La Hispania Romana y Al-Ándalus: Conquista, Organización Política, Economía y Legado Cultural

1. La romanización

El proceso de romanización se entiende como la implantación, asimilación y desarrollo por parte de los pueblos indígenas de las estructuras económico-sociales, políticas, administrativas, culturales y religiosas de Roma.

2. La conquista romana

1ª etapa. La Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.)

Tras la derrota en la Primera Guerra Púnica, Cartago se implantó en la península ibérica, dominando gran parte de la actual Andalucía. Más tarde, Asdrúbal fundó Qart Hadast (Cartago Nova). La península estaba dividida por el Tratado del Ebro, que establecía el río Ebro como límite. Sin embargo, la destrucción de Sagunto (ciudad al sur del Ebro pero aliada con Roma) por parte de los cartagineses marcó el inicio de una gran ofensiva romana, que se alió con los pueblos íberos y expulsó a los cartagineses en el 206 a.C. En el 201 a.C. se firmó la paz. Cartago entró en declive y Roma se convirtió en la principal potencia del Mediterráneo.

2ª etapa. Las Guerras Celtibéricas (155-133 a.C.)

A partir del 155 a.C., Roma emprendió la conquista de los pueblos celtas, con los que firmó pactos, estableció tributos y realizó repartos de tierras. Los pueblos que más resistieron fueron los liderados por Viriato y la ciudad de Numancia. Roma logró el control de toda la Meseta y de lo que hoy es Portugal.

3ª etapa. Las Guerras Cántabras (29-19 a.C.)

Con la llegada de Augusto al poder se iniciaron las Guerras Cántabras, con el objetivo de someter a los galaicos, astures, cántabros y vascones. Augusto lideró las campañas, buscando aumentar su prestigio militar, controlar el territorio e incorporar a Roma las zonas mineras del noroeste peninsular. En el 19 a.C. se inició la Pax Romana.

3. Organización administrativa y la ciudad romana

Hispania siguió la división administrativa del modelo romano. Durante la República se dividió en Hispania Citerior e Hispania Ulterior. En tiempos de Augusto se organizó en Tarraconensis, Bética y Lusitania. En tiempos de Diocleciano se añadieron Carthaginensis y Gallaecia, y por último, en el siglo IV se creó la provincia Baleárica.

Existían dos tipos de provincias:

  • Senatoriales (más pacíficas), controladas por el Senado.
  • Imperiales, que dependían del emperador y contaban siempre con presencia del ejército.

Al frente de cada provincia había un gobernador (cónsul), y existía también un consejo encargado de los asuntos administrativos, jurídicos, militares y fiscales. Las provincias se dividían en conventus, circunscripciones con funciones judiciales y fiscales.

La ciudad fue la base territorial y administrativa. Se aprovecharon las ciudades celtibéricas ya existentes y se crearon otras nuevas. En el trazado urbano ortogonal había dos calles principales: el cardo (norte-sur) y el decumano (este-oeste), y el resto eran más estrechas. Cada ciudad constaba de un territorio rural y una urbe, que era el centro político, económico, religioso y de ocio. Para favorecer la comunicación se construyó una gran red de calzadas.

El grado de autonomía dependía del nivel de romanización. Se distinguían tres tipos de ciudades:

  • Inmunes: no pagaban impuestos.
  • Federadas: tenían un pacto con Roma.
  • Estipendiarias: pagaban impuestos especiales.

Finalmente, el Edicto de Latinidad de Vespasiano (74 d.C.) hizo que las ciudades indígenas pasaran a ser romanas, adoptando el modelo de gobierno romano.

4. La economía de la Hispania romana

Los romanos modernizaron las estructuras económicas de la península, perfeccionaron técnicas e implantaron el modelo económico esclavista.

Agricultura

La propiedad era de titularidad estatal (ager publicus), pero se produjo un proceso paulatino de privatización y concentración de tierras, que favoreció la formación de grandes latifundios explotados mediante el sistema de villas. La producción se caracterizó por los cultivos de secano como el trigo, la vid y el olivo (tríada mediterránea), y por los cultivos de regadío en el valle del Guadalquivir. Se introdujeron nuevas técnicas y herramientas, como el arado romano, la explotación por parcelas regulares y el molino.

