Crisis del Sistema de la Restauración: De la Agonía Liberal a la Dictadura y la II República (1902-1931)

El Reformismo Conservador, la Cuestión Marroquí y la Semana Trágica (1902-1909)

Desde el Desastre del 98 hasta la Primera Guerra Mundial, el sistema político de la Restauración intentó regenerarse desde dentro para evitar su colapso. Antonio Maura asumió el liderazgo del Partido Conservador. Tras el regeneracionismo de Costa, se habían puesto en evidencia los problemas de España: caciquismo y oligarquía. Se intentó convertir este discurso en un revisionismo político o reformismo conservador, que buscaba aplicar reformas sociales y políticas desde el Estado.

El “Gobierno Largo” de Maura (1907-1909)

El “gobierno largo” de Maura representó el intento más ambicioso de este proyecto. Buscaba ser una revolución desde arriba, que corrigiendo los excesos del sistema impidiera la revolución desde abajo, amenazada por el movimiento obrero y los nacionalismos periféricos.

Reformas Sociales: Paternalismo Estatal y sus Límites

  • Ley de Descanso Dominical (1904): Su aplicación fue irregular debido a la resistencia de los empresarios.
  • Tribunales Industriales (1908): Creaba una jurisdicción específica para conflictos laborales.
  • Instituto Nacional de Previsión (1908): Pretendía organizar seguros de enfermedad, accidente y vejez; su modelo era contributivo, dependiendo de las cotizaciones de trabajadores y empresarios.

Reformas Políticas: Regeneración Imposible

La Ley Electoral de 1907 introdujo el voto obligatorio para controlar la abstención y el control caciquil. Creó una Junta Central para supervisar la pureza del proceso y diseñó el censo de forma centralizada desde Madrid. Sin embargo, las circunscripciones pequeñas y rurales seguían sobrerrepresentadas frente a las ciudades debido a los caciques. Además, el artículo 29 establecía que las circunscripciones donde solo se presentara un candidato sería proclamado de manera automática, fomentando el encasillado.

El fracaso del maurismo fue el fracaso de un sistema que no podía reformarse a sí mismo sin destruir las bases de poder. La oligarquía se opuso a cualquier medida que le restara beneficios o poder político, al igual que la Iglesia y el Ejército a cualquier medida que limitara sus privilegios. Fracasó por la inexistencia de una coalición social y política capaz de llevarlo a cabo.

La Cuestión Marroquí y la Semana Trágica

España se embarcó en una aventura colonial que actuaría como catalizador trágico de las tensiones sociales, buscando recuperar prestigio internacional y obtener beneficios económicos. La Conferencia de Algeciras (1906) y el Tratado de Fez (1912) asignaron a España un protectorado al norte de Marruecos. Los motores de esta política formaron una alianza de interés:

  • Intereses militares y de prestigio: Para combatir la humillación de Cuba, surgieron los africanistas.
  • Intereses económicos y oligárquicos: El Rif era rico en hierro y plomo, lo que llevó a importantes financieros a invertir en la campaña.
  • Intereses dinásticos y políticos: Alfonso XIII apoyó la empresa africana, interviniendo en asuntos militares y tratando de fortalecer su papel y el de la monarquía.

La resistencia de las cabilas rifeñas defendiendo su territorio convirtió la ocupación en una guerra crónica y sangrienta. La derrota española en el Barranco del Lobo (julio de 1909) obligó al gobierno de Maura a decretar la movilización de los reservistas, lo que generó indignación social debido a que el reclutamiento fue mediante las quintas; los ricos podían pagar para servir en la península, lejos del frente. Esta discriminación clasista generó un antimilitarismo y antibelicismo masivo en las clases populares.

En Barcelona, las damas de la alta sociedad cuyos hijos no iban al frente repartían medallas religiosas a los reservistas que iban hacia el frente, lo que indignó al pueblo. Estalló una huelga general convocada por Solidaridad Obrera que se transformó en insurrección. Durante una semana, Barcelona vivió una comuna revolucionaria: se levantaron barricadas, se paralizó la ciudad y la furia popular se dirigió contra los símbolos del poder, especialmente contra la Iglesia. Esto se denomina la Semana Trágica. El gobierno de Maura ejerció una represión feroz, declarando el estado de guerra y sofocando la revuelta a tiros, provocando un centenar de muertos que llevó a una indignación internacional.

