Crisis de la Restauración en España (1902-1931): regeneracionismo, conflictos sociales y repercusiones internacionales

La transición de la Restauración: los intentos de regeneración y resistencia al sistema político

Alfonso XIII fue proclamado rey el 17 de mayo de 1902, iniciándose un periodo caracterizado por una constante inestabilidad política, conflicto social y episodios de militarización. La etapa del reinado (1902-1931) correspondió a la profunda crisis del sistema de la Restauración y, en última instancia, del Estado liberal. Puede distinguirse la etapa que comprende el ciclo de la Restauración política en tres fases:

  • Los intentos regeneracionistas y las primeras crisis (1902-1923).
  • La dictadura de Miguel Primo de Rivera y el final de la monarquía (1923-1931).
  • La crisis final que desemboca en la proclamación de la Segunda República (1931).

A partir de los primeros años, se empezó a fortalecer el regeneracionismo, en oposición al turnismo y a las elecciones falseadas. Intelectuales como Joaquín Costa denunciaron el caciquismo y se propusieron la modernización o regeneración política, social y económica. Sin embargo, las esperanzas iniciales de reforma pronto se vinieron abajo por la falta de capacidad para transformar en profundidad el sistema.

Agotamiento del turno y creciente intervención

La crisis se evidenció, entre otras cuestiones, en primer lugar, en el agotamiento del turno pacífico entre conservadores y liberales. Tras la muerte de Cánovas y de Sagasta, los partidos dinásticos pasaron a estar divididos en facciones que debilitaban a sus gobiernos. La intervención creciente del rey, que nombraba presidentes y los destituía, reforzó la inestabilidad y propició el intervencionismo por parte de los militares.

Incremento de la conflictividad social

En segundo lugar, se produjo un incremento de la conflictividad social: aumento de la movilización y crecimiento del movimiento obrero, del republicanismo y del auge de los nacionalismos. La crítica a los caciques y a los poderes periféricos superó un sistema imposible de integrar en las nuevas fuerzas sociales.

Intentos regeneracionistas

El primer intento regenerador correspondió a Antonio Maura, un líder conservador que propuso una «revolución desde arriba». Entre sus medidas estuvieron la reforma de la ley electoral para limitar el fraude, la creación del Instituto Nacional de Previsión, la delimitación del derecho a la huelga (1909) y una política exterior en Marruecos destinada a recuperar el prestigio perdido tras 1898. Su proyecto terminó fracasando a partir de La Semana Trágica en Barcelona (1909), cuando envió a reservistas a Marruecos. La dura represión, con ejecuciones como la de Francisco Ferrer y Guardia, supuso su caída.

El segundo intento correspondió al turno del liberal José Canalejas (1910-1912), quien eliminó el impuesto de consumos, implantó el sistema de reclutamiento mediante el servicio militar obligatorio, impulsó la llamada Ley del Candado dirigida a limitar la expansión de órdenes religiosas y promovió la Ley de Mancomunidades, que abrió un camino hacia la descentralización moderada. Su asesinato en 1912 interrumpió la promoción de estas reformas y agravó la descomposición del sistema.

Convenientemente, aumentaron las fuerzas de la oposición. El republicanismo se consolidó como la principal alternativa, junto con el Partido Radical de Lerroux y el Partido Reformista de Melquíades Álvarez. El nacionalismo catalán, configurado en la Lliga Regionalista, se fortaleció en las elecciones, y en 1914 se creó la Mancomunidad de Cataluña. En el País Vasco, la proyección del Partido Nacionalista Vasco fue regionalmente más limitada.

El movimiento obrero ganaba protagonismo. El PSOE, en alianza con los republicanos, tuvo un primer espacio parlamentario desde 1910 bajo la dirección de Pablo Iglesias, al tiempo que la UGT se iba extendiendo como sindicato. La línea de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) —fundada en 1910— era más radical y se convirtió en abanderada de la acción directa con huelgas y episodios de violencia social, sobre todo en Barcelona.

