La Transición Española: El Segundo Gobierno de UCD y el Desafío Democrático (1979-1982)

Las elecciones de 1979 y el segundo gobierno de UCD

Como prometía Suárez al aprobarse la Constitución, convocó elecciones para marzo de 1979. La oferta política fue mucho menor que en la consulta anterior. Aumentó, en cambio, la abstención, siendo interpretada como una muestra del desencanto ciudadano, fruto de la crisis económica y del clima de tensión generado por el terrorismo. La incapacidad del Gobierno para resolver los problemas del país había desilusionado a los españoles que, sin embargo, volvieron a repetir casi los mismos resultados de las elecciones de 1977, dando la victoria a UCD.

Las elecciones municipales y el triunfo de la izquierda

El primer reto del gobierno formado por Suárez tras su triunfo consistió en afrontar las elecciones municipales, que se hacían urgentes al estar los ayuntamientos en manos de autoridades no elegidas democráticamente. UCD volvió a ser el partido más votado; pero el PSOE ascendió de tal modo que, tras un pacto con el PCE, consiguió arrebatar las alcaldías de las más importantes ciudades, entre ellas, Madrid y Barcelona.

Los primeros Estatutos de Autonomía

Suárez dedicó serios esfuerzos para llegar a un acuerdo con los nacionalistas vascos respecto a su Estatuto. El PNV, que se había abstenido en el referéndum constitucional, decidió en esta ocasión negociar el ansiado Estatuto de Autonomía. Después de duras conversaciones, en julio de 1979 Adolfo Suárez acordó el texto con Carlos Garaikoetxea, presidente del Consejo General Vasco (organismo preautonómico donde se reunía Suárez con los nacionalistas para negociar el Estatuto) y del PNV. Los resultados electorales de marzo habían ratificado la hegemonía del nacionalismo moderado (PNV) y apuntaban un ascenso importante de Herri Batasuna (nacionalismo de izquierdas). También se llevaron a cabo estatutos de autonomía en Cataluña, Galicia y Andalucía.

El sentimiento autonomista

A imitación de los nacionalistas catalanes y vascos, los líderes regionales de los partidos ahondaron en la historia particular de cada comunidad en busca de raíces y argumentos que legitimasen las pretendidas aspiraciones de autogobierno de las regiones. Hostigada por la oposición, UCD anunció que daría salida a todos los procesos autonómicos por el artículo 143 de la Constitución, en lugar de hacerlo por la vía rápida del 151, que había encauzado las autonomías históricas catalana y vasca.

A su vez, en el interior de UCD se levantaban dos frentes:

  • El de los partidarios de restringir las transferencias autonómicas.
  • El de los defensores del “café para todos”, que exigían la generalización del proceso iniciado en Cataluña y el País Vasco a todo el Estado.

A Suárez tampoco le faltaron críticas de nacionalistas catalanes y vascos, temerosos de que se pretendiese utilizar la concesión de autonomía a regiones donde no tenía arraigo para rebajar las suyas. Un nuevo Ministerio de Administración Territorial se encargaría a partir de las elecciones de 1979 de supervisar las transferencias de poder del Estado a las regiones y nacionalidades.

Otros problemas: crisis económica y terrorismo

A causa de la crisis económica, la política de pactos se hizo cada vez más necesaria y, a comienzos de 1979, los sindicatos firmaban con la patronal un acuerdo marco que pretendía mejorar la estabilidad social. Pero la crisis económica empeoró notablemente las condiciones de vida de amplias capas populares.

Por su parte, ETA seguía sin aceptar los cambios democráticos recogidos en la Constitución, y en el año de su aprobación (1978) llevó a cabo numerosos atentados (contra personajes del orden público) que ocasionaron 65 víctimas mortales. La ultraderecha también ocasionaba muertes de gran trascendencia en un intento de contrarrestar a ETA. En el quinto aniversario de la muerte de Carrero Blanco, el máximo dirigente de ETA, “Argala”, caía en su refugio de Francia, víctima del autodenominado Batallón Vasco Español.

Entre tanto, sectores minoritarios alimentaban en el País Vasco la lucha armada en forma de atentados terroristas, a los que se añadían los provocados por la ultraderecha y por un extraño grupo de activistas aparentemente de extrema izquierda, el GRAPO. Durante 1981, los rumores sobre insoportables presiones militares para destituir a Suárez adquirieron gran intensidad, mientras en los cuarteles se le acusaba de romper España con su política autonómica y de no atajar el terrorismo.

Las disensiones en UCD y la dimisión de Adolfo Suárez

A lo largo de 1980, Suárez no había tenido más remedio que cambiar tres veces su gobierno. El hombre que había demostrado dotes excepcionales para la negociación con sus opositores parecía naufragar como líder de su partido. En mayo, la estrategia socialista de acoso a UCD, aunque no consiguió hacer triunfar su moción de censura, erosionaba gravemente la imagen de Suárez en la opinión pública. Después del verano, el proyecto del Gobierno de legalizar el divorcio reavivó la crisis de UCD, donde el sector democristiano se oponía frontalmente al socialdemócrata para impedir su aprobación. Cansado de las tensiones internas, distanciado de la patronal y también de la Iglesia, por discrepancias en materia educativa, el 29 de enero de 1981 Adolfo Suárez hacía pública su renuncia a la presidencia de Gobierno, queriendo dar a entender que la democracia podía estar en peligro.

El gobierno de Calvo Sotelo y el 23-F

Para evitar el riesgo de un vacío de poder, el comité ejecutivo de UCD se reunió urgentemente y nombró candidato a la presidencia del Gobierno a Leopoldo Calvo Sotelo, ministro en todos los gabinetes de Suárez.

El golpe de Estado

El 23 de febrero de 1981 el golpe de Estado se hacía realidad. El coronel Tejero, a la cabeza de un destacamento de guardias civiles, entró en el Congreso y mantuvo como rehenes a los diputados, esperando a una autoridad. A su vez, los tanques del capitán general Milans del Bosch tomaban Valencia. Sin embargo, la rápida intervención del Rey hizo fracasar el pronunciamiento y reforzó considerablemente su legitimidad, al aparecer ante los españoles como el salvador de la democracia.

El desgaste del gobierno y la crisis de UCD

En mayo de 1981 el Gobierno veía como los hospitales se llenaban de pacientes con el “síndrome tóxico”, que causaría casi mil muertos, a causa de un aceite de colza adulterado. Asimismo, el frágil Gobierno de UCD tuvo que afrontar su responsabilidad en la muerte de tres jóvenes en Almería, tras ser detenidos por la Guardia Civil al confundirlos con miembros de ETA.

A su vez, UCD aprobó una progresista Ley de Divorcio, provocando la indisciplina parlamentaria del ala democristiana de su partido y la indignación de la jerarquía de la Iglesia. Calvo Sotelo no era capaz de controlar a su partido. UCD perdió en un año la tercera parte de sus diputados y dio paso a cuatro formaciones distintas. Hasta su mismo fundador, Suárez, la abandonó, para crear el Centro Democrático y Social (CDS).

A pesar de todo, Calvo Sotelo consiguió meter a España en la OTAN, decisión que aumentó la impopularidad del gobierno ante la opinión pública, que, entregada al PSOE, pedía a gritos un cambio de política. Cansado de las escisiones de su partido, Calvo Sotelo no esperó a agotar la legislatura, sino que adelantó las elecciones a octubre de 1982.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *