El Reinado de Alfonso XIII y los Desafíos del Regeneracionismo Español (1902-1923)

El Reinado de Alfonso XIII y el Desafío Regeneracionista (1902-1923)

En 1902, las Cortes proclamaron rey a Alfonso XIII. Ante la derrota política y militar de finales del siglo XIX, numerosos intelectuales españoles realizaron un examen crítico de la realidad nacional. Joaquín Costa reflexionó sobre las causas del atraso español; el autor se centró en la existencia de un régimen oligárquico, un sistema electoral fraudulento y unos partidos políticos corruptos, incapaces de acometer cambios profundos. El auge de los nacionalismos periféricos era percibido por el resto de España como una amenaza de disgregación.

Influencia del Regeneracionismo en los Gobiernos de Turno

El pensamiento de Costa tuvo gran influencia, aunque con diversas interpretaciones, en Canalejas, Silvela y Maura. Alfonso XIII subió al trono de España durante el Gobierno de Silvela, en un momento en que España estaba pasando por su primera experiencia política regeneracionista.

  • En 1903, Maura inició un breve Gobierno donde se enfrentó a algunos miembros de su partido al intentar la reforma de la Administración local, pero no pudo culminarla.
  • Los liberales gobernaron sometidos a constantes tensiones con el ejército, que era objeto de la crítica de varias publicaciones catalanas, como ¡Cu-Cut! y La Voz de Cataluña, cuyas sedes fueron asaltadas por un numeroso grupo de oficiales.

La intromisión militar en la vida política provocó una actitud de autodefensa en Cataluña, concretada en la formación de la Solidaritat Catalana, coalición electoral donde convergían desde republicanos hasta carlistas, cuyo punto más importante fue el rechazo a la Ley de Jurisdicciones.

El Revisionismo Conservador de Maura

Antonio Maura, líder conservador, asumió la jefatura del Gobierno en 1907 con la obsesión regeneracionista de posibilitar la participación política de la “masa neutra”. La iniciativa que mostraba los deseos regeneracionistas de Maura fue la ley de administración local, dirigida a contrarrestar el caciquismo y reformar los comportamientos políticos de los españoles.

El proyecto no pasó de su discusión en Cortes, pues los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona provocaron la caída del Gobierno de Maura. Los liberales aprovecharon la situación para unirse con los partidos de izquierda y exigieron la dimisión de Maura. Finalmente, Alfonso XIII forzó la dimisión de Maura, ante la presión de liberales en la prensa y en las Cortes. Esta alianza de los liberales con los partidos no dinásticos supuso la ruptura del Pacto del Pardo.

Maura hizo suya la concepción de “Revolución desde arriba” para evitar que se hiciera desde abajo. Para Maura era fundamental tanto conectar al régimen con el país real como incorporar a la política dinástica nuevos sectores sociales como el catolicismo político y el nacionalismo moderador.

El Revisionismo Liberal de Canalejas

Canalejas fue llamado a gobernar por Alfonso XIII el 12 de noviembre de 1912, y tuvo que resolver la crisis social y política derivada de los acontecimientos de la Semana Trágica. Canalejas promovió la reforma del servicio militar, haciéndolo obligatorio para tiempos de guerra y redimible en tiempos de paz, a partir del quinto mes, mediante el pago de una tasa.

Tanto el PSOE como la UGT fomentaron el movimiento huelguístico y Canalejas suspendió las garantías constitucionales para evitar la convocatoria de huelga. El proyecto de las Mancomunidades, una concesión al catalanismo y fruto del acuerdo con Prat de la Riba, fue aprobado por el Congreso, pero quedó paralizado en el Senado a causa del asesinato de Canalejas.

El Auge de las Fuerzas Políticas Excluidas del Sistema

Los partidos excluidos del sistema habían tenido muy poco peso desde el comienzo de la Restauración, pero en los inicios del siglo XX su fuerza y sus apoyos comenzaron a aumentar.

Los Republicanos

En las primeras décadas del siglo XX la oposición más importante era el republicanismo. Representaba las aspiraciones de los intelectuales y de sectores de las clases medias a una democratización política, que identificaban con el régimen republicano.