En síntesis: los intentos regeneradores de Maura y Canalejas fueron insuficientes para democratizar el régimen y abordar las demandas sociales y territoriales. La fragmentación de los partidos dinásticos, la intervención del monarca, las presiones del ejército y la presión de las fuerzas de oposición mostraron la quiebra del sistema de la Restauración, lo que abrió la puerta a soluciones autoritarias y, finalmente, a la caída de la monarquía en 1931.

Las repercusiones de los acontecimientos internacionales: Marruecos, la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa

El segundo decenio del reinado de Alfonso XIII estuvo determinado por las circunstancias internacionales. Tras el asesinato de José Canalejas en 1912, el sistema de la Restauración entró en una fase de creciente inestabilidad que culminaría en el golpe militar de 1923. La intervención en Marruecos, la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa aceleraron la crisis política, social y militar del régimen.

La cuestión de Marruecos

Uno de los focos de tensión fue la cuestión de Marruecos. La Conferencia de Algeciras mostró el acuerdo para establecer un protectorado en Marruecos, quedando la parte norte —el Rif— bajo control español. La resistencia rifeña llevó a España a una larga guerra de desgaste (1909-1926), muy impopular en las clases populares, pero impulsada por el rey, sectores de la oligarquía minera y los militares africanistas, que veían en ella una vía de ascenso social y una recuperación del prestigio perdido tras la guerra de 1898.

La ocupación de Marruecos fue lenta y costosa, con derrotas iniciales como el Barranco del Lobo (1909) y el grave Desastre de Annual (1921), cuando el general Silvestre sometió a sus tropas a la aniquilación a manos de las fuerzas rifeñas de Abd el-Krim. Más de diez mil soldados cayeron en aquel enfrentamiento y se perdió parte del territorio alcanzado entonces. Las consecuencias políticas fueron magnas: el denominado Expediente Picasso puso de manifiesto la corrupción, la desorganización y las responsabilidades políticas y militares, llegando incluso a salpicar al monarca. Antes de que las Cortes discutieran el informe, en septiembre de 1923 el general Miguel Primo de Rivera protagonizó el golpe de Estado.

Impacto de la Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial supuso otro punto de inflexión. El gobierno conservador de Eduardo Dato declaró la neutralidad, lo que provocó una dura fricción entre aliadófilos y germanófilos. La neutralidad supuso un gran aumento de las exportaciones y un rápido crecimiento de la industria, aunque el incremento de la demanda exterior provocó también una fuerte inflación y una carestía de productos básicos; los beneficios empresariales contrastaban con la pérdida del poder adquisitivo de obreros y campesinos, lo que dejó paso a un mayor malestar social.

En este contexto ocurrió la crisis de 1917, la más grave de la serie de crisis de aquel periodo, con la particularidad de que los tres frentes o conflictos estallaron al mismo tiempo:

  • Conflicto militar: malestar por los ascensos y las condiciones profesionales que propició la creación de las Juntas de Defensa, inicialmente en oposición al gobierno y, con el tiempo, reconocidas por el rey, que convirtió al ejército en su sostén.
  • Conflicto político: el ataque a la asamblea de parlamentarios convocada en Barcelona por la Lliga Regionalista, que reclamaba Cortes Constituyentes y una profunda reforma del sistema, aunque fue disuelta rápidamente por las autoridades.
  • Conflicto social: la huelga general revolucionaria proclamada por la UGT y apoyada por el PSOE en Barcelona a comienzos de agosto, que paralizó las principales ciudades y fue reprimida con dureza por el gobierno, causando decenas de muertos y miles de deportados.

Revolución Rusa y oleada de movilizaciones

Tras la guerra en Europa, la Revolución Rusa agudizó la conflictividad, en especial durante el llamado trienio bolchevique (1919-1921), en el que se produjeron huelgas, ocupaciones de tierras y movilizaciones sociales en el campo, destacando Andalucía. Por su parte, el sindicalismo creció y se registraron acciones destacadas como la huelga de «La Canadiense» (1919) en Barcelona, dirigida por la CNT, que logró la jornada de las ocho horas laborales.

En conjunto, las repercusiones de los acontecimientos internacionales —Marruecos, la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa— aceleraron la crisis estructural de la Restauración y abrieron el camino a soluciones autoritarias que culminaron con la dictadura de Primo de Rivera y, más tarde, con la caída de la monarquía en 1931.

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