El reinado de Isabel II: partidos políticos y el papel de los militares
La regente María Cristina se vio “forzada” a apoyarse en los liberales, porque defendían la soberanía nacional que estaba recogida en la Constitución, la monarquía como forma de Estado y una declaración de derechos y libertades. Pero pronto el liberalismo se divide en dos tendencias: moderados y progresistas.
- Los moderados: eran partidarios del liberalismo doctrinario y la soberanía compartida entre el rey y las Cortes, otorgando amplios poderes a la corona. Defendían un sufragio restringido según la riqueza (censitario), la limitación de derechos individuales, un Estado centralizado con autoridad y fuerza, y un Estado confesional sin libertad de cultos. Su apoyo venía de grandes terratenientes, hombres de negocios, adinerados, militares, nobles, abogados y burócratas.
- Los progresistas: en cambio, defendían la soberanía nacional y las Cortes como única institución representativa, aunque aceptaban el papel moderador de la corona. Querían un sufragio censitario más amplio, libertad de creencias y expresión sin censura, elección de ayuntamientos y diputaciones, separación Iglesia-Estado, supresión de impuestos de consumos y la creación de la Milicia Nacional. Su apoyo era muy heterogéneo: clases medias urbanas, generales del ejército, hombres de negocios, periodistas y abogados. La corona nunca les ofrecía el gobierno; por ello, actuaban mediante pronunciamientos y revueltas urbanas.
En 1849 surgió el Partido Demócrata, que defendía el sufragio universal masculino, la ampliación de libertades, un Estado no confesional e intervenciones del Estado para corregir desigualdades. La falta de acuerdo entre moderados y progresistas hizo que ambos se apoyaran en el ejército, provocando una fuerte intervención militar en la política con generales llamados “espadones”. Además, no eran partidos modernos, sino agrupaciones de notables con prensa afín.
Etapas del reinado de Isabel II
1. La Regencia de María Cristina (1833-1840)
Tras la muerte de Fernando VII y durante la minoría de edad de Isabel II, María Cristina se convierte en regente. Era partidaria del absolutismo reformista, pero tuvo que apoyarse en los liberales conservadores para garantizar el trono. Esto permitió destruir el Antiguo Régimen y sentar las bases de una monarquía constitucional, una economía capitalista y una sociedad de clases. Los progresistas, excluidos del poder, protagonizaron la “Sargentada” y consiguieron gobernar, impulsando un giro más radical: el fin del Antiguo Régimen, la Constitución de 1837 y el freno a los carlistas. La vuelta de los moderados en 1840 y el apoyo de la regente provocaron su caída tras un movimiento revolucionario liderado por los progresistas y el general Espartero, quien obligó a María Cristina a exiliarse.
2. La Regencia de Espartero (1840-1843)
Espartero asumió la regencia, pero no avanzó suficientemente en la democratización. Hubo una gran inestabilidad política por las divisiones entre los progresistas y las conspiraciones moderadas. Su apoyo a la economía librecambista y el proyecto comercial con la industria textil inglesa provocó disturbios en Barcelona, que reprimió bombardeando la ciudad. Esto erosionó su poder y, en 1843, se adelantó la mayoría de edad de Isabel II, terminando así su regencia.
3. La Década Moderada (1844-1854)
Isabel II asume el trono con 13 años y comienza la Década Moderada, con el general Narváez como líder. Se aprueba la Constitución de 1845, reforzando el poder del monarca y consolidando un régimen autoritario y oligárquico.
Medidas importantes:
- Creación de la Guardia Civil.
- Ley de Ayuntamientos (alcaldes nombrados por el gobierno).
- Reforma fiscal de Mon y Santillán.
- Ley electoral de 1846 (sufragio muy restringido).
- Nuevo Código Penal.
- Censura de prensa y Concordato con la Iglesia (1851).
El intento de reforma ultraconservadora de Bravo Murillo provocó protestas y su dimisión, dejando gobiernos cortos y reaccionarios hasta 1854.
4. El Bienio Progresista (1854-1856)
El general O’Donnell se pronuncia en Vicálvaro en 1854 con el Manifiesto de Manzanares y moviliza a progresistas y demócratas. Isabel II llama a Espartero para gobernar y comienza el Bienio Progresista. Las medidas que tomaron durante este periodo se centraron en la modernización económica y la industrialización. Se aprueba la Desamortización de Madoz (1855), las leyes de Ferrocarriles, la Ley Bancaria y se crea el Banco de España.
Sin embargo, hubo problemas como la epidemia de cólera, la subida de precios y el incumplimiento de promesas al pueblo. Esto provocó agitación social, huelgas y la dimisión de Espartero. O’Donnell restauró la Constitución de 1845 y reprimió los movimientos.
5. La Unión Liberal y crisis del régimen (1856-1868)
O’Donnell crea la Unión Liberal, un partido centralista que mezcla moderados y progresistas, buscando consolidar la monarquía. Impulsan el desarrollo económico, los ferrocarriles, la industria y una política exterior de prestigio. No obstante, fracasa el intento de apertura a los progresistas por la oposición de Isabel II y las divisiones internas. Los últimos años (1866-1868) son muy conservadores y autoritarios. Progresistas, demócratas y unionistas acuerdan en Ostende y Bruselas derrocar a Isabel II.
El pacto propone destronar a la reina, formar un gobierno provisional y una asamblea constituyente, convocando Cortes por sufragio universal. Como resultado, en 1868 ocurre la Revolución de La Gloriosa, que derriba a Isabel II e inicia el Sexenio Democrático.
Las Constituciones en el reinado de Isabel II
1. El Estatuto Real (1834)
La regente María Cristina entrega el gobierno a los liberales moderados, con Martínez de la Rosa como líder. Surge el Estatuto Real, una carta otorgada por la corona, no una constitución soberana. Establecía un Parlamento bicameral: una cámara electiva muy limitada (Próceres y Procuradores) con sufragio restringido. El Parlamento solo podía elevar peticiones al gobierno, sin tener verdadero poder legislativo. Los liberales exaltados lo rechazaron por considerarlo poco representativo.
2. Constitución de 1837
Consolida el régimen constitucional tras un acuerdo entre moderados y progresistas. Reconocía la soberanía nacional, aunque en la práctica era compartida con la Corona, que podía vetar y disolver las Cortes. El Parlamento era bicameral: Congreso y Senado, con sufragio censitario muy limitado (2-4% de la población). El progresismo se manifestaba en la elección de ayuntamientos y las garantías de libertad de prensa, opinión, asociación y tolerancia religiosa.
3. Constitución de 1845
Con los moderados en el poder, se revisa la anterior. Se establece la soberanía compartida, con la Corona como eje del sistema: derecho de veto, disolución de Cortes y nombramiento de ministros y senadores. Las Cortes son oligárquicas: los diputados son electos con sufragio muy restringido y el Senado es nombrado por la Corona entre las clases altas. Los derechos civiles quedan limitados y subordinados al desarrollo legal posterior.
El Sexenio Revolucionario (1868-1874)
1. La Revolución de 1868 y el Gobierno Provisional
El Sexenio Revolucionario comenzó con la Revolución de 1868, llamada “La Gloriosa”, que provocó la caída de Isabel II. Las causas fueron el descrédito del sistema político moderado, considerado corrupto, la impopularidad de la reina y la crisis económica de 1866. En 1866, progresistas y demócratas firmaron el Pacto de Ostende, al que luego se unió la Unión Liberal. En septiembre de 1868, el pronunciamiento militar iniciado en Cádiz triunfó; Isabel II se exilió en Francia y se formó un Gobierno Provisional presidido por Serrano. Este convocó elecciones por sufragio universal masculino y elaboró la Constitución de 1869.
2. La Constitución de 1869
Fue la primera constitución democrática de la historia de España. Proclamaba la soberanía nacional, establecía una monarquía parlamentaria y la división de poderes. Las Cortes tenían un gran protagonismo y el rey “reinaba, pero no gobernaba”. Se implantó el sufragio universal masculino directo para mayores de 25 años. Recogía una amplia declaración de derechos individuales (prensa, reunión, asociación, habeas corpus). El Estado se declaraba aconfesional, aunque mantenía el culto católico.
3. La Regencia de Serrano y la Monarquía de Amadeo I (1869-1873)
Tras aprobarse la Constitución, se buscó un nuevo rey y fue elegido Amadeo I de Saboya. Su reinado fue muy inestable por la Guerra de Cuba, la Tercera Guerra Carlista y la oposición de republicanos y alfonsinos. Además, su principal apoyo, el general Prim, fue asesinado antes de su llegada. La falta de apoyos llevó a Amadeo I a abdicar en febrero de 1873.
4. La Primera República (1873-1874)
Tras la abdicación, las Cortes proclamaron la Primera República. Fue un régimen muy inestable con cuatro presidentes en menos de un año: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar. Los republicanos estaban divididos entre unitarios y federales. Durante el gobierno de Pi y Margall estalló la insurrección cantonal (destacando el Cantón de Cartagena), sumada a las guerras en Cuba y el carlismo. El caos llevó al golpe de Estado del general Pavía y al gobierno autoritario de Serrano. Finalmente, en diciembre de 1874, el pronunciamiento de Martínez Campos proclamó rey a Alfonso XII, iniciando la Restauración borbónica.
