Partidos dinásticos restauración

T.1 EL RÉGIMEN DE LA RESTAURACIÓN. CarácterÍSTICAS Y FUNCIONAMIENTO DEL RÉGIMEN CANOVISTA.

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Introducción

Tras el fallido intento de instaurar un régimen democrático durante el Sexenio, se restauró la monarquía borbónica y España volvíó al liberalismo censitario. El nuevo sistema político, ideado por Cánovas del Castillo, se fundamentó en la alternancia en el poder de dos grandes partidos, el conservador y el liberal. Este largo periodo abarca los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII. A pesar del establecimiento del sufragio universal masculino en 1890, el régimen político de la Restauración nunca llegó a ser plenamente democrático y estuvo dominado por una burguésía oligárquica apoyada en un capitalismo de base agraria

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El sistema político de la Restauración: el sistema canovista

Cánovas había preparado concienzudamente el regreso de los Borbones mediante una hábil política de prestigio, e incluso llega a conseguir la abdicación de Isabel II para legitimar el reinado de su hijo, el príncipe Alfonso. Mientras Cánovas prepara el regreso de los Borbones legalmente, el general Martínez Campos se pronuncia en Sagunto a favor de Alfonso XII. La monarquía se restauraba así por la fuerza militar y no por aclamación popular como era el deseo de Cánovas del Castillo, expresado a través del príncipe Alfonso en su Manifiesto de Sandhurst (1874), en el cual el futuro rey prometía un gobierno constitucional y la ausencia de represalias a su vuelta. La intención de Cánovas será vertebrar un nuevo modelo político que superase los problemas endémicos del liberalismo español: el carácter excluyente de los moderados durante el reinado isabelino, el intervencionismo de los militares y los enfrentamientos civiles. Para conseguir su objetivo propuso elaborar una constitución que vertebrase un sistema político basado en el bipartidismo y pacificar el país poniendo fin a las guerras de Cuba y carlista. La derrota de los carlistas se produce definitivamente en 1876 y con ella la abolición de los fueros vascos. La Constitución de 1876 es un claro ejemplo del liberalismo conservador, caracterizado por el sufragio censitario y la soberanía compartida entre el rey y las Cortes. Estaba inspirada en los valores históricos tradicionales de la monarquía y la religión. La monarquía constituía un poder moderador, que debía ejercer como árbitro y garantizar el buen funcionamiento y la alternancia entre los partidos políticos. Se concedían amplios poderes al monarca: derecho de veto, nombramiento de ministros y potestad de convocar las Cortes, suspenderlas o disolverlas sin contar con el gobierno. Las Cortes eran bicamerales y estaban formadas por Senado y Congreso. Una ley de 1878 establecía el sufragio censitario. Sin embargo, cuando estaba en el poder el partido liberal, se aprobó el sufragio universal masculino. Los senadores eran elegidos por el rey y el gobierno entre aquellos que eran por derecho propio o vitalicio. La Constitución proclamaba la confesionalidad católica del Estado, aunque toleraba otras creencias siempre que no hiciese manifestación pública de ellas. Aunque el texto constitucional contaba con una declaración de derechos, su concreción se remitía a leyes ordinarias posteriores que tendieron a restringirlos.

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Bipartidismo y turno pacífico

Cánovas del Castillo introdujo un nuevo sistema de gobierno basado en el bipartidismo y en la alternancia de poder de los grandes partidos dinásticos, el conservador y el liberal, que renunciaban a los pronunciamientos como mecanismo para acceder al gobierno. Se aceptaba por tanto que habría un turno pacífico que aseguraría la estabilidad institucional. Al ejército se le reservaba la defensa nacional y no debía intervenir en las contiendas de los partidos. El partido Alfonsino que había dirigido Cánovas se transformó en el Partido Conservador. Cánovas requería otro partido de carácter más progresista, y propuso a Sagasta su formación. De un acuerdo entre los progresistas, unionistas y algunos republicanos moderados nacíó el Partido Liberal-Fusionista. Los dos partidos defendían la monarquía, la Constitución, la propiedad privada y la consolidación del Estado liberal, unitario y centralista. Existía un acuerdo tácito de no promulgar nunca una ley que forzase al otro partido a derogarla cuando regresase al gobierno. La alternancia regular en el poder tenía como objetivo asegurar la estabilidad institucional. Cuando el partido en el gobierno sufría un proceso de desgaste político y perdía la confianza de las Cortes, el monarca llamaba al jefe del partido de la oposición a formar gobierno.

4. Falseamiento electoral y caciquismo



El sistema de turno pacífico pudo mantenerse más de veinte años gracias a la corrupción electoral y el poder económico (caciques). Los caciques eran personas notables, sobre todo del medio rural, a menudo ricos propietarios que daban trabajo a jornaleros y que tenían una gran influencia en la vida local, tanto en lo social como en lo político. Podían ser abogados, profesionales de prestigio o funcionarios de la Administración, que controlaban los ayuntamientos. Con su influencia, los caciques orientaban la dirección del voto, agradeciendo con sus ‘favores’ la fidelidad electoral y discriminando a los que no respetaban sus intereses. Los caciques manipularon las elecciones continuamente de acuerdo con los gobernadores civiles de las provincias. El conjunto de trampas electorales se conoce como pucherazo. Para conseguir la elección del candidato gubernamental, no se dudaba en falsear el censo (incluyendo a personas muertas o impidiendo votar a las vivas). La muerte del rey Alfonso XII en 1885 impulsó un acuerdo entre conservadores y liberales, el llamado Pacto del Pardo. Su finalidad era dar apoyo a la regencia de MªCristina y garantizar la continuidad de la monarquía. La reforma de mayor trascendencia fue la implantación del sufragio universal masculino, aunque la universalización del sufragio quedó desvirtuada por la continuidad de los fraudes políticos y corrupción electoral. El personalismo del sistema deterioró a los partidos, que dependían excesivamente de la personalidad de sus líderes. La muerte por asesinato de Cánovas (1897) y Sagasta (1903) provocó la descomposición de ambos partidos en facciones.

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Conclusión

La persistente inestabilidad política, con pronunciamientos militares y cambios de constituciones, era un importante  lastre para el desarrollo y modernización del país. El sistema de Turno intentaba afianzar la monarquía como árbitro de la estabilidad política pero sobre todo del poder de las clases propietarias, marginando a todo aquel que no aceptase los principios fundamentales del sistema recogidos en la Constitución del 76. Cerrada la vía democrática, se originó una revolución social para alcanzar la democracia real.

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