La Reforma Agraria en la Segunda República Española
La Reforma Agraria es reconocida por todos los historiadores como el proyecto de mayor envergadura que acometió la Segunda República Española. Sus objetivos fundamentales eran:
- Aumentar la rentabilidad de la agricultura española que, en 1930, presentaba un índice de 61, frente a los 180 de Italia o 153 de Francia.
- Paliar la miseria del campesinado español, que representaba la mitad de la población activa española. De los 8,5 millones de población activa, la mitad trabajaba en el campo y, de estos, unos 2 millones eran jornaleros.
- Redistribuir la propiedad latifundista ya que, en regiones como Andalucía, Extremadura o Castilla, el 50% de la tierra estaba en manos de un reducido grupo de propietarios.
La Reforma se puso en marcha a partir de la aprobación, en septiembre de 1932, de la Ley para la Reforma Agraria y tuvo, como otros proyectos reformistas de la República, dos fases diferenciadas:
1. Primera Fase: El Bienio Reformista (1932-1933)
En esta etapa se aprobó la Ley después de grandes discusiones entre los dos partidos mayoritarios que formaban parte del gobierno: socialistas y republicanos. Existían dos proyectos en liza:
- El proyecto republicano: partidario de respetar la propiedad privada y a los cultivadores directos y, en caso de expropiación, indemnizar a los afectados.
- El proyecto socialista: que suponía un mayor número de expropiaciones y una reducción en las indemnizaciones.
Finalmente, se impuso el proyecto más moderado, el de los republicanos. Para su ejecución, se creó el Instituto para la Reforma Agraria (IRA), organismo que se encargaría de las cuestiones técnicas y burocráticas. Este comenzó su labor con un presupuesto bastante insuficiente para valorar las tierras, iniciar el proceso burocrático-legal y facilitar los asentamientos campesinos.
Mecanismos de Expropiación
Una vez establecido el criterio técnico sobre las fincas a expropiar, cabían dos actuaciones:
- Expropiar y no indemnizar las tierras que pertenecían a la nobleza y a los denominados Grandes de España.
- Expropiar, pero indemnizar a todos los demás propietarios.
Las expropiaciones se realizaban siempre dentro del marco legal, lo que provocó una lentitud en el proceso que comenzó a exasperar al campesinado. Los trabajadores del campo habían depositado sus esperanzas en que la República solucionara su antigua “hambre de tierras” y su miseria. Controlados en gran medida por las organizaciones anarquistas, no soportaron la espera y pronto se inició un clima de violencia social en el campo.
Resultados y Fin de la Etapa
Los resultados de esta primera etapa no fueron de gran envergadura porque se expropiaron menos hectáreas y se asentaron menos campesinos de los previstos (unas 12.000 familias). Esta primera fase reformista acabó cuando, en el otoño de 1933, el gobierno republicano-socialista, desgastado, dimitió y el presidente, Alcalá Zamora, convocó elecciones para el 18 de noviembre.
El Bienio Negro o Conservador (1934-1936)
Con el triunfo de la coalición de partidos de derechas (CEDA) más el Partido Radical de Lerroux, comenzó el denominado Bienio Negro. Durante este periodo se enfriaron o contrarrestaron todos los programas reformistas y, por supuesto, se paralizó el proyecto de la Reforma Agraria.
2. Segunda Fase: El Frente Popular (1936)
La segunda fase de la Reforma Agraria se reemprendió a partir del mes de febrero de 1936, cuando el nuevo gobierno del Frente Popular, esta vez formado solo por republicanos, acometió de nuevo el proceso con mucha más intensidad. Nuevamente, y ya en un clima social mucho más deteriorado, los campesinos se adelantaron a las medidas legales y procedieron a la ocupación de tierras.
Anatomía de la Violencia en el Campo
La violencia en el campo, que fue muy significativa, ha sido considerada en ocasiones como una de las causas del deterioro de la convivencia durante la República. Algunas de sus características explican esta consideración:
- La lucha campesina se desarrolló de manera más radical y menos organizada que la de los obreros industriales.
- La extensión de los latifundios no favorecía la comunicación entre los campesinos y el caciquismo controlaba a los dirigentes.
- La menor funcionalidad de la huelga, contrarrestada por jornaleros en paro o de términos municipales vecinos, hizo que las sublevaciones campesinas revistieran un carácter desorganizado, próximo al motín.
El esquema de estas revueltas solía ser recurrente: ocupación de tierras, quema del registro civil, enfrentamiento con la Guardia Civil y una posterior gran represión. Las sublevaciones de mayor intensidad tuvieron lugar durante la primera fase de la Reforma Agraria en localidades como Corral de Almaguer (Toledo, 1931), Castilblanco de los Arroyos (Badajoz, 1931) y, especialmente, Casas Viejas (Cádiz, enero de 1933). En todas ellas hubo víctimas, mayoritariamente campesinos, pero también miembros de las fuerzas de orden público.
