Consecuencia de la revolución francesa en el continente americano

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FUENTES DE ENERGÍA Y NUEVAS INDUSTRIAS DE LA II REVOLUCIÓN INDUSTRIAL:

La Segunda Revolución Industrial se caracterizó por nuevos inventos y nuevas fuentes de energía, que dieron origen a aplicaciones industriales de enorme impacto en la vida de las

sociedades industrializadas. Estas fueron:

– La siderurgia del acero: la gran innovación siderúrgica fue la obtención del acero. Pasó a ser producido en masa gracias a la invención del convertidor Bessemer y del alto horno eléctrico Franco-alemán Siemens-Martín. Desde entonces, la siderurgia se convirtió en símbolo de la nueva «era del acero», que fue utilizado preferentemente en la construcción, en las infraestructuras (puentes y viaductos) y en la fabricación de todo tipo de maquinaria.

– Los nuevos metales: los avances metalúrgicos que formaron parte del complejo de  innovaciones fueron el aluminio, los nuevos métodos de obtención de cobre y el níquel. Eran materiales con gran capacidad de arrastre sobre otros sectores productivos.

– La electricidad: fue la gran innovación energética como fuente de luz, calor y energía. La invención de los transformadores y los alternadores, incluyeron muchos sectores que revolucionaron la actividad económica y la vida cotidiana.

– El petróleo: En 1885, el alemán Karl Benz inventó el motor de explosión o de combustión interna alimentado por gasolina y, después, en 1897, Rudolf Diésel, el motor de aceite pesado (gasóleo).

– La industria automóvilística y aeronáÚtica: En 1886, Benz produjo el prototipo del moderno  automóvil, un utilitario autopropulsado a base de gasolina, motor de explosión y ruedas de caucho, siendo el principal medio de locomoción terrestre. 


 

REVOLUCIÓN DE LOS TRANSPORTES Y DE LAS COMUNICACIONES


En la Segunda Revolución Industrial, el barco de vapor se impuso sobre los barcos de vela al compás de innovaciones tecnológicas y mejoras portuarias. También influyó mucho la apertura de los primeros canales interoceánicos.

El tendido ferroviario se extendíó a aquellas zonas en las que el comercio con destino a Europa u otros países industrializados requería medios de transporte terrestre fiables, eficaces y cada vez más baratos.

En un principio, el ferrocarril se construyó en los países europeos y América del Norte. Por su parte, la revolución de las comunicaciones permitíó conectar todos los centros económicos del mundo en tiempo real. El gran salto tuvo lugar con la invención del código Morse en 1844. El impacto fue tan revolucionario que hacia 1869 ya estaban tendidos los cables transatlánticos que comunicaban las capitales europeas con las

norteamericanas y, poco después, la casi totalidad del mundo estaba comunicada por líneas telegráficas terrestres y cables submarinos oceánicos. 

Con esas innovaciones de la tecnología comunicativa, el precio del azúcar caribeño, del caucho brasileño o del guano peruano podía ser fijado uniformemente en la Bolsa de cotizaciones de Londres y ser destinado a la exportación al mundo desarrollado.

EL REPARTO DE ÁFRICA. LA CONFERENCIA DE BERLÍN:


La conquista y colonización de África (segunda mitad del Siglo XIX y primeros del XX) es una de las manifestaciones más visibles del nuevo imperialismo. Los europeos pasaron a controlar y dominar casi todo el continente, para imponer cierto orden en el suculento reparto, las potencias europeas se reunieron en la Conferencia de Berlín de 1885, en la que se decidíó que solo la ocupación efectiva del territorio africano podía dar título de legitimidad a la colonización por parte de un país reclamante. A partir de entonces, se inició una súbita carrera de las potencias imperialistas para repartirse el continente.

La negativa británica y francesa a ese proyecto permitíó la instalación de colonias de potencias europeas menores, a modo de estados «tapón»: el Congo, concedido al rey Leopoldo de Bélgica en 1885  y las colonias de Angola y Mozambique, a Portugal.


 

EL REPARTO DE Asía:


Reino Unido obtuvo el Imperio de la India, e incorporaron también Pakistán, Bangladés Y Ceilán. Posteriormente conquistarían Birmania (la joya de la corono) y Hong Kong. El otro gran foco británico era Australia y Nueva Zelanda.

Rusia por su parte se expandíó hacia el Pacífico y Alaska, después vendida a Estados Unidos; Francia se centró en la conquista de Indochina, Vietnam, Camboya y Laos; Holanda ocupó las islas de Java e Indonesia;  y Alemania ocupó los archipiélagos del Pacífico (Marshall, Salomón, Carolinas) y enclaves costeros en China.

