Evaluación de la economía mundial entre 1919 y 1924

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La Europa de entreguerras
Tanto la época de prosperidad como de crisis en Estados Unidos tuvo eco en Europa. Si los préstamos habían generado recuperación y cierta estabilidad, el fin del suministro monetario desde el otro lado del Atlántico generará consecuencias de tipo económico, político y social.
Además de la ausencia de crédito tenemos que tener en cuenta que el descenso del precio de los productos norteamericanos hizo que muchas empresas europeas no pudiesen competir y se redujeron las exportaciones.
Democracias liberales que resistieron
Allá donde el parlamentarismo tenía una mayor tradición fue posible aislar del poder a opciones políticas más radicales o extremistas. Es el caso de Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Países Bajos o los países nórdicos. Ello también fue posible por el hecho de que los partidos socialdemócratas aceptaron la democracia liberal.
Reino Unido. Tras la guerra vio como se confirmaba que ya no era la primera potencia económica e industrial del mundo y sus exportaciones descendieron. En materia social los trabajadores vieron como la crisis hizo disminuir sus salarios y aumentar el número de parados. Sin embargo, el hecho de que el Partido Laborista aceptase el juego parlamentario redujo el nivel de tensión. En algunas colonias, con mayoría blanca (Canadá, Australia, Nueva Zelanda o Sudáfrica), se otorgó una autonomía muy amplia. De esta manera, en la cuestión territorial el caso más polémico fue el de Irlanda, que fue dividida en dos partes en 1921, proclamándose en el sur la República de Irlanda en 1937.
Francia. Muy marcada por la guerra, la política francesa se guió por el lema “Alemania pagará”. Habiendo recuperado las regiones de Alsacia y Lorena (ricas en minerales), Francia desarrolló una importante industria automóvilística. Las protestas obreras movilizaron también a la derecha en un contexto de acción-reacción. En materia política los años de entreguerras estuvieron marcados por la inestabilidad, los continuos cambios de gobierno y un miedo creciente al auge del fascismo tanto dentro del país como fuera. Cabe destacar la creación de una coalición de republicanos de izquierda, socialistas y comunistas en 1935, el Frente Popular, que alcanzaría el poder un año más tarde

El fascismo italiano
La guerra había provocado en Italia una honda conmoción: 0,7 millones de muertos, destrucción de industrias y aumento de la deuda exterior. La situación italiana posterior a la guerra era realmente grave: la crisis económica produjo una gran inflación (incremento del coste de la vida) y paro por lo que la tensión social aumentó, lo que condujo a la ocupación de tierras por campesinos de todo el país y a la toma de fábricas por parte de los obreros del norte. Además, a pesar de estar en el bando vencedor, Italia no recibíó todas las tierras que le habían prometidos sus aliados por lo que aparecíó un término para denominar a esos territorios (tierra irredentas) y la propaganda nacionalista italiana acuñó “victoria mutilada” para referirse al resultado final de la guerra


El nazismo alemán
Para comprender el ascenso del nazismo en Alemania hemos de retrotraernos a la situación que vivíó este país al acabar la Primera Guerra Mundial. En 1919 se había establecido, tras la abdicación del káiser Guillermo II, una nueva república, conocida como la República de Weimar en medio de un intento de revolución socialista similar a la soviética. La Liga Espartaquista intentó a principios de ese año llevar a cabo una revolución social que fue derrotada por una coalición de socialdemócratas, miembros del ejércitos y la extrema derecha alemana.
La toma del poder por parte de Hitler
En los años veinte Alemania tuvo que hacer frente a
la hiperinflación y a las reparaciones de guerra, lo
que llevó al crecimiento de la derecha nacionalista,
la cual se opónía tanto a las revueltas obreras como
a lo acordado en Versalles. De manera similar al
caso fascista, en Alemania surgíó en 1920 el Partido
Nacionalsocialista de los Trabajadores de Alemania
(NSDAP), con una táctica de represión y miedo en
las calles y presencia en las elecciones. Animados
por el éxito de la Marcha sobre Roma y con Adolf
Hitler al frente del partido, tuvo lugar un intento de Golpe de Estado en 1923 (putsch de Múnich) en un contexto de crisis del gobierno alemán por la ocupación francobelga del Ruhr. El plan consistía en tomar el control de Baviera y desde allí marchar hasta Berlín y derrocar al gobierno. Sin embargo, Hitler fue detenido, juzgado y condenado a 5 años de prisión, de los que cumplíó 9 meses. Fue en esa etapa cuando escribíó su obra Mi lucha (Mein Kampf) donde se recogíó el ideario nazi:- Anticomunismo.
– Desprecio al parlamentarismo
– Necesidad de concentrar los poderes en una sola persona.
– Superioridad de la raza aria y antisemitismo.
– Política exterior expansionista para conformar un Gran Reich.     Al salir de la cárcel, la influencia del nazismo decrecíó debido a la recuperación económica de la etapa 1924-1929. Sin embargo, Hitler fue consolidándose como la gran figura del partido (Fürher) y creó organizaciones paramilitares (las SA y las SS) para coaccionar a sus oponentes. Además moderó su discurso en algunos aspectos para ganarse el favor de las clases conservadoras y los grandes empresarios. De esta manera, a partir de 1929, con la crisis económica, el Partido Nazi vio crecer su influencia en la sociedad alemana. Mientras que en 1928 tenía 12 escaños, en 1930 fueron 107 y en 1932 llegó a obtener 230 diputados, aunque siempre estuvo lejos de la mayoría absoluta. Fue precisamente el resultado de 1932 el que hizo que el presidente de la República, Paúl von Hindenburg le nombrase canciller en Enero de 1933.


