La Revolución de 1868 y la I República en España

1.1. La Revolución de 1868

El régimen de los moderados y la propia Isabel II, que siempre les había apoyado, eran cada vez más impopulares. Progresistas y demócratas se habían unido en el Pacto de Ostende (1866) para derribar a Isabel II e implantar un sistema democrático basado en el sufragio universal. En 1867 se sumaron a este pacto los unionistas (Unión Liberal). Los progresistas habían quedado marginados del poder desde la etapa del Bienio Progresista (1854-1856). La crisis económica (agraria, financiera e industrial) iniciada en 1866 acrecentó el descontento de la población.

La revolución estalló en septiembre de 1868. El pronunciamiento militar lo inició en Cádiz el almirante Topete (unionista). El cerebro de la conspiración fue el líder de los progresistas Juan Prim. Se dio a conocer al país el Manifiesto “España con honra” con el propósito de desencadenar en todo el país una auténtica revolución. Efectivamente, la revolución popular, dirigida por los progresistas y los demócratas, que constituyeron las Juntas Revolucionarias y crearon los Voluntarios de la Libertad, se extendió por todo el país.

1.4. El Reinado de Amadeo I (1871-1873)

El día de la llegada de Amadeo a España (30 de diciembre de 1870) moría el general Prim, víctima de un atentado. El reinado de Amadeo representó el fracaso de la monarquía democrática. En ello tuvo mucho que ver la ausencia de Prim, el principal promotor de su llegada y el hombre que mantenía unidos a los progresistas y a la coalición gubernamental. Los principales problemas del reinado fueron: la falta de apoyos a la nueva monarquía, la continuación de la guerra de Cuba, el estallido de la 3a guerra carlista (1872-1876), los levantamientos republicanos de 1872, y el desarrollo del movimiento obrero, sobre todo de las ideas anarquistas. La desintegración de la coalición gubernamental (progresistas, unionistas, demócratas) dejó al rey sin el apoyo necesario para hacer frente a los graves problemas del país. Amadeo de Saboya presentó su renuncia al trono el 10 de febrero de 1873.

1.3. La Regencia de Serrano (1869-1870)

Tras aprobarse la constitución en la que se establecía la monarquía como forma de gobierno, el general Serrano fue nombrado Regente y Prim pasó a presidir un nuevo gobierno. Desechada la opción de los Borbones, se inició la búsqueda de un Rey entre las familias reales europeas. Hubo diversos candidatos (Fernando de Coburgo, el duque de Montpensier, Leopoldo de Hohenzollern y Espartero). Finalmente, las Cortes eligieron como nuevo rey a Amadeo de Saboya, hijo de Víctor Manuel II, rey de Italia, recientemente unificada. Pertenecía a una dinastía (los Saboya) con fama de liberal.

1.2. El Gobierno Provisional (1868-1869)

Quedó constituido por unionistas (Serrano en la Presidencia) y por progresistas (Prim en el Ministerio de la Guerra). Se convocaron Cortes Constituyentes. Las elecciones, que se celebraron por sufragio universal masculino, dieron la victoria a la coalición formada por progresistas, unionistas y demócratas monárquicos. En la oposición quedaron los carlistas y los republicanos, que habían formado un partido propio separado de los demócratas monárquicos. Las Cortes Constituyentes elaboraron la Constitución de 1869, de carácter democrático, cuyas características son:

  • La soberanía nacional
  • La monarquía democrática
  • La división de los tres poderes

Las Cortes se convertían en la institución principal. Desempeñaban el poder legislativo. Eran bicamerales, formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado. El ejecutivo era desempeñado por el gobierno que debía contar con el apoyo de las Cortes. Se aseguraba así el funcionamiento de un verdadero sistema parlamentario.

– El sufragio universal masculino era la gran novedad.

– Una amplísima declaración de derechos (libertad de prensa y los derechos de reunión y el de asociación).

– La libertad de culto que puso en contra del gobierno a la Iglesia.

También de esta época es la implantación de la peseta como unidad monetaria siendo ministro de Hacienda Laureano Figuerola. El Gobierno provisional tuvo que hacer frente al estallido de la Guerra de Cuba (1868- 1878) (“la Guerra de los Diez Años”). La oposición de los hacendados españoles a abolir la esclavitud en Cuba dificultó una posible solución pacífica al conflicto.

1.5. La I República (1873-1874)

Las Cortes proclamaron la I República el 11 de febrero de 1873 ante la imposibilidad de buscar un nuevo rey. La 1 República consta de dos fases:

  • La República Federal (1873). Ésta tuvo cuatro presidentes: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar.
  • La República autoritaria (1874) del general Serrano.