Ganadería

Destacaron la cabaña ovina y la cría del caballo.

Artesanía

Estaba ligada a la agricultura, destacando la producción de cerámica, salazones, esparto, garum, armas y textiles de lino.

Comercio

Era principalmente interno, aunque también se produjo exportación de productos desde los puertos de Tarraco, Carthago Nova y Gades.

Minería

Las minas pertenecían al Estado, que las arrendaba a compañías o las explotaba directamente el emperador. El trabajo lo realizaba mano de obra esclava. Destacan las minas de plata de Cástulo (Linares) y Carthago Nova, las de oro de la cuenca del Sil (Las Médulas), las de mercurio de Almadén, las de cobre de Huelva y las de estaño de la costa gallega.

5. Las estructuras sociales hispanorromanas

En los primeros años se distinguía entre ciudadanos romanos e indígenas. A partir del Edicto de Vespasiano, la sociedad empezó a parecerse más a la romana.

Ciudadanos privilegiados

Tenían un alto estatus económico y acceso a las principales magistraturas.

  • Orden senatorial: aristocracia dominante, formada por grandes familias patricias y plebeyas enriquecidas, que ostentaban el poder político.
  • Orden ecuestre: antiguos equites (antiguos militares), caracterizados por su dedicación a los negocios.
  • Orden decurional: también de origen militar, con cierto estatus económico y prestigio, pero solo en los municipios. Procedían de la aristocracia de los pueblos sometidos (duunviros, ediles, cuestores).

Ciudadanos no privilegiados

Tenían plenos derechos como ciudadanos. Entre ellos se encontraban los pequeños propietarios de tierras, los proletarii (comerciantes, artesanos…) y los libertos (antiguos esclavos que habían alcanzado la manumisión, pero mantenían ciertas obligaciones con sus antiguos dueños).

No ciudadanos

  • Extranjeros (peregrini) e indígenas: tenían algunos derechos y muy poca participación política.
  • Esclavos (servi): eran prisioneros de guerra o personas endeudadas. Se consideraban propiedad y no tenían derechos.
  • Mujeres: debían estar legalmente tuteladas por un varón.

6. El legado cultural

El latín se impuso como lengua y sustituyó a las lenguas prerromanas (salvo el vascuence). Otro aspecto que se impuso fue el derecho romano, que sobrevivió a la caída del Imperio y dio lugar a nuevos códigos legislativos, como el Fuero Juzgo (fusión de derecho romano y germano).

Los romanos toleraban los cultos indígenas a cambio del respeto al culto al emperador. También era obligatorio el culto a la tríada capitolina (Júpiter, Juno y Minerva). Los cristianos, al negarse, fueron declarados enemigos del Estado. Con Constantino el cristianismo pasó a ser legal y, con Teodosio I, se convirtió en religión oficial, prohibiéndose otros cultos.

U2. Evolución política de Al-Ándalus

1. La conquista y el emirato dependiente (711-756)

Las expediciones musulmanas comenzaron en el 710, en la segunda fase de la expansión del Islam. En el 711, los partidarios del difunto rey visigodo Witiza pidieron ayuda a los musulmanes del norte de África para luchar contra don Rodrigo. Muza, Tariq y Abd al-Aziz cruzaron la península con tropas árabes y bereberes. Tras la derrota visigoda en Guadalete, se realizaron expediciones con un ejército formado por árabes y bereberes.

La rapidez de la conquista se debió a:

  • La debilidad del reino visigodo por las luchas internas por el trono.
  • La utilización de pactos de capitulación, como los firmados por el noble Teodomiro en Murcia: pactos de sumisión (sulh) y de rendición (ahd).
  • La tolerancia religiosa a cambio del pago del yizya.
  • La pasividad de la mayor parte de la población.

El avance continuó, pero los musulmanes fueron derrotados en Covadonga (722) y por Carlos Martel en Poitiers (732).

