La Era de las Transformaciones Políticas en Europa: De la Revolución Francesa a las Unificaciones Nacionales (1792-1871)

La Revolución Francesa: De la Convención al Directorio (1792-1799)

La Convención Nacional y el Terror (1792-1794)

La Convención Nacional (1792-1794), elegida por sufragio universal, proclamó la Primera República. Estuvo compuesta por tres facciones principales: girondinos, jacobinos y la Llanura.

El Gobierno Girondino (1792-1793)

En una primera etapa gobernaron los girondinos (1792-1793), de tendencia moderada. Su política no satisfizo a las clases populares y generó tensiones con los jacobinos, intensificadas tras la ejecución de Luis XVI en enero de 1793. Esto reforzó la coalición internacional (Gran Bretaña, Holanda, España y Prusia), aumentando la presión militar sobre Francia. Al mismo tiempo, surgieron insurrecciones realistas y revueltas sans-culotte, lo que permitió el ascenso jacobino mediante un golpe de Estado.

La Dictadura Jacobina y el Terror (1793-1794)

Los jacobinos implantaron una dictadura (1793-1794), justificándola por la guerra, y suprimieron garantías constitucionales dando inicio al Terror, con alrededor de 40.000 víctimas. El Comité de Salvación Pública, dirigido por Robespierre, concentró el poder y aplicó fuertes represiones. Además, aprobaron medidas sociales clave:

  • El precio máximo (control de precios).
  • La reforma agraria.
  • La educación gratuita y obligatoria.
  • El laicismo.

Su radicalismo generó una fuerte oposición, y Robespierre fue ejecutado en 1794.

El Directorio y el Fin de la Revolución (1795-1799)

Tras la caída de Robespierre se produjo el Golpe de Estado de Termidor, que devolvió el poder a la burguesía moderada y desató la represión contra los jacobinos, conocida como el Terror Blanco. En 1795 se aprobó la Constitución del Año III, de carácter conservador, que instauró un ejecutivo formado por cinco directores y dio paso al Directorio.

Este régimen restableció el sufragio censitario y anuló las reformas sociales jacobinas, apoyándose en un legislativo dividido entre el Consejo de los Quinientos y el Consejo de Ancianos. Su gobierno sufrió la oposición de los neojacobinos, que querían recuperar las medidas sociales, y de los absolutistas, partidarios del Antiguo Régimen. Ante la inestabilidad interna, el ejército ganó protagonismo gracias a sus victorias militares frente a la coalición y a la reforma que lo fortaleció, convirtiéndose en el principal garante del orden. Entre sus líderes destacó Napoleón Bonaparte, quien protagonizó el Golpe de Estado del 18 de Brumario, que disolvió el Directorio y puso fin a la Revolución Francesa.

El Imperio Napoleónico (1799-1815)

El Consulado (1799-1804)

Napoleón Bonaparte emergió durante la Revolución Francesa y se convirtió en una figura central de Europa. Su etapa como Consulado (1799-1804) comenzó compartiendo el poder con Sièyes y Ducos, pero en 1802 se proclamó cónsul único y vitalicio. La Constitución de 1799 estableció un ejecutivo fuerte, limitó el sufragio a los más ricos y anuló la Declaración de Derechos, consolidando el orden interno y controlando a los absolutistas mediante el Concordato con la Iglesia. El pueblo participaba mediante plebiscitos convocados por Napoleón, quien acumuló progresivamente todo el poder. Durante esta etapa se implementaron reformas clave:

  • Centralización de la administración con prefectos.
  • Impulso de la educación.
  • Creación de una policía secreta bajo Fouché.
  • Promulgación del Código Civil (1804), garantizando la igualdad ante la ley.
  • Promulgación posterior del Código Penal (1810).

El Imperio y las Guerras Napoleónicas (1804-1815)

En 1804, Napoleón se coronó emperador, comenzando la etapa del Imperio (1804-1815), que consolidó su dominio político y militar sobre Francia y gran parte de Europa.

Durante su expansión, Napoleón Bonaparte conquistó gran parte de Europa, enfrentándose a potencias como Austria, Prusia, Rusia y Gran Bretaña. Esta última resistió mediante un bloqueo comercial. Su genio militar permitió victorias clave como Marengo (1800), Austerlitz (1805) y Jena (1806), consolidando la hegemonía francesa. La ocupación también difundió los ideales revolucionarios, aunque provocó un nacionalismo antifrancés en los territorios invadidos.

La derrota comenzó con la campaña de Rusia (1812) y la apertura de un nuevo frente en España, debilitando su ejército, la Grande Armée. Tras la derrota en Leipzig (1813), Napoleón fue exiliado a Elba, pero regresó para gobernar durante el Imperio de los Cien Días, hasta su derrota definitiva en la batalla de Waterloo (1815). Finalmente, fue exiliado a la isla de Santa Elena, donde murió. Este periodo marcó tanto la expansión territorial de Francia como la consolidación del poder militar y político de Napoleón.

