Que territorios incorporo Felipe II a la monarquía hispánica

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8.2. La monarquía hispánica de Felipe II Felipe II fue hijo del emperador Carlos V y de Isabel de Portugal. Desde muy joven fue preparado para desempeñar su cargo de rey.
Tras la abdicación de Carlos I en 1556 gobernó el Imperio integrado por los reinos y territorios de Castilla, Aragón, Navarra, el Franco-Condado, los Países Bajos, Sicilia, Cerdeña, Milán, Nápoles, Orán, Túnez, toda la América descubierta y Filipinas. Carlos I había cedido en su abdicación a su hermano Fernando el Imperio Alemán y las posesiones de los Habsburgo en Austria. Se pueden considerar una serie de carácterísticas de su reinado: – – – Es un rey sedentario, pues desde 1559 no abandona jamás la Península, estableciendo su capital fija en Madrid y convirtiendo a Castilla en la base de su Imperio, pues fue el motor financiero y militar del mismo, siendo también la mayoría de los principales consejeros del rey de origen peninsular. Dirigíó personalmente el gobierno, convirtiéndose en un rey burócrata y produciendo una ralentización de la maquinaria administrativa. Sus objetivos políticos fundamentales fueron el mantenimiento de la herencia recibida y la lucha contra la herejía, con la que demostró intransigente, siendo el principal impulsor de la contrarreforma. Los principales problemas a los que tuvo que hacer frente fueron: 1- La muerte en 1568 del príncipe heredero Carlos, de mentalidad trastornada, que había sido arrestado debido a sus contactos con los nobles flamencos sublevados. 2- La rebelión de los moriscos (1568-1570). Los moriscos planteaban un problema interno por su falta de adaptación y un problema externo pues se les consideraba potenciales aliados de los turcos. En esta situación Felipe II dictó un decreto por el que se les obligada a abandonar su lengua, sus vestidos y sus costumbres en un plazo de tres años. En Diciembre de 1568 los moriscos de Granada se sublevaron haciéndose con el control de las Alpujarras. Tras una larga guerra de un año Don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II consiguió arrinconarlos y terminar con la rebelión. Como consecuencia fueron deportados por toda Castilla 3- El problema de Antonio Pérez y la sublevación en Aragón. Antonio Pérez era uno de los secretarios de Felipe II, quien se vio obligado a detenerle por las intrigas y la muerte de Rafael Escobedo (secretario de Don Juan de Austria). Tras varios años en la cárcel en 1590 logró huir y refugiarse en Aragón, donde existía un malestar por el nombramiento de un virrey castellano. El Justicia Mayor puso bajo su protección a Pérez, pero Felipe II acusó al Pérez de herejía y fue llevado a la cárcel de la Inquisición. La reacción fue una sublevación en Zaragoza en el curso de la cual se el virrey es asesinado y Pérez es devuelto a la cárcel del Justicia Mayor. Felipe II respondíó mandando un ejército que sofocó la rebelión ejecutando a sus líderes, incluido el Justicia Mayor Juan de Lanuza, pero no pudo evitar la huida de Antonio Pérez a Francia. La política exterior En el Mediterráneo la amenaza turca propició la formación de la Liga Santa, formada por la monarquía hispánica, Venecia, Génova y los Estados Pontificios, que al mando de Don Juan de Austria logró la derrota de los turcos en la batalla de Lepanto en 1571, cuya consecuencia fue la aceptación de la influencia turca en el Mediterráneo Oriental y la hispánica en el Occidental. En los Países Bajos se produjo una revuelta encabezada por la nobleza frente a la política religiosa implantada por Felipe II, pidiendo mayor libertad para los calvinistas. El rey reacciónó de forma dura enviando al Duque de Alba quien para sofocar la rebelión implantó el Tribunal de los Tumultos que ejercíó una dura represión. La imposibilidad de llegar a una solución por la fuerza hizo que el rey optase por una línea más diplomática con Luis de Requesens, Juan de Austria y Alejandro Farnesio, que propiciaron una alianza de las ciudades del sur, católicas, llamada la Uníón de Arras, frente a la cual reaccionaron los calvinistas del norte constituyendo al Uníón de Utrech, bajo el mando de Guillermo de Orange
