La desamortización de Mendizábal
Fue tras la muerte de Fernando VII cuando la revolución liberal burguesa se afianza, y en 1836, en medio de la guerra civil con los carlistas, Mendizábal puso en venta todos los bienes del clero regular (frailes y monjas). De esta forma quedaron en manos del Estado y se subastaron no solamente tierras, sino casas, monasterios y conventos con todos sus enseres. Al año siguiente, 1837, otra ley amplió la acción al poner en venta los bienes del clero secular.
Para lograr el establecimiento del nuevo régimen liberal en 1836 era condición necesaria ganar la Guerra Carlista, y para ello se necesitaban los recursos económicos que proporcionaran la desamortización y el apoyo social de la burguesía al régimen liberal. Además, al amortizar la deuda pública, el Estado saneaba la Hacienda y aparecía como más solvente, con lo que podría suscribir nuevos empréstitos en el extranjero en mejores condiciones.
La desamortización de Madoz
En 1855 el ministro de Hacienda Pascual Madoz, también progresista, promulgó su Ley de Desamortización General. Se ponían en venta todos los bienes de propiedad colectiva: los de eclesiásticos que quedaban y los propios de los pueblos (eran llamados bienes de propios aquellos que proporcionaban, por estar arrendados, una renta al Concejo, en tanto que los comunes eran los que no proporcionaban una renta y eran utilizados por los vecinos del lugar).
El procedimiento utilizado para las ventas fue similar al de Mendizábal. Pero hubo algunas diferencias: el dinero obtenido fue dedicado en parte a financiar la industrialización del país y a la expansión del ferrocarril. Por otra parte, el Estado no era el propietario de los bienes sino los ayuntamientos.
El sistema político de Cánovas del Castillo
El principal objetivo de Cánovas fue asegurar la estabilidad política del país y asentar firmemente la Monarquía como una institución fuera de toda discusión, recuperando el prestigio perdido de la institución durante el reinado de Isabel II. En esencia, la monarquía alfonsina se entendía oficialmente como:
- Un sistema de integración: Se trataba de crear un sistema que fuera válido para los moderados, unionistas, progresistas y demócratas, con la sola condición de que aceptaran la Monarquía y la alternancia en el gobierno. Pero si debía integrar a todos, el ejercicio efectivo del poder debía fundamentarse en un par de fuerzas que se complementaran y equilibraran, de modo que a un partido conservador había que sumar otro más liberal. El rey debía servir de árbitro entre los partidos, decidiendo cuándo uno debía sustituir al otro, valorando su grado de cohesión y el grado de exigencia del poder por parte de la oposición.
- Un régimen civil: El Ejército debía volver a los cuarteles y cumplir su misión constitucional.
La consecución de estos objetivos sacrificaba cualquier veracidad del sistema electoral, que era puramente una imagen formal.
Fernando VII y el regreso al absolutismo
Terminada la guerra, las Cortes se trasladaron a Madrid. El problema consistía en saber si el rey aceptaría o no la Constitución de 1812, ya que la opinión española se encontraba entonces dividida en dos bandos irreductibles: los absolutistas y los liberales. Fernando VII, en 1814, abolió todo lo que habían hecho las Cortes de Cádiz y restauró el absolutismo (con todos sus elementos característicos). El golpe de Estado se completó con la represión: exilio en masa de los liberales y detención de algunos ministros y diputados. Los liberales no exiliados pasaron a la clandestinidad, siendo eliminados de toda participación en el sistema político.
Las razones de su decisión hay que buscarlas, en primer lugar, en su propia voluntad, pero también en el hecho de que en la Europa de la época, una vez vencido Napoleón, triunfara el sistema de la Restauración y la ideología de la Santa Alianza. Le indujo también a tomar esta decisión un manifiesto firmado por sesenta y cinco diputados realistas, el llamado «Manifiesto de los Persas»; finalmente, no podemos olvidar la actitud del pueblo, en su mayoría absolutista y que lo aclamaba como el rey «Deseado».
