1. Contexto internacional
- Asistimos a las revoluciones liberales y nacionalistas que se manifestaron por toda Europa en sucesivas oleadas (1820, 1830 y 1848).
- Estas revoluciones se extendieron por toda América Latina, culminando en los procesos de independencia política.
- Entre 1861 y 1865 se produjo la Guerra Civil en EE. UU., con el triunfo del Norte (industrial y capitalista).
- Desarrollo del nacionalismo en Europa en los años centrales del siglo XIX, que culminó en las unificaciones de Italia y Alemania.
- En este periodo se desarrolló la Revolución Industrial en Europa y, como consecuencia del desarrollo de las fábricas, surgió el movimiento obrero.
2. Antecedentes históricos inmediatos
A finales del reinado de Fernando VII (1833), se hizo evidente la crisis del régimen absolutista y la necesidad de reformas en profundidad que obligasen a los privilegiados a contribuir con sus impuestos. Sin embargo, estos eran los principales defensores del absolutismo frente al espíritu liberal surgido de las Cortes de Cádiz; así, el rey no podía atacar sus intereses sin perjudicar los suyos propios.
A ello se unió el conflicto dinástico. Fernando VII había tenido dos hijas y la Ley Sálica impedía a las mujeres reinar en España. Para garantizar el reinado de su hija Isabel, el rey dictó la Pragmática Sanción, que derogaba la ley anterior. Muchos absolutistas defendieron que la legitimidad del trono correspondía al príncipe Carlos, hermano del rey.
3. Las Guerras Carlistas
A la muerte de Fernando VII (1833), su hija y heredera Isabel contaba con tres años de edad, por lo que su madre, María Cristina, asumió la regencia. Los sectores más absolutistas apoyaron los derechos de don Carlos. Para defender el trono de su hija, la Regente buscó apoyo en los liberales. Se inició así una guerra civil que, bajo la forma de conflicto dinástico, escondía un enfrentamiento entre absolutistas (carlistas) y liberales (isabelinos).
Los focos más importantes de la insurrección carlista surgieron en el País Vasco, Navarra, Cataluña, Aragón y Valencia. La guerra se prolongó desde 1833 a 1840. El Convenio de Vergara puso fin a la guerra, pero el carlismo se mantuvo a lo largo de casi todo el siglo XIX.
4. El triunfo del liberalismo: Las Regencias
La necesidad de contar con firmes apoyos para enfrentarse a los carlistas impulsó a María Cristina a formar un gobierno liberal. Los liberales estaban divididos en dos facciones:
- Moderados: Partidarios de reformas más limitadas.
- Progresistas: Querían desmantelar toda la estructura del Antiguo Régimen.
La Regente concedió el poder a los moderados, pero la presión popular y el pronunciamiento militar de La Granja hicieron que, en 1835, asumieran el poder los progresistas presididos por Mendizábal. Entre 1835 y 1837, los progresistas implantaron el régimen liberal, constitucional y de monarquía parlamentaria. Un conjunto de leyes permitió la disolución del régimen señorial, la desamortización de las tierras de la Iglesia, la desvinculación de la propiedad, la supresión de aduanas interiores y la extinción de los gremios.
El proceso culminó con la promulgación de la Constitución de 1837, que inauguró un largo periodo de monarquía constitucional. El nuevo texto reconocía la soberanía nacional y los derechos individuales, pero aceptaba el papel moderador de la Corona (derecho de veto, disolución del parlamento) y establecía un sistema electoral censitario.
En 1840, tras el intento de los moderados de dar un giro conservador, la Regente se vio obligada a dimitir. El progresista general Espartero fue nombrado Regente, pero su gobierno estuvo marcado por disputas internas y medidas librecambistas que perjudicaron a la industria española. En 1843, Espartero dimitió y las Cortes adelantaron la mayoría de edad de Isabel II, proclamándola reina a los 13 años.
5. La articulación del liberalismo español
5.1. Partidos políticos: Moderados y Progresistas
La instauración del liberalismo trajo consigo órganos representativos (Parlamento, Ayuntamientos, Diputaciones). Los partidos políticos eran agrupaciones de personalidades alrededor de un notable (civil o militar) y no constituían partidos con programas elaborados, sino corrientes de opinión o “camarillas”.
- Moderados: Seguidores del liberalismo doctrinario francés. Defendían la soberanía compartida entre la Corona y las Cortes, el orden público y el sufragio censitario. Su base social incluía a la aristocracia latifundista, la burguesía industrial y altos cargos del ejército.
- Progresistas: Influenciados por el krausismo, defendían la soberanía nacional, un sufragio más amplio, la Milicia Nacional y la libertad de imprenta. Su base social era la pequeña burguesía, comerciantes y artesanos.
- Partido Demócrata (1849): Escisión radical del progresismo que defendía el sufragio universal y la intervención del Estado en la enseñanza.
- Unión Liberal (1854): Dirigida por Leopoldo O’Donnell, buscaba armonizar libertad y orden, aglutinando a sectores moderados y progresistas.
5.2. El peso del ejército
Las guerras carlistas convirtieron al ejército en la única garantía de pervivencia del trono de Isabel II. Los jefes de los partidos eran altos cargos militares (Narváez, Espartero, Prim, Serrano, O’Donnell). No se trataba de un sistema político militar, sino que el ejército actuaba como ejecutor de la conspiración política, evidenciando la debilidad de los grupos civiles y del sistema de partidos sin influencia social.