Tendencias Republicanas:
  • El republicanismo moderado y reformista, representado por Salmerón y Melquiades Álvarez, apostó por el abandono definitivo de la vía insurreccional y optó exclusivamente por la lucha electoral y parlamentaria.
  • El republicanismo radical, liderado por Alejandro Lerroux, estaba sólidamente implantado en Cataluña.

Las divergencias en Unión Republicana terminaron por dividir de nuevo al republicanismo: en 1908 se escindió el sector radical liderado por Lerroux, que formó el Partido Radical. El republicanismo moderado, con bases sociales más educadas, democrático en lo político y conservador en lo social, se constituyó en 1912 en el Partido Reformista, dirigido por Melquiades Álvarez.

Los Nacionalismos

Esta formación política consideraba que se debía compatibilizar la regeneración política y la modernización económica con su reivindicación de la autonomía de Cataluña. La naturaleza moderadamente reformista de la Lliga se convirtió en el partido de la burguesía y de las clases conservadoras urbanas y rurales catalanas y extendió su influencia a toda Cataluña. Pero no contó con el apoyo de las clases obreras por la ausencia de un programa de reformas sociales. Practicó una política pactista colaborando en ocasiones con los partidos de turno. Desde ese momento el catalanismo fue capitalizado por la Lliga, cuyo dirigente, Prat de la Riba, presidió la recién constituida Mancomunidad de Cataluña.

Con la nueva estrategia del sector autonomista, el nacionalismo vasco, asentado en Vizcaya, se extendió al resto de las provincias vascas, se aproximó a la burguesía industrial, amplió sus bases sociales y se consolidó como la fuerza mayoritaria en el País Vasco. Los nacionalismos gallego, valenciano, mallorquín, andaluz o aragonés apenas tuvieron incidencia política en el primer tercio del siglo XX.

La Gran Guerra y sus Consecuencias Socioeconómicas (1914-1918)

Los años de la Gran Guerra son decisivos para entender la España del siglo XX. La guerra se declaró el 28 de julio de 1914, y a los dos días se publicó el Decreto de neutralidad y de no-intervención. Contra esta postura neutral reaccionó casi de forma inmediata el liberal Romanones, quien propuso participación activa a favor de algún bando, puesto que vivir al margen no solo no podía aportar nada, sino que sería negativo para la política internacional de España.

Las izquierdas demócratas se manifestaron aliadófilas, si bien debe tenerse en cuenta que un amplio sector de la gran burguesía industrial catalana y vasca fue aliadófilo, por tener en la importación y exportación a esos países la fuente de su negocio. Era generalizado, dentro y fuera de España, el convencimiento de que el país no podía hacer frente a una guerra moderna con nuevas tácticas y novedosos instrumentos bélicos entre países industriales, fuera del alcance y la preparación del decimonónico ejército español. La neutralidad parecía lo obligado y lo más conveniente para España, pues poco podía aportar un aliado en tal situación a cualquiera de los bloques enfrentados.

Impacto Económico de la Neutralidad

La neutralidad favoreció una espectacular expansión de la economía. España se convirtió en abastecedora de los países beligerantes, a los que suministró materias primas y productos industriales. Otra industria nacional afectada directamente por la guerra mundial fue la de los fletes. El aumento de la demanda mundial y las dificultades provocadas por el bloqueo submarino alemán tuvieron como consecuencia una inmejorable situación para las navieras. Para la banca española y, en especial la vasca, la guerra mundial supuso el salto decisivo.

Consecuencias Sociales Negativas

Pero también la guerra mundial tuvo consecuencias menos positivas en lo relativo a los aspectos sociales. Aunque la producción de las materias alimenticias no se contrajo, sin embargo, en España se produjo un súbito encarecimiento motivado porque parte de la producción salió a los mercados extranjeros, donde se podían conseguir mayores beneficios. Se ha calculado que los productos de primera necesidad experimentaron un alza del 15% durante la guerra. Sin embargo, por lo que parece, los salarios fueron por detrás de los precios, al menos hasta el año 1919, produciendo tensiones sociales que pesarían gravemente en el posterior desarrollo de los acontecimientos. Esta situación agravó las diferencias sociales de la época y provocó una gran agitación social y el auge del movimiento obrero. En este clima de extrema tensión social se intensificó el número de huelgas.