El Imperio chino debido a su cultura milenaria, su inmensidad territorial y de población, fue imposible proceder a una reparto del país, sin embargo las potencias imperialistas colaboraron para arrancar la decadente administración, concesiones territoriales y derechos económicos y jurídicos, que generaron una profunda hostilidad popular hacia los extranjeros. Ello motivó la sangrienta rebelión de 1900 de los bóxers, y aunque terminaría por ser aplastada en una operación militar de todas las potencias extranjeras, su extensión y apoyo popular reforzó la idea de que China no podía ser colonizada. También precipitó el final del Imperio y el inicio de una república debido a la inestabilidad política y la conflictividad social.

Japón, por su parte, tuvo siempre como objetivos Corea y China, motivados porque se trataba de un archipiélago volcánico con pocos recursos materiales y un fuerte crecimiento demográfico necesitado de materias primas para abastecerse. Entre 1857 y 1895, tropas japonesas ocuparon las islas Kuriles y toda la península Coreana, delimitando sus fronteras con Rusia, lo que provocaría la guerra ruso-japonesa de 1905, y más tarde se infiltraría Japón en Manchurria.

Estados Unidos dio las primeras muestras expansionistas en su guerra contra México, que concluyó con la anexión del territorio mexicano a Río Grande. Poco después Alaska era comprada a Rusia, y la anexión de Hawái reforzó el control estadounidense en Cuba y Puerto Rico. Bajo la presidencia de Roosevekt, se abriría un canal controlado por el país en Panamá.


La Paz Armada: Sistemas de Alianzas y conflictos prebélicos: en el último tercio del Siglo XIX, el Imperio alemán se convirtió en la primera potencia europea por su población. Su política era bismarckiana, tropezó con el problema del enfrentamiento entre los imperios austro-húngaro y ruso en los Balcanes. Otro foco de tensión estaba en el reparto colonial en el norte de África, donde Alemania se enfrentaba con Francia y Reino Unido. En 1890, Guillermo ll sustituyó a Bismarck y su política emprendedora de rearme naval apostaba por el aliado austro-húngaro, lo que sostuvo al Imperio otomano en los estrechos para evitar que cayera en manos rusas. Este giro provocó grandes reajustes diplomáticos, que daría paso a la Paz Armada (1890-1914). Francia y Rusia se aliaron firmando la alianza de apoyo mutuo en 1891. Además en 1904 se formó la Entente Cordiale entre Francia y Reino Unido, preservando así el equilibrio en Europa; y en 1905, Rusia, tras su derrota en la guerra ruso-japonesa se aproximó al Reino Unido. Por último, en 1907 Rusia, Francia y Reino Unido formaron la Triple Entente por temor al expansionismo alemán. Alemania trató de socavar el frente común de los países de la Triple Entente, propiciando cuatro crisis, que pueden considerarse el preludio de la Gran Guerra: Primera crisis marroquí (1905): Alemania se enfrentó a Francia, España y Reino Unido por apoyar la independencia marroquí para evitar el implantamiento de un protectorado hispano-francés en Marruecos.

Crisis bosnia (1908): Alemania apoyó la incorporación de Bosnia Herzegovina a Austria-Hungría. Segunda crisis marroquí (1911): Alemania se opuso a la ocupación francesa de Marruecos.

Crisis balcánicas (1912-1913): se enfrentaron los países de la península entre sí con el saldo del Imperio Otomano.


Plan Schlieffen. Guerra rápida: La primera fase de la guerra fue una etapa de grandes

movimientos de tropas, se creyó que sería una guerra corta y que podría  resolverse muy pronto. Alemania invadíó Bélgica, para atacar a Francia con la idea de concentrar sus fuerzas; Rusia atacó a Alemania y a Austria-Hungría, consiguiendo penetrar en sus territorios. Al mismo tiempo, Francia lanzaba sus tropas contra los alemanes en Alsacia y Lorena y Reino Unido enviaba fuerzas expedicionarias a reforzar la frontera Franco-belga. Esa primera fase de «guerra de movimientos» terminó agotándose muy pronto, pues la  tentativa alemana para acabar con Francia había fracasado debido a la fortaleza de la resistencia Franco-británica, al igual que la ofensiva francesa para desalojar a los alemanes de Alsacia y Lorena. Mientras tanto, en el frente oriental, las iniciales victorias rusas pronto fueron seguidas por contraofensivas victoriosas alemanas a fines de Agosto, que estabilizaron el frente. 

A finales de 1914, la contienda entró en una fase de «guerra de posiciones» con el frente occidental y el frente oriental estabilizados. La idea de una guerra corta y breve se desvanecíó casi a la par que se revelaba la necesidad de inventar nuevas formas de combate y nuevos instrumentos bélicos para romper el equilibrio existente y conseguir la victoria final. Y la propia dinámica bélica impuso la necesidad de librar así una guerra de desgaste y agotamiento.

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