Conclusión: El reformismo conservador de Maura no pudo abordar las raíces estructurales de la desigualdad social y la corrupción política, ya que chocó con los límites de clases del régimen. La cuestión marroquí fue la proyección imperial de los conflictos internos de España y agravó las injusticias sobre las clases populares, lo que se materializó en la Semana Trágica. Esta fue un punto de inflexión que puso fin al turnismo, ya que los liberales se unieron a la izquierda en contra de Maura; fortaleció el movimiento obrero, pues se demostró la necesidad de una organización nacional; radicalizó la política y cultura, consolidando la alianza trono-altar-ejército; y llevó a que Cataluña obtuviera la Ley de Mancomunidades de 1914, ya que la Lliga Regionalista apoyó al gobierno durante la crisis.

El Reformismo Liberal y el Impacto de la Primera Guerra Mundial (1909-1917)

Los años previos a la dictadura de Primo de Rivera representaron la crisis orgánica del Estado liberal español. El regeneracionismo político no fue un proyecto modernizador auténtico, sino el último mecanismo defensivo de unas élites que, ante la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898 y el crecimiento de la oposición, intentaron realizar concesiones limitadas para preservar el dominio oligárquico, la monarquía alfonsina y la unidad centralista.

El Reformismo de José Canalejas

José Canalejas asumió la jefatura de gobierno tras la Semana Trágica. Esta no solo había sido una revolución anticlerical y antibelicista, sino que había marcado el fin del turnismo.

Cuestión Social

Llevó a cabo una reforma fiscal: abolió el impuesto de consumos que agravaba alimentos y bienes básicos, sustituyéndolo por una contribución de utilidades sobre los beneficios urbanos. Además, se aprobó la ley de la silla y se prohibió el trabajo femenino nocturno. Sin embargo, todo fueron parches bienintencionados que no abordaban el problema real; su aplicación fue limitada y boicoteada por las patronales. También planteó un proyecto de reforma agraria que proponía la expropiación con indemnización de tierras incultivadas entre los campesinos, una respuesta al latifundio del sur, foco de conflictividad social. La reacción de los terratenientes, junto con los grandes financieros y el Partido Liberal, fue de hostilidad total, acusándole de atentar contra la propiedad sagrada.

Cuestión Religiosa

Canalejas intentó reducir la influencia política de la Iglesia. Publicó la Ley del Candado (1910), que prohibía la creación de órdenes religiosas por dos años. Los eclesiásticos, los carlistas y la derecha católica la percibieron como un ataque y le acusaron de enemigo de la fe.

Cuestión Militar y Marruecos

Canalejas abolió la redención en metálico, pero mantuvo las cuotas que permitía a los ricos servir cerca de casa, un intento por reducir el antibelicismo del pueblo. Además, creó los Regulares, unidades de tropa indígenas para reducir el número de soldados españoles en África.

Cuestión Territorial

Canalejas concedió la Ley de Mancomunidades (1913) a Cataluña como pago por el apoyo de la Lliga Regionalista durante la Semana Trágica. Por un lado, esto satisfizo a la burguesía catalana dándole poder real; pero, por otro, generó desconfianza en el ejército y en los sectores centralistas, que veían en ella el germen de la desintegración nacional. Fue una solución transitoria e inestable que demostró que la descentralización era viable y beneficiosa, pero que al no ir acompañada de una reforma constitucional solo agravó el problema.

Impacto de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa

El impacto de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución Rusa en España tuvo consecuencias económicas significativas:

  • Capitalismo de Guerra: Varios sectores industriales invirtieron en especulación bursátil, compra de deuda pública y bienes suntuarios. Fue un capitalismo de guerra que infló sectores concretos sin crear una base industrial sólida e integrada, mientras que otros se quedaron estancados.
  • Inflación y Desigualdad: La exportación masiva generó escasez interna, lo que disparó los precios, pero los salarios no aumentaron de manera proporcional, reduciendo el poder adquisitivo de obreros y jornaleros. La guerra creó una línea de fractura moral entre una burguesía enriquecida de manera obscena y una población trabajadora.
  • Crisis Post-Guerra: Al terminar la guerra, la demanda internacional se hundió y muchas empresas quebraron. El Estado se encontró con una hacienda exhausta, incapaz de responder a la crisis social.