y proclamando la independencia. El enfrentamiento con Francia por el control de Italia terminó con la derrota de los franceses en la batalla de San Quintín (1557) y la firma del Tratado de Cateau- Cambresis, donde se acordó la boda de Felipe II con Isabel de Valois, hermana del rey francés Enrique IV. Felipe II fue rey de Inglaterra entre 1554 y 1558 en virtud de su matrimonio con la reina María Tudor. A la muerte de esta subíó al trono Isabel I que comenzó una dura política religiosa anticatólica que llevaría a su separación de Roma y la creación de la Iglesia de Inglaterra. Su defensa del protestantismo la llevó a apoyar a los rebeldes holandeses en 1585. Al año siguiente ejecutaba a su prima María I de Escocia. Además favorecíó la piratería, Drake, y el esclavismo, Hawkins. El rey Felipe II proyectó la invasión de Inglaterra. Para ello contaba con el apoyo del papa, el cual había excomulgado a Isabel. Reuníó a la casi totalidad de la flota en Portugal, eligiendo para mandarla a Don Álvaro de Bazán, sin embargo la muerte de este hizo que finalmente fuese designado el duque de Medina Sidonia. Debería navegar hasta Flandes y allí recoger a los tercios de Alejandro Farnesio. La Grande y Felicísima Armada (Armada invencible) no cumplíó su objetivo y en el viaje de vuelta parte de ella fue desbaratada. La unidad ibérica El rey Don Sebastián, sobrino de Felipe II, llevó a cabo una incursión en Marruecos en 1578 donde los bereberes en la batalla de Alcazarquivir derrotaron al ejército portugués compuesto por la flor y nata de la nobleza y al mando del propio rey, quine murió en la batalla. Esta situación abría la sucesión al trono portugués. Los candidatos al trono era varios, el más cercano era el cardenal Enrique de 67 años, (“sordo, medio ciego, desdentado, senil y aquejado de tuberculosis”) a quien se proclamó rey pero que acabó falleciendo en Enero de 1580. Otros eran los sobrinos del cardenal, entre otros, Antonio, prior de Crato. Desde la muerte del rey Don Sebastián en 1578 Felipe II inició una serie de movimientos encargados a hacer valer su opción a la corona portuguesa. Envió a Cristóbal de Moura, portugués y consejero suyo, quien organizó una campaña a favor del Felipe II acudiendo a juristas de prestigio para defender sus derechos, al convencimiento de individuos y ciudades y al soborno selectivo. Además Moura recomendó al rey realizar preparativos militares. El rey organizó una armada al mando de Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, quien tras conocerse la noticia de la muerte del cardenal Enrique partíó rumbo a Lisboa y puso al frente de un ejército considerable, acantonado en Badajoz, al duque de Alba quien inició una campaña de invasión de Portugal sin apenas resistencia por parte de los partidarios del prior de Crato, llegando a Lisboa en pocas semanas, donde la resistencia fue mayor, pero acabó cayendo a finales de Agosto. Don Antonio huyó hacia el norte y fue rescatado por un barco inglés. El 12 de Septiembre de 1580 Felipe II fue proclamado rey en Lisboa. Las Cortes de Tomar de Abril de 1581 juraron fidelidad al Rey y confirmaron la uníón de toda la península en una sola corona. A cambio Felipe II les confirmó sus privilegios y la independencia de Portugal en términos similares otros reinos de la península. Las posesiones ultramarinas portuguesas también aceptaron a Felipe II como rey. El nuevo territorio hizo que se crease un Consejo de Portugal, se eliminasen las aduanas con Castilla y se reservasen los principales cargos a los portugueses. Con ello la nobleza y el clero, además de los comerciantes y hombres de negocios apoyaron a Felipe II. La anexión significó la uníón de dos enormes imperios. Las posesiones portuguesas en Brasil, África y Asía pasaron al Imperio de Felipe II. Lisboa se convirtió en una ciudad con una gran importancia estratégica en un Imperio cada vez más abierto al atlántico. Un Imperio “en donde nunca se ponía el sol”.
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