La Europa de la Restauración y las Revoluciones Liberales (1815-1848)

El Congreso de Viena y la Restauración (1815)

La Europa de la Restauración comienza tras la derrota definitiva de Napoleón en Waterloo (1815) y se extiende hasta la última revolución liberal de 1848. Se caracterizó por el legitimismo, defendiendo los derechos de los monarcas absolutos y restaurando el Antiguo Régimen, como en el caso de Luis XVIII, que gobernó mediante Cartas Otorgadas.

La responsabilidad internacional se plasmó en el Congreso de Viena (1814-1815), donde las potencias vencedoras (Reino Unido, Austria, Prusia y Rusia) restablecieron un Nuevo Mapa de Europa, con las siguientes consecuencias:

  • Ganancias territoriales para Prusia, Rusia y Austria.
  • Creación de estados tapón como Bélgica y Saboya.
  • Reordenación de Italia y el norte de Europa.

También se estableció el principio de intervención, reflejado en la Santa Alianza, para sofocar revoluciones liberales en cualquier estado. Se convocaron varios congresos posteriores (Viena, Verona, Troppau) para mantener la paz y evitar el expansionismo. Estas medidas aseguraron el equilibrio de poder entre las grandes potencias y consolidaron el absolutismo, aunque despertaron el nacionalismo en pueblos como Alemania e Italia.

El Liberalismo como Doctrina Política

Entre 1815 y 1848, Europa vivió un enfrentamiento entre el liberalismo y el nacionalismo frente al absolutismo del Antiguo Régimen. El liberalismo es una doctrina político-económica que defiende la libertad del individuo frente al Estado y las instituciones. Sus principios fundamentales son:

  • Defensa de libertades y derechos individuales, incluyendo la igualdad jurídica, eliminando privilegios de nobleza y clero.
  • Sustitución del súbdito por el ciudadano con derechos inalienables.
  • División de poderes: legislativo (Parlamento o Asambleas), ejecutivo (rey) y judicial (jueces independientes).
  • Participación ciudadana en la vida política mediante sufragio censitario o sufragio universal masculino, ejerciendo la soberanía nacional.
  • Establecimiento de constituciones o leyes fundamentales que garantizan derechos y regulan los poderes (ejemplos: Constitución de Estados Unidos de 1787, Constitución francesa de 1791 y la Constitución española de 1812, “La Pepa”).

Este marco sentó las bases para la transformación política y social de Europa, preparando el terreno para las oleadas revolucionarias.

Las Oleadas Revolucionarias de 1820 y 1830

Revoluciones de 1820

Se caracterizaron por su carácter liberal, antiabsolutista y, a menudo, nacionalista, con apoyo de los ejércitos.

  • España: El coronel Riego se pronunció contra Fernando VII, iniciando el Trienio Liberal (1820-1823), que fue anulado por la intervención de la Santa Alianza y los Cien Mil Hijos de San Luis.
  • Fracaso: La oleada también afectó a Portugal, Nápoles y Piamonte-Cerdeña sin éxito, y fracasó la revuelta decembrista (1825) en Rusia.
  • Triunfo: Triunfó en Grecia, que recuperó su independencia en 1829 con apoyo de Francia, Reino Unido y Rusia.

Revoluciones de 1830

La revolución de 1830 estalló en Francia, donde la sublevación popular derribó al absolutista Carlos X tras las Tres Jornadas Gloriosas, instaurándose Luis Felipe de Orleans como rey constitucional. En Bélgica, la sublevación nacionalista consiguió la independencia y una monarquía constitucional. En Polonia y los estados italianos fracasaron los movimientos, mientras que en Alemania se consolidó el Zollverein, primer paso hacia la unificación.

La Primavera de los Pueblos (1848)

La oleada revolucionaria de 1848 se originó en Francia, causada por las aspiraciones nacionales, la crisis agrícola y financiera y la lucha de la clase obrera por derechos políticos y laborales. Se extendió al Imperio Austriaco, Alemania e Italia. La ola se conoce como la Primavera de los Pueblos.

  • Francia: La revolución depuso a Luis Felipe de Orleans y proclamó la Segunda República (1848-1852), adoptando medidas como el sufragio universal masculino y el derecho de huelga, aunque la reacción conservadora anuló estas reformas y llevó a la elección de Luis Napoleón Bonaparte.
  • Imperio Austrohúngaro: Los movimientos liberales y nacionalistas fueron reprimidos, y Francisco José I impuso reformas centralizadoras.
  • Alemania: La asamblea nacional (Volparlament) fue disuelta por los ejércitos prusianos y austríacos.
  • Italia: Mazzini proclamó una efímera república en Roma, que fue sofocada por la intervención de Napoleón III.