La Influencia de la Revolución Rusa (1917)

Por otra parte, el triunfo de la revolución bolchevique de 1917 insufló un notable entusiasmo en las organizaciones obreras, para las que Rusia se convirtió en un mito. La presión del movimiento obrero, cada vez más fuerte, desembocó en la adopción de algunas medidas de carácter social por parte del gobierno, como la jornada de ocho horas o el aumento de los salarios a los jornaleros andaluces. No obstante, la influencia de la Revolución Rusa se hizo notar en tres acontecimientos:

  1. Se ocuparon campos y se procedió al reparto de tierras.
  2. Se produjo la toma de ayuntamientos.
  3. Finalmente, la revolución social acabó en 1920 con la declaración del estado de guerra y una fuerte represión posterior.

Así, en 1920 se funda el Partido Comunista de España, que rechazaba el socialismo reformista y parlamentario. En suma, tanto los acontecimientos derivados de la Primera Guerra Mundial como los de la Revolución Rusa polarizaron aún más las posiciones políticas y sociales en España. Los negocios derivados de la neutralidad enriquecieron desmesuradamente a unos y hundieron en la miseria a la mayoría. Frente a la euforia burguesa, continuó la carestía de la vida, que afectó de modo especial a las clases obreras, y con el transcurso de la guerra la situación fue empeorando debido al aumento de las diferencias entre clases.

La población empezó a exigir una participación más activa en la vida social y política, lo que rompía con el esquema de los partidos de turno, y provocó una radicalización tanto en el medio rural como en el urbano.

Transformaciones Demográficas en el Primer Tercio del Siglo XX

En el primer tercio del siglo XX se produjo en nuestro país la transición demográfica, aunque con retraso respecto a otros países de Europa occidental, en los que este proceso tuvo lugar en el último tercio del siglo XIX. En España, la caída de las tasas de mortalidad y de natalidad fue simultánea, mientras que en los países industrializados la reducción de la mortalidad precedió al descenso de la natalidad. Pese a todo, el descenso más rápido de la mortalidad que la natalidad explica que la población experimentase un importante crecimiento. Esta fue la clave de la modernización demográfica de España que se prolongaría hasta la segunda mitad del siglo XX.

Crecimiento Poblacional y Migraciones

La población española creció de forma lenta pero continua en el primer tercio del siglo, y pasó de 18,6 a 23,5 millones de habitantes en 1930. Desde fines del siglo XIX comenzó el descenso de la tasa de mortalidad y, en particular, de la mortalidad infantil. Por su parte, el descenso de las tasas de natalidad fue más lento y se debió a la modernización de la vida urbana y la incipiente incorporación de la mujer al trabajo no doméstico, hecho que favoreció el control de la natalidad con medidas anticonceptivas elementales. El tardío, pero intenso descenso de la mortalidad elevó las tasas de crecimiento natural a nivel de las europeas del siglo XIX.

El atraso económico impedía dar empleo al excedente de la población. Los movimientos migratorios, tanto interiores como exteriores, se multiplicaron a partir de fines del siglo XIX. En los primeros años del siglo XX aumentó de forma muy notable la emigración a ultramar, teniendo un espectacular aumento hasta 1914.

Urbanización y Distribución de la Población Activa

El proceso de urbanización comenzó en la segunda mitad del siglo XX y se aceleró a partir de las décadas de 1910 y 1920 por el desarrollo de la industria. Entre 1900 y 1930 la población urbana creció, pero todavía estábamos lejos de la tasa de urbanización de los principales países industriales europeos. La modernización demográfica y económica se reflejó también en la distribución de la población activa con descenso en la agricultura y una creciente mano de obra industrial y de servicios.

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