El Califato de Córdoba: Esplendor y Ocaso de Al-Ándalus
La grave crisis que venía atravesando Al-Ándalus fue superada por Abderramán III (912-961), quien logró poner fin a las sublevaciones y luchas internas con mano dura, reforzando el ejército con mercenarios eslavos y bereberes.
Cronología del Califato
- 912: Abderramán III, emir de Córdoba.
- 929: Proclamación del Califato de Córdoba.
- 997: Saqueo de Santiago de Compostela.
- 1031: Disolución del Califato de Córdoba.
Tras pacificar el territorio, decidió proclamarse califa (929), es decir, suprema autoridad política y religiosa, rompiendo su dependencia del califa de Bagdad. Se inicia así la etapa de mayor esplendor político y económico, siendo la nación más rica de Occidente y rivalizando Córdoba en lujo y grandeza con Constantinopla. Para asegurar el orden interior y contener a los cristianos, los convirtió incluso en vasallos y tributarios. En las proximidades de Córdoba, ordenó la construcción de la ciudad-palacio de Medinat al-Zahra, donde se aisló en exceso.
El esplendor del califato continuó con su hijo Al-Hakam II (961-976), protector de las letras y las artes, quien llegó a reunir en su palacio una biblioteca de 400.000 volúmenes. Con su sucesor, Hisham II (976-1013), todo cambió. El nuevo califa, menor de edad, delegó el gobierno en Al-Mansur (Almanzor, “el victorioso”), su hachib o primer ministro. Actuando como un dictador, reforzó el ejército con más bereberes y se dedicó a dirigir campañas contra los cristianos. Cada año realizaba dos expediciones o razias, arrasando iglesias y monasterios en León, Barcelona y Santiago de Compostela.
Tras la muerte de Almanzor (1002), consecuencia de las heridas recibidas en la batalla de Calatañazor (Soria), las tensiones contenidas estallaron y la aristocracia árabe se levantó contra Sanchuelo, segundo hijo de Almanzor. Los bereberes combatieron contra los árabes con la ayuda de Castilla a cambio de fortalezas en la frontera. Se iniciaba así la intervención cristiana en los conflictos internos de Al-Ándalus y la rápida desintegración del califato.
Las Reformas de Carlos III y el Despotismo Ilustrado
“Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Esta frase define a la perfección la intención de los monarcas absolutistas europeos, entre los que destaca Carlos III, de utilizar las ideas de la Ilustración, basadas en la razón, buscando el progreso y la felicidad de sus súbditos. Los monarcas déspotas ilustrados quieren modernizar y reformar sus naciones para hacerlas más ricas, más avanzadas y prósperas. Sin embargo, no se detienen a pedir permiso a sus gobernados ni consultan su opinión sobre las decisiones que consideran más convenientes para ellos, les guste a estos o no.
Carlos III se rodeó de las mentes más brillantes de la época, como Campomanes, Jovellanos, Floridablanca y Olavide, quienes llevarán a cabo las reformas ilustradas, pero siempre dejando bien claro que la autoridad absoluta del rey no se discute.
La Constitución de 1931: Un Nuevo Modelo de Estado
1. Contexto Histórico
Fue aprobada durante el Bienio Reformista (1931-1933) por unas Cortes de mayoría republicano-socialista. El objetivo era modernizar España «de golpe» siguiendo el modelo de la República de Weimar, rompiendo con el pasado monárquico, clerical y latifundista. Al ser una constitución de izquierdas, la derecha no la sintió como suya y la consideró un ataque, especialmente contra los católicos.
2. Art. 1: República de Trabajadores
Define a España como una “República democrática de trabajadores de toda clase”. El poder emana del pueblo y se eliminan los privilegios de sangre o clase. La intención era que las clases obreras sintieran el nuevo Estado como algo propio y se convirtieran en sus principales defensoras.
3. Religión y Sufragio Femenino
- Laicismo (Art. 3 y 26): Se establece que el Estado no tiene religión oficial y se decreta la disolución de la Compañía de Jesús. Esto fue visto por los católicos como una persecución institucionalizada.
- Sufragio Femenino (Art. 36): Hito defendido por Clara Campoamor. Las mujeres pudieron votar por primera vez en 1933. Hubo polémica incluso en la izquierda, pues algunos diputados temían que las mujeres votaran a la derecha influenciadas por la Iglesia.
4. Art. 11: Autonomías y Nacionalismos
La II República quería resolver el problema territorial satisfaciendo a los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos. Propone un régimen de autonomía dentro de la República española, con gobierno, instituciones y leyes propias. Hay que recordar que ya el proyecto de constitución republicano-federal de 1873 pretendía una organización territorial similar. De esta manera, izquierda y derecha nacionalistas apoyarían la República.
Cataluña recibiría autonomía, aunque los nacionalistas se precipitan y la proclaman antes de tiempo. Los vascos no llegan a tiempo por el estallido de la Guerra Civil. Es uno de los aspectos que más enfureció a las fuerzas conservadoras, especialmente al Ejército, pues temían que fuera el principio de la ruptura de la unidad de España.
