La Transformación de la Sociedad y el Auge de la Oposición en los Años Sesenta
En los años sesenta aumentó considerablemente la oposición al franquismo debido a que la sociedad estaba experimentando cambios profundos, con el surgimiento de clases medias y una clase trabajadora que ya no respaldaba mayoritariamente al régimen. El principal grupo opositor era el Partido Comunista de España (PCE), que defendía el fin de la dictadura mediante una huelga general y la convergencia de distintas fuerzas políticas. Paralelamente, surgieron sindicatos clandestinos de gran relevancia como Comisiones Obreras (CCOO).
Durante esta década, ocurrieron hitos fundamentales como el Congreso de Múnich de 1962 (denominado despectivamente por el régimen como el «Contubernio de Múnich»), donde se exigió la restauración de la democracia para España, y la ejecución del dirigente comunista Julián Grimau, que desencadenó oleadas de protestas internacionales. Asimismo, crecieron las movilizaciones estudiantiles y diversos sectores de la Iglesia Católica comenzaron a distanciarse del régimen. En este contexto, apareció la organización ETA, iniciando el uso de la violencia política.
A pesar de que en los años sesenta se aprobaron leyes para simular una modernización, el sistema permaneció como una dictadura carente de libertades reales. Francisco Franco aseguró su continuidad nombrando a Juan Carlos de Borbón como su sucesor a título de Rey. En el periodo final del franquismo (1970-1975), la oposición se intensificó con un incremento de huelgas y alianzas políticas, destacando la renovación del PSOE y la creación de plataformas unitarias que prepararon el terreno para la Transición a la democracia tras el fallecimiento del dictador.
El Ocaso del Régimen (1973-1975): Crisis y Agonía del Franquismo
Entre 1973 y 1975, el franquismo atravesó su etapa terminal, marcada por una profunda crisis política, social y económica. El régimen se hallaba fracturado entre los aperturistas, partidarios de reformas limitadas, y los inmovilistas (el denominado «Búnker»), que se oponían a cualquier cambio. En 1973, Franco designó a Carrero Blanco como presidente del Gobierno, pero este fue asesinado por ETA en la Operación Ogro. Su sucesor, Carlos Arias Navarro, prometió una apertura conocida como el «espíritu del 12 de febrero» que nunca se materializó, manteniendo la represión con procesos como el Proceso 1001 contra la cúpula de CCOO o la ejecución del anarquista Salvador Puig Antich.
La enfermedad de Franco y la crisis del Sáhara Occidental tras la Marcha Verde debilitaron aún más la estructura del Estado. En 1975, las últimas ejecuciones del régimen provocaron un aislamiento internacional absoluto. Simultáneamente, la crisis económica de 1973 generó inflación, desempleo y cierres empresariales, exacerbando la conflictividad laboral. En el País Vasco, el movimiento obrero y el nacionalismo ganaron fuerza, apoyados por sectores sociales y eclesiásticos, aumentando la inestabilidad. Finalmente, aunque la dictadura no colapsó por sí misma, llegó exhausta a la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975.
Evolución Económica: De la Autarquía al Desarrollismo
Tras la Guerra Civil, la economía española sufrió una posguerra devastadora debido a la destrucción material y a la política de autarquía, que provocó hambre, escasez y un mercado negro generalizado. En el País Vasco, aunque la industria no fue destruida totalmente, enfrentó graves carencias de combustible y materias primas. No obstante, se recuperó con rapidez gracias a la demanda estatal para la reconstrucción.
Sectores estratégicos como la siderurgia, la minería, la industria naval y la química fueron pilares fundamentales. La burguesía vasca se benefició del proteccionismo estatal, acumulando capital mientras los salarios de los trabajadores se mantenían en niveles de subsistencia. El giro decisivo ocurrió con el Plan de Estabilización de 1959, que abandonó la autarquía para abrazar el desarrollismo. Este modelo se basó en:
- La industrialización acelerada.
- La inversión extranjera.
- El turismo masivo.