Pero la vuelta al absolutismo, con su política de privilegios y arbitrariedades, también tenía importantes enemigos. La burguesía comercial, bastante poderosa en las ciudades del litoral, se oponía a un gobierno ineficaz y proclive a los intereses de los estamentos privilegiados. Las clases medias urbanas, que habían conocido el liberalismo, no podían conformarse con un régimen despótico que las condenaba al silencio y al inmovilismo. El liberalismo, además, había penetrado en una institución básica de poder: el ejército. Condenados al exilio o a la clandestinidad, los liberales tuvieron que depositar todas sus esperanzas en un sector del ejército y hubieron de limitarse a la estrategia conspiradora. Estas intentonas de golpe de Estado recibieron el nombre de pronunciamientos, porque habitualmente las precedía un discurso o arenga en que se explicaba el objetivo político del movimiento.
Fases del conflicto entre liberales y absolutistas
El primero de estos pronunciamientos fue en Pamplona, el mes de septiembre de 1814, y lo protagonizó el general Francisco Javier Mina, héroe de la Guerra de la Independencia. Otros oficiales (Lacy, Porlier, Milans del Bosch…) lo imitaron en los años posteriores. Los pronunciamientos pusieron de manifiesto el malestar del ejército, pero también las dificultades de la oposición liberal para organizar un movimiento popular de gran alcance, a causa sobre todo de la dura represión política.
Además de por la represión, esta etapa destacó por la inestabilidad e ineficacia de los sucesivos gobiernos, incapaces de llevar una gestión mínimamente eficaz, ya que el verdadero gobierno lo constituía la llamada “camarilla” del rey. Esto se ve reflejado, por ejemplo, en los estériles intentos de paliar la quiebra financiera del Estado, que venía de muy atrás y se había agravado con la guerra. El verdadero problema era que la mayor parte de las tierras de cultivo no contribuía con impuestos ante la negativa insistente de los grupos privilegiados, y los destrozos ocasionados por la propia guerra también contribuyeron.
El Desastre del 98 y la Paz de París
El Tratado de París supuso la cesión por parte de España de Filipinas, Puerto Rico y Guam a Estados Unidos, además de conceder la independencia, bajo tutela norteamericana, a Cuba. En 1899, España se vio obligada a vender a Alemania los archipiélagos de las Marianas, Carolinas y Palaos.
Alrededor de 60.000 soldados españoles perdieron la vida en este conflicto; la mayoría de ellos a causa de enfermedades infecciosas. A ello se añadía la desmoralización del país, consciente de su propia debilidad. La crisis política resultó inevitable, y con ella el desprestigio de los dos partidos dinásticos. A partir de ese momento, los partidos de la oposición cobrarían nueva fuerza: nacionalistas periféricos, republicanos y socialistas. Pero quizás fue más grave el desprestigio militar, derivado de la dureza de la derrota. Aunque, en último extremo, la responsabilidad del fracaso era más política que militar, el Ejército salía muy dañado en su imagen.
Causas y desarrollo del proceso de independencia de las colonias americanas
La coyuntura de la ocupación francesa de la metrópoli y el secuestro de sus titulares en Bayona hicieron que las Juntas creadas en América, a imagen y semejanza de las peninsulares, empezasen a funcionar de forma muy autónoma, acabando por derivar hacia la emancipación definitiva de España. Este fue un proceso largo y lleno de altibajos, pero definitivo, siendo una expresión más de las transformaciones globales debidas a las revoluciones políticas y económicas.
Causas determinantes
- Político-ideológicas: Los nuevos ideales liberales de la Ilustración y los ejemplos de las revoluciones norteamericana y francesa. La estructura monárquica y absolutista era cada vez menos tolerada.
- Sociales: Los criollos dirigieron el proceso. Esta minoría de origen español dominaba la economía pero tenía vetado el poder político.
- Económicas: El monopolio comercial de España era un grave inconveniente para la burguesía criolla, que deseaba comerciar libremente.
- Internacionales: La pérdida del poder naval tras Trafalgar y la crisis dinástica en España facilitaron la oportunidad independentista.
Periodos de la independencia
- Primer período (1810-1814): Los focos principales fueron México, Venezuela y Argentina. En México, la insurrección del cura Miguel Hidalgo tuvo un carácter sangriento. Al finalizar la Guerra de la Independencia en España, estos focos fueron inicialmente sometidos.
- Segundo período (1815-1826): La insurrección triunfa gracias al apoyo de Inglaterra y Estados Unidos y a la revolución de 1820 en España. Chile se independizó con San Martín; Venezuela y Nueva Granada con Simón Bolívar; México con Agustín Iturbide. Finalmente, las victorias de Sucre en Pichincha y Ayacucho aseguraron la liberación de Perú, Bolivia y Ecuador.
El resultado fue la creación de estados liberales pero débiles, dominados por minorías criollas y dependientes de potencias extranjeras. Se lograron tres objetivos: independencia política, régimen republicano y libertad comercial.
Divisiones en la Primera República Española
Etapas del conflicto republicano
- a) La república unitaria (Febrero-Mayo): Figueras fue designado presidente. Chocó con los federales mientras intentaba convocar Cortes Constituyentes en medio de crisis hacendísticas y guerras en el norte y Cuba.
- b) La república federal (Mayo-Agosto): El triunfo electoral de los federales llevó a Pi y Margall a la presidencia. El partido se dividió entre transigentes (orden primero) e intransigentes (federación desde abajo). Esto derivó en la sublevación cantonal, donde ciudades como Cartagena se proclamaron independientes. Pi y Margall dimitió y fue sucedido por Salmerón, quien restableció el orden militarmente.
- c) La república autoritaria (Agosto-Enero): Castelar asumió el poder tras la dimisión de Salmerón (quien no quiso firmar penas de muerte). Suspendió las Cortes para imponer el orden y combatir a los carlistas y la guerra de Cuba.
- d) La república presidencialista: El 2 de enero de 1874, tras una moción de censura contra Castelar, el general Pavía disolvió las Cortes entrando en el Congreso con la Guardia Civil.
Partidos no dinásticos y el sistema de la Restauración
El caciquismo y el fraude electoral
El caciquismo representaba la falta de veracidad electoral. Los caciques eran familias que controlaban circunscripciones mediante su poder económico. El fenómeno implicaba que la subsistencia de los ciudadanos dependía de su fidelidad al cacique (su “clientela”).
Lo característico fue el encasillado: la manipulación para que el gobierno siempre tuviera mayoría pero la oposición tuviera una representación mínima. Se utilizaba el pucherazo (fraude electoral), inscribiendo a difuntos en el censo o falsificando recuentos. El objetivo era el “turno de partidos” entre el Conservador y el Liberal. Las formaciones alternativas eran solo “toleradas” en zonas urbanas donde el control era más difícil.
La división del liberalismo durante el Trienio Liberal
Durante el Trienio Liberal (1820-1823), el liberalismo se escindió en dos grupos:
- Doceañistas (Partido Moderado): Buscaban una síntesis entre lo viejo y lo nuevo. Defendían la soberanía compartida (Rey y Cortes), un legislativo bicameral con un Senado no representativo para “moderar” y sufragio censitario. Eran apoyados por la alta burguesía y clases acomodadas que buscaban orden y defensa de la religión católica.
- Radicales (Partido Progresista): Defendían que la soberanía residía exclusivamente en las Cortes. Aunque aceptaban el papel del Rey, limitaban sus prerrogativas. Abogaban por un sufragio más amplio, libertad de prensa, ayuntamientos democráticos y la Milicia Nacional. Integrado por clases medias, artesanos y pequeños comerciantes, buscaban mayores dosis de libertad y modernidad.