El primer periodo de Stalin (1927-1939).
Stalin protagonizó un largo periodo de la historia soviética, hasta su fallecimiento en 1953, caracterizado por la industrialización del país, la planificación económica, las purgas dentro del PCUS y la lucha contra el fascismo en la Segunda Guerra Mundial.
La sucesión de Lenin
Lenin se retiró, por motivos de salud, en 1923 y fallecíó en 1924, abriendo una lucha interna dentro del Partido Comunista. Los dos candidatos eran Trotski, creador del Ejército Rojo, y Stalin, un viejo bolchevique que había conseguido ser elegido Secretario General del PCUS. Durante varios años habían mantenido distintos pareceres en cuestiones importantes como el asunto de la revolución: mientras que para Trotski había que seguir
  
 apostando por la revolución mundial, Stalin defendía que la misma había fracasado y que adecuado entonces era construir el “socialismo en un solo país”. La visión de Stalin era compartida por la mayoría de los miembros del PCUS, dado que después de diez años creían que había que centrarse en el ámbito soviético. Por ello, desde 1927 el control de Stalin fue aumentando y Trotski fue expulsado del país en 1929, siendo asesinado en México en 1940 por orden de Stalin.

La planificación económica y la industrialización de la URSS
En materia económica el periodo 1927-1939 estuvo marcado por el fin de la NEP y el establecimiento de una economía de tipo planificado. El estado soviético marcaba qué y cuánto había que producir, marcándose una serie de objetivos que muchas veces fueron rebasados. De esta forma surgen los planes quinquenales: periodos de cinco años en los que el país diseñaba su producción. El I Plan Quinquenal (1928-1932) marcaba el fin de la NEP, la formación a gran escala de mano de obra especializada, el desarrollo de la industria pesada y la construcción de grandes obras públicas. Es decir, sacar al país de un atraso histórico. Este plan duplicó el número de obreros industriales, así como la producción de carbón y hierro. El II Plan Quinquenal (1933- 1937) también fue un éxito y el III (1938-1942) se vio modificado por la entrada de la URSS en la Segunda Guerra Mundial.


En materia agrícola los resultados fueron menos espectaculares y,
además, la aplicación de la economía planificada conllevó muchas
más tensiones sociales. La NEP había permitido la existencia de la
propiedad privada y había enriquecido a algunos campesinos, los
kulaks, quienes no estaban dispuestos a ceder su poder económico
sin más. El proceso de colectivización aplicado por el Estado
soviético, a través de cooperativas (koljoses) y granjas estatales
(sovjoses), hubo de enfrentarse de manera violenta a los propietarios
de tierras. Sin embargo, la resistencia de estos campesinos
enriquecidos fue inútil y el Estado pasó de controlar el 5% de las tierras cultivables (1928) al 97% (1937). En poco más de veinte años Rusia, una monarquía casi feudal, se convirtió en la URSS, el primer país socialista de la historia. El poder del PCUS se consolidó, el marxismo se aplicó y el país vivíó una rápida industrialización y urbanización.
La forma de gobernar de Stalin
Stalin gobernó de manera férrea y depuró a muchos líderes políticos, la mayoría comunistas, enviándolos al destierro o ejecutándolos. A pesar de la estabilización del régimen, incluso con reconocimiento internacional, y del apoyo de la mayor parte de la población, Stalin depuró el ejército y el partido de personas que él creía que conspiraban en su contra. En este caso, destacan los denominados Procesos de Moscú, unos juicios realizados entre 1936 y 1938 contra figuras destacadas del país, en los que se les acusaba de estar en contra de la URSS. En este sentido surgíó el término estalinismo, una forma de gobernar alejada de los principios de la revolución bolchevique, que entre otras cosas, fomentó el culto a la personalidad de Stalin, como figura paterna que actuaba en beneficio de todos los soviéticos


