Oposición y Crisis de la Restauración Borbónica: De la Inestabilidad de 1917 a la Dictadura de Primo de Rivera

1.3. Las fuerzas políticas de oposición: republicanos, nacionalistas, socialistas y anarcosindicalistas

Republicanos: Los viejos líderes del republicanismo español habían desaparecido, siendo sustituidos por otros como Alejandro Lerroux y Vicente Blasco Ibáñez, quienes lograron atraer a sectores de las clases medias urbanas.

  • El Partido Republicano Radical: Fundado por Alejandro Lerroux en 1908 con el propósito de movilizar a la clase obrera de Barcelona y constituir un partido de masas alejado de tentativas insurreccionales.
  • El Partido Reformista: Fundado en 1912 por Melquíades Álvarez y Gumersindo de Azcárate. Era una versión más moderada del republicanismo y pretendía una renovación del sistema político. En un principio, se incorporaron a él prestigiosos intelectuales como Benito Pérez Galdós, José Ortega y Gasset y un joven Manuel Azaña.

Movimiento obrero: Recurría a la acción directa, es decir, a entenderse directamente con los patronos al margen del marco legal vigente, sin aceptar la mediación estatal. Teniendo en cuenta que los ugetistas (UGT) y los cenetistas (CNT) diferían en métodos y en medios de acción revolucionaria, su actividad marchó de forma paralela y solo ocasionalmente, como veremos a continuación, de forma conjunta.

Nacionalismo: El nacionalismo catalán, tras el impacto de la Semana Trágica, mantuvo una estrategia permanente de implicación en la vida política de la Restauración, lo que supuso su presencia activa en la vida parlamentaria e incluso la entrada en varios gobiernos de la monarquía. En cuanto al nacionalismo vasco, tras la muerte de Sabino Arana en 1903, el PNV inició una etapa de continua expansión y consiguió éxitos electorales, logrando convertirse en 1911 en la primera fuerza política de Bilbao y en 1923 en San Sebastián. En las demás provincias españolas con aspiraciones regionalistas, el fenómeno del nacionalismo tuvo menos incidencia. Se puede destacar en Galicia la creación de la Irmandade da Fala, que impulsó el uso del gallego desde sus sedes, y de A Nosa Terra, que se convirtió en el portavoz del nacionalismo gallego.

II. La crisis del parlamentarismo y la neutralidad en la Primera Guerra Mundial

2.1. El impacto de la Primera Guerra Mundial

El estallido de la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914 fue seguido de una declaración de neutralidad del gobierno español, encabezado por Eduardo Dato, que obtuvo un respaldo prácticamente generalizado. Las consecuencias económicas de la guerra fueron muy importantes. Tras unos meses de recesión, a partir de 1915 se produjo un auténtico boom económico al convertirse España en suministradora de los países en guerra. La guerra, en efecto, con el incremento de las exportaciones y por los problemas para importar productos deficitarios, provocó un desabastecimiento del mercado interior con el consiguiente aumento de los precios, muy fuerte durante 1916, 1917 y 1918.

2.2. La crisis de 1917

a) Las Juntas de Defensa

Se quejaban de cómo los militares con destino en Marruecos ascendían con mayor facilidad. El 1 de junio, la Junta de Infantería de Barcelona lanzaba un Manifiesto dirigido a otras guarniciones que constituía un ultimátum al gobierno para que aceptara sus reivindicaciones profesionales y económicas.

b) La Asamblea de Parlamentarios

El segundo acto de la crisis de 1917 fue la Asamblea de Parlamentarios. El gobierno no hizo caso a la petición de apertura de las Cortes y, el 19 de julio en Barcelona, se reunió una Asamblea de Parlamentarios de toda España que resultó en un fracaso. La Guardia Civil, siguiendo las instrucciones del gobierno, disolvió la Asamblea. Sin duda, el miedo a la tercera protesta —la revolución social intentada con la huelga general de agosto— contribuyó a aparcar para otro momento las propuestas rupturistas de la Asamblea de Parlamentarios.

c) La huelga general

En 1916, la UGT y la CNT acordaron trabajar juntas para obligar al gobierno a adoptar medidas contra el alza del coste de la vida, concluyendo que la huelga general era el mejor instrumento de presión. En junio, tras las Juntas de Defensa (valoradas positivamente por las organizaciones obreras), la huelga general se veía como el instrumento para constituir un gobierno provisional entre republicanos y socialistas que convocara Cortes constituyentes. Finalmente, se formó el comité de huelga, encargado de fijar su fecha y lanzar un Manifiesto al país redactado por Julián Besteiro. La huelga, sin embargo, fracasó. La Lliga desactivó la Asamblea de Parlamentarios y criticó la huelga. La ilusión de apoyo del Ejército se esfumó cuando los oficiales, al lado del gobierno y de la monarquía, lanzaron sus tropas contra los huelguistas. El 18 de agosto la huelga estaba sofocada. El gobierno actuó con dureza con un Ejército que se puso a su servicio. Es evidente que el Ejército, los parlamentarios y los obreros carecían de objetivos comunes.

2.3. La caída del régimen de la Restauración

Tras la crisis de 1917 culminó la descomposición de los partidos dinásticos. Paralelamente, las reivindicaciones autonomistas se hicieron cada vez más fuertes mientras la conflictividad social se radicalizaba, a lo que contribuyó la crisis económica que sacudió a Europa tras la Primera Guerra Mundial.

a) La inestabilidad política

Desde 1918 se inician los gobiernos de concentración que caracterizan el periodo final del régimen, con la presencia de líderes de las distintas facciones en que iban dividiéndose los partidos conservador y liberal. En concreto, Francesc Cambó fue ministro en dos de los gobiernos de Maura. Pero la Lliga, al formar parte de los gobiernos de concentración, provocó a su vez una escisión en el nacionalismo catalán, apareciendo grupos a su izquierda.

b) La conflictividad social

La crisis social, agudizada por la recesión económica y el influjo de la Revolución Rusa de 1917, favoreció el crecimiento de los sindicatos. En Vizcaya, Asturias y Madrid se producían huelgas, pero era Barcelona la que más destacaba en conflictividad social. El conflicto derivó en una auténtica «guerra social» entre patronos y obreros. Los actos terroristas y la violencia callejera, fruto del enfrentamiento entre pistoleros de uno y otro signo, sumieron a Barcelona en una espiral de violencia. Entre 1919 y 1921, el pistolerismo provocó numerosas muertes. La aplicación de la «ley de fugas» agudizó también la tensión social.

c) El «desastre» de Annual

El general Fernández Silvestre, comandante general de Melilla, decidió adentrarse hacia la parte central del Rif, feudo del líder guerrillero Abd-el-Krim. Este logró cercar a las tropas españolas en Annual. Silvestre dio la orden de retirada y, en medio del caos, el Ejército perdió 13.000 soldados, incluido el propio general. El «desastre» de Annual tuvo graves consecuencias políticas y acabó siendo una de las causas del fin del régimen parlamentario. Por decisión del gobierno, el general Picasso elaboró un expediente para averiguar lo ocurrido.

III. La dictadura de Primo de Rivera y la caída de la monarquía (1923-1931)

3.1. El golpe de Estado

Los objetivos del golpe eran acabar con el sistema parlamentario —al que Primo de Rivera tachaba de «inmoral y corrupto»—, garantizar el orden público, terminar con el separatismo y solucionar el problema marroquí. Respecto a la reacción al golpe, apenas hubo oposición. Anarquistas y comunistas fueron los únicos que se opusieron, convocando manifestaciones y huelgas, lo que sirvió de justificación al dictador para su posterior ilegalización.

3.2. Etapas de la dictadura

a) El Directorio Militar (1923-1925)

El general Miguel Primo de Rivera se presentaba como el «cirujano de hierro». Proclamó el estado de guerra durante dos años e instauró un gobierno presidido por ocho generales y un almirante bajo su propia presidencia: el Directorio Militar. Este suspendió la Constitución de 1876, disolvió las Cortes y estableció la censura de prensa. Se creó la Unión Patriótica, un partido que duró lo que la dictadura y cumplió el papel de aportar el personal político necesario.

Sobre el problema regional, Primo de Rivera se mostró muy duro con el catalanismo. Aunque inicialmente contó con la simpatía de la burguesía catalana y el catalanismo moderado de la Lliga de Cambó por haber restablecido el orden público, terminó creándose enemigos en Cataluña. La pacificación de Marruecos (tras el desembarco de Alhucemas) fue el logro más indiscutible de la dictadura.

b) El Directorio Civil (1925-1930)

Tras el éxito en Marruecos, Primo de Rivera transformó el Directorio Militar en un gobierno que incluía a civiles, como José Calvo Sotelo (ministro de Hacienda) y el conde de Guadalhorce (ministro de Fomento). En cuanto a la política económica, la dictadura se benefició de la prosperidad mundial de los «años veinte». La economía española creció: se extendió la electrificación y aumentó la producción de hierro, acero y hulla. Se crearon grandes monopolios estatales como la Compañía Arrendataria de Petróleos S.A. (CAMPSA) y la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE).

En política social, el Estado construyó «viviendas baratas», institutos, escuelas y servicios sanitarios. Para la solución de conflictos laborales se instituyeron los «comités paritarios», formados por representantes de patronos y obreros junto a un delegado gubernamental.

c) Fin de la dictadura

A partir de 1928, la oposición a la dictadura fue ganando apoyo. La Unión Patriótica carecía de popularidad real. Finalmente, cansado, desilusionado y con un monarca (Alfonso XIII) que empezaba a marcar distancias, Primo de Rivera decidió presentar su renuncia al rey el 30 de enero de 1930 y marchó a París, donde falleció dos meses más tarde.

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