El Bienio Radical-Cedista y la Evolución Política de la Guerra Civil Española

El Bienio Radical-Cedista (1933-1935)

El Gobierno del Partido Radical y el programa «rectificador»

En las elecciones de noviembre de 1933, el triunfo de la derecha se debió al desgaste del Gobierno, la conflictividad social, la unidad del centro-derecha frente a la división de la izquierda y la abstención obrera. Alejandro Lerroux formó un gobierno con miembros exclusivamente del Partido Radical, apoyado por la CEDA, que aceptó un programa de «rectificación» de la obra anterior. Este giro conservador provocó inestabilidad gubernamental y tensiones internas.

La reforma agraria quedó paralizada, deteniéndose el reparto de tierras y favoreciendo a los terratenientes. También la reforma militar quedó detenida, destinando a puestos clave a militares antirrepublicanos como Francisco Franco.

En el ámbito ideológico, la política religiosa y educativa cambió: se favoreció al clero, se paralizó la secularización y se frenaron las reformas educativas. Además, se bloquearon los Estatutos de autonomía, generando conflictos con los nacionalismos.

La Revolución de octubre de 1934

Durante 1934, el país se polarizó entre derechas e izquierdas, aumentando la tensión social. La entrada de la CEDA en el gobierno fue interpretada por la izquierda como una amenaza, lo que provocó una Huelga General revolucionaria.

  • El movimiento fracasó en Madrid.
  • En Cataluña tuvo cierto éxito inicial, aunque fue reprimido por el Ejército y se suspendió el Estatuto de autonomía.
  • El caso más grave fue Asturias, donde se produjo una insurrección armada revolucionaria con carácter de revolución socialista: los obreros tomaron el control y organizaron el poder.

El Gobierno respondió entregando plenos poderes militares a Francisco Franco, quien dirigió la represión, con intervención del Ejército y la Legión. Las consecuencias fueron muy graves: más de 1300 muertos, miles de heridos y unos 30.000 detenidos, incluidos líderes como Lluís Companys y Manuel Azaña.

Tras la revolución, aumentó la radicalización política y la represión, lo que favoreció la unión de la izquierda en el Frente Popular. En 1935, el gobierno continuó con su política, pero se vio debilitado por el escándalo del estraperlo, que provocó la caída de Lerroux y la convocatoria de elecciones en febrero de 1936.

Situación política y económica en ambos bandos (Guerra Civil)

Zona republicana

En la zona republicana, el inicio de la guerra provocó profundos cambios políticos y sociales. La sublevación militar causó la dimisión del gobierno de Santiago Casares Quiroga y la formación de un nuevo gobierno presidido por José Giral, que tomó la decisión de entregar armas a las milicias obreras, lo que incrementó el poder de sindicatos y organizaciones revolucionarias.

Durante el verano de 1936, se desarrolló una auténtica revolución social, caracterizada por colectivizaciones de tierras e industrias, especialmente en zonas con fuerte presencia anarquista. Se establecieron comités obreros que controlaban la producción y la vida local. Posteriormente, se formó un gobierno de unidad presidido por Francisco Largo Caballero, que integraba a socialistas, comunistas, republicanos y anarquistas, con el objetivo de coordinar el esfuerzo bélico.

Sin embargo, pronto surgieron divisiones internas entre quienes defendían priorizar la guerra (comunistas, mayoría socialista y republicanos), apostando por centralizar el poder político y militar y organizar una economía de guerra, y quienes querían profundizar en la revolución (anarquistas y POUM). Estas tensiones desembocaron en los enfrentamientos de Barcelona de mayo de 1937, que provocaron la caída del gobierno de Largo Caballero. A continuación, Juan Negrín asumió la jefatura del gobierno, intentando reforzar la autoridad del Estado, centralizar la dirección militar y organizar una economía de guerra más eficaz.

A pesar de estos esfuerzos, la República se vio debilitada por las derrotas militares, la escasez de alimentos, la inflación, el desgaste social y las propias divisiones internas. Finalmente, en marzo de 1939, el golpe del coronel Casado derrocó al gobierno de Negrín, lo que precipitó la rendición republicana. Desde el punto de vista económico, la República tuvo que afrontar graves problemas: pérdida progresiva de territorios, especialmente zonas agrarias, dificultades de abastecimiento, escasez de recursos y una elevada inflación, lo que dificultó enormemente el mantenimiento del esfuerzo de guerra.

Zona franquista

En el bando sublevado, se estableció desde el inicio una estructura política centralizada y autoritaria. En julio de 1936 se creó la Junta de Defensa Nacional, que implantó la ley marcial, la censura de prensa y la prohibición de partidos y sindicatos, eliminando cualquier oposición política. En octubre de 1936, Francisco Franco fue nombrado jefe del Estado y generalísimo de los ejércitos, concentrando todo el poder en su persona e instaurando una dictadura personal.

Ante la prolongación de la guerra, el régimen inició un proceso de institucionalización política. En abril de 1937, se promulgó el Decreto de Unificación, que creó un partido único, la Falange Española Tradicionalista y de las JONS, integrando a falangistas y carlistas bajo el control de Franco. Este sistema consolidó un régimen autoritario, con rasgos fascistas y fuerte control ideológico.

En el ámbito económico, se adoptó un modelo de intervencionismo estatal, anulando las reformas sociales y la reforma agraria de la República. El Estado controló la producción y los precios, especialmente del trigo, con el fin de asegurar el abastecimiento. Gracias al dominio de las principales zonas cerealistas, el bando franquista evitó graves problemas de escasez. Además, el régimen contó con el apoyo de la oligarquía y de sectores conservadores, lo que facilitó la financiación de la guerra y la estabilidad económica relativa en comparación con la zona republicana.

Conclusión

La Guerra Civil Española fue el resultado de profundas tensiones políticas, sociales y económicas, agravadas por la polarización ideológica y la división interna de la sociedad. El conflicto estuvo marcado por la intervención internacional y la desigual organización de ambos bandos. La victoria franquista en 1939 supuso el final de la Segunda República y el inicio de una dictadura que perduró durante décadas en España.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *