Revolución francesa: origen
Revolución francesa: origen: la revolución puso fin al Antiguo Régimen.
Causas
- Descontento social: burguesía, campesinos y otros sectores populares estaban insatisfechos con la estructura social y los privilegios del clero y la nobleza.
- Crísis económica: desde 1760 hubo malas cosechas y una crisis financiera real por los elevados gastos estatales; además, los privilegiados no pagaban impuestos.
- Ideas ilustradas: las ideas de la Ilustración cuestionaron el absolutismo y sirvieron de base ideológica.
- Debilidad real: Luis XVI perdió apoyos entre diversos grupos populares y políticos.
- En 1787 el rey convocó una asamblea de notables para que los privilegiados pagaran impuestos, pero se negaron y pidieron que se convocaran los Estados Generales.
Estados Generales y Asamblea Nacional (1789)
En mayo de 1789 los Estados Generales se reunieron en Versalles. Allí cada estamento redactó su cuaderno de quejas con sus reivindicaciones. La nobleza y el clero votaban por estamento y el Tercer Estado votaba por persona.
En junio, los representantes del Tercer Estado pasaron a llamarse Asamblea Nacional, ya que eran los únicos con legitimidad para representar a Francia. Después, en la Sala del Juego de la Pelota, juraron permanecer unidos hasta que Francia lograra una Constitución. Por eso la Asamblea Nacional pasó a llamarse Asamblea Constituyente.
Asamblea Constituyente (1789–1791)
El 14 de julio de 1789 el pueblo de París asaltó la Bastilla, una fortaleza medieval convertida en símbolo del absolutismo. En las zonas rurales atacaron los castillos de los nobles y quemaron los títulos de propiedad de los señores. Esta revuelta se llamó el Gran Miedo.
El 4 de agosto la Asamblea Constituyente abolió los derechos feudales y, más tarde, aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, en la que se reconocían y garantizaban las libertades personales, la igualdad ante la ley y el derecho a la propiedad. Ambos decretos supusieron el fin del absolutismo y el triunfo de la revolución liberal.
En septiembre de 1791 se promulgó la Constitución. Se reconocían la soberanía nacional y los derechos fundamentales de los ciudadanos. Se estableció una monarquía parlamentaria como forma de gobierno, con división de poderes: el poder legislativo en la Asamblea, tribunales independientes y el poder ejecutivo en el rey. No obstante, el rey podía vetar las leyes. La Asamblea se elegiría por sufragio restringido (varones mayores de 25 años y con determinada renta).
Asamblea Legislativa (1791–1792)
Tras las elecciones, en octubre de 1791 se constituyó la Asamblea Legislativa, que tuvo que hacer frente a la oposición del clero y la nobleza, que se resistían a perder sus privilegios, y a la del propio monarca. Muchos privilegiados emigraron y criticaron la revolución desde el exterior.
Las monarquías europeas se sintieron amenazadas por las ideas revolucionarias de Francia. Por eso, en abril de 1792 Austria y Prusia declararon la guerra a Francia.
Otros grupos consideraban que las reformas eran insuficientes. Entre los revolucionarios radicales destacaron los jacobinos, apoyados por los sans-culottes. En agosto de 1792, el pueblo de París, que culpaba al rey de las primeras derrotas francesas, asaltó el Palacio de las Tullerías, residencia de los reyes, y el monarca fue destituido por la Asamblea.
Convención y la fase girondina (1792–1793)
La revuelta de agosto de 1792 forzó nuevas elecciones. De ellas nació una asamblea llamada Convención Nacional, que abolió la monarquía. El ambiente al comienzo de la República marcó el camino hacia la fase radical y popular de la revolución.
Los grupos con más fuerza en la Convención eran los girondinos, republicanos moderados que controlaron la asamblea inicialmente, y los jacobinos o montañeses, más radicales.
La Convención condenó a Luis XVI por traición, y el 21 de enero de 1793 fue ejecutado en la guillotina. Esta medida provocó la declaración de guerra del resto de potencias europeas, que formaron la Primera Coalición contra Francia. Además, se produjo un levantamiento realista y ultracatólico en la región francesa de La Vendée. En este ambiente se radicalizó la revolución.
Convención montañesa y el Terror (1793–1794)
El temor a la derrota de la revolución provocó un golpe de Estado de los sans-culottes contra los girondinos en junio de 1793. Los montañeses, dirigidos por Maximilien Robespierre, se hicieron con el poder.
Los montañeses aprobaron una Constitución democrática en 1793 que reconocía la soberanía popular y el sufragio universal masculino. Robespierre asumió responsabilidades de mando y, en la práctica, instauró una dictadura revolucionaria. La amenaza militar en el exterior y el deseo de frenar a los contrarrevolucionarios en el interior sirvieron como pretexto para implantar el Terror.
El Terror
Cualquier persona sospechosa de no apoyar la república podía ser juzgada y condenada a muerte en la guillotina, incluso sin pruebas. Unas 50.000 personas fueron ejecutadas o murieron como consecuencia de las represiones durante el Terror.
Robespierre intentó frenar la crisis económica con el establecimiento de precios máximos para los artículos de primera necesidad. También se limitaron los salarios, lo que llevó a enfrentamientos con los sans-culottes. Asimismo, se implantó un nuevo calendario revolucionario.
Poco a poco, Robespierre fue perdiendo apoyos. En julio de 1794 los revolucionarios moderados detuvieron a Robespierre y a sus seguidores, que fueron guillotinados.
El Directorio y el fin de la revolución (1795–1799)
Para evitar una nueva dictadura, se implantó un gobierno moderado que aprobó la Constitución de 1795 o del Año III. En ella se reconocían la soberanía nacional, el sufragio censitario y la división de poderes: el legislativo en dos cámaras (Consejo de los 500 y Consejo de los Ancianos) y el ejecutivo en un Directorio integrado por cinco miembros.
El nuevo régimen tuvo que hacer frente a diversas conspiraciones. En la Conjura de los Iguales, Gracchus Babeuf y sus seguidores intentaron derrocar al Gobierno e imponer una sociedad igualitaria, pero fueron juzgados y ejecutados.
Por otra parte, los realistas pensaron que era hora de intentar restaurar a los Borbones y provocaron una revuelta, que fue frenada por Napoleón Bonaparte, encargado de la guarnición de París. Su actuación le hizo muy popular y, temiendo su creciente influencia, el Directorio lo envió a luchar en Italia.
En la campaña de Italia de 1796, Napoleón terminó con la Primera Coalición. En 1799 comenzó de nuevo la guerra. Napoleón, apoyado por la alta burguesía, dio un golpe de Estado el 18 de Brumario (9 de noviembre de 1799) y estableció el Consulado, en el que el poder lo ejercían tres cónsules: Napoleón, Ducos y Sieyès.
