Historia de la Transición del Antiguo Régimen al Liberalismo en España

La Crisis de la Monarquía y la Guerra de la Independencia

La ocupación del territorio español por parte de las tropas napoleónicas tras las abdicaciones de Bayona y la inacción de las principales instituciones, provocó un vacío de poder al no reconocer el pueblo al nuevo monarca, José I. Dicho vacío concedería un margen de actuación a quienes pretendían llevar a cabo una transformación del país que pusiera final al sistema del Antiguo Régimen.

Sin embargo, los españoles adoptaron distintas posiciones frente a los invasores, dando lugar a un complejo panorama ideológico durante la Guerra de la Independencia. Por una parte, se encontraban los:

  • Afrancesados: Aceptaron la soberanía de José Bonaparte. Algunos lo hicieron por conveniencia, pero otros muchos por la convicción de que las reformas que traía (recogidas en el Estatuto de Bayona) renovarían el país.
  • Patriotas: Divididos en tres grupos:
    • Absolutistas o serviles: Partidarios del régimen anterior.
    • Reformistas: Ilustrados que pretendían una transformación pacífica y pactada.
    • Revolucionarios: Querían aprovechar la guerra para llevar a cabo su programa liberal.

La Convocatoria de las Cortes de Cádiz

Desde el principio, los revolucionarios controlaron gran parte de las juntas locales y provinciales, así como la Junta Suprema Central, dirigida por el ilustrado conde de Floridablanca. Esta, poco antes de disolverse y dar paso al conservador Consejo de Regencia, llevó a cabo la convocatoria de unas “Cortes extraordinarias” que habían de representar a la nación, sin que los diputados se asociaran por estamentos.

Ante el avance francés, se eligió Cádiz como sede de las Cortes. El proceso de elección en un país ocupado resultó muy difícil y muchos de los elegidos tuvieron que ser sustituidos por suplentes que se hallaban en la ciudad. El resultado fueron unas Cortes de mayoría revolucionaria, pero no lo suficientemente representativas de la realidad nacional.

Labor Legislativa de las Cortes

Antes de la aprobación de la Constitución, las Cortes, desde su reunión en 1810, y tras la sustitución del Consejo de Regencia por un único Regente, más fácil de controlar, llevaron a cabo una importante labor legislativa. Así, se decretó:

  • La libertad de imprenta, industria, comercio y trabajo.
  • La abolición de la tortura en los procesos judiciales y del comercio de esclavos.
  • La igualdad de derechos entre españoles y americanos, a fin de atraerse la confianza de estos.

La Constitución de 1812

El texto constitucional, que se aprobará definitivamente el 19 de marzo de 1812, se caracterizará por su modernidad revolucionaria. En él se establecía:

  • La soberanía de la nación, representada en unas Cortes unicamerales, que se elegirían por sufragio universal indirecto.
  • La división de poderes: el legislativo compartido por las Cortes y el rey; el ejecutivo recaía sobre el monarca; y el judicial encargado a los tribunales.
  • Una breve declaración de derechos, centrándose en la libertad y la propiedad.
  • En cuanto al tema confesional, se afirmaba la religión católica como la propia de la nación, por el gran número de religiosos presentes en las Cortes.

Todavía, tras la aprobación de la Constitución, prosiguieron las Cortes su labor legislativa, con decretos tan importantes como el que abolía la Inquisición o el que daba inicio a la desamortización eclesiástica, y con la convocatoria de unas Cortes ordinarias. Estas Cortes se reunieron a finales de 1813 pero no tuvieron mucho tiempo para desplegar una verdadera actuación. Tras la firma del Tratado de Valençay, por el que Napoleón devolvía la corona a Fernando VII, el rey retornó al país, pero no directamente a Madrid, sino que se desvió hacia Zaragoza y Valencia. Allí, habiendo recibido el Manifiesto de los persas, firmado por la mayoría de los diputados serviles, instándole a no jurar la Constitución, y ante la cálida bienvenida popular, Fernando declaró nula toda la obra legislativa de las Cortes de Cádiz, reinstaurando el absolutismo.

Hito Histórico: 1812

El Regreso de Fernando VII y la Restauración Absolutista

Por el Tratado de Valençay de 1813, Napoleón devolvía la corona española a Fernando VII de Borbón. Este la recuperaba después de habérsela arrebatado a su padre en el Motín de Aranjuez poco antes de cederla a Napoleón en las Abdicaciones de Bayona. Sin embargo, la situación que se encontraría el monarca a su regreso era bien distinta a la que dejó: en su ausencia, las Cortes de Cádiz habían aprobado una Constitución en 1812, con la que pretendían inaugurar una monarquía “moderada”.

