1. Carlismo y guerra civil
Isabel II, hija de Fernando VII, fue considerada la legítima sucesora a la Corona española. Contra ella se sublevaron los partidarios de María Cristina de Borbón, que ejercía la Regencia a causa de la minoría de edad de su hija (Isabel tenía 3 años al morir Fernando VII). Los sublevados proclamaron rey al infante don Carlos María Isidro, hermano del difunto Fernando VII, confiando en él la defensa de la sociedad tradicional. Daba así comienzo a una sangrienta guerra civil.
Los carlistas, bajo el lema «Dios, Patria y Fueros», agruparon a los defensores de la monarquía absoluta, de la preeminencia de la Iglesia católica y de la conservación de los foros regionales. Representaban una sociedad arcaica y conservadora; las doctrinas liberales eran consideradas la expresión de una sociedad perversa y fuente de pecado, la imagen de un mundo contrario y enemigo de sus costumbres y creencias.
Ante el levantamiento carlista, la regente María Cristina contó desde el principio con sectores absolutistas fieles a Fernando VII que se mantuvieron al lado de su hija. Pero, para asegurar el trono, la regente pactó también con los liberales moderados, partidarios de pactar con la Corona el paso al régimen liberal.
La evolución adversa de la guerra exigió a la regente ampliar la base social y popular que defendiese la causa isabelina, mediante reformas más progresistas que le permitieran contar con el apoyo popular de las ciudades y de las clases medias ilustradas.
2. Primera Guerra Carlista
La Primera Guerra Carlista implicó a toda la sociedad española, enfrentando a partidarios de distintas posiciones ideológicas. Comenzó con el Manifiesto de Abrantes. En esta guerra se suelen distinguir tres fases:
- De 1833 a 1835: Destacó el carlista Zumalacárregui, cuya muerte en el sitio de Bilbao supuso una gran pérdida para los carlistas.
- De 1836 a 1837: Los carlistas insistieron en la conquista de Bilbao, pero volvieron a fracasar. En el Maestrazgo, donde actuaba el general carlista Cabrera, la guerra cobró una especial crueldad.
- Fase final (1838-1840): Los carlistas más radicales, como Cabrera, estaban dispuestos a mantener la lucha, mientras otros, encabezados por Maroto, eran partidarios de alcanzar acuerdos con los liberales. En Vergara (1839) los generales Maroto y Espartero firmaron el Convenio de Vergara; don Carlos se exilió en Francia.
Segunda Guerra Carlista
Fue menos importante. Su detonante fue la boda de Isabel II con su primo Francisco de Asís de Borbón, y los intentos de la rebelión carlista fracasaron. Las consecuencias de la guerra fueron variadas: a nivel político, la paz significó la aceptación, en parte, de la monarquía por parte de los carlistas; la monarquía española se inclinó hacia el liberalismo, aunque con episodios de espadonismo. Desde un punto de vista socioeconómico, las tensiones aumentaron, el desorden dificultó el desarrollo industrial e incrementó la inseguridad en las zonas rurales.
3. La regencia de María Cristina (1833-1843)
La agitación de los liberales contra unos planteamientos muy moderados provocó la dimisión de Martínez de la Rosa. La regente se vio obligada a poner al frente del gobierno al conde de Toreno, que incluyó en su gabinete a Juan Álvarez Mendizábal. Aunque contó con el apoyo de los sectores más radicales —que empezaron a llamarse progresistas—, el conde de Toreno acabó siendo sustituido por Istúriz, más moderado, pero que no supo sostenerse en el gobierno.
El pronunciamiento de los sargentos en La Granja de San Ildefonso (1836) obligó a la regente a restablecer la Constitución de 1812 y a nombrar al progresista Calatrava presidente del gobierno, quien a su vez nombró a Mendizábal ministro de Hacienda. Una vez aprobada la Constitución, se celebraron elecciones mediante sufragio censitario que ganaron los moderados, que se instalaron en el gobierno hasta 1840.
Mientras decrecía la popularidad de la regente, aumentaba la del general Espartero, considerado el pacificador de España tras la firma del Convenio de Vergara. En octubre de 1840 la regente abdicó y asumió la regencia Espartero, apoyado por los progresistas.
4. La regencia de Espartero (1840-1843)
La primera medida de Espartero fue paralizar la Ley de Ayuntamientos. Convocó nuevas elecciones a Cortes que dieron la victoria a los progresistas. El ejército estaba muy descontento por la irregularidad en la paga.
María Cristina acusó a Espartero de mantener a la reina —una niña de diez años— retenida, lo que provocó tensiones. Además, hubo un levantamiento dirigido por Narváez y O’Donnell, que fracasó.
5. El reinado de Isabel II
Isabel fue declarada mayor de edad en 1843 con tan solo 13 años para evitar una tercera regencia. Esta etapa supuso la consolidación del sistema liberal. Sin embargo, el predominio de los moderados, con el apoyo de la reina, provocó que los progresistas rechazaran con intensidad creciente a la monarquía isabelina, que acabaría destronada en 1868.
Conceptos clave: Dios, Patria y Fueros; Manifiesto de Abrantes; Zumalacárregui; Maestrazgo y Cabrera; Convenio de Vergara; Mendizábal; Espartero; Regencia de María Cristina; Reinado de Isabel II.