Consecuencias Políticas y Sociales

Con la Revolución Rusa se demostró que los obreros podían tomar el poder, lo que generó miedo entre la élite. Esto condujo a la triple crisis de 1917, causada por:

  1. La rebelión de las Juntas de Defensa (militares).
  2. La Asamblea de Parlamentarios (políticos).
  3. La Huelga General Revolucionaria de agosto de 1917.

Estas tres tensiones mostraron la desconexión total del Estado con la sociedad. Además, tuvo lugar el Bienio Rojo (1918-1921), donde el conflicto se hizo más violento, con el trienio bolchevique andaluz y el pistolerismo barcelonés. Todo culminó con la derrota de Annual y el expediente Picasso, una derrota española que conllevó la muerte de unos 13.000 soldados y terminó de destacar la incompetencia de los mandos y la corrupción del gobierno.

Conclusión: El reformismo de Canalejas y el impacto de la Primera Guerra Mundial no fueron episodios desconectados, sino dos partes de la agonía terminal del régimen de la Restauración. Se demostró que el sistema era irreformable desde dentro, ya que cualquier intento de modernización fiscal era bloqueado. La guerra actuó como catalizador brutal que hizo imposible la gobernabilidad dentro del marco liberal. La crisis de 1917 demostró que el Estado había perdido el control del ejército, del consenso social y la legitimidad política. Los años posteriores fueron una guerra en el campo andaluz y en las calles de Barcelona, lo que provocó que las élites vieran la dictadura militar como la única salida. Por lo tanto, el golpe de Primo de Rivera no fue un accidente, sino la solución orgánica a la crisis.

Isabel II: Del Bienio Progresista a la Desintegración de la Monarquía (1854-1868)

El Bienio Progresista surge a partir de la crisis de los moderados tras el desgaste de la Década Moderada y la incapacidad para integrar a las nuevas clases medias urbanas en la política, ya que esta se reducía a la reina y su camarilla de notables nobles. En 1854 se produjo un pronunciamiento militar llamado la Vicalvarada, la cual estuvo arropada por el Manifiesto de Manzanares, redactado por Cánovas del Castillo, que obligó a la reina a instaurar un gobierno progresista dirigido por Espartero junto con O’Donnell como ministro de Guerra.

El Bienio Progresista (1854-1856)

En el plano político, el Bienio reabre el espacio público con una ley de imprenta más abierta, restituye funciones a los ayuntamientos y convoca Cortes Constituyentes con el objetivo de aprobar una nueva constitución que no llegó a culminarse, pero en la que se fijó la soberanía nacional y el control parlamentario de la Corona.

Impulso Económico y Social

En lo económico y social, es el impulso más modernizador del reinado:

  • Se aprueba la Ley de Ferrocarriles de 1855, que facilita la construcción de una red radial centralizada. El trazado ancho de las vías dificultará conexiones con Europa.
  • Tuvo lugar la Desamortización general de Madoz (1855): se sacaron a la venta las tierras que le quedaban a la Iglesia y bienes propios y comunales de los ayuntamientos, con el fin de financiar obras públicas, sanear la Hacienda y consolidar una clase propietaria adicta al régimen.
  • Se aprueba la Ley de Sociedades de Crédito y Bancos (1856), que permite la creación de bancos emisores y grandes sociedades anónimas de inversión.

La desamortización provocó que los campesinos se quedaran sin recursos para producir sus cosechas, dado que al haber más demanda y menos producción aumentaron los precios y la hambruna, lo que originó un motín de subsistencias. Esto, junto con la conciencia de clase surgida en la clase obrera dadas las malas condiciones laborales, los llevó a intentar rebelarse. El Estado ejerció una gran represión a los manifestantes y Espartero acabó dimitiendo.

El Retorno al Orden Conservador (1856-1868)

A partir de 1856 empezó el retorno del orden conservador, primero con Narváez y desde 1858 con O’Donnell al frente de la Unión Liberal. O’Donnell pretendía superar la fractura moderados-progresistas mediante un centrismo de notables con discurso de progreso administrativo y orden público. Pero, en la práctica, se consolidó un régimen de sufragio censitario manipulado, con elecciones organizadas y una Corona que intervenía activamente en la designación de gabinetes.

Expansión Económica y Política Exterior

La economía vivió una fase expansiva impulsada por la construcción del ferrocarril, inversión en obras públicas y apoyada en las sociedades de crédito y en los bancos emisores. Esto provocó la reducción diferencial de precios y reforzó la primacía de Madrid como núcleo administrativo y financiero. Sin embargo, todo este crecimiento se apoyaba en deuda, en expectativas y en concesiones que garantizaban rentas a promotores antes que eficiencia de explotación.