Así las cosas, Fernando VII, en vez de acudir directamente a la capital, se desvió hacia Zaragoza y Valencia. La excelente acogida que la población le dispensó, sumado al apoyo de los diputados realistas en el Manifiesto de los persas, le animaron a decretar la anulación de toda la obra de las Cortes y restaurar íntegramente el sistema del Antiguo Régimen.

El Sexenio Absolutista (1814-1820)

Dio comienzo así el denominado Sexenio Absolutista, caracterizado fundamentalmente por la persecución de todos los enemigos del realismo, afrancesados o liberales. Estos, por su parte, se organizaron en sociedades secretas y conspiraron contra la monarquía mediante pronunciamientos militares. Los más destacados fueron los de Espoz y Mina (1814), Porlier (1815) o Lacy (1817).

A su vez, la corona tuvo que hacer frente al proceso independentista que se había iniciado en las colonias durante la Guerra de la Independencia, aprovechando el vacío de poder originado en la península. Lo que comenzó siendo un movimiento autonomista derivó hacia el independentismo.

El Trienio Liberal (1820-1823)

La guerra en América tuvo consecuencias desastrosas sobre el reino, donde se sucedieron periodos de carestía y hambrunas, aparte de la profunda crisis, agravada por los gastos militares.

Precisamente, la guerra americana y sus consecuencias en España facilitaron, en 1820, el éxito del pronunciamiento liberal de Riego en Cabezas de San Juan, al frente de las tropas que iban a embarcar hacia las colonias. Al pronunciamiento le seguido el movimiento juntista en las principales ciudades españolas, obligando al rey a jurar la Constitución de 1812. Se abre entonces la etapa conocida como el Trienio Liberal, que supondrá un nuevo paso en la extinción del Antiguo Régimen en España.

Los gobiernos liberales del Trienio retomaron las reformas iniciadas por las Cortes de Cádiz:

  • Se volvió a suprimir la Inquisición.
  • Se impuso una política fiscal universal y proporcional.
  • Se reanudaron las desamortizaciones.
  • Se desarrollaron las leyes para la protección de los derechos y libertades.

Sin embargo, el periodo se caracterizó por una profunda inestabilidad. Los liberales se dividieron en los más moderados (doceañistas), encabezados por Martínez de la Rosa, y los exaltados, que pretendían una transformación más profunda, guiados por Evaristo San Miguel. Mientras, el monarca y los tradicionalistas conspiraron incesantemente contra el nuevo gobierno, llegando a formar hasta una regencia con sede en Urgell, y que terminó con la intervención de las tropas francesas de los Cien Mil Hijos de San Luis comandados por el Duque de Angulema, en nombre de la Santa Alianza, a petición del mismo Fernando VII, para restablecer el absolutismo en España.

La Década Ominosa (1823-1833)

Comienza en este momento la última etapa del reinado de Fernando VII, la Década Ominosa. La restauración absolutista vino acompañada de una nueva y cruel represión. Sin embargo, la grave situación hacendística y económica general, con la definitiva pérdida de las colonias, obligaron al monarca a aceptar una serie de reformas, principalmente administrativas, nunca políticas. Así, López Ballesteros se encargó de imponer la reducción del gasto y la racionalización de los impuestos, y crear el primer presupuesto estatal.

Estas reformas, unidas al no restablecimiento de la Inquisición, provocaron el malestar entre el sector ultrarrealista, hasta el punto de iniciar una insurrección en Cataluña: la rebelión de los malcontents. Por su parte, tampoco contentaron a los liberales, que continuaron con sus levantamientos, como el de Torrijos en 1830, sin éxito. Unos y otros fueron reprimidos con la dureza habitual.

El Conflicto Sucesorio y el Fin del Reinado

Hacia el final del reinado, las posturas ideológicas se polarizaron en torno a los problemas sucesorios. Fernando VII y su esposa María Cristina no tuvieron hijos varones y, por la Ley Sálica, adoptada por los Borbones, las mujeres no podían heredar la corona. En 1830, Fernando promulgó la Pragmática Sanción que invalidaba la Ley Sálica, por lo que los derechos de sucesión pasarían a su futura hija Isabel. Los absolutistas más radicales apoyaron el reinado del hermano del monarca, Carlos María Isidro, por lo que recibieron el nombre de carlistas, no reconociendo la Pragmática Sanción. A la muerte de Fernando, la tensa situación derivaría en una guerra civil entre los partidarios de Isabel y los de Carlos. REINADO

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