglo XIX se inició en Francia y Bélgica, con un menor peso del sector textil; su industrialización se sustentó en la explotación de yacimientos de carbón. A mediados de siglo, Alemania cimentó su desarrollo industrial en la abundancia de carbón y hierro. En España e Italia el crecimiento fue más tardío. En Europa oriental el antiguo régimen permaneció vigente durante gran parte del siglo XIX. En Estados Unidos y Japón se produjo un desarrollo industrial comparable al europeo.

La burguesía

La burguesía quedó estructurada en distintos grupos:

  • Gran burguesía: compuesta por empresarios, banqueros y grandes propietarios.
  • Mediana burguesía: profesionales, funcionarios y comerciantes.
  • Pequeña burguesía: empleados, tenderos y artesanos.

La nueva burguesía impuso valores sociales como la exaltación de la propiedad privada, la virtud del trabajo y la celebración del triunfo individual.

El proletariado

La clase obrera trabajaba en condiciones duras: jornadas de 14-16 horas, sin descanso semanal habitual, en ambientes con ruidos y humos asfixiantes. Los salarios eran muy bajos y no se percibían prestaciones en caso de enfermedad, accidente o vejez. La clase obrera fue la mano de obra necesaria para el funcionamiento de las máquinas y constituía el grupo social más desfavorecido. Los obreros estaban sometidos a una dura disciplina donde los castigos y las penalizaciones eran frecuentes, y podían ser despedidos cuando quisiera el empresario.

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