El Estado buscó prestigio exterior con la Guerra de África, intervenciones en México, unión a Francia para conquistar Vietnam y guerras contra países de Sudamérica para un control efectivo.

La Crisis Final y La Gloriosa

En 1867 ocurrió una crisis de subsistencias, dado que se cerró el crédito y cayeron compañías, comprometiendo a bancos y sociedades, lo que agravó el malestar popular. En este contexto, tuvo lugar el motín del cuartel de San Gil (1866), en cabeza del cual estaba Juan Prim junto con los progresistas, pero que fracasó.

Los últimos años de reinado son de profunda crisis que acabará con el propio reinado. A nivel político, la reina estaba cada vez más desacreditada. Además, en 1867 muere O’Donnell y tan solo un año después Narváez. La oposición empezó a coordinarse en el exilio para finalmente firmar en 1866 el Pacto de Ostende, el cual rechaza la monarquía de Isabel II, convoca unas elecciones por sufragio universal masculino y busca reformas profundas económicas.

En 1868 tiene lugar este golpe de Estado que culmina en la Revolución de 1868 llamada La Gloriosa, que pone fin al reinado de Isabel II, quien se vio obligada a exiliarse, dando paso al Gobierno Provisional y al proceso constituyente que culmina en 1869 con una constitución que recoge amplios derechos.

Conclusión: Con La Gloriosa termina una época en España, la época de Isabel II, marcada por la inestabilidad política y económica, reformas político-económicas insuficientes para canalizar la modernización y un Bienio que no resuelve el dilema de poder ni la dependencia del ejército. La consecuencia inmediata es la apertura del Sexenio Democrático con un ambicioso proyecto de derechos y sufragio, y sus propias tensiones entre orden y libertad.

Sexenio Democrático (1868-1874)

El descrédito del régimen de Isabel II alcanzó su momento álgido en 1866, la suma de tres tensiones que el sistema isabelino no podía absorber —tensión económica, tensión política y tensión social— provocaban una aguda crisis económica y política. Dada la tensión política, en 1866 progresistas, demócratas, republicanos y la Unión Liberal firmaron el Pacto de Ostende, con el que se pondría fin a la monarquía de Isabel II y se restablecería un nuevo sistema político. Su propósito fue derribar a la reina y convocar Cortes por sufragio universal masculino para redefinir el sistema.

El Gobierno Provisional y la Constitución de 1869

En septiembre de 1868, la escuadra concentrada en Cádiz al mando de Topete inició la revuelta, apoyados por los generales Prim y Serrano. Ganaron la batalla de Alcolea, abriendo Madrid, enviando a Isabel II al exilio y empezando un Gobierno Provisional con Serrano como regente, Prim de presidente y Sagasta como ministro, activando el proceso constituyente. La Constitución de 1869 fijó soberanía nacional, sufragio universal masculino, libertad de cultos y amplios derechos, con una monarquía parlamentaria donde el rey queda fuera del gobierno.

La Regencia de Serrano y la Búsqueda de Monarca

La regencia de Serrano se vio desde un principio atrapada: había que depurar administraciones provinciales y municipales, reconstruir la Milicia Nacional, asegurar el orden en un país con conflictividad laboral y recuperar la economía para sostener la deuda. Además, agravó la situación la Guerra de los Diez Años en Cuba (1868) por la pérdida de hombres y dinero, y la reorganización carlista en el Norte del país.

Se debía encontrar un monarca que no fuese Borbón y aceptase la Constitución, por ello, se recurrió a Amadeo de Saboya, un príncipe sin redes clientelares en España y con aura de modernidad. Sin embargo, el plan se derrumbó el día que asesinaron a Prim, principal valedor del rey, ya que este era el enlace entre la Corona y una mayoría parlamentaria capaz de sostenerla. Al desaparecer Amadeo quedó aislado en un país con muchos frentes abiertos.

Problemas del Reinado de Amadeo I

  • Económico: El gobierno oscilaba entre el liberalismo para recuperar y el proteccionismo para mantener contentas a las industrias, lo que no daba resultado con una deuda en aumento.
  • Social: Surgió el perfil anarcosindicalista; llegaron huelgas y sociedades de resistencia que protestaban por los derechos obreros. El Estado respondió con una mezcla de tolerancia y represión selectiva que no funcionaba.
  • Militar-Territorial: Estalló la Tercera Guerra Carlista (1872), además de que la guerra de Cuba se estaba alargando y encareciendo.

