Ilustración y transformaciones del siglo XVIII: política, economía y sociedad

1.2. ¿En qué consistió la Ilustración?

En el siglo XVIII estos cambios fueron promovidos por la Ilustración, movimiento ideológico surgido en Francia cuyas ideas fueron:

  • La confianza en la razón como único medio para entender el mundo y alcanzar el progreso y la felicidad. Por eso a este siglo también se le conoce como el siglo de las luces.
  • La fe en el progreso humano, conseguido gracias a los avances de la ciencia.
  • La crítica al Antiguo Régimen, por considerarlo un obstáculo para alcanzar el progreso y la felicidad. Así, los ilustrados criticaron el absolutismo.

1.3. La difusión del pensamiento ilustrado

La Ilustración alcanzó su mayor fuerza en Francia, donde destacaron importantes teóricos como Montesquieu, Rousseau y Voltaire. Las ideas se difundieron por Europa y América a través de tres vías:

  • Los salones.
  • Los nuevos medios de comunicación (revistas, periódicos, etc.).
  • La Enciclopedia, en la que se recogía gran parte del pensamiento ilustrado.

2. Cambios políticos

2.1. Las críticas a la monarquía absoluta

En el Antiguo Régimen se había impuesto la monarquía absoluta por derecho divino, que consideraba que el poder del rey provenía de Dios. El monarca concentraba los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Prescindía de convocar Cortes o Parlamentos, donde estaban representados los tres estamentos: nobleza, clero y pueblo. Los sistemas políticos parlamentarios fueron escasos, siendo Inglaterra el caso más destacado.

En el siglo XVIII, algunos ilustrados criticaron el absolutismo. Voltaire propuso limitar el poder del rey mediante el Parlamento.

2.2. El despotismo ilustrado

Hacia mediados del siglo XVIII, algunas ideas ilustradas fueron asumidas por diferentes monarcas europeos. Surgió así el despotismo ilustrado, que intentó conciliar el absolutismo con las ideas de progreso de la Ilustración. Los monarcas llevaron a cabo reformas encaminadas a alcanzar el progreso y la felicidad: impulsaron la educación, fundaron hospitales, protegieron la agricultura, etc. Esta forma de gobierno se resumía en la fórmula «todo para el pueblo, pero sin el pueblo».

Los monarcas más destacados fueron: Luis XV en Francia, Carlos III en España, José I en Portugal, Catalina II en Rusia, José II en Austria y Federico II en Prusia.

2.3. Las nuevas relaciones internacionales

En el Antiguo Régimen, los estados europeos lucharon por conseguir la supremacía en el continente y en las colonias; esto provocó constantes guerras entre las potencias europeas.

En el siglo XVIII se implantó en el continente el principio del equilibrio europeo, impulsado por Gran Bretaña. Este principio sostenía que las potencias europeas debían mantener equilibradas sus fuerzas para impedir que ninguna se impusiese a las demás. En el terreno colonial, las luchas y las victorias de Gran Bretaña la convirtieron en la mayor potencia colonial del mundo.

3. Economía y demografía

3.1. Las nuevas políticas económicas

En el Antiguo Régimen se había impuesto el mercantilismo, que consideraba que la riqueza de un país procedía de acumular metales preciosos mediante el comercio. Para conseguirlo, el Estado debía dirigir la economía.

En el siglo XVIII las ideas ilustradas apoyaron el nacimiento de nuevas políticas económicas que desplazaron al mercantilismo, como la fisiocracia y el liberalismo económico:

  • Fisiocracia, defendida por François Quesnay: la base de la riqueza es la tierra (agricultura y minería). Además, se opuso al control de la economía por el Estado y defendió la libertad económica.
  • Liberalismo económico, propuesto por Adam Smith: sostuvo que el origen de la riqueza es el trabajo individual. Por tanto, el único medio para enriquecer a las naciones es enriquecer a los individuos, dado que el beneficio particular acababa beneficiando a toda la sociedad.

En consecuencia, el Estado no debía intervenir en la economía, ya que ésta se regula sola mediante la ley de la oferta y la demanda. Su papel debía limitarse a defender a la sociedad de amenazas extremas; proteger a los individuos de la injusticia; y crear obras y servicios de utilidad pública.

Estas nuevas políticas favorecieron la prosperidad económica y demográfica del siglo XVIII.

3.2. El crecimiento demográfico

En el siglo XVIII, la población europea creció. La causa principal fue un descenso de la mortalidad, debido a la mejora de la alimentación, la ausencia de grandes epidemias y la disminución de las guerras.

4. Transformaciones productivas

4.1. Las transformaciones agrarias

En el Antiguo Régimen la mayoría de la población trabajaba en el campo en el cultivo de cereales. Las técnicas agrarias empleadas eran rudimentarias: consistían en la rotación bienal o trienal, dejando en barbecho la mitad o un tercio de la tierra. Además, la mayoría de las tierras eran de señoríos que cobraban numerosos impuestos a sus habitantes.

En el siglo XVIII, la agricultura progresó. Se difundieron nuevos cultivos procedentes de América que diversificaron la alimentación. Se implantaron mejoras técnicas que, al sustituir el barbecho por la rotación continua de cultivos, aumentaron los rendimientos.

El régimen señorial se mantuvo.

4.2. Los cambios en la artesanía

En el Antiguo Régimen, la producción artesanal era escasa y se centraba en el textil y el metal; se realizaba en talleres urbanos controlados por los gremios.

En el siglo XVIII, la producción artesanal creció. Además, se desarrollaron nuevas formas de producción con el fin de evitar el control de los gremios. Estas nuevas formas fueron:

  • Trabajo a domicilio: lo llevaban a cabo los campesinos en su casa por encargo. El empresario les pagaba un salario, les proporcionaba las materias primas y se encargaba de comercializar el producto.
  • Manufacturas: grandes talleres especializados, donde trabajaban a sueldo para el Estado o particulares.

5. Sociedad y cambios sociales

5.1. La sociedad en el Antiguo Régimen

En el Antiguo Régimen se mantuvo la sociedad estamental. Se caracterizaba por la existencia de tres estamentos:

  • Estamentos privilegiados: la nobleza y el clero. No trabajaban, no pagaban impuestos, tenían sus propias leyes y disfrutaban de ciertos honores.
  • Tercer Estado: incluía al campesinado y a los grupos urbanos. Trabajaba, pagaba impuestos y carecía de privilegios.

5.2. Los cambios sociales del siglo XVIII

En el siglo XVIII comenzó a resquebrajarse la sociedad estamental.

  • Los ilustrados criticaron a los privilegiados y defendieron una división social basada en el mérito, la valía personal y la utilidad social.
  • La burguesía se convirtió en un grupo cada vez más numeroso y activo. Reclamaba un papel social y político más acorde a sus méritos. El movimiento burgués fue especialmente importante en Francia, donde a finales de siglo impulsó un proceso revolucionario (la Revolución Francesa de 1789) que acabaría con el Antiguo Régimen.

6. España: Borbones y guerra de Sucesión

6.1. La instauración de los Borbones

En 1700, la muerte sin herederos de Carlos II puso fin a la casa de Austria. Carlos II designó sucesor a Felipe de Anjou, nieto del rey Luis XIV de Francia, que accedió al trono como Felipe V. Con ello se instauraba en España la casa de Borbón.

El peligro de una posible unión de España y Francia, y la consiguiente ruptura del equilibrio continental, llevó a las principales potencias europeas a apoyar como sucesor al archiduque Carlos de Austria, segundo hijo del emperador de Alemania. Con ello estalló la Guerra de Sucesión a la corona española.

6.2. La Guerra de Sucesión (1700-1713)

Tuvo un doble carácter: fue una guerra internacional, que enfrentó a Francia y España contra el emperador de Alemania, Gran Bretaña, las Provincias Unidas, Saboya y Portugal; y fue, también, una guerra civil, pues en ella se enfrentaron Castilla, partidaria de Felipe, y la Corona de Aragón, que apoyaba a Carlos temiendo que los Borbones implantasen una política centralista, como habían hecho en Francia.

En España, la guerra resultó favorable a Felipe y se prolongó hasta 1715. Al morir el emperador de Alemania y su hijo mayor, el archiduque Carlos se convirtió en el nuevo emperador (1711). Los enemigos de los Borbones firmaron las paces de Utrecht (1713) y Rastatt (1714).

En estos tratados aceptaban como rey de España a Felipe V. A cambio, éste renunciaba a sus derechos al trono de Francia y cedía: a Austria las posesiones españolas en Europa (Países Bajos e Italia); a Saboya las islas de Sicilia; y a Gran Bretaña la isla de Menorca, Gibraltar y ciertas ventajas comerciales en América.

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