El fascismo italiano
La guerra había provocado en Italia una honda conmoción: 0,7 millones de muertos, destrucción de industrias y aumento de la deuda exterior. La situación italiana posterior a la guerra era realmente grave: la crisis económica produjo una gran inflación (incremento del coste de la vida) y paro por lo que la tensión social aumentó, lo que condujo a la ocupación de tierras por campesinos de todo el país y a la toma de fábricas por parte de los obreros del norte. Además, a pesar de estar en el bando vencedor, Italia no recibíó todas las tierras que le habían prometidos sus aliados por lo que aparecíó un término para denominar a esos territorios (tierra irredentas) y la propaganda nacionalista italiana acuñó “victoria mutilada” para referirse al resultado final de la guerra.
La toma del poder por parte de Mussolini
En ese contexto aparecíó el ex combatiente Benito Mussolini, con gran predicamento entre los jóvenes burgueses y los antiguos soldados, para crear una fuera paramilitar (fasci di combattimento) que, desde 1919, utiliza la violencia en las calles contra sus rivales políticos. Para ello contaba con total impunidad debido a las simpatías que este movimiento poseía entre los grandes empresarios y autoridades, ya que servían para terminar con las huelgas obreras. En 1921 Mussolini crea el Partido Nacional Fascista y comienza a presentarse a las elecciones sin abandonar la violencia callejera. Con un programa nacionalista, populista y anticomunista, adoptó una simbología propia: saludo a la romana, camisa negra y el fascio como emblema.
En las elecciones de 1921 obtuvo el 7% de los diputados, continuando con la misma línea política. En Octubre de 1922 Mussolini llevó a cabo la denominada Marcha sobre Roma, una serie de manifestaciones que culminaron en la capital con la intención de obligar al rey, Víctor Manuel III, a nombrarle presidente del gobierno. Éste, presionado por las clases conservadoras, accedíó a que Mussolini formase un gobierno en coalición con los liberales y los católicos.


La fascistización
Desde entonces Italia vivíó un proceso por el que se fueron reduciendo las libertades y los derechos existentes hasta la instauración, en 1925, de una dictadura con Mussolini a la cabeza. Tras modificar la ley electoral, que garantizaba dos tercios de los diputados a la fuerza más votada, y en un contexto de amenaza y ataque a los partidos de izquierda y sindicatos, Mussolini convocó elecciones en 1924, obteniendo el 65% de los votos de manera fraudulenta.
   
 Es en este contexto, en el que el parlamentario socialista Giacomo Matteoti es asesinado por haber denunciado en el parlamento las irregularidades electorales.
De esta manera se construyó la Italia fascista que se caracterizaba por:
– Ausencia de democracia. Encarcelamiento de la oposición (comunistas, socialistas, sindicalistas), clausura del Parlamento (1925) y disolución de la Constitución, prohibición de partidos y sindicatos, censura en la prensa y creación de una policía política (OVRA).
– Concentración de poderes en el líder carismático. Aunque se mantuvo la monarquía, Mussolini se convirtió en el poseedor de todo el poder.
– Estado corporativo. Frente a la lucha de clases que propugnaba el marxismo, el fascismo apostó por la conciliación de manera que se crearon las corporaciones: órganos que reunían a empresarios y trabajadores para resolver problemas de diversos ámbitos, donde destacó la Carta di Lavoro (1927), que regulaba las relaciones sociales y laborales. – Desigualdad social y racial. Aunque no llegó al extremo del caso alemán, en Italia se prohibieron los matrimonios entre blancos y negros (1938) y se fomentó el antisemitismo para agradar a Alemania. Además se reservaba a la mujer el papel de madre y esposa.
– Política exterior expansionista. Construcción de un Imperio con la Antigua Roma como ejemplo a imitar. De esta manera ocupó el Fiume (1924), Albania (1939) y la conquista de Abisinia (Etiopía) en 1935-36. También cabe destacar su participación en la Guerra Civil española del lado de los golpistas.
Otra carácterística fundamental del fascismo residía en que, respetando la propiedad y la iniciativa privadas, conseguir la autarquía económica, es decir, la autosuficiencia de Italia. Para ello el Estado intervino en la economía con el fin de reducir las importaciones y aumentar tanto la producción agrícola como la industrial. De esta manera, tuvo lugar la denominada “batalla del trigo” y en 1933 se creó el Instituto para la Reconstrucción Industrial (IRI), centrado en una política militarista. Esta política generó grandes beneficios para las oligarquías pero, debido a la contención de salarios producida por la ausencia de derechos laborales, empobrecíó a la clase obrera italiana.
En materia social se fomentó la natalidad y se pretendíó controlar a la población. Por ello se fomentó la afiliación al partido (el único legal desde 1929), al sindicato fascista y organizaciones juveniles a las que era obligatorio pertenecer. A
través de la educación, los medios de comunicación y las
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organizaciones de masas se fomentaban el culto al fascismo y a la
figura de Mussolini. Además el Duce consiguió la aprobación de la
Iglesia católica tras la firma de los Pactos de Letrán (1929) que ponía fin al litigio existente entre el Papado y el Estado italiano desde la ocupación de Roma en 1870 y el fin, por tanto, de los Estados Pontificios. Mussolini reconocía la autoridad papal sobre el Vaticano y concedía a la Iglesia atribuciones en educación a cambio del reconocimiento del Papa Pío XI. Ello implicaba que los católicos aceptaban el fascismo

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