Debido a todo esto, Amadeo abdicó en febrero de 1873 por la incapacidad para gobernar y la falta de un gobierno fuerte. Se instauró la Primera República por vacante de la Corona.

La Primera República (1873-1874)

Desde el principio mostró división interna y desfase:

  • Federalistas (Pi y Margall): Defendían una Constitución federal desde abajo, con municipios y regiones soberanos, Senado territorial, Estado laico, garantías sociales y descentralización fiscal.
  • Unitarios (Salmerón y Castelar): Defendían que había que ganar las guerras, restituir la Hacienda y después discutir la forma territorial.

A la Guerra Carlista y a la guerra de Cuba se sumó el cantonalismo, que surgió en Cartagena y se extendió a otras ciudades que también se proclamaron cantones soberanos en nombre de la pureza federal. Hubo 4 presidentes: Figueras fue destituido por Pi y Margall (proclamándose república federal); luego, este fue sustituido por Salmerón y, por último, este volvió a ser sustituido por Castelar.

El Paréntesis Autoritario y el Final del Sexenio

El 3 de enero de 1874, el general Pavía dio un golpe de Estado, interrumpiendo las Cortes, y le otorgó el poder autoritario a Serrano.

El gobierno de Serrano fue un paréntesis autoritario: se suspendieron garantías, se gobernó por decretos, se reorganizó el mando militar y civil, se controlaron ayuntamientos y se negoció con la banca para tapar urgencias financieras. Con ello, se recuperó parcialmente la economía, se redujo el cantonalismo y las protestas, pero no se tocó el fondo social ni la estructura agraria, ni se resolvió la insuficiencia fiscal.

Cánovas del Castillo tejió la opción alfonsina, aprovechando ese vacío programático, con doctrinas y leyes. Presentó en el Manifiesto de Sandhurst a Alfonso como garantía de orden y libertades a la vez, lo que resultó eficaz para atraer a notables provinciales, parte del ejército y a los intereses económicos que querían previsibilidad. El 29 de diciembre de 1874, Martínez Campos llevó a cabo un pronunciamiento que cerró el Sexenio y abrió la Restauración.

Conclusión: El Sexenio fue un laboratorio acelerado de modernización política en el que España estrenó y normalizó el sufragio universal masculino y amplias libertades públicas. Aunque dadas las cadencias —Estado fiscal y administrativo insuficiente, fragmentación política y contexto bélico-social con dos guerras simultáneas y un cantonalismo— no consiguió asentar un gobierno funcional. Tras el Sexenio se consolidó un turno de partidos que priorizó la estabilidad y reglas con el turnismo de notables.

Dictadura de Primo de Rivera y “Dictablanda” de Berenguer (1923-1931)

El periodo desde el golpe de Estado de Primo de Rivera en septiembre de 1923 hasta la proclamación de la Segunda República en abril de 1931 constituye la fase terminal de la Restauración borbónica. Este periodo fue la consecuencia de las crisis acumuladas por el canovismo desde 1898.

El Golpe de Estado de 1923

El golpe de Estado del 13/09/1923, liderado por Miguel Primo de Rivera, fue recibido con un notable alivio por amplios sectores de la sociedad española. Sus causas son múltiples y arraigadas a la crisis estructural del régimen:

  1. Degradación política del sistema de turno: Los partidos dinásticos se hallaban fragmentados y habían perdido toda credibilidad. El caciquismo y el fraude electoral persistían, mientras que las reformas regeneracionistas eran bloqueadas por la oligarquía. Este turno pacífico se rompió por completo tras la Semana Trágica de 1909. Además, el rey intervenía cada vez más en la política.
  2. Auge del conflicto social: Generaba un clima de temor entre las clases acomodadas. El trienio bolchevique, la huelga de la Canadiense y el pistolerismo urbano mostraron la fuerza creciente del obrerismo. Las patronales ansiaban una mano firme que restableciera el orden.
  3. El Desastre de Annual: Las consecuencias del Expediente Picasso fueron el detonante inmediato. La inminente discusión de las Cortes amenazaba con desprestigiar al Ejército y la Corona; el golpe permitió secuestrar el expediente y evitar el escándalo.