- La emigración hacia Europa y las zonas industriales.
El País Vasco se consolidó como uno de los motores industriales de España, aunque este crecimiento trajo consigo desequilibrios territoriales y contaminación. En este periodo también surgió el cooperativismo de Mondragón, con empresas como Fagor, que se convirtió en un referente económico en Euskadi.
La Resistencia Antifranquista en el País Vasco
La oposición en Euskadi fue inicialmente débil debido a la represión sistemática, limitándose a acciones en el exilio y resistencia clandestina del nacionalismo vasco y los republicanos. En las décadas de 1940 y 1950 destacaron movilizaciones como la huelga de 1947, reprimida con dureza. A partir de los años sesenta, el fortalecimiento económico permitió el auge del movimiento obrero, donde el PCE y CCOO articularon reivindicaciones laborales con demandas de libertad política.
La Iglesia vasca, influenciada por el Concilio Vaticano II, comenzó a distanciarse del régimen y a proteger la cultura y la lengua vasca (euskera). En 1959 nació ETA, que evolucionó desde la defensa cultural hacia la lucha armada. Durante los últimos años, la creación del Tribunal de Orden Público (TOP) no logró frenar la creciente organización de socialistas, comunistas y nacionalistas que preparaban el camino hacia la democracia.
Conflictividad y Crisis Final en Euskadi (1970-1975)
En el tramo final del régimen, el País Vasco se convirtió en un foco de inestabilidad permanente. El movimiento obrero, liderado por sindicatos como CCOO, UGT, USO y ELA, protagonizó huelgas masivas. La Iglesia vasca llegó a un enfrentamiento directo con el Gobierno, destacando el caso del obispo Añoveros, quien defendió la identidad cultural vasca en un sermón que casi provoca su expulsión de España.
La actividad de ETA se intensificó, provocando una espiral de violencia y represión estatal (estados de excepción, detenciones y torturas). El Proceso de Burgos de 1970, un consejo de guerra contra miembros de ETA, tuvo una repercusión internacional masiva y evidenció la crisis del sistema. Paralelamente, surgió una potente cultura vasca de resistencia impulsada por las ikastolas, escritores y cantautores, reforzando una identidad nacional enfrentada a la dictadura.
La Institucionalización del Régimen: Las Leyes Fundamentales
El régimen intentó modernizar su estructura sin renunciar a la naturaleza dictatorial. Franco rechazaba una constitución democrática, por lo que articuló su poder a través de las Leyes Fundamentales del Reino, promulgadas entre 1938 y 1967:
- Fuero del Trabajo (1938).
- Fuero de los Españoles (1945).
- Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado (1947).
- Ley de Principios del Movimiento Nacional (1958), que institucionalizaba la Falange como partido único.
En 1967 se aprobó la Ley Orgánica del Estado, un intento de «maquillaje legal» para mejorar la imagen exterior ante la ONU y las potencias occidentales en el marco de la Guerra Fría. Sin embargo, el sistema siguió careciendo de separación de poderes y libertades civiles, manteniendo Franco el control absoluto hasta su muerte.
El Nacionalismo Vasco: Del Estatuto de 1936 al Pacto de Bayona
Tras el estallido de la Guerra Civil en 1936, el País Vasco obtuvo su primer Estatuto de Autonomía gracias a la alianza entre el PNV y la República, con la mediación de Indalecio Prieto. Su aplicación fue efímera debido al avance de las tropas franquistas. Tras la derrota republicana en 1939, el Gobierno Vasco partió al exilio bajo el liderazgo de José Antonio Aguirre.
En 1944 se constituyó en Toulouse el Bloque Nacional Vasco, uniendo a fuerzas nacionalistas y republicanas. Un año después, se firmó el Pacto de Bayona, un acuerdo histórico de la oposición vasca en el exilio que ratificaba la legitimidad del Gobierno Vasco, defendía la restauración de la democracia en España y organizaba la resistencia contra la dictadura, manteniendo viva la llama de las libertades vascas durante los años más oscuros del franquismo.
