La Prehistoria en la Península Ibérica
El Paleolítico es la primera etapa de la Prehistoria, caracterizada por el uso de útiles de piedra tallada. Es el periodo más largo (desde hace 2,8 millones de años hasta hace 10.000 años) y se divide en Inferior, Medio y Superior. Los grupos humanos no eran numerosos, con sociedades nómadas poco jerarquizadas cuya economía se basaba en la caza y la recolección. Habitaban en campamentos estacionales o cuevas y presentaban dimorfismo sexual en el reparto de tareas.
El Neolítico (desde el 10.000 hasta el 4.500 a. C.) supuso, debido al periodo interglaciar, una evolución hacia una economía productora basada en la agricultura y la ganadería. Según las teorías difusionistas, desde el Próximo Oriente (8.500 a. C.) se extendió un modo de vida sedentario con la aparición de aldeas y poblados. Para almacenar los excedentes de las cosechas, surgió la cerámica. Destacan yacimientos como Altamira, las pinturas mesolíticas de Cogul (Lérida) y, en Francia, la cueva de Lascaux.
Colonizaciones y Pueblos Prerromanos
Durante el primer milenio a. C., diversos pueblos llegaron a las Islas Baleares y a las costas levantinas y andaluzas por intereses económicos:
- Fenicios: Fundaron factorías como Malaka o Gadir.
- Griegos: Establecieron colonias como Emporion.
- Cartagineses: Tras colonizar Ibiza, fundaron Cartago Nova.
Su impacto se limitó a la costa mediterránea y el valle del Guadalquivir, introduciendo el uso de esclavos, el alfabeto, el olivo, el lino y la moneda, lo que favoreció el crecimiento urbano. Destaca la cultura de Tartessos (Sevilla, Huelva y Cádiz) en la primera mitad del primer milenio a. C. por su actividad minera. En la segunda mitad, la península se dividió en dos culturas: los íberos (en el Levante y el sur, con influencias coloniales en escritura y moneda) y los celtas (en el resto de la península, dedicados a la ganadería y con gran desarrollo metalúrgico).
La Conquista y Romanización
La conquista romana fue un proceso largo (III a. C. – I a. C.) motivado por la lucha contra los cartagineses y la explotación de riquezas:
- Primera etapa (218-201 a. C.): Ocupación de la costa mediterránea y los valles del Ebro y Guadalquivir. Toma de Sagunto, Cartago Nova y Gades.
- Segunda etapa (155-136 a. C.): Guerras lusitano-celtíberas con figuras como Viriato y la resistencia de Numancia.
- Tercera etapa (29-19 a. C.): Guerras cántabras y astures, sometidas por Augusto, dominando el norte y finalizando la conquista.
La romanización supuso una asimilación cultural centrada en las ciudades. Se explotaron los recursos mineros (Río Tinto), agrícolas y pesqueros mediante mano de obra esclava. Políticamente, el territorio se organizó en seis provincias. Socialmente, existía una clara división entre ciudadanos romanos (élite honestiores y clases populares humiliores) y esclavos o libertos. Culturalmente, se extendió el latín, el derecho romano y la religión politeísta, evolucionando al cristianismo al final del periodo, dejando un legado de acueductos, puentes y calzadas.
El Antiguo Régimen y la Crisis de 1808
Durante el reinado de Carlos IV (1788-1808), la Revolución Francesa (1789) marcó un punto de inflexión. Tras la gestión de Floridablanca y el conde de Aranda, Manuel Godoy (1792) anuló los Pactos de Familia. Tras el desastre en la Convención (1793-1795) y la derrota en Trafalgar (1805), Godoy firmó el Tratado de Fontainebleau (1807). La inestabilidad culminó en el Motín de Aranjuez (1808), provocando la caída de Godoy y la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando VII, seguida por las Abdicaciones de Bayona.
La Guerra de la Independencia (1808-1814)
El levantamiento del 2 de mayo de 1808 dio inicio a un conflicto nacional. Ante el vacío de poder, se crearon Juntas locales y provinciales, coordinadas por la Junta Central Suprema. La guerra se desarrolló en tres fases:
- Fase 1: Ocupación francesa y derrota en Bailén (julio 1808).
- Fase 2: Predominio francés (1808-1812). Napoleón entra en España y restablece a José I.
- Fase 3: Ofensiva hispano-inglesa (1812-1814). Victoria en Arapiles y retirada francesa tras el Tratado de Valