El hundimiento de la monarquía 1930-1931

TEMA 14. 2.) La Dictadura de Primo de Rivera


Abordamos seguidamente un epígrafe que describe las postrimerías del régimen de la Restauración y más específicamente los hechos acontecidos entre 1923 y 1931,  años en los que asistiremos a la Dictadura de Miguel Primo de Rivera, el ocaso de la monarquía borbónica representada por Alfonso XIII y la proclamación de la II República que ha conocido la Historia de España.

EL ADVENIMIENTO DE LA DICTADURa

A comienzos de la década de los ´20 se percibe en España una marcada crisis en distintos ámbitos. Fundamentalmente el turno los partidos gobernantes ya no se muestra tan efectivo como antaño y en el marco exterior la Guerra de Marruecos constituye un importante lastre para el país. Tal es así que hacia 1922-23 parecían barajarse dos posibles salidas a la situación que vivía el Estado:-Por un lado se planteó una solución civil a la crisis que abogara por una mayor democratización del sistema, la disolución de las juntas de defensa y el nombramiento de un civil para resolver el conflicto de Marruecos.-Por otra parte se barajó una solución militar autoritaria, opción bastante común en la Europa de la época entre los países más agrarios y atrasados.

LA DICTADURA DE Miguel Primo de Rivera

Finalmente la vía civil no cuajó, mientras que la vía militar fue contemplada efectivamente como una alternativa viable para superar las dificultades. Concretamente en la noche del 12 al 13 de Septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, declara el estado de guerra en su regíón y asume las funciones de gobierno. Publica asimismo un manifiesto con aires regeneracionistas dirigido al país y al ejército donde denuncia la situación en la que ha caído el régimen de la Restauración y se compromete a solucionar problemas tales como el terrorismo, el separatismo, el desorden, el caciquismo y la incómoda Guerra de Marruecos. En definitiva, el cirujano de hierro del que hablara Joaquín Costa como remedio a los males de la Restauración. Desde el comienzo contará con apoyos manifiestos como el del monarca, que temía por la institución que encabezaba; el ejército, partidario del restablecimiento de un orden que consideraban alterado y el empresariado catalán, ahíto de las acciones anarquistas que fundamentalmente habían azotado Barcelona. Apenas contará inicialmente con oposición política ni social, salvo un intento fallido de huelga general. Inmediatamente el propio Alfonso XIII nombra a Primo de Rivera presidente de un Gobierno Militar conocido como Directorio y que presentará dos grandes etapas:

-1. Directorio Militar (1923-25):

Curiosamente el Dictador accede al poder presentándose a la nacíón como una solución temporal a la situación de crisis del país. Entre sus primeras medidas destacaron la disolución de Cortes y la formación de un gobierno exclusivamente militar en el que Primo de Rivera figuraba como ministro único y un conjunto de militares como vocales. Además, extendíó el estado de guerra a todo el país, manteniéndolo vigente hasta 1925. Paradójicamente no derogó la Constitución, si bien fueron suspendidas gran parte de las garantías constitucionales, y favorecíó la creación de un movimiento político oficial conocido como la Uníón Patriótica, que en la práctica funciónó como partido único guiado por el lema “Patria, Religión y Monarquía”, evidente adaptación del carlista “Dios, Patria y Rey”.

2. Directorio Civil (1925-30):

A partir de 1924 los civiles comenzaron a recuperar cargos en la militarizada administración, concretamente militantes de la derecha católica y mauristas afines a la extrema derecha. Primo de Rivera abonó de esta manera el terreno para perpetuar su régimen. Inaugura así un Directorio Civil formado eminentemente por civiles como José Calvo Sotelo (ministro de Hacienda) y Eduardo Aunós (ministro de Trabajo). En 1927 procedíó a crear una Asamblea Nacional Consultiva para aprobar un texto legal que legitimase el nuevo régimen, propósito que finalmente no cuajó. Para el desarrollo de esta nueva etapa fueron vitales los apoyos que el Dictador recibíó de la derecha conservadora más autoritaria, de la banca y la industria. Además, para reprimir cualquier conato de oposición favorecíó la creación de “Somatén Nacional”, milicia cívica encargada de controlar el orden público.

A nivel social, siguiendo el referente de la Italia de Mussolini, abogó por frenar la conflictividad mediante una Organización Corporativa Nacional que curiosamente estuvo asesorada por socialistas y Sindicatos Libres; pero que margina, ilegaliza y persigue a CNT y PCE.

En el apartado económico, el Régimen se benefició de la cierta bonanza mundial existente hasta 1929, lo que permitíó el incremento de gastos estatales dedicados a obras públicas e infraestructuras, si bien no se acometieron las reformas fiscales necesarias.

Por lo que concierne a la política exterior, Primo se mostró partidario de salir de Marruecos, aunque finalmente permanece y lanza una última ofensiva conjunta Franco-española en Alhucemas (1925) con el fin de superar el reciente fracaso de Annual (1921). A pesar de que la conclusión de la guerra fue percibido como un éxito del Dictador, no podemos olvidarnos del saldo final del conflicto: más de 25.000 muertos y por encima de los 5.000 millones de pesetas invertidos.

Por otra parte, si bien en sus inicios la Dictadura fue asumida como una solución a la crisis latente y no contó con excesiva oposición, durante su gobierno irán creciendo los sectores contrarios al nuevo Régimen. Bien es cierto que con tremenda y sutil habilidad, Primo optó más que por reprimir físicamente a sus opositores o prohibir directamente formaciones políticas, por la censura, los procesos judiciales y el aislamiento de los líderes contrarios a su figura. Tal es así que contó con pocos exiliados, entre los que podemos destacar a Macià y Sánchez Guerra. Estableciendo una nómina de los sectores especialmente beligerantes con la Dictadura, podemos destacar:

-Oposición Política: especialmente antiguos partidos republicanos de los que saldrán figuras de la talla de Alcalá-Zamora, republicanos históricos como Lerroux y nuevos militantes todavía con poco peso como Azaña.

-Oposición Militar: concretamente algunos sectores que organizaron conspiraciones como la conocida “Sanjuanada” (1926), así como los pronunciamientos militares de inspiración republicana en 1924 y 1929.

-Oposición de los Intelectuales: fundamentalmente de Unamuno, escritor y catedrático expulsado de Salamanca y desterrado a Fuerteventura.

-Oposición de los Estudiantes: especialmente de los universitarios, que promovieron notables huelgas como la de 1929.

-Oposición del Nacionalismo: sobre todo del catalán, marco en el que Primo reprimíó tanto la lengua como las instituciones. Esta persecución condujo al nacimiento de un partido todavía más radical que la Lliga Regionalista, el Estat Català, formación liderada por un Macià que desde el exilio se convirtió en el símbolo de la resistencia catalana frente a la Dictadura.

-Oposición Obrera: a través de la CNT y el PCE.

  1. DE LA MONARQUÍA ALFONSINA A LA II REPÚBLICA

            Finalmente, a partir de 1928 asistimos al comienzo de los primeros síntomas de decadencia del Régimen: el Dictador enferma, las conspiraciones se multiplican, los republicanos se movilizan y la conflictividad social se incrementa. En este contexto Primo de Rivera, tras pulsar sus apoyos entre los capitanes generales, opta por dimitir en Enero de 1930, se exilia a París y deja a Alfonso XIII un grave problema de gobierno.

La primera medida del monarca será elegir al general Berenguer como sucesor de Primo. Este desarrolla una política sin personalidad que le valíó el calificativo de dictablanda y autores como Ortega y Gasset denunciaron en prensa de la época lo que se denominó gráficamente como “el error Berenguer”, al tiempo que vaticinó la temprana caída de la monarquía (“Delenda est Monarchia”). Berenguer fracasó en su intento de retornar a la normalidad constitucional de 1876 y en Enero de 1931 fue sucedido por Juan Bautista Aznar-Cabañas. El vicealmirante intentó desarrollar un gobierno monárquico de concentración y se comprometíó a convocar elecciones municipales, a Cortes Constituyentes y a conceder la autonomía a Cataluña. Contó con la oposición de la Uníón Monárquica Nacional, compuesta por exmiembros de Uníón Patriótica contrarios al parlamentarismo, tales como José Antonio Primo de Rivera, hijo de Miguel Primo de Rivera. Por otra parte la progresiva organización de los republicanos fue concretándose en la formación de distintos grupos entre los cabría destacar: Acción Republicana (1925, liderada por Azaña), Partido Republicano Radical-Socialista (1929, con Marcelino Domingo al frente), Organización Republicana Gallega Autónoma (1929), Ezquerra Republicana de Catalunya (1931, con Macià y Companys a la cabeza) y la Derecha Liberal Republicana (1930, con líderes como Alcalá-Zamora, Miguel Maura y Lerroux). Un paso decisivo en el derrumbe de la monarquía fue el compromiso alcanzado en Agosto de 1930 entre los partidos republicanos para llevar a cabo una insurrección que instaurara la II República en España. Nos referimos al conocido “Pacto de San Sebastián”, al que además de republicanos se irán progresivamente sumando los socialistas (tanto PSOE como UGT), los intelectuales de mayor prestigio reunidos en la Agrupación al Servicio de la República (entre los que se encontraban Ortega y Gasset y Marañón), los estudiantes pertenecientes a la Federación Universitaria Escolar y varios sectores del ejército descontentos con la monarquía y que habían empezado a expresar su malestar en sublevaciones como la acontecida en Jaca en Diciembre de 1930.

            No obstante, la grandeza de la II República consiste en que finalmente no llega vía insurrección ni pronunciamiento militar al uso, sino a través de un plebiscito. Concretamente en las elecciones municipales del 12 de Abril de 1931, los firmantes del Pacto de San Sebastián acuden en coalición y los republicanos triunfan en las principales capitales de provincia. Resultaba evidente que el pueblo desconfiaba de un monarca que había convivido con la Dictadura por espacio de 7 años. Alfonso XIII capta el mensaje y opta por el exilio. Asistimos entonces a la proclamación de la II República Española el 14 de Abril de 1931.

Barcelona. Apenas contará inicialmente con oposición política ni social, salvo un intento fallido de huelga general. Inmediatamente el propio Alfonso XIII nombra a Primo de Rivera presidente de un Gobierno Militar conocido como Directorio y que presentará dos grandes etapas:

-1. Directorio Militar (1923-25):

Curiosamente el Dictador accede al poder presentándose a la nacíón como una solución temporal a la situación de crisis del país. Entre sus primeras medidas destacaron la disolución de Cortes y la formación de un gobierno exclusivamente militar en el que Primo de Rivera figuraba como ministro único y un conjunto de militares como vocales. Además, extendíó el estado de guerra a todo el país, manteniéndolo vigente hasta 1925. Paradójicamente no derogó la Constitución, si bien fueron suspendidas gran parte de las garantías constitucionales, y favorecíó la creación de un movimiento político oficial conocido como la Uníón Patriótica, que en la práctica funciónó como partido único guiado por el lema “Patria, Religión y Monarquía”, evidente adaptación del carlista “Dios, Patria y Rey”.

2. Directorio Civil (1925-30):

A partir de 1924 los civiles comenzaron a recuperar cargos en la militarizada administración, concretamente militantes de la derecha católica y mauristas afines a la extrema derecha. Primo de Rivera abonó de esta manera el terreno para perpetuar su régimen. Inaugura así un Directorio Civil formado eminentemente por civiles como José Calvo Sotelo (ministro de Hacienda) y Eduardo Aunós (ministro de Trabajo). En 1927 procedíó a crear una Asamblea Nacional Consultiva para aprobar un texto legal que legitimase el nuevo régimen, propósito que finalmente no cuajó. Para el desarrollo de esta nueva etapa fueron vitales los apoyos que el Dictador recibíó de la derecha conservadora más autoritaria, de la banca y la industria. Además, para reprimir cualquier conato de oposición favorecíó la creación de “Somatén Nacional”, milicia cívica encargada de controlar el orden público.

A nivel social, siguiendo el referente de la Italia de Mussolini, abogó por frenar la conflictividad mediante una Organización Corporativa Nacional que curiosamente estuvo asesorada por socialistas y Sindicatos Libres; pero que margina, ilegaliza y persigue a CNT y PCE.

En el apartado económico, el Régimen se benefició de la cierta bonanza mundial existente hasta 1929, lo que permitíó el incremento de gastos estatales dedicados a obras públicas e infraestructuras, si bien no se acometieron las reformas fiscales necesarias.

Por lo que concierne a la política exterior, Primo se mostró partidario de salir de Marruecos, aunque finalmente permanece y lanza una última ofensiva conjunta Franco-española en Alhucemas (1925) con el fin de superar el reciente fracaso de Annual (1921). A pesar de que la conclusión de la guerra fue percibido como un éxito del Dictador, no podemos olvidarnos del saldo final del conflicto: más de 25.000 muertos y por encima de los 5.000 millones de pesetas invertidos.

Por otra parte, si bien en sus inicios la Dictadura fue asumida como una solución a la crisis latente y no contó con excesiva oposición, durante su gobierno irán creciendo los sectores contrarios al nuevo Régimen. Bien es cierto que con tremenda y sutil habilidad, Primo optó más que por reprimir físicamente a sus opositores o prohibir directamente formaciones políticas, por la censura, los procesos judiciales y el aislamiento de los líderes contrarios a su figura. Tal es así que contó con pocos exiliados, entre los que podemos destacar a Macià y Sánchez Guerra. Estableciendo una nómina de los sectores especialmente beligerantes con la Dictadura, podemos destacar:

-Oposición Política: especialmente antiguos partidos republicanos de los que saldrán figuras de la talla de Alcalá-Zamora, republicanos históricos como Lerroux y nuevos militantes todavía con poco peso como Azaña.

-Oposición Militar: concretamente algunos sectores que organizaron conspiraciones como la conocida “Sanjuanada” (1926), así como los pronunciamientos militares de inspiración republicana en 1924 y 1929.

-Oposición de los Intelectuales: fundamentalmente de Unamuno, escritor y catedrático expulsado de Salamanca y desterrado a Fuerteventura.

-Oposición de los Estudiantes: especialmente de los universitarios, que promovieron notables huelgas como la de 1929.

-Oposición del Nacionalismo: sobre todo del catalán, marco en el que Primo reprimíó tanto la lengua como las instituciones. Esta persecución condujo al nacimiento de un partido todavía más radical que la Lliga Regionalista, el Estat Català, formación liderada por un Macià que desde el exilio se convirtió en el símbolo de la resistencia catalana frente a la Dictadura.

-Oposición Obrera: a través de la CNT y el PCE.

DE LA MONARQUÍA ALFONSINA A LA II REPÚBLICA

Finalmente, a partir de 1928 asistimos al comienzo de los primeros síntomas de decadencia del Régimen: el Dictador enferma, las conspiraciones se multiplican, los republicanos se movilizan y la conflictividad social se incrementa. En este contexto Primo de Rivera, tras pulsar sus apoyos entre los capitanes generales, opta por dimitir en Enero de 1930, se exilia a París y deja a Alfonso XIII un grave problema de gobierno.

La primera medida del monarca será elegir al general Berenguer como sucesor de Primo. Este desarrolla una política sin personalidad que le valíó el calificativo de dictablanda y autores como Ortega y Gasset denunciaron en prensa de la época lo que se denominó gráficamente como “el error Berenguer”, al tiempo que vaticinó la temprana caída de la monarquía (“Delenda est Monarchia”). Berenguer fracasó en su intento de retornar a la normalidad constitucional de 1876 y en Enero de 1931 fue sucedido por Juan Bautista Aznar-Cabañas. El vicealmirante intentó desarrollar un gobierno monárquico de concentración y se comprometíó a convocar elecciones municipales, a Cortes Constituyentes y a conceder la autonomía a Cataluña. Contó con la oposición de la Uníón Monárquica Nacional, compuesta por exmiembros de Uníón Patriótica contrarios al parlamentarismo, tales como José Antonio Primo de Rivera, hijo de Miguel Primo de Rivera. Por otra parte la progresiva organización de los republicanos fue concretándose en la formación de distintos grupos entre los cabría destacar: Acción Republicana (1925, liderada por Azaña), Partido Republicano Radical-Socialista (1929, con Marcelino Domingo al frente), Organización Republicana Gallega Autónoma (1929), Ezquerra Republicana de Catalunya (1931, con Macià y Companys a la cabeza) y la Derecha Liberal Republicana (1930, con líderes como Alcalá-Zamora, Miguel Maura y Lerroux). Un paso decisivo en el derrumbe de la monarquía fue el compromiso alcanzado en Agosto de 1930 entre los partidos republicanos para llevar a cabo una insurrección que instaurara la II República en España. Nos referimos al conocido “Pacto de San Sebastián”, al que además de republicanos se irán progresivamente sumando los socialistas (tanto PSOE como UGT), los intelectuales de mayor prestigio reunidos en la Agrupación al Servicio de la República (entre los que se encontraban Ortega y Gasset y Marañón), los estudiantes pertenecientes a la Federación Universitaria Escolar y varios sectores del ejército descontentos con la monarquía y que habían empezado a expresar su malestar en sublevaciones como la acontecida en Jaca en Diciembre de 1930.

