Evolución del Estado liberal en el reinado de Isabel II (1843-1868): La Década Moderada y el Bienio Progresista

Construcción y evolución del Estado liberal durante el reinado efectivo de Isabel II (1843-1868). La Década Moderada

1. Las reformas moderadas. La Constitución de 1845

La Década Moderada estuvo dominada por Narváez, figura clave del periodo. Aunque hubo 16 gobiernos, él fue el verdadero dirigente moderado de la etapa. El primer gobierno lo presidió González Bravo, cuyas medidas anticiparon el programa moderado: restableció la ley de ayuntamientos de 1840, suprimió la Milicia Nacional y creó la Guardia Civil (1844), instrumento para mantener el orden y proteger la propiedad en un contexto de reformas favorables a la gran propiedad agraria y perjudiciales para el campesinado. Con Narváez ya en el poder, las elecciones de 1844 dieron una victoria aplastante a los moderados, que redactaron una nueva Constitución y fijaron las bases del Estado liberal moderado:

  • Constitución de 1845: excluyó cualquier pacto con los progresistas. Limitó el poder de las Cortes y reforzó la Corona. Estableció la soberanía compartida y unas Cortes bicamerales, con un Senado vitalicio nombrado por el rey. Declaró la religión católica como única, financiada por el Estado.
  • Estado centralizado y uniforme: las leyes de administración local y provincial (1845) dispusieron que los alcaldes de municipios grandes y capitales fueran nombrados por la Corona, y los demás por los gobernadores civiles, que también presidían las diputaciones.
  • Reconciliación con la Iglesia: se suspendió la venta de bienes eclesiásticos, se devolvieron los no vendidos y se iniciaron negociaciones con Roma que culminaron en el Concordato de 1851.
  • Reforma de la Hacienda (1845): obra de Alejandro Mon; sustituyó el viejo sistema fiscal por nuevos impuestos: contribución de inmuebles, cultivo y ganadería, subsidio industrial y de comercio y consumos (impuestos sobre productos básicos al entrar en las ciudades), muy impopulares entre las clases populares.
  • Ley electoral de 1846: redujo el número de electores al aumentar los requisitos de riqueza, en contraste con la ley progresista de 1837.

2. El desarrollo político de la Década

Además de consolidarse un Estado plenamente acorde con el liberalismo moderado, destacan otros aspectos del periodo: el matrimonio de la reina, la segunda guerra carlista, las medidas del gobierno de Bravo Murillo y la crisis final que puso fin a la Década Moderada.

Francia e Inglaterra intentaron evitar que el matrimonio de Isabel II perjudicara sus intereses, por lo que los candidatos quedaron reducidos a la familia Borbón. Finalmente, Isabel se casó con su primo Francisco de Asís (octubre de 1846), un matrimonio infeliz. Su hermana Luisa Fernanda se casó con Antonio de Orleáns, duque de Montpensier.

El matrimonio de la reina reavivó el conflicto con los carlistas, que pretendían unirla al pretendiente Carlos VI (conde de Montemolín). El fracaso de esta opción provocó la segunda guerra carlista (1846-1849), o guerra dels Matiners, centrada en Cataluña y dirigida por Ramón Cabrera, que regresó de Inglaterra para liderar las partidas. Tras el último gobierno de Narváez (1847-1851), llegó al poder Bravo Murillo. Durante su mandato se firmó el Concordato de 1851, por el que el papa reconocía a Isabel II y aceptaba la pérdida de los bienes desamortizados. Se reforzó la confesionalidad católica del Estado: exclusión de otros cultos, control educativo según la moral católica, posibilidad de restaurar órdenes religiosas y creación de la dotación de “culto y clero”, financiada por el Estado.

La división interna de los moderados debilitó al gobierno de Bravo Murillo y abrió una etapa de inestabilidad. El gabinete fue acusado de escándalos en las concesiones ferroviarias, favoreciendo negocios corruptos. Cuando el Senado rechazó dichas concesiones, el gobierno intentó perseguir a los senadores que votaron en contra. Esto aceleró el mecanismo que permitía la llegada de los progresistas al poder: un grupo de militares se pronunció contra el gobierno, iniciando la Vicalvarada.

El Bienio Progresista

a) Los progresistas en el poder

El 28 de junio de 1854 los generales O’Donnell y Dulce iniciaron un pronunciamiento en Madrid. El 30 se enfrentaron al ejército en Vicálvaro (la “Vicalvarada”), con resultado indeciso. Al no obtener apoyo en Madrid, los sublevados se retiraron hacia el sur. En Manzanares, el general Serrano se unió al movimiento y convenció a O’Donnell de orientarlo hacia el progresismo. Con ese fin, Cánovas del Castillo redactó el Manifiesto de Manzanares (7 de julio), firmado por O’Donnell, que transformó la sublevación militar en una revolución popular progresista. En Madrid y otras ciudades surgieron juntas revolucionarias. Ante la situación, la reina nombró un gobierno presidido por Espartero, con O’Donnell como ministro de la Guerra, constituido a finales de julio.

b) La Constitución non nata de 1856 y la obra legislativa. El fin del Bienio

Convocadas elecciones a Cortes constituyentes, en octubre triunfó la Unión Liberal, el nuevo partido de centro liderado por O’Donnell, que agrupaba a progresistas y moderados. Le seguían los progresistas puros, y en los extremos, moderados y demócratas (Partido Demócrata, creado en 1849), defensores del sufragio universal masculino y políticas populares.