La Primavera de 1848 consolidó el conflicto entre liberalismo, nacionalismo y absolutismo, aunque sin triunfar plenamente en Europa central y oriental.

El Nacionalismo y las Unificaciones Territoriales (Siglo XIX)

La Unificación de Italia (1849-1870)

Tras el Congreso de Viena (1815), Italia quedó dividida en varios estados: el Reino de Piamonte-Cerdeña (Casa Saboya), los Estados Pontificios (Pío IX), el Reino de Nápoles y diversos ducados, mientras que Lombardía y Véneto permanecían bajo control austríaco. Tres factores impulsaron la unificación: el sentimiento nacional, el movimiento Risorgimento y el apoyo de la burguesía piamontesa.

El estado propulsor fue Piamonte-Cerdeña, bajo Víctor Manuel II, con el primer ministro Cavour, quien utilizó estrategias de industrialización y diplomacia para fortalecer el reino y preparar la incorporación de territorios.

Fases de la Unificación Italiana

  1. Primera Fase (1849-1860): Incluyó la alianza con Napoleón III y la victoria sobre Austria en las batallas de Magenta y Solferino, incorporando Lombardía; a cambio, Niza y Saboya se cedieron a Francia.
  2. Segunda Fase (1860-1861): Se consolidó con la expedición de Garibaldi y sus Mil camisas rojas, anexando Nápoles y Sicilia y formando el Reino de Italia bajo Víctor Manuel II.
  3. Tercera Fase (1865-1870): Aprovechó la guerra Austro-Prusiana para ocupar el Véneto y la guerra Franco-Prusiana para incorporar los Estados Pontificios con Roma, estableciendo la capital italiana.

La unificación dejó problemas: desigualdad económica entre norte y sur, conflicto Iglesia-Estado y territorios pendientes de incorporación (irredentismo).

La Unificación de Alemania (1864-1871)

Tras el Congreso de Viena (1815), Alemania quedó dividida en la Confederación Germánica con 39 estados, dominados por Prusia y Austria. La unificación se impulsó por el sentimiento nacional, el romanticismo y la creación del Zollverein (unión aduanera de 1834 que eliminaba barreras comerciales y fortalecía a Prusia). El proyecto triunfante fue la Pequeña Alemania, liderado por Guillermo I y el canciller Bismarck, usando guerra y diplomacia.

Fases de la Unificación Alemana

  1. Guerra de los Ducados (1864): Contra Dinamarca, que permitió incorporar Schleswig a Prusia y Holstein a Austria.
  2. Guerra Austro-Prusiana (1866): Motivada por la administración de los ducados; Prusia venció a Austria en la batalla de Sadowa y creó la Confederación del Norte de Alemania, dejando fuera a Austria.
  3. Guerra Franco-Prusiana (1870-1871): Provocada por la rivalidad con Francia; Prusia derrotó a Napoleón III en la batalla de Sedán, anexionó Alsacia y Lorena y proclamó el II Reich Alemán en el Palacio de Versalles.

Esta unificación consolidó a Prusia, sentó las bases del II Reich y fue preludio de la Primera Guerra Mundial.

Síntesis Temática

Europa y América entre la Restauración y las Revoluciones Liberales (1815-1825)

Tras la derrota definitiva de Napoleón en 1815, Europa inicia el periodo conocido como la Restauración (1815-1848), caracterizado por la vuelta al Antiguo Régimen y la defensa del legitimismo. Este proceso se concretó en el Congreso de Viena (1814-1815), donde las potencias vencedoras —Reino Unido, Austria, Prusia y Rusia— reorganizaron Europa, estableciendo un nuevo mapa de fronteras y creando estados tapón como Bélgica unida a Holanda o Saboya unida a Piamonte-Cerdeña. Francia recuperó sus fronteras anteriores a la Revolución, mientras Austria, Prusia y Rusia se fortalecieron territorialmente. También se pusieron en marcha mecanismos de control como la Santa Alianza, para intervenir ante posibles revoluciones liberales y mantener el absolutismo.

Los principales cambios territoriales incluyeron la expansión de Prusia hacia Renania, Westfalia y Brandenburgo, la incorporación de Polonia y Besarabia a Rusia, el control austriaco sobre Venecia y Dalmacia, la división de Italia en siete estados, y la desaparición del Sacro Imperio Romano Germánico, sustituido por la Confederación Germánica de 41 estados, dominada por Austria y Prusia.

Frente al absolutismo surgió el liberalismo, doctrina político-económica que defendía la libertad individual frente al Estado y las instituciones, la igualdad jurídica, la división de poderes y la participación ciudadana mediante sufragio censitario o universal masculino. Se materializó en constituciones como la estadounidense (1787), la francesa (1791) y la española (1812), que reconocían derechos, limitaban el poder del rey y establecían parlamentos.

