La oposicion al sistema. el nacimiento de los nacionalismos perifericos

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TEMA 12.6.) La Regencia de María Cristina de Habsburgo y el turno de partidos. La oposición al sistema. Regionalismo y nacionalismo.
La primera parte de la Restauración, algunas peculiaridades del sistema político vigente y finalmente los movimientos políticos contestatarios con los que contaría desde sus inicios.María Cristina de Habsburgo-Lorena ocuparía la regencia de España entre la tempranera muerte de su esposo Alfonso XII en 1885 y la mayoría de edad de su hijo Alfonso XIII en 1902. Estuvo especialmente asesorada por Sagasta y tuvo que hacer frente a gravísimos acontecimientos. Entre sus principales problemas destacaron: la sublevación republicana en Cartagena (1886), las insurrecciones de Cuba (1895) y Filipinas (1896), la agitación anarquista que culminó con el asesinato de Cánovas en 1897 y la guerra con Estados Unidos, nación en alza que puso fin a los últimos restos del gran imperio colonial español: Cuba, Puerto Rico y Filipinas.A pesar de este cúmulo de circunstancias, el turno de partidos diseñado por Cánovas y Sagasta procede a su afianzamiento. Tanto conservadores como liberales presentaban una clara organización clientelar en torno a un líder y todavía no pueden considerarse partidos de masas, sino elitistas. Los conservadores o la derecha moderada, reunían a liberales moderados, unionistas, algunos progresistas y católicos tradicionalistas. Por su parte los liberales o izquierda liberal presentaban una composición en la que distinguimos constitucionalistas, conservadores desencantados, demócratas y algunos republicanos. El sistema excluía a los militares, partidos antimonárquicos, antiliberales, antinacionales y a las masas populares, fijándose una alternancia en el gobierno perfectamente organizada del siguiente modo:-Conservadores y liberales se sucedían pacíficamente, comprometiéndose a no entorpecer ni echar abajo medidas aprobadas por el otro y pactando cada alternancia por el rey que era el que finalmente elegía al candidato. Seguidamente las Cortes se limitaban a respaldar lo acordado.-El fraude electoral estaba a la orden del día, siendo consentido por ambos partidos (pucherazo: compro de votos, presión a los poderes locales, manipulación, falseamiento listas electorales, encasillado…). Esto favoreció la oligarquía y el caciquismo denunciados por Joaquín Costa, con una perfecta organización de arriba abajo y del centro a la periferia: los oligarcas desde Madrid, entre los que se encuentran las elites del país, diseñas las directrices que aplicarán los gobernadores civiles en las capitales de provincia y los caciques locales a nivel municipal.

Los conservadores acapararon el gobierno en los primeros años (1875-81) y con la primera subida de los liberales al poder podemos decir que se inicia la alternancia, un sistema supuestamente inspirado en el modelo inglés y que, sin embargo, era característico de aquellas monarquías meridionales que, como la española, estaban afectadas por un cierto retraso económico y político respecto a la Europa más septentrional. Así, Italia conoció también la sucesión alterna entre la “destra” y la “sinistra”, mientras que en Portugal asistimos al “rotativismo” del partido Regenerador y el Progresista.Buena prueba de la solidez del sistema articulado por conservadores y liberales sería que las muertes de algunos de sus principales pilares, Cánovas en 1897 y Sagasta en 1903, no afectaron a su funcionamiento. Sin embargo, frente a este gobierno oficial restaurador aparentemente diseñado a la perfección, surgirán  prácticamente desde sus comienzos tres grandes movimientos opositores:1Movimientos antidinásticos:

-Carlistas = derecha del sistema. Distinguiendo 2 grupos: los dispuestos a colaborar con el régimen y formar parte de la legalidad y los que rechazaban cualquier acercamiento al gobierno oficial (corriente integrista de Ramón Nocedal).
-Republicanos = izquierda del sistema. Varios grupos: “posibilistas” de Castelar (colaboran con Sagasta); grupo encabezado por Ruiz Zorrilla que organizó un pronunciamiento militar fallido; defensores de una República unitaria (Salmerón); defensores de una República federal (Pi y Margall).

2Movimientos regionalistas y nacionalistas:

Entre los cuales podemos establecer algunas consideraciones según atendamos a criterios como por ejemplo las reivindicaciones que planteaban, localizando en el caso de los regionalismos reivindicaciones más moderadas, como la creación de instituciones propias y una mayor autonomía administrativa, y en el de los nacionalismos más radicales, sobresaliendo la reclamación de la independencia de sus territorios, a los que consideraban auténticas naciones.

Por su mayor repercusión y su actual vigencia debemos atender sobre todo a las de carácter radical, que se concretarán en la aparición de los nacionalismos catalán y vasco fundamentalmente y en menor medida, el gallego y el valenciano.
Entre los factores que los propiciaron, se barajan diversas causas tales como: el surgimiento de movimientos culturales que reivindican tanto la riqueza de la lengua como la existencia de una historia y costumbres autóctonas. (Ej. Renaixença en Cataluña recuperando, verbigracia, certámenes poéticos como los Juegos Florales en 1859); el centralismo estatal que consideran daña sus intereses; el deseo de recuperar antiguos fueros (más conservadores) o de configurar una república federal (más progresistas); las repercusiones de la industrialización y los cambios socio-económicos (defensa proteccionismo económico en Cataluña, temor al inmigrante nacional en el País Vasco, emigración gallega atribuida a la mala gestión del gobierno central en la zona).

Desglosando más concretamente los dos principales nacionalismos emergentes a finales del XIX tenemos que referirnos a:

EL NACIONALISMO CATALÁN:


Su nacimiento podríamos ubicarlo durante el Sexenio Democrático, representado por el federalismo que entonces enarbola Pi y Margall. En un primer estadio se limitó a reivindicar una Cataluña más autónoma integrada en un conjunto de estados españoles federados. Ya en la Restauración asistimos a la formación de grupos como Centre Catalá, liderado por Valentí Almirall, quien a través del manifiesto Lo Catalanisme (1886) abogar por aglutinar a los catalanistas de diferentes clases. Se percibe asimismo la existencia de otros partidarios de un nacionalismo más tradicionalista, rural y antiliberal (Joan Mañé i Flaquer, Jacint Verdaguer). Seguidamente la Unió Catalanista intentó unificar tendencias en torno a la burguesía nacionalista ilustrada pero conservadora y promueve las Bases de Manresa (1892), primer programa explícito de catalanismo que incluye un proyecto de Estatuto de Autonomía conservador y tradicionalista. No obstante, la formación del primer gran partido catalanista no se produce hasta 1901 con la aparición de la Lliga Regionalista, liderada por Prat de la Riba y Cambó.

EL NACIONALISMO VASCO:


Su ideólogo fue Sabino Arana, fundador inicialmente del primer batzoki (1894) o lugar de reunión y seguidamente del Biz-kai-Buru-Batzar o Consejo Provincial Vizcaíno en 1895 (origen del Partido Nacionalista Vasco) y diseñador, junto a su hermano Luis, de la ikurriña (bandera nacional vasca). El nacionalismo vasco parte de la reivindicación de los fueros perdidos y rechaza la industrialización alegando que fracturaba la sociedad tradicional vasca. Identificará el capitalismo y el centralismo con lo español y acusará a los inmigrantes nacionales (maketos) de degenerar la raza vasca a partir del mestizaje que provocan. Se trata de un nacionalismo inicialmente restringido al ámbito vizcaíno y muy cercano a posturas ultracatólicas y antiliberales, regido por el lema “Dios y ley vieja”. Ya desde 1898 oscilará entre el independentismo radical y la integración autónoma del País Vasco dentro de España.

EL NACIONALISMO GALLEGO Y EL VALENCIANO:


Por su menor trascendencia y conquistas hay autores que los vinculan más con pretensiones regionalistas que propiamente nacionalistas, especialmente orientadas a reaccionar frente al atraso económico y la marginación de sus respectivas regiones. En el caso del gallego asistimos en 1846 al primer conato de levantamiento autonomista, con marcado signo progresista y revolucionario, que fue duramente reprimido por el gobierno. Al igual que en Cataluña, contó con un movimiento cultural dinamizador a mediados de siglo, O Rexurdimento, y ya en 1889, Murguía y Brañas, promovieron la fundación de una Asociación Regionalista Galega cuyas pretensiones por excelencia fueron la descentralización administrativa y el uso de la lengua gallega. Por lo que se refiere al valenciano, amén del nacionalismo español, rechazó el catalán y la inclusión que este hacía de los valencianos en su comunidad lingüística y cultural, pudiendo destacar asociaciones como Lo Rat Penat (1878).

1Movimientos obreros y campesinos:
A pesar de tratarse del sector poblacional más numeroso, obreros y campesinos eran auténticos marginados del sistema, hasta el punto que su asociación fue ilegal entre 1874 y 1887. Curiosamente de las dos grandes ideologías afines a obreros y campesinos, anarquismo y socialismo, tuvo el anarquismo más arraigo entre la población española, tal vez porque este prestaba mayor atención al mundo rural tan extendido en España. Los anarquistas rechazaban el juego parlamentario y abogaban por la práctica del atentado terrorista o propaganda por el hecho, pudiendo destacar, entre otros, los asesinatos de Cánovas (1897) y de Canalejas (1912). Por lo que se refiere a los socialistas, sus orígenes en España parten de un reducido grupo madrileño liderado por el tipógrafo Pablo Iglesias, que en 1879 funda en la clandestinidad el Partido Socialista Obrero Español abrazando pretensiones marxistas tradicionales como la abolición de clases y la desaparición de la propiedad privada, aunque a diferencia de los anarquistas sí participaron del juego político. En 1888 se crea el sindicato del partido, la Unión General de Trabajadores.


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