Historia de España en pdf

El sentimiento nacionalista catalán tiene su primera manifestación en los años 30 del Siglo XIX, coincidiendo con todo el movimiento nacionalista europeo. Ellos empezarán con un movimiento cultural que pretendía fortalecer el catalán para que no fuese solo hablado sino también escrito, publicando libros y revistas en catalán. (La Renaixença) El movimiento literario propiciará el nacimiento de movimientos políticos que buscarán, dentro del juego parlamentario, el autogobierno par la regíón catalana. La justificación de este nacionalismo político se busca en: – La historia propia y diferenciada del resto del estado español: Cataluña fue una entidad política diferenciada hasta el Siglo XV y respetada por la monarquía hispánica del los Reyes Católicos y los Austrias. Solo el primer Borbón, Felipe V, les quitó sus privilegios. – En una lengua diferente, tan antigua como el propio castellano y conservada en público y en privado – En una realidad económica diferenciada del resto de España: el desarrollo industrial desde los años 40 del Siglo XIX se hizo en la periferia y Cataluña será una de estas zonas. Este desarrollo económico estuvo unido a una importante burguésía industrial y a una clase obrera moderna e industrial. Será sobre todo la burguésía industrial los que defenderán el autogobierno de Cataluña. Comenzaron a crearse partidos que reclamaban la autonomía para Cataluña dentro del estado español Centre Catalá, La Uníó Catalanista, La Liga Regionalista, uno de sus miembros será Prat de la Riba. En 1891 se elaboró el primer programa político del catalanismo, conocido como Bases de Manresa, que defendía el autogobierno para Cataluña. Un autogobierno dentro de posturas autonomistas y nunca independentistas. En este programa político ayudó a su redacción Prat de la Riba. La Lliga Regionalista fue el partido que hizo perder peso a los partidos dinásticos, pues contó con el apoyo mayoritario de la burguésía catalana y de las clases medias. Su irrupción en la política provocó en 1901 la crisis de la política caciquil. El Nacionalismo del País Vasco: tuvo peculiaridades distintas al catalán. Su fundamento ideológico era: – una lengua propia, el euskera y – la defensa de sus fueros históricos que fueron derogados durante la Restauración La pérdida de los fueros junto con la industrialización del País Vasco, supuso la formación de una burguésía financiera y la llegada de inmigrantes de otros territorios (obreros) y esto favorecíó el desarrollo del sentimiento nacional, porque veían peligrar sus costumbres y tradiciones. El propulsor del nacionalismo vasco, Sabino Arana, configuró el primer programa político nacionalista y fundó en 1895 el Partido Nacionalista Vasco (PNV) en el que se recogen los siguientes fundamentos teóricos: 1.- Defensa de la recuperación de la independencia vasca: creación de un estado con frontera, formado por Vizcaya, Álava, Guipúzcoa, Navarra, Laburdi y Zuberoa. 2- Radicalismo antiespañol 3.- Exaltación de la etnia vasca, oposición a los matrimonios entre vascos y foráneos 4.- Integrismo religioso católico y absoluta negación de cualquier otra religión no católica 5.- Promoción del idioma y recuperación de tradiciones culturales vascas 6.- Apología del mundo rural vasco El PNV se definía como un partido muy conservador, opuesto al liberalismo, la industrialización, el españolismo y el socialismo. En los primeros momentos tuvo escasa presencia, pero a partir de 1898-99 la base social se amplió y tuvieron los primeros éxitos electorales en el ámbito local y provincial. Los objetivos planteados, tanto por el nacionalismo catalán como por el vasco no tendrán respuesta durante el periodo de la Restauración. Solo durante la Segunda República Española, catalanes y vascos conseguirán su estatuto de autonomía.

El desencadenamiento del movimiento independentista de las antiguas colonias españolas en América se puede explicar por distintos factores: – El creciente descontento de los criollos, descendientes de españoles nacidos en América, quienes pese a su riqueza y cultura tenían vedado el acceso a los grandes cargos políticos en las colonias, reservados para los peninsulares. – Las limitaciones al libre comercio y al desarrollo económico de las colonias impuestas por el régimen colonial. Estas limitaciones perjudicaban económicamente a la burguésía criolla. – La influencia de las ideas ilustradas y el ejemplo de la independencia de los Estados Unidos de América. – La crisis política producida por la invasión napoleónica, que privó de legitimidad a las autoridades que representaban a la monarquía de José I en las colonias. En el proceso de independencia de las colonias hubo cuatro grandes fases A.- El periodo de Regencia (1810-1813) coincide con la Guerra de Independencia en la Península. En América se crea un vacío legal semejante al de la España peninsular, constituyéndose juntas para autogobernarse, en ausencia del Rey, en Buenos Aires, Caracas y Santiago de Chile. En esta fase se independizan Paraguay y las Provincias Unidas del Río de la Plata (parte de Argentina). Cuando Fernando VII fue repuesto en el trono, todas las colonias, excepto Argentina, volvieron a unirse a la Corona española. B.- La vuelta al absolutismo del monarca en el llamado Sexenio Absolutista (1814- 1820) propició pronunciamientos militares que rápidamente derivaron hacia posturas independentistas entre los criollos. Esta deriva fue alentada por Inglaterra, que rápidamente se hizo con la influencia económica en la zona, y por Estados Unidos. Finalmente se independizan Chile y parte de la Gran Colombia (hoy, Colombia propiamente dicha).C. En el Trienio Liberal (1820-1823) se independizan México con el general Iturbide, las Provincias Unidas de Centroamérica, la parte venezolana de la Gran Colombia liderada por Simón Bolívar, y el Perú (Perú y Ecuador, hoy) liderado por el general José de San Martín, quien también guió la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata y Chile. D. Por último, durante la Década Ominosa (1823-1833) se independizan Bolivia (con salida al mar lo que supondrá un largo contencioso con Chile) y la República Oriental del Uruguay. La batalla de Ayacucho (1824) puso fin a la dominación española en América. Sólo las islas antillanas de Cuba y Puerto Rico siguieron ligadas a la metrópoli. Simón Bolívar planteó la alternativa de la unidad americana tras el fin del Imperio hispánico. Los localismos, las mezquindades de los nuevos dirigentes, el atraso económico, las dificultades de comunicación, ayudados por las maniobras de Estados Unidos, llevaron al fracaso del ideal bolivariano y a la fragmentación política de la América hispánica. 