No obstante, la grandeza de la II República consiste en que finalmente no llega vía insurrección ni pronunciamiento militar al uso, sino a través de un plebiscito. Concretamente en las elecciones municipales del 12 de Abril de 1931, los firmantes del Pacto de San Sebastián acuden en coalición y los republicanos triunfan en las principales capitales de provincia. Resultaba evidente que el pueblo desconfiaba de un monarca que había convivido con la Dictadura por espacio de 7 años. Alfonso XIII capta el mensaje y opta por el exilio. Asistimos entonces a la proclamación de la II República Española el 14 de Abril de 1931.


En el apartado económico, el Régimen se benefició de la cierta bonanza mundial existente hasta 1929, lo que permitíó el incremento de gastos estatales dedicados a obras públicas e infraestructuras, si bien no se acometieron las reformas fiscales necesarias.

Por lo que concierne a la política exterior, Primo se mostró partidario de salir de Marruecos, aunque finalmente permanece y lanza una última ofensiva conjunta Franco-española en Alhucemas (1925) con el fin de superar el reciente fracaso de Annual (1921). A pesar de que la conclusión de la guerra fue percibido como un éxito del Dictador, no podemos olvidarnos del saldo final del conflicto: más de 25.000 muertos y por encima de los 5.000 millones de pesetas invertidos.

Por otra parte, si bien en sus inicios la Dictadura fue asumida como una solución a la crisis latente y no contó con excesiva oposición, durante su gobierno irán creciendo los sectores contrarios al nuevo Régimen. Bien es cierto que con tremenda y sutil habilidad, Primo optó más que por reprimir físicamente a sus opositores o prohibir directamente formaciones políticas, por la censura, los procesos judiciales y el aislamiento de los líderes contrarios a su figura. Tal es así que contó con pocos exiliados, entre los que podemos destacar a Macià y Sánchez Guerra. Estableciendo una nómina de los sectores especialmente beligerantes con la Dictadura, podemos destacar:

-Oposición Política: especialmente antiguos partidos republicanos de los que saldrán figuras de la talla de Alcalá-Zamora, republicanos históricos como Lerroux y nuevos militantes todavía con poco peso como Azaña.

-Oposición Militar: concretamente algunos sectores que organizaron conspiraciones como la conocida “Sanjuanada” (1926), así como los pronunciamientos militares de inspiración republicana en 1924 y 1929.

-Oposición de los Intelectuales: fundamentalmente de Unamuno, escritor y catedrático expulsado de Salamanca y desterrado a Fuerteventura.

-Oposición de los Estudiantes: especialmente de los universitarios, que promovieron notables huelgas como la de 1929.

-Oposición del Nacionalismo: sobre todo del catalán, marco en el que Primo reprimíó tanto la lengua como las instituciones. Esta persecución condujo al nacimiento de un partido todavía más radical que la Lliga Regionalista, el Estat Català, formación liderada por un Macià que desde el exilio se convirtió en el símbolo de la resistencia catalana frente a la Dictadura.

-Oposición Obrera: a través de la CNT y el PCE.

