Evolución política en las dos zonas y consecuencias de la Guerra Civil
Estando en marcha el sistema de la Restauración, comienza el siglo XX, inaugurado con el reinado de Alfonso XIII que derivó, tras la dictadura de Primo de Rivera y la II República, en el estallido de la Guerra Civil española (1936-1939).
La zona republicana: Revolución y fragmentación
En la zona republicana, se derrumbó el poder estatal tras la sublevación del 18 de julio y el gobierno quedó en manos de los partidos de izquierdas y de las organizaciones obreras que adquirieron el control económico e intentaron liquidar la propiedad privada. Aplicaron terror y una dura represión contra los sublevados (considerados “fascistas”). En este contexto, se fusiló a José Antonio Primo de Rivera y se produjo el asalto a la Cárcel Modelo de Madrid.
Tras la dimisión de Casares Quiroga y Martínez Barrio, José Giral formó el nuevo Gobierno y armó a las milicias de izquierdas, lo que favoreció la fragmentación del Estado republicano. Tuvo lugar una revolución social: la CNT y la UGT defendían la colectivización de industrias y servicios. La colectivización agraria afectó especialmente al este de España, aunque fue un proceso ineficaz e insatisfactorio que provocó un déficit de abastecimiento.
La República sufrió una continua división interna entre:
- Partidarios de consolidar la revolución social: Principalmente anarquistas.
- Partidarios de realizar la revolución tras ganar la guerra: PSOE y PCE.
Esta dualidad dificultó su eficacia militar. A finales de 1936, el rápido avance de los sublevados y la política internacional de No Intervención forzó a la República a formar un gobierno de coalición.
El gobierno de Largo Caballero y la crisis de mayo
De septiembre de 1936 a mayo de 1937, Largo Caballero asumió la presidencia de un gobierno compuesto por el PSOE, el PCE y partidos frente-populistas. El PNV le apoyó a cambio de la aprobación de su Estatuto de Autonomía. Se nombró a la primera mujer ministra de la historia de España, Federica Montseny, en la cartera de Sanidad.
En noviembre, el gobierno se trasladó a Valencia y la Junta de Defensa asumió la protección de Madrid. Los objetivos eran:
- Reconstruir el Estado republicano.
- Encauzar y frenar la revolución social.
- Formar el Ejército Popular.
- Reorganizar las fuerzas de seguridad y restablecer el orden en la retaguardia.
Los resultados fueron escasos en cuanto a la reconstrucción de un poder único, mientras se ensanchaban las autonomías. Además, se enfrentaron la CNT, la FAI y el POUM (trotskista), defensores de la colectivización inmediata, contra el PSOE, los republicanos y el PCE, defensores de una economía de guerra centralizada.
La pugna armada en Barcelona (mayo de 1937) desencadenó que comunistas y socialistas, con Indalecio Prieto a la cabeza, iniciasen una ofensiva contra Largo Caballero. La negativa del presidente a ilegalizar el POUM precipitó su destitución.
El gobierno de Juan Negrín
De mayo de 1937 a marzo de 1939, Juan Negrín asumió la presidencia. En política interior, trató de restablecer la autoridad central, reforzó el ejército, unificó el mando y puso fin a la revolución. El POUM fue ilegalizado y su líder, Andreu Nin, asesinado. En política exterior, buscó el apoyo de Francia y Gran Bretaña.
En abril de 1938, Negrín redactó los “Trece Puntos”, confiando en que las potencias democráticas forzaran a Franco a una paz sin represalias o en resistir hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el Pacto de Múnich y la derrota en la Batalla del Ebro frustraron toda esperanza. Finalmente, el Coronel Casado se sublevó en marzo de 1939 en Madrid, acelerando el triunfo franquista.
La zona nacional: La construcción del Nuevo Estado
Mientras tanto, el bando nacional esperaba una toma del poder inminente, pero la resistencia prolongó el conflicto. Se aplicó una fuerte represión para sembrar el terror y acabar con la resistencia. Tras la sublevación, el ejército se convirtió en el pilar del nuevo Estado. Al morir Sanjurjo, se constituyó en Burgos la Junta de Defensa Nacional, presidida por Cabanellas (julio de 1936).
Se proclamó el estado de guerra, se suprimieron los partidos del Frente Popular, se paralizó la reforma agraria y se restableció la bandera bicolor (rojo y gualda). Se designó a Francisco Franco como Generalísimo y Jefe del Estado. Sus méritos principales fueron controlar el Ejército de África y conseguir el apoyo de Hitler y Mussolini. La liberación del Alcázar de Toledo le otorgó una gran popularidad.
Unificación política e institucionalización
Para la unificación política destacó Serrano Suñer. El 19 de abril de 1937 se publicó el Decreto de Unificación, creando la Falange Española Tradicionalista y de las JONS (partido único). Se adoptó el saludo fascista, la camisa azul falangista y la boina roja de los requetés. La guerra se calificó como “cruzada religiosa”, contando con el apoyo mayoritario de la Iglesia.