Las Cortes del Bienio impulsaron una importante obra política y económica:

  • Constitución de 1856 (non nata): no llegó a promulgarse. Recogía el ideario progresista: soberanía nacional, Milicia Nacional, alcaldes elegidos, Cortes bicamerales con Senado elegido por los votantes, libertad de imprenta y libertad religiosa.
  • Ley de desamortización general de 1855 (Madoz): afectó a bienes eclesiásticos aún no vendidos y a los bienes municipales (propios). La burguesía fue la principal beneficiaria, aunque hubo más participación de pequeños propietarios que en la desamortización de Mendizábal.
  • Ley General de Ferrocarriles (1855): facilitó la entrada de capital extranjero y la creación de grandes compañías ferroviarias.
  • Ley de Bancos de emisión y Sociedades de crédito (1856): favoreció la movilización de capitales para financiar el ferrocarril.

La crisis final del Bienio se debió al conflicto social. En Barcelona los trabajadores reclamaban mejoras, y en Castilla (Palencia y Valladolid) la carestía del pan provocó motines. La represión generó tensiones dentro del propio gobierno. Tras dimitir el ministro de la Gobernación, Espartero también dimitió, algo deseado por la reina y los moderados.

El 14 de julio de 1856 la reina encargó formar gobierno a O’Donnell. Los diputados progresistas y demócratas, que no reconocían al nuevo gobierno, abandonaron las Cortes cuando las tropas comenzaron a cañonear el edificio, poniendo fin al Bienio.

El retorno al moderantismo

a) La evolución política y el crecimiento económico

En la última etapa del reinado de Isabel II se alternaron en el poder los moderados y la Unión Liberal. O’Donnell inició esta fase, pero su gobierno solo duró tres meses: suprimió la Milicia Nacional, disolvió las Cortes y restableció la Constitución de 1845 con un acta adicional (1856). En octubre la reina lo destituyó y nombró a Narváez, que restauró la Constitución de 1845 sin modificaciones y aprobó la Ley de Instrucción Pública de 1857 (Ley Moyano), que organizaba la enseñanza en primaria, secundaria y superior.

Narváez dimitió a finales de 1857 y, tras dos gobiernos breves, O’Donnell volvió al poder en junio de 1858 con apoyo de la Unión Liberal. Su mandato, de cuatro años y medio, se conoce como el “gobierno largo” (1858-1863). Coincidió con una etapa de crecimiento económico gracias a la expansión del ferrocarril, la mecanización textil catalana y la venta de tierras por la desamortización civil, que aumentó los ingresos del Estado. En política exterior, O’Donnell impulsó intervenciones militares que mejoraron su prestigio:

  • Guerra de Cochinchina (Vietnam, 1858-1862), junto a Francia.
  • Guerra de Marruecos (1859-1860), dirigida por O’Donnell y Prim, que amplió la plaza de Ceuta aunque con menos beneficios de los esperados.
  • Intervención en México, con Prim al mando.

b) La crisis final del reinado (1863-1868)

La crisis final se debió a que la Corona favorecía solo a moderados y a la Unión Liberal, bloqueando la alternancia y dejando a los progresistas sin vía legal para gobernar, lo que los empujó a la conspiración. A esto se sumó la dureza represiva del gobierno.

Con Narváez en el poder, el catedrático Emilio Castelar fue sancionado por un artículo crítico con la reina. La protesta estudiantil que lo apoyó terminó con 11 muertos y casi 200 heridos en la Noche de San Daniel (10 de abril de 1865). El gobierno cayó y volvió O’Donnell.

Los progresistas, dirigidos por Prim, intentaron un pronunciamiento, pero el motín del cuartel de San Gil (junio de 1866) terminó en fracaso y represión: 66 sargentos fueron fusilados. La reina volvió a destituir a O’Donnell y llamó otra vez a Narváez, que gobernó con mano dura.

Mientras tanto, en agosto de 1866, progresistas y demócratas firmaron en el exilio el Pacto de Ostende, cuyo objetivo era derrocar a Isabel II y convocar Cortes constituyentes elegidas por sufragio universal masculino. Tras la muerte de O’Donnell (1867), los unionistas de Serrano se unieron al pacto. En abril de 1868 murió Narváez y fue sustituido por González Bravo.

En septiembre de 1868 estalló la revolución conocida como “La Gloriosa”, que triunfó y provocó la caída de Isabel II, exiliada a París, abriendo una nueva etapa política de carácter democrático.

Resumen de hitos
  • Constitución de 1845: consolidación del liberalismo moderado.
  • Concordato de 1851: reconciliación con la Iglesia y refuerzo de la confesionalidad del Estado.
  • Bienio Progresista (1854-1856): reformas liberales no siempre consolidadas (Constitución de 1856 non nata, desamortización de Madoz).
  • Gobierno largo de O’Donnell (1858-1863): crecimiento económico y opciones exteriores intervencionistas.
  • La Gloriosa (1868): revolución que provoca el exilio de Isabel II y la apertura de una nueva etapa política.
Notas finales

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