Historia de España: Desde la Prehistoria hasta la Constitución de 1812

Paleolítico y Neolítico en la Península Ibérica

El Paleolítico comienza hace unos 800.000 años. En Atapuerca se encontraron fósiles humanos, los más antiguos de Europa. La primera etapa del Paleolítico es el Inferior. El hombre de Neandertal es la especie del Paleolítico Medio; uno de los yacimientos más importantes es la cueva Morín. Hace unos 35.000 años, el Homo sapiens sapiens habitó en Altamira y caracterizó al Paleolítico Superior. Entre hace 10.000 y 7.000 años, la península se encuentra en el periodo del Mesolítico, en el que el hombre va dejando de ser depredador y la economía empieza a ser productiva. El Neolítico empezó en el 5000 a.C.

Las sociedades paleolíticas vivían de la caza, la recolección y la pesca; tenían una economía depredadora. Los grupos humanos eran poco numerosos y tenían que estar en constante movimiento para seguir a los animales.

En el Neolítico, los seres humanos producían su propio alimento. La necesidad de vivir junto a los cultivos fomentó la aparición de poblados estables y el sedentarismo.

El origen de estos cambios se encuentra en:

  • El cambio del clima y el final de las glaciaciones.
  • El aumento de la población.
  • La llegada a las costas mediterráneas de influencias de los pueblos del Oriente Próximo (pueblos colonizadores).

Áreas Celta e Ibérica e Influencia de los Pueblos Colonizadores

La Edad de Hierro comienza en la península ibérica hacia el 800 a.C. Existen varios pueblos colonizadores:

  • Los fenicios: Se instalaron en la costa andaluza, desde Cádiz hasta Almería, entre los siglos VII al VI a.C.
  • Los cartagineses: Hasta el siglo III a.C. fueron reemplazando a los fenicios; Cartago fue una antigua colonia fenicia.
  • Los griegos: Hacia el siglo VII a.C., ubicados en la costa este, fueron los fundadores de Ampurias.

Las culturas íberas aparecen como resultado de las influencias fenicias y griegas; abarcan el levante y el sur peninsular con pueblos como los turdetanos y layetanos. En el norte se asentaban los pueblos de origen celta, como los cántabros, astures o lusitanos. El centro de la península se denomina celtíbera, con pueblos como los arévacos o pelendones. La cultura de Tartessos, en el valle del Guadalquivir, es todavía poco conocida.

El Concepto de Romanización y la Conquista de Hispania

La romanización fue el proceso de adaptación de los pueblos hispanos a las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales de Roma. El origen de la conquista se encuentra en las Guerras Púnicas. Tras la derrota en la primera, los cartagineses reforzaron su presencia en la península. Durante la Segunda Guerra Púnica, los romanos atacaron la península para debilitar las bases cartaginesas. Tras su victoria, los romanos se hicieron con todo el litoral mediterráneo, la zona más desarrollada de España.

En el siglo II a.C. tiene lugar la segunda fase de la conquista. Los habitantes de Lusitania, dirigidos por Viriato, presentaron una dura resistencia que finalizó con el asesinato de este. Al norte, la guerra se desarrolló en torno al asedio de Numancia, que finalizó en el 133 a.C. Durante los 100 años siguientes se detuvo la expansión.

Las Guerras Cántabras fueron la fase final de la ocupación. La primera campaña fue dirigida por Augusto, quien celebró su victoria en Roma, aunque posteriormente hubo una sublevación. La segunda campaña fue dirigida por Agripa, con la derrota definitiva de los cántabros.

La economía de Hispania estaba basada en la agricultura con mano de obra esclava. Los romanos dividieron la península en provincias. La crisis del siglo III anticipó el final de la presencia romana.

Etapas y Evolución del Mapa Político en el Siglo XIII

La Reconquista fue la actividad militar desarrollada por los combatientes cristianos durante la Edad Media. El primero de los núcleos cristianos fue el asturleonés, formado por habitantes del norte que procuraban escapar al control de los musulmanes. Durante el reinado de Alfonso I tuvo lugar la primera delimitación del reino. Alfonso II trasladó la corte a Oviedo y, durante su reinado, se encontró la tumba del apóstol Santiago. Alfonso III estableció su capital en León.

El Condado de Castilla surgió en las tierras fronterizas fortificadas del norte de Burgos para detener las incursiones musulmanas. En la zona pirenaica, el Imperio carolingio estableció una franja denominada Marca Hispánica; posteriormente, navarros y aragoneses se independizaron de los francos.

La Corona de Castilla se convirtió en la gran protagonista con la conquista de Toledo en 1085 por Alfonso VI y la victoria de Alfonso VIII en las Navas de Tolosa (1212). Con Fernando III, los reinos de León y Castilla quedaron unidos definitivamente. En 1137 se formó la Corona de Aragón por la unión del Reino de Aragón y los condados catalanes. En el siglo XIII, Jaime I el Conquistador incorporó las Baleares y Valencia.

La Unión Dinástica de los Reyes Católicos

Debido al matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, se produjo la Unión Dinástica. Esto no supuso una unión política inmediata, sino que produjo el fortalecimiento de la corona y la formación del Estado autoritario moderno.

En 1492 culminó la conquista de Granada, el último reino musulmán, que se incorporó a la Corona de Castilla tras una guerra de diez años. Se recuperaron el Rosellón y la Cerdeña para la Corona de Aragón gracias al Tratado de Barcelona de 1493 con Francia. Asimismo, los Reyes Católicos reforzaron la presencia de Aragón en Italia.

Los Decretos de Nueva Planta y el Reformismo Borbónico

Los Decretos de Nueva Planta fueron leyes impuestas por Felipe V a los antiguos territorios de la Corona de Aragón. Felipe V fue el primer monarca de la dinastía borbónica. La oposición de los territorios de la Corona de Aragón, entre otras causas, ocasionó la Guerra de Sucesión.

Los decretos fueron implantados en plena guerra en Valencia y Aragón, aplicándose posteriormente en Mallorca y Cataluña. Las Cortes de estos reinos se integraron en las Cortes de Castilla. Con estos decretos se impuso en España un Estado centralizado. Los territorios de la Corona de Aragón, que habían estado gobernados por virreyes, pasaron a ser provincias. A partir de 1718, las provincias contaron con la figura de un administrador.

La Constitución de 1812 y las Cortes de Cádiz

En 1808 se constituyeron juntas revolucionarias locales que rechazaron a José Bonaparte como rey de España. Ante la guerra, surgió la Junta Central, que en 1810 se convirtió en un Consejo de Regencia, representante del legítimo rey, Fernando VII, y convocó las Cortes en Cádiz. Estas iniciaron las reformas liberales y elaboraron una Constitución.

La Constitución de 1812 estableció los siguientes principios:

  • Soberanía nacional: El poder político emana de los ciudadanos.
  • Monarquía limitada: Con una clara división de poderes.
  • Sufragio universal masculino e indirecto.
  • Poder ejecutivo: El monarca era la cabeza del gobierno e intervenía en la elaboración de leyes.
  • Reformas institucionales: Reforma de los impuestos y la Hacienda, creación de un ejército nacional, división del territorio en provincias, formación de ayuntamientos y creación de la Milicia Nacional.

Junto a la Constitución de 1812, las Cortes de Cádiz aprobaron una extensa obra legislativa cuyo fin primordial era eliminar definitivamente el Antiguo Régimen.

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