Aprobada el 19 de Marzo de 1812 y popularmente conocida como “La Pepa”, este texto legal fue la primera constitución liberal del país. Es el resultado del compromiso entre la burguésía liberal y los absolutistas: – Soberanía nacional. La autoridad suprema reside en el conjunto de la nacíón representada en las Cortes. (Se elimina la monarquía absoluta de derecho divino como forma de gobierno)
. El principio de la soberanía nacional constituyó el fundamento del nuevo sistema político y se presentó como el medio que liquidó el modelo absolutista en el que la soberanía recae en el rey.
Los diputados liberales españoles concibieron la nacíón como un sujeto indivisible, compuesto exclusivamente de individuos iguales, al margen de cualquier consideración estamental y territorial. Tal idea de nacíón supónía suprimir los estamentos y los gremios, eliminando los privilegios y las diferencias territoriales que existían entre los españoles. – La estructura del nuevo Estado es una monarquía limitada con división de poderes: el legislativo correspondía al rey junto con las Cortes; el ejecutivo al rey que presidía el gobierno; el judicial a los tribunales de justicia. El poder legislativo reside en «las Cortes con el Rey». Son Cortes unicamerales con amplios poderes en la elaboración de leyes, aprobación de los presupuestos y tratados internacionales. El mandato de los diputados dura dos años, son inviolables mientras ejercen su mandato. Su mandato es incompatible con cualquier otro cargo. Se reúnen anualmente ante el temor de que el rey no las convocara o suspendiera. La Elección de los diputados era mediante sufragio universal. Para ser candidato era necesario disponer de rentas propias. – Se garantiza una amplia serie de derechos fundamentales del individuo: igualdad ante la ley, inviolabilidad del domicilio, libertad de imprenta, sufragio, educación elemental, garantías penales y procesales… No se reconocía en cambio la libertad de culto, sino que se impónía el catolicismo como religión oficial y única, lo que era una concesión clara al sector absolutista de las Cortes. – Creación de la Milicia Nacional, cuerpo de civiles armados para la defensa del sistema constitucional. La obra de las Cortes de Cádiz supone el arranque del estado liberal en España, aunque este tardará en consolidarse durante todo el Siglo XIX. También significó la aparición de dos tendencias políticas irreconciliables: liberales y absolutistas que se enfrentarán durante la primera mitad del siglo, durante los reinados de Fernando VII e Isabel II, . El texto constitucional es fundamental en la historia de España y se inspira en la Constitución francesa de 1791, pero es más avanzada y progresista que está, ya que acepta el sufragio universal y una amplia garantía de derechos. Apenas pudo aplicarse, pues la guerra de Independencia no permitíó llevar a la práctica lo legislado por las Cortes. La vuelta de Fernando VII anuló la Constitución y la obra de las Cortes de Cádiz en 1814. Además, su influjo fue decisivo en otras constituciones de América del Sur y de Europa, como las de Italia y Portugal.

La Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) o Primera Internacional, creada en 1864, constituyó el primer intento por aunar todas las opciones del movimiento obrero, , especialmente las dos opciones mayoritarias: la socialista y la anarquista. En España, la revolución de Septiembre de 1868, permitíó que se formaran los primeros núcleos vinculados a la AIT. El italiano Fanelli vino con la finalidad de crear los primeros núcleos de afiliados a la Internacional y difundíó los ideales anarquistas como si fueran los exclusivos de la Internacional entre el proletariado catalán y el campesinado andaluz. La difusión de las ideas marxistas se produjo a raíz de la llegada de Paúl Lafargue, yerno de Marx,que impulsó en Madrid un grupo de internacionalistas marxistas, al que pertenecía Pablo Iglesias. Al llegar la Restauración estas organizaciones fueron declaradas ilegales, lo que las condenó a la clandestinidad. Las discrepancias entre ambas corrientes, tanto a nivel internacional como dentro de España, hizo que desde entonces siguieron caminos separados: El Socialismo: en 1879 Pablo Iglesias fundó el PSOE, (Partido Socialista Obrero Español), como partido que defendía los derechos del proletariado. El PSOE combinaría el ideario revolucionario marxista con medidas más realistas, como la huelga y la participación en la vida política. La Ley de Asociaciones aprobada por los liberales en 1887, otorgó una mayor permisividad para las organizaciones obreras. En 1888 el partido creó su propio sindicato, la UGT, (Uníón General de Trabajadores). El PSOE tuvo en Madrid, Vizcaya y Asturias sus zonas de mayor influencia, mientras en Cataluña o Andalucía su presencia fue escasa. Los socialistas crearon también su propio diario: el Socialista, las Casas del Pueblo y la Mutualidad obrera. Integrados en la Segunda Internacional, conseguían en 1910 su primer diputado. El Anarquismo: en esta etapa se centró en la captación de seguidores y una acción sindical reivindicativa. La mayor difusión se dio entre el campesinado andaluz y los obreros catalanes. Su oposición a toda forma de poder y la acción violenta contra los miembros del gobierno o de la burguésía, lo convirtieron en una amenaza contra el poder establecido, lo que provocó la constante represión del movimiento y que buena parte del mismo se decantara por la acción directa, la vía violenta. La fuerte represión que sufríó este movimiento se comprueba en los sucesos de la Mano Negra, presunta organización anarquista (seguramente inexistente), a la que se acusó durante el reinado del Alfonso XII de una serie de críMenes, lo que provocó una durísima represión del movimiento obrero 


Las dificultades insalvables de la I República fueron fortaleciendo la posibilidad de una vuelta de los Borbones, lo que se precipitó tras el pronunciamiento del general Martínez Campos a finales de 1874 y la proclamación de Alfonso XII como nuevo rey. El nuevo régimen político fue diseñado por conservador Cánovas del Castillo, con el objetivo de superar los problemas de la monarquía de Isabel II: el carácter excluyente de los partidos cuando alcanzaban el poder, la intervención del ejército en la política y la falta de estabilidad. La 1876, que se caracterizó por su flexibilidad, precisamente para que pudieran gobernar con ella los estabilidad se intentó garantizar a través del nuevo marco jurídico: la Constitución aprobada en dos partidos del turno sin necesidad de cambiarla como había ocurrido anteriormente. La nueva carta magna conténía una amplia declaración de derechos y libertades (posteriormente regulados por el partido en el poder), separación de poderes, soberanía compartida entre Las Cortes y el rey, amplias atribuciones para este último, que era quien designaba al jefe del Gobierno y Cortes bicamerales (con un Senado formado por miembros en función de su cargo o nombrados por el rey y un Congreso de los Diputados elegidos por sufragio primero y sufragio universal masculino desde 1890). Asimismo la Constitución establecía que el catolicismo era la religión oficial del Estado y consagra un modelo centralista del Estado, poniendo ayuntamientos y diputaciones bajo el control directo del Gobierno. Este centralismo quedó reforzado con la abolición de los fueros de las provincias vascas, utilizando como justificación el levantamiento carlista que quedó definitivamente sofocado en 1876. Cánovas concibió un sistema bipartidistas a imitación del británico, con dos partidos, el liberal liderado por Sagasta y el conservador liderado por él mismo, que debían turnarse en el gobierno, por lo que se denominaron partidos del turno o partidos dinásticos. Ambos partidos coincidían en lo fundamental aunque el liberal era algo más abierto en la concesión de derechos por lo que en 1890 fue el responsable de la aprobación del sufragio universal masculino. La forma en que se garantiza el turno pacífico de ambos partidos contravénía cualquier regla de funcionamiento democrático. Cuando el partido en el poder sufría el desgaste propio de la labor de gobierno, se sugería al rey el nombramiento del líder del partido de la oposición para ocupar la Jefatura del Gobierno. Este disolvía la Cortes y convocaba elecciones para unas nuevas Cortes, donde pudiera tener la mayoría parlamentaria. Para ello se elaboraba un encasillado en el que aparecían los resultados que debían obtenerse en cada circunscripción electoral. Dicho encasillado se comunicaba al gobernador de cada provincia que se ponía de acuerdo con los caciques de su territorio para conseguir el resultado deseado. Los caciques eran las personal más destacadas e influyentes de cada localidad o comarca, generalmente grandes propietarios de tierras, que a través de su poder sobre la población garantizaban que los resultados electorales fuesen los esperados. Para ello utilizaron distintos mecanismos de fraude electoral: manipulación del censo, incluyendo a las personas muertas, compra de votos, amenazas, falsificación de las actas electorales, etc. En cualquier caso, la amplia abstención facilitaba su labor. En definitiva, se trataba de un sistema, el caciquismo, que basaba su fuerza en el carácter rural de la mayor parte de la sociedad española durante este periodo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *