Crisis y colapso del sistema liberal: De la Restauración a la Segunda República

El ocaso del sistema de la Restauración (1902-1923)

El sistema político de la Restauración, cimentado en la Constitución de 1876, entró en una fase de agonía irreversible a partir de 1902, marcada por la incapacidad de los partidos dinásticos para integrar a las nuevas fuerzas sociales. El acceso al trono de Alfonso XIII en 1902 coincidió con una fase de crisis permanente del sistema canovista, incapaz de adaptarse a una sociedad que exigía el fin del caciquismo.

El Regeneracionismo y la inestabilidad social

El Regeneracionismo se convirtió en la bandera de los nuevos líderes, destacando Antonio Maura (Conservador), quien intentó una «revolución desde arriba» para evitar una «revolución desde abajo». Su proyecto estrella fue la Ley de Administración Local y la Ley Electoral de 1907, con las que pretendía dignificar el voto y movilizar a las «masas neutras» frente a las oligarquías rurales. Sin embargo, su autoritarismo y la aprobación de la Ley de Jurisdicciones, que ponía bajo justicia militar las ofensas a la patria, caldearon el ambiente. La explosión definitiva ocurrió con la Semana Trágica de Barcelona en 1909, una revuelta antimilitarista y anticlerical provocada por el envío de reservistas a Marruecos. La durísima represión, que culminó con el fusilamiento de Ferrer i Guàrdia, provocó una ola de indignación internacional y la caída de Maura bajo el lema «¡Maura no!».

El reformismo liberal y la crisis de 1917

Tras el fracaso conservador, José Canalejas (Liberal) asumió el liderazgo con un espíritu más abierto y reformista. Intentó la secularización del Estado mediante la «Ley del Candado», que prohibía la implantación de nuevas órdenes religiosas, y buscó la justicia social sustituyendo el odiado impuesto de consumos por uno progresivo sobre las rentas urbanas. No obstante, su asesinato en 1912 truncó el último intento serio de reforma desde dentro del sistema.

El año 1917 marcó el punto de no retorno con un triple desafío al Estado:

  • Juntas de Defensa: Revelaron un ejército dividido y descontento.
  • Asamblea de Parlamentarios: Liderada por la Lliga Regionalista, desafió la legitimidad de las Cortes.
  • Huelga General Revolucionaria: Convocada por la UGT y el PSOE, paralizó el país.

El Trienio Bolchevique y el fin del sistema

En el tramo final (1919-1923), el país se sumergió en una espiral de violencia conocida como el «Trienio Bolchevique». La patronal respondió con el pistolerismo y la «Ley de Fugas». En este contexto, se produjo el Desastre de Annual (1921), cuya investigación cristalizó en el Expediente Picasso. Ante el miedo a una democratización real, el general Miguel Primo de Rivera dio un golpe de Estado el 13 de septiembre de 1923, vinculando el destino de la monarquía al de la dictadura.

La Segunda República: Polarización y camino a la guerra

La disgregación de las izquierdas favoreció la victoria de una coalición de derechas formada por los Radicales de Lerroux y la CEDA de Gil Robles. Alejandro Lerroux inició el llamado bienio radical-cedista, un periodo marcado por la reversión de las reformas anteriores y la colocación en puestos clave de militares como Mola, Franco y Goded.

La Revolución de Octubre de 1934

La respuesta de la izquierda fue la Revolución de Octubre de 1934, impulsada por Largo Caballero. Como movimiento nacional fue un fracaso, triunfando solo en Asturias, donde la intervención del ejército al mando de Franco provocó un levantamiento de dimensiones de guerra civil. En Barcelona, la insurrección fue dirigida por Companys, presidente de la Generalitat.

El Frente Popular y el estallido del conflicto

Tras el escándalo del estraperlo, se convocaron elecciones en 1936. La izquierda se unió en el Frente Popular, obteniendo la mayoría. Con Azaña como presidente, la tensión social alcanzó su límite. El asesinato del teniente Castillo y, posteriormente, del diputado José Calvo Sotelo, sirvió como pretexto para el alzamiento militar del 17 y 18 de julio de 1936, haciendo la guerra inevitable.

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