El manifiesto de Primo de Rivera apelaba a la regeneración, el orden público y la unidad de España. La pasividad de los partidos de la oposición y la complicidad del rey, que en vez de defender la constitución nombró a Primo presidente, consumaron el fin del sistema parlamentario. Este apoyo se basaba en el agotamiento del sistema y no en un consenso positivo.

Fases de la Dictadura (1923-1930)

La dictadura articuló dos fases. La primera se caracterizó por un gobierno de militares cuyas medidas fueron:

  • Suspensión del orden constitucional: Se disolvieron las Cortes.
  • Control y Legitimación: Imitación selectiva del modelo fascista italiano (fascistización). Se creó la Unión Patriótica como único partido de masas. El Somatén se extendió por toda España como milicia ciudadana parapolicial.
  • Solución de Marruecos: Coordinación con Francia para el desembarco de Alhucemas, que condujo a la pacificación y catapultó a oficiales como Francisco Franco, Emilio Mola y Sanjurjo.

Para dar una fachada civil y duradera al régimen, se profundizó en su institucionalización:

  • Política Económica: Intervencionista y nacionalista, fue un ambicioso programa de inversiones públicas financiadas con capital extranjero durante los “felices años veinte”.
  • Asamblea Nacional Consultiva: Se convocó para dotar de una base doctrinal al régimen, cuyos miembros fueron designados por el régimen adepto. El proyecto fracasó por falta de apoyos internos, la oposición de los intelectuales y del propio rey, que recelaba el creciente poder de Primo.

Caída de Primo de Rivera

La caída de Primo fue precipitada por la confluencia de varios factores:

  1. Crisis económica: Debido al Crack del 29.
  2. Descontento generalizado y militar: Intelectuales, obreros, nacionalistas y amplios sectores del Ejército se unieron en su oposición.
  3. Ruptura con la Corona: Alfonso XIII, presionado por el desprestigio creciente y temiendo por su futuro, comenzó a distanciarse del dictador. El 28 de enero de 1930, tras pedir ayuda al rey y este negarle el apoyo público, el dictador presentó su dimisión y murió en el exilio a las pocas semanas.

La “Dictablanda” de Berenguer (1930-1931)

La monarquía se quedó en una situación insostenible. En un intento de retornar a la normalidad constitucional, el rey encargó al general Berenguer la tarea de regresar suavemente al sistema de 1923, lo que se llamó la dictablanda. Fue un fracaso, ya que avanzó con lentitud exasperante y no atrajo a los políticos monárquicos históricos. Se convocaron elecciones generales que fracasaron por el boicot de la oposición.

La incapacidad de la dictablanda aceleró la convergencia de las fuerzas opositoras. En agosto de 1930, republicanos, socialistas y nacionalistas firmaron el Pacto de San Sebastián y crearon un Comité Revolucionario que lanzó un alzamiento para derribar la monarquía. Aunque el pronunciamiento de Jaca, liderado por Galán y García Hernández, fracasó por falta de coordinación, llevó a que Berenguer dimitiera en febrero de 1931. Su sucesor, Aznar, convocó elecciones municipales para el 12 de abril que obtuvieron resultados inequívocos y concluyentes: los republicanos ganaron en las capitales de provincia y en las grandes ciudades donde el voto era libre y moderno. Las calles se llenaron de manifestantes y, ante la negativa a reprimir la movilización popular, Alfonso XIII partió al exilio el 14 de abril de 1931, constituyéndose el Gobierno Provisional de la Segunda República Española.

Conclusión: La dictadura de Primo no fue una solución, sino la evidencia última de la bancarrota del sistema de la Restauración. Intentó una fascistización atenuada, pero que, sin partido de masas ni ideología totalitaria plena, terminó fracasando. Alfonso XIII, al avalar el golpe y la dictadura, quebró el pacto constitucional que sustentaba la monarquía, llevando a su caída definitiva.

Proclamación de la II República y Periodo Constituyente (1931)

La Segunda República Española surgió de un colapso institucional y una amplia movilización cívica, y encarnó el intento más serio por parte de las fuerzas políticas progresistas y democráticas de modernizar el país, resolver sus desigualdades sociales y articular un Estado que diera cabida a su diversidad territorial.