En 1938, Franco nombró su primer Gobierno, aprobando la Ley de Administración Central del Estado y el Fuero del Trabajo (sindicatos verticales). Se suprimieron las libertades de reunión y prensa. En febrero de 1939, se aprobó la Ley de Responsabilidades Políticas.
Consecuencias de la Guerra Civil
La guerra provocó entre 500.000 y 600.000 muertos. Muchos republicanos se exiliaron (los “niños de la guerra” e intelectuales de la Generación del 27). Económicamente, las consecuencias fueron exorbitantes: caída de la inversión, ruina de la Hacienda pública e inflación multiplicada. Se destruyó el esfuerzo de la Edad de Plata cultural. La victoria nacional supuso el fin de la experiencia democrática y el aislamiento internacional inicial de España.
La dictadura franquista (1939-1975)
Tras la victoria se instauró un sistema autoritario y una dictadura personal. Se diferencian dos etapas principales:
- Primera Etapa (1939-1959): Consolidación del régimen y autarquía.
- Segunda Etapa (1959-1975): Desarrollo económico y debilitamiento político.
El franquismo creó una “democracia orgánica”, una ficción institucional basada en la familia, el municipio y el sindicato, apoyada en Leyes Fundamentales.
Fundamentos ideológicos y apoyos
Franco definió el régimen como anticomunista, antiparlamentario, católico y tradicionalista. Adoptó rasgos fascistas como el culto al líder (Caudillo) y el partido único. El régimen se apoyó en las “familias políticas”:
- Falange: Control social a través del Frente de Juventudes y la Sección Femenina.
- Militares: Ocuparon carteras clave de defensa.
- Católicos: Especialmente el Opus Dei en etapas posteriores.
- Monárquicos: Carlistas y juanistas.
Primera etapa (1939-1959): Autarquía y aislamiento
En política interior, el Generalísimo concentró todo el poder. Se aprobó el Fuero del Trabajo (1938) y la Ley de Cortes (1942). En política exterior, España se adhirió al Pacto Anticomintern. Durante la Segunda Guerra Mundial, Franco pasó de la neutralidad a la no beligerancia, apoyando al Eje con la División Azul.
La victoria aliada provocó el aislamiento internacional (1946). Para mejorar su imagen, el régimen promulgó el Fuero de los Españoles y la Ley de Sucesión (1947), declarando a España como Reino. El inicio de la Guerra Fría benefició a Franco por su anticomunismo, logrando el apoyo de EE. UU. y la entrada en la ONU (1955), simbolizado con la visita de Eisenhower en 1959.
Segundo franquismo (1959-1975): Desarrollismo y decadencia
Los años 60 estuvieron marcados por los ministros tecnócratas del Opus Dei. El Plan de Estabilización de 1959 puso fin a la autarquía y dio paso al “milagro económico español”. Sin embargo, aparecieron nuevos focos de oposición: el Concilio Vaticano II alejó a la Iglesia del régimen, nació ETA y crecieron los conflictos laborales.
Se intentaron reformas tímidas como la Ley de Prensa (1966) de Manuel Fraga. En 1969, Juan Carlos de Borbón fue nombrado sucesor a título de Rey. Los años 70 marcaron la decadencia final: el asesinato de Carrero Blanco (1973), la crisis del petróleo y la presión de la Marcha Verde en el Sáhara. Franco murió el 20 de noviembre de 1975, iniciando la Transición.
Sociedad y economía: De la autarquía al desarrollismo
El fracaso de la autarquía (1939-1959)
Tras la guerra, se optó por la autarquía (autosuficiencia) y el intervencionismo. En 1941 se creó el INI (Instituto Nacional de Industria). Este sistema provocó miseria, hambre y el uso de cartillas de racionamiento hasta 1952. Surgió el mercado negro (estraperlo) y una profunda ruralización social.
El desarrollismo (1959-1975)
Con el Plan de Estabilización, España entró en el circuito internacional. Se produjo una expansión industrial basada en bajos salarios, inversión extranjera y remesas de emigrantes. El turismo se convirtió en un sector clave. Los Planes de Desarrollo de López Rodó buscaron industrializar zonas mediante polos de desarrollo.
Transformaciones sociales y mentalidades
La sociedad se modernizó profundamente:
- Éxodo rural: Trasvase masivo de población a las ciudades.
- Baby boom: Crecimiento demográfico impulsado por políticas pronatalistas.
- Nueva clase media: Aparición de una sociedad de consumo (el 600, la televisión).
- Incorporación de la mujer: Inicio de su entrada en el mercado laboral y la universidad.
A pesar de la falta de libertades políticas, estas transformaciones sociales y económicas sentaron las bases para el éxito de la posterior transición a la democracia en 1978.