DE LA MONARQUÍA ALFONSINA A LA II REPÚBLICA

Finalmente, a partir de 1928 asistimos al comienzo de los primeros síntomas de decadencia del Régimen: el Dictador enferma, las conspiraciones se multiplican, los republicanos se movilizan y la conflictividad social se incrementa. En este contexto Primo de Rivera, tras pulsar sus apoyos entre los capitanes generales, opta por dimitir en Enero de 1930, se exilia a París y deja a Alfonso XIII un grave problema de gobierno.

La primera medida del monarca será elegir al general Berenguer como sucesor de Primo. Este desarrolla una política sin personalidad que le valíó el calificativo de dictablanda y autores como Ortega y Gasset denunciaron en prensa de la época lo que se denominó gráficamente como “el error Berenguer”, al tiempo que vaticinó la temprana caída de la monarquía (“Delenda est Monarchia”). Berenguer fracasó en su intento de retornar a la normalidad constitucional de 1876 y en Enero de 1931 fue sucedido por Juan Bautista Aznar-Cabañas. El vicealmirante intentó desarrollar un gobierno monárquico de concentración y se comprometíó a convocar elecciones municipales, a Cortes Constituyentes y a conceder la autonomía a Cataluña. Contó con la oposición de la Uníón Monárquica Nacional, compuesta por exmiembros de Uníón Patriótica contrarios al parlamentarismo, tales como José Antonio Primo de Rivera, hijo de Miguel Primo de Rivera. Por otra parte la progresiva organización de los republicanos fue concretándose en la formación de distintos grupos entre los cabría destacar: Acción Republicana (1925, liderada por Azaña), Partido Republicano Radical-Socialista (1929, con Marcelino Domingo al frente), Organización Republicana Gallega Autónoma (1929), Ezquerra Republicana de Catalunya (1931, con Macià y Companys a la cabeza) y la Derecha Liberal Republicana (1930, con líderes como Alcalá-Zamora, Miguel Maura y Lerroux). Un paso decisivo en el derrumbe de la monarquía fue el compromiso alcanzado en Agosto de 1930 entre los partidos republicanos para llevar a cabo una insurrección que instaurara la II República en España. Nos referimos al conocido “Pacto de San Sebastián”, al que además de republicanos se irán progresivamente sumando los socialistas (tanto PSOE como UGT), los intelectuales de mayor prestigio reunidos en la Agrupación al Servicio de la República (entre los que se encontraban Ortega y Gasset y Marañón), los estudiantes pertenecientes a la Federación Universitaria Escolar y varios sectores del ejército descontentos con la monarquía y que habían empezado a expresar su malestar en sublevaciones como la acontecida en Jaca en Diciembre de 1930.

No obstante, la grandeza de la II República consiste en que finalmente no llega vía insurrección ni pronunciamiento militar al uso, sino a través de un plebiscito. Concretamente en las elecciones municipales del 12 de Abril de 1931, los firmantes del Pacto de San Sebastián acuden en coalición y los republicanos triunfan en las principales capitales de provincia. Resultaba evidente que el pueblo desconfiaba de un monarca que había convivido con la Dictadura por espacio de 7 años. Alfonso XIII capta el mensaje y opta por el exilio. Asistimos entonces a la proclamación de la II República Española el 14 de Abril de 1931.


la de 1929.-Oposición del Nacionalismo: sobre todo del catalán, marco en el que Primo reprimíó tanto la lengua como las instituciones. Esta persecución condujo al nacimiento de un partido todavía más radical que la Lliga Regionalista, el Estat Català, formación liderada por un Macià que desde el exilio se convirtió en el símbolo de la resistencia catalana frente a la Dictadura.

-Oposición Obrera: a través de la CNT y el PCE.

DE LA MONARQUÍA ALFONSINA A LA II REPÚBLICA

Finalmente, a partir de 1928 asistimos al comienzo de los primeros síntomas de decadencia del Régimen: el Dictador enferma, las conspiraciones se multiplican, los republicanos se movilizan y la conflictividad social se incrementa. En este contexto Primo de Rivera, tras pulsar sus apoyos entre los capitanes generales, opta por dimitir en Enero de 1930, se exilia a París y deja a Alfonso XIII un grave problema de gobierno.

