Transformaciones agrarias y expansión industrial en el Siglo XIX

TRANSFORMACIONES Económicas

La economía española del siglo XIX y el primer tercio del Siglo XX se caracterizo principalmente por el atraso y el lento crecimiento  respecto a los países industrializados y un grave desequilibro sectorial. La falta de capitales para financiar las innovaciones industriales y crear una red ferroviaria que facilitase el comercio a precio razonable; la orografía del país que dificultaba el comercio; el escaso crecimiento demográfico; la escasez y dispersión de materias primas y fuentes de energía junto con los destrozos derivados de las guerras fueron las causas que dificultaban el desarrollo económico. Entre las consecuencias del atraso se puede citar que el país seguía siendo esencialmente agrario. El sector agrario hasta mediados de los años 30 se caracterizo por un estancamiento en la producción y la existencia de una propiedad agrícola en general vinculada. Desde entonces las renovaciones técnicas de cultivo  y de gestión introducidas en la agricultura y sobre todo en la modificación de régimen de la propiedad de la tierra dieron lugar a una gran transformación de la misma. Dicha modificación fue posible por las desamortizaciones en especial la de Mendizábal (1836-1837) que nacionalizo y puso a la venta publica en subasta los bienes expropiados a la iglesia además de suprimir los monasterios y conventos de ordenes religiosos, y la de Madoz (1855) en la que se expropiaron bienes de propio y comunales, tratando de reducir la deuda estatal y financiar las obras publicas, a pesar de sus propósitos perjudico a los campesinos puesto que no dio lugar a la clase media en el campo y consolido una estructura agraria latifundista, no obstante se produjo un aumento de la superficie cultivada especialmente de trigo, vid y olivo; así como del rendimiento y la productividad y la especialización regional. En el último cuarto del Siglo XIX el sector agrícola se vio afectado de nuevo por el atraso técnico, las mejoras en las comunicaciones que abarataron la importación de cereales provocando la aparición de tarifas arancelarias (arancel de 1891). Finalmente a principios del Siglo XX se inicia una lenta transformación en los modos de producción que redujo los costos y aumento la productividad y la exportación de productos siendo un periodo de gran proteccionismo arancelario, estableciendo la institución de crédito  a la agricultura (SNCA-1925) y de una política hidráulica.

Pos su parte el desarrollo industrial  es España fue tardío e incompleto, siendo la producción manufacturera de carácter artesanal y de ámbito local hasta mediados del Siglo XIX, no obstante la compra de tecnología extranjera supuso el despegue industrial en la etapa moderada, a pesar de que en los años 50 se vivíó una crisis por la aparición de otras  posibilidades de invertir como las tierras de la desamortización de Madoz, a partir de este momento tuvo lugar una lenta  pero constante recuperación que se vio frenada en 1898 en la independencia de las colonias. Entre 1898 y 1931 en la industria se llevo a cabo una sustitución del vapor por la electricidad, una concentración de la industria pesada en el país vasco y la diversificación de los sectores. Hasta los años 30 del Siglo XX la dificultad de competir con el exterior y la debilidad del mercado interior fueron las dos principales obstáculos de la industria lo que dio lugar a un fuerte proteccionismos a la arancelaria (ley de aranceles- 1918) y una activa intervención del estado en la industria. Al igual que la agricultura la industria española se caracterizo por su concentración en áreas geográficas muy concretas, por un lado hacia 1830 solo había comenzado la industrialización el sector textil en Barcelona especialmente por la protección arancelaria y las innovaciones tecnológicas entre las que destacan las selfactinas. De modo que Barcelona concentro la gran mayoría de la industria textil algodonera española dando lugar así a un doble proceso de concentración: geográfica por la buena situación en la entrada de carbón y financiera que favorecíó la organización en sociedades anónimas. No obstante este sector   tuvo también limitaciones derivadas de la incapacidad de atraer a la industria de bienes de equipo y al sector bancario, pero experimentó un impulso con  la ley de relaciones comerciales de 1888 con las Antillas. Al perder Cuba, Puerto Rico y Filipinas sufríó un gran impacto del que tardo en recuperarse  hasta el arancel de 1906.


Por otro lado la siderurgia inicio su desarrollo en Málaga con los altos hornos que usaban carbón vegetal (1832), paso a Asturias a mediados de los 50 donde se usaba carbón de coque hasta 1880. Cuando se desplazo a Vizcaya donde prospero por el empleo del sistema Bessemer. Esto y otras circunstancias hicieron que a partir de 1880 el liderazgo Vizcaíno de este sector fuera indiscutible y se desarrollaran los altos hornos de Vizcaya como núcleo  principal en la historia económica de España. Así el País Vasco se convertirá  en pionero de las nuevas formas de industrialización sufriendo una  gran expansión hasta 1900 gracias a la generalización del acero en lugar de hierro dulce. Finalmente este sector resulto muy beneficiado con la primera Guerra Mundial pero en 1918 sufríó un gran declive. El resto de las industrias en España tuvieron menos volumen la agroalimentaria destaco en Aragón y Castilla, la química que desarrollo productos para facilitar la labor al resto de sectores, la papelera comenzó a evolucionar en Guipúzcoa y Burgos, la minera que crecíó con la ley de bases mineras de 1868, y por ultimo de desarrollaron nuevas fuentes de energía como el petróleo la electricidad a partir de 1900.

Por otro lado el transporte por el interior peninsular era caro y lento hasta que durante el bienio progresista (1854-1856) se dio impulso a la construcción de ferrocarril con tres líneas principales: Barcelona-Mataró (1848), Madrid-Aranjuez y Gijón-Langreo. La ley general de ferrocarriles (1855) dio ventajas para la construcción de las principales vías pero se vio frenada por la crisis financiera internacional de 1866 y solo se reanudo después de 1876 con un ritmo mas lento y gracias a las compañías MZA, norte y la compañía de ferrocarriles andaluza. Hasta 1936 se construyo más de 13 mil metros de vía que seria finalizada para la gran guerra y cuya extensión supuso una gran transformación en los transportes. No obstante presentó efectos negativos como un ancho de vía diferente al resto de Europa, un trazado radial que ignoro la periferia y una limitada demanda que lo hizo un negocio poco lucrativo.

Durante este periodo otros avances en transportes y comunicaciones vienes de la extensión de la navegación a vapor la modernización del servicio de correos y el inicio de la telegrafía eléctrica (1854), ya durante el Siglo XX continuaron con la expansión de la telefonía (CTNE), la telegrafía sin hilos  y la radiodifusión, el desarrollo de la industria automovilista y aeronáÚtica, el metropolitano, autobuses, autocares y tranvías electicos para el transporte urbano que usaban principalmente petróleo y electricidad.

El sector financiero fue un obstáculo al inicio de la industrialización especialmente por la escasez de capital que Fernando VII tuvo que subsanar, a partir de 1844 se promueve la fundación de bancos a los que en 1856 se les permitíó emitir billetes y constituir sociedades de créditos (ley de sociedad bancarias y crediticias). Estas financiaron la construcción de la red ferroviaria y la deuda publica del estado, destacando el banco de Barcelona (1844-1922), el de Santander (1857), el Banco de Bilbao (1857) y el Banco de España (1856) el cual desempeño un papel importante en las necesidades de financiaciones del estado. El capital extranjero fue en general francés y británico, ya en el Siglo XX los bancos privados continuaron prosperando reforzando los oligopolios industriales  y se crearon también bancos de carácter publico como la Banca de Crédito Industrial (1918) y el Banco de crédito local (1925) por ultimo la hacienda estatal experimento un gran saneamiento lo que dio lugar a varios años de súperávit.

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