El Colapso de la Monarquía

Tras la dimisión de Primo de Rivera en enero de 1930, el rey encargó al general Berenguer la formación de un gobierno que retornara la normalidad constitucional anterior a 1923. Este periodo fue un fracaso completo; la monarquía estaba ligada al régimen dictatorial y su credibilidad estaba agotada. En este vacío de legitimidad, la oposición se articuló en el Pacto de San Sebastián en agosto de 1930. El pacto estableció un Comité Revolucionario que se comprometió a convocar Cortes y derrumbar la monarquía.

El pronunciamiento fallido de Jaca (Galán y Hernández) fue la evidencia de lo que iba a ocurrir. Las elecciones del 12 de abril de 1931 obtuvieron una victoria abrumadora de los republicanos en las capitales de provincia y en las grandes ciudades, a pesar de la victoria numérica de los monárquicos en los municipios por el caciquismo. El rey terminó dimitiendo el 14 de abril, dando paso a la república.

El Gobierno Provisional y los Primeros Desafíos

El Gobierno Provisional, presidido por Alcalá Zamora, era un equilibrio inestable entre fuerzas con proyectos a veces contrapuestos:

  • Los republicanos conservadores (orden y respeto a la religión).
  • Los republicanos de izquierda y centro (impulsores de un programa laico y descentralizado).
  • Los socialistas (que buscaban reformas sociales profundas).
  • Los nacionalistas catalanes (cuya prioridad era recuperar su autonomía).

El gobierno se enfrentó a la cuestión territorial: en un primer instante se proclamó la República Catalana, pero logró ser reconducida e integrarse en la española, lo que alimentó los recelos del nacionalismo español centralista.

También se enfrentó a los disturbios anticlericales de mayo de 1931: se quemaron decenas de iglesias, lo que puso al gobierno en una situación imposible. Aunque se condenaron los hechos y se declaró el estado de guerra, la lentitud de la autoridad y la campaña de prensa que habló de tolerancia gubernamental crearon una narrativa poderosa. Además, se creó la Guardia de Asalto, policía urbana leal al gobierno, para no tener que recurrir a la Guardia Civil, la cual era de arraigo tradicional y conservador.

Las Cortes Constituyentes y la Constitución de 1931

Las Cortes Constituyentes, elegidas en junio, dieron mayoría a la coalición republicano-socialista. El texto aprobado el 9 de diciembre fue la expresión jurídica de un proyecto de regeneración nacional que pretendía romper los pilares del Antiguo Régimen:

  • Definición de Estado: España se definía como una República Democrática de trabajadores de toda clase, consagrando la soberanía popular y un Estado integral.
  • Laicismo radical y agresivo: Separó Iglesia y Estado y disolvió órdenes religiosas, prohibiendo la enseñanza y quitándoles el presupuesto del clero.
  • Amplísima declaración de derechos: Incluyó el divorcio, igualdad jurídica de los hijos legítimos e ilegítimos y sufragio femenino.
  • Potencial transformador de la economía: Se permitía la nacionalización de servicios públicos y la socialización de la propiedad, sentando las bases legales para la reforma agraria.
  • Nueva arquitectura del Estado: Se estableció un sistema unicameral y un Presidente de la República con amplias atribuciones, diseñado como un poder moderado, pero que generaría notables tensiones.

El Bienio Reformista (1931-1933)

Se abrió un Bienio Reformista presidido por Azaña, que inició un programa integral de reformas que tocaban todos los ámbitos de la vida nacional:

  • Reforma militar: Para garantizar la lealtad y racionalizar su estructura.
  • Reforma agraria: Clave para la España mayoritariamente rural con grandes latifundios.
  • Reforma educativa y cultural: Basada en el laicismo, trató de construir escuelas públicas y formar maestros.
  • Reforma laboral: Dirigida por Largo Caballero para mejorar las condiciones de vida.
  • Reforma territorial: Aprobó el Estatuto de Cataluña de 1932.

Estas reformas adolecieron de graves problemas: falta de recursos económicos, oposición sistemática y aplicación lenta y burocrática.

Conclusión: El periodo constituyente y el Bienio Reformista representaron el intento más ambicioso y coherente de construir una España democrática, laica, socialmente justa y descentralizada; fue un momento revolucionario legal. Sin embargo, su impulso transformador fue de una radicalidad que superó la capacidad de absorción y consenso de la sociedad de la época, no supo integrar a vastos sectores que se sintieron atacados en sus creencias, intereses o identidad.

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