La República Federal (1873) Cuando la República fue proclamada los republicanos contaban con un escaso apoyo. Su principal apoyo eran las clases medias y bajas urbanas, en tanto que los campesinos y obreros se sentían más atraídos por las ideas anarquistas. Además, los sectores conservadores se convirtieron en sus principales enemigos. Por si fuera poco, los propios republicanos estaban divididos: republicanos unitarios y republicanos federalistas. Los gobiernos republicanos emprendieron una serie de reformas importantes:

  • Se inició la elaboración de una nueva Constitución. No llegaría a aprobarse. Es el proyecto constitucional de 1873 que establecía una República Federal.
  • Reducción edad de voto a los 21 años.
  • Separación de la Iglesia y el Estado. Este dejó de subvencionar a la Iglesia.
  • Reglamentación del trabajo infantil. Prohibición de emplear a niños de menos de diez años en fábricas y minas.

Los cuatro problemas más graves que afrontó la República del 73 fueron:

  • La Tercera guerra carlista (1872-1876)
  • El cantonalismo
  • La guerra de Cuba
  • Las conspiraciones militares alfonsinas

La república autoritaria (1874). El 4 de enero de 1874 el general Pavía llevó a cabo un golpe de Estado entrando con sus tropas en las Cortes. Tras este golpe, el general Serrano presidió un gobierno, formado por una coalición de unionistas y progresistas. Se suspendió la Constitución de 1869 y se disolvieron las Cortes. Esto significaba de hecho el fin de la I República.

2. LA ECONOMÍA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XIX

La agricultura sufrió importantes transformaciones: la abolición del régimen señorial, la supresión de los mayorazgos y sobre todo las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz. Se liberalizó la agricultura, se acabó con las propiedades amortizadas de las tierras (“manos muertas”) típicas del Antiguo Régimen y se sentaron las bases de una agricultura capitalista. El progresista Juan Álvarez de Mendizábal fue ministro de Hacienda y después jefe del Gobierno. A él se debió la desamortización eclesiástica de 1836, conocida como desamortización de Mendizábal.

La industrialización se inició en España de forma tardía en comparación con otros países europeos. Este atraso se puede explicar por la escasez de carbón y de materias primas; el atraso tecnológico y la dependencia del capital exterior, el estancamiento de la agricultura y la inestabilidad política y la pérdida del mercado colonial.

La expansión del tendido ferroviario fue un factor clave de modernización como en el resto del mundo. España llegó con retraso al nuevo medio de transporte y la primera línea fue la construida entre Barcelona y Mataró en 1848. Tras la Ley General de Ferrocarriles en 1855 tuvo lugar un verdadero «boom» del ferrocarril. En 1865 la red alcanzó los 5.000 kilómetros de extensión. Se creó una red radial de ferrocarriles con centro en Madrid.

La política comercial fue en general proteccionista. Las leyes arancelarias de 1841 y 1849 favorecieron los intereses de los industriales del textil catalán y de los terratenientes castellanos cultivadores de trigo. Sólo durante el Sexenio Democrático se intentó una política librecambista con el arancel Figuerola de 1869. La Restauración significó de nuevo la vuelta al proteccionismo con la ley arancelaria de 1875. En el terreno financiero este período se caracteriza por las dificultades de la Hacienda estatal agobiada por la Deuda Pública. Destaca la reforma del sistema fiscal elaborada por el Ministro de Hacienda Alejandro Mon.

3. LA SOCIEDAD ESPAÑOLA EN EL SIGLO XIX:

Las clases altas: aunque perdió su hegemonía, la alta nobleza del Antiguo Régimen siguió teniendo gran poder e influencia durante todo el siglo. Esta nobleza salió bien parada de la revolución liberal, pues la mayor parte mantuvo su patrimonio o lo aumentó con la compra de bienes desamortizados. Una nueva nobleza, La alta burguesía poseía grandes patrimonios e incluía a aquellos grupos que se dedicaban a los negocios.

Las clases medias: Aunque crecían, eran todavía poco numerosas en el siglo XIX. Abarcaban una gran variedad de situaciones. Había una clase media rural, formada por labradores propietarios, y una clase media urbana, más numerosa.

Las clases populares constituían el resto de la población. Diferenciamos:

  • El campesinado: Durante el siglo XIX, la mayor parte de la población, un 66% aproximadamente, vivía en el medio rural
  • Las clases bajas urbanas: Aunque la población urbana era escasa en la España del XIX (33% en 1900), su papel era fundamental. Las clases bajas urbanas se dedicaban al sector servicios.
  • Por último, se encontraban las clases marginales: los mendigos, pobres, vagos, vagabundos, maleantes y prostitutas. Los orígenes del movimiento obrero en España. la débil y muy localizada industrialización española explica la debilidad del movimiento obrero hasta el Sexenio Democrático. Se calcula que en 1860 había en torno a ciento cincuenta mil obreros industriales en el país, más de la mitad de los cuales vivía en Cataluña

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