Al-Ándalus comprendía el territorio al sur de los Pirineos y del Sistema Central. Entre la cordillera Cantábrica y el Sistema Central se extendía la denominada tierra de nadie. Tras la marcha de Muza y Tariq, la península quedó bajo el control del walí, dependiente del emir del norte de África y del Califato omeya de Damasco, y después solo del omeya, con capital en Sevilla y más tarde en Córdoba.

En el 750 cayeron los omeyas, asesinados en Damasco y sustituidos por los abasíes, cuya nueva capital fue Bagdad. Abderramán I fue el único superviviente de la familia; tras cinco años de estancia en el norte de África, regresó a Al-Ándalus, donde consiguió hacerse con el poder.

2. El emirato independiente (756-929)

Abderramán I fundó el Emirato de Córdoba. Él, su hijo Hisam I y su nieto Al-Hakam I sentaron las bases de su consolidación mediante:

  • La legitimación de su poder, la confiscación de tierras y bienes y una creciente presión fiscal (impuestos primero solo para los mozárabes, pero después también para los muladíes).
  • La centralización administrativa, dividida en 22 coras gobernadas por un walí, auxiliado por un qaid en las marcas. A su vez, las provincias se dividían en iqlim.
  • La creación de un ejército de mercenarios y el aumento de las razzias.
  • La promoción y difusión del integrismo religioso.

Con Abderramán II, fundador de Murcia en el 825, se produjeron conflictos en las marcas, revueltas muladíes y altercados con mozárabes y muladíes. La muerte de este coincidió con una crisis política de 60 años, durante la cual los cristianos avanzaron hasta la línea del Duero (tierra de nadie). Con Mohammad I se produjo la fitna, la primera guerra civil entre los musulmanes.

3. El califato de Córdoba (929-1031)

En el año 929, Abderramán III se autoproclamó califa. Frenó las revueltas en las marcas, sofocó la rebelión interna de Ibn Hafsun (Bobastro) y de Marwan (Mérida), fortaleció su poder exterior y conquistó Ceuta, Melilla y Tánger. También realizó una reforma del Estado: actuó como un auténtico autócrata, la corte estuvo encabezada por los visires y el hachib, gozó de una buena situación económica y la centralización administrativa permitió intensificar las razzias, convirtiendo a los reinos cristianos en tributarios que pagaban las parias.

Al-Hakam II mantuvo el dominio militar, y el esplendor cultural de Córdoba alcanzó su punto culminante.

Tras la muerte de Al-Hakam II se produjo una pérdida de poder efectivo de los califas, que conservaron solo un poder simbólico. Quien realmente gobernó fue Al-Mansur, hachib con poder político y militar, que llevó a cabo 55 campañas contra los cristianos. Tras su muerte, el califato entró en una larga crisis interna que llevó a que, en el 1031, se diera por extinto tras una asamblea de notables, quedando dividido en 22 taifas.

4. El reino nazarí de Granada

Terceras taifas (1246-1492)

Durante el siglo XIII, una ofensiva cristiana acabó con casi todos los reinos taifas. Solo sobrevivió Muhammad I (dinastía nazarí), que controló Málaga, Granada y Almería tras entregar Jaén y Córdoba.

Fernando III lo admitió como vasallo y aceptó su soberanía sobre el reino de Granada. Esto le permitió cobrar tributos y enviar al reino población musulmana de las zonas conquistadas.

Factores de su supervivencia

  • Factores internos: el control del sistema bético, la eficaz gestión interna del territorio, la enorme potencia demográfica gracias a los refugiados del norte (que impulsaron la industria del regadío y la producción sedera) y las reducidas minorías cristianas y judías, que favorecían la estabilidad.
  • Factores externos: la habilidad de su diplomacia tanto con los reinos cristianos como con los benimerines africanos, y los problemas internos de los territorios cristianos, que se beneficiaban de los impuestos recaudados.

Esplendor y caída

El periodo de máximo esplendor se produjo en el siglo XIV, con Yusuf I y Muhammad V, y con la construcción de la magnífica Alhambra.

Posteriormente sobrevino una crisis política por cuestiones sucesorias que, sumada a la alianza de las coronas de Castilla y Aragón, terminó en 1492 con la conquista por los Reyes Católicos y la rendición de Boabdil.