Entre 1820 y 1825 se produjeron las primeras revoluciones liberales:

  • En España, el coronel Riego se pronunció contra Fernando VII, dando inicio al Trienio Liberal (1820-1823), que fue aplastado por la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis.
  • En Grecia, la lucha nacionalista condujo a la independencia en 1829 con apoyo de Francia, Reino Unido y Rusia.
  • Se produjeron levantamientos en Portugal, Nápoles y Piamonte-Cerdeña, muchos de ellos reprimidos. También falló la revuelta decembrista en Rusia en 1825.

En el mismo periodo se desarrolló el proceso de emancipación de la América española, influido por factores externos (Revolución americana, Revolución francesa y Guerra de Independencia Española) y factores internos (el deseo de los criollos de acceder al poder y las ideas de la Ilustración). Se desarrolló en tres fases:

  1. Primera (1808-1814): Insurrecciones populares en México lideradas por Hidalgo y Morelos, y propuestas de reformas en Sudamérica.
  2. Segunda (1814-1820): Coincidió con la restauración de Fernando VII y el apoyo de Gran Bretaña y Estados Unidos, con campañas militares de Simón Bolívar y José de San Martín, derrotando a las fuerzas españolas.
  3. Tercera (1820-1825): Comenzó con la sublevación liberal del Coronel Riego en España, que debilitó las últimas fuerzas españolas, permitiendo la independencia de México con Iturbide, Centroamérica y Sudamérica tras batallas como Chacabuco y Maipú.

La Gran Colombia se fragmentó entre Venezuela, Ecuador y Colombia, mientras México perdió Texas, Nuevo México y California frente a Estados Unidos. En conjunto, Europa y América vivieron un periodo de restauración, resistencia liberal y transformación política que sentó las bases del nacionalismo y de los nuevos estados latinoamericanos.

Nacionalismo y Unificación de Italia y Alemania (Siglo XIX)

El nacionalismo surge como doctrina política en los siglos XIX y XX, defendiendo que todo pueblo tiene derecho a formar su propio estado. Sus elementos fundamentales incluyen lengua, religión, cultura, tradiciones y territorio común. Sus causas son la influencia de la Ilustración, las revoluciones liberales, las guerras napoleónicas y el descontento con el mapa europeo tras el Congreso de Viena. El Romanticismo fomentó la exaltación de la identidad nacional. Se distinguen dos tipos: el unificador (Italia y Alemania) y el disgregador (Grecia, Bélgica). Movimientos culturales e intelectuales como la Joven Italia de Mazzini, Fichte y Palacky fueron clave en la propagación de estas ideas.

La oleada revolucionaria de 1848, conocida como la Primavera de los Pueblos, comenzó en Francia como reacción al régimen corrupto de Luis Felipe de Orleans, provocando la caída del rey y la proclamación de la Segunda República, con medidas como el sufragio universal masculino y el derecho de huelga. La reacción conservadora permitió la elección de Luis Napoleón Bonaparte, que más tarde instauraría el Segundo Imperio Francés (1852-1870). En Alemania y el Imperio Austriaco, las revoluciones fueron sofocadas; mientras en Italia Mazzini proclamó una efímera república en Roma, reprimida por Napoleón III en apoyo del Papa Pío IX.

El Proceso de Unificación de Italia (1849-1870)

Se impulsó desde el Reino de Piamonte-Cerdeña, con Víctor Manuel II y el primer ministro Cavour. La primera fase (1849-1860) incluyó la victoria sobre Austria y la anexión de Lombardía. Garibaldi y sus Mil camisas rojas conquistaron Nápoles y Sicilia. La segunda fase (1860-1861) incorporó Parma, Módena y Toscana, creando el Reino de Italia. La tercera fase (1865-1870) aprovechó las guerras internacionales para ocupar el Véneto y los Estados Pontificios, estableciendo Roma como capital.

El Proceso de Unificación Alemana (1864-1871)

Se articuló en torno a Prusia y el proyecto de la Pequeña Alemania, liderada por Guillermo I y el canciller Bismarck. La primera fase fue la Guerra de los Ducados (1864) contra Dinamarca. La segunda fase fue la Guerra Austro-Prusiana (1866), que permitió a Prusia formar la Confederación del Norte de Alemania, excluyendo a Austria. La tercera fase fue la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871), con victoria prusiana en Sedán, la anexión de Alsacia-Lorena y la proclamación del II Reich Alemán en el Palacio de Versalles. Alemania consolidó un estado fuerte, centralizado y con predominio de Prusia, sentando las bases para su futura proyección como gran potencia.

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