La primera medida del monarca será elegir al general Berenguer como sucesor de Primo. Este desarrolla una política sin personalidad que le valíó el calificativo de dictablanda y autores como Ortega y Gasset denunciaron en prensa de la época lo que se denominó gráficamente como “el error Berenguer”, al tiempo que vaticinó la temprana caída de la monarquía (“Delenda est Monarchia”). Berenguer fracasó en su intento de retornar a la normalidad constitucional de 1876 y en Enero de 1931 fue sucedido por Juan Bautista Aznar-Cabañas. El vicealmirante intentó desarrollar un gobierno monárquico de concentración y se comprometíó a convocar elecciones municipales, a Cortes Constituyentes y a conceder la autonomía a Cataluña. Contó con la oposición de la Uníón Monárquica Nacional, compuesta por exmiembros de Uníón Patriótica contrarios al parlamentarismo, tales como José Antonio Primo de Rivera, hijo de Miguel Primo de Rivera. Por otra parte la progresiva organización de los republicanos fue concretándose en la formación de distintos grupos entre los cabría destacar: Acción Republicana (1925, liderada por Azaña), Partido Republicano Radical-Socialista (1929, con Marcelino Domingo al frente), Organización Republicana Gallega Autónoma (1929), Ezquerra Republicana de Catalunya (1931, con Macià y Companys a la cabeza) y la Derecha Liberal Republicana (1930, con líderes como Alcalá-Zamora, Miguel Maura y Lerroux). Un paso decisivo en el derrumbe de la monarquía fue el compromiso alcanzado en Agosto de 1930 entre los partidos republicanos para llevar a cabo una insurrección que instaurara la II República en España. Nos referimos al conocido “Pacto de San Sebastián”, al que además de republicanos se irán progresivamente sumando los socialistas (tanto PSOE como UGT), los intelectuales de mayor prestigio reunidos en la Agrupación al Servicio de la República (entre los que se encontraban Ortega y Gasset y Marañón), los estudiantes pertenecientes a la Federación Universitaria Escolar y varios sectores del ejército descontentos con la monarquía y que habían empezado a expresar su malestar en sublevaciones como la acontecida en Jaca en Diciembre de 1930.

No obstante, la grandeza de la II República consiste en que finalmente no llega vía insurrección ni pronunciamiento militar al uso, sino a través de un plebiscito. Concretamente en las elecciones municipales del 12 de Abril de 1931, los firmantes del Pacto de San Sebastián acuden en coalición y los republicanos triunfan en las principales capitales de provincia. Resultaba evidente que el pueblo desconfiaba de un monarca que había convivido con la Dictadura por espacio de 7 años. Alfonso XIII capta el mensaje y opta por el exilio. Asistimos entonces a la proclamación de la II República Española el 14 de Abril de 1931.


Ezquerra Republicana de Catalunya (1931, con Macià y Companys a la cabeza) y la Derecha Liberal Republicana (1930, con líderes como Alcalá-Zamora, Miguel Maura y Lerroux). Un paso decisivo en el derrumbe de la monarquía fue el compromiso alcanzado en Agosto de 1930 entre los partidos republicanos para llevar a cabo una insurrección que instaurara la II República en España. Nos referimos al conocido “Pacto de San Sebastián”, al que además de republicanos se irán progresivamente sumando los socialistas (tanto PSOE como UGT), los intelectuales de mayor prestigio reunidos en la Agrupación al Servicio de la República (entre los que se encontraban Ortega y Gasset y Marañón), los estudiantes pertenecientes a la Federación Universitaria Escolar y varios sectores del ejército descontentos con la monarquía y que habían empezado a expresar su malestar en sublevaciones como la acontecida en Jaca en Diciembre de 1930.

No obstante, la grandeza de la II República consiste en que finalmente no llega vía insurrección ni pronunciamiento militar al uso, sino a través de un plebiscito. Concretamente en las elecciones municipales del 12 de Abril de 1931, los firmantes del Pacto de San Sebastián acuden en coalición y los republicanos triunfan en las principales capitales de provincia. Resultaba evidente que el pueblo desconfiaba de un monarca que había convivido con la Dictadura por espacio de 7 años. Alfonso XIII capta el mensaje y opta por el exilio. Asistimos entonces a la proclamación de la II República Española el 14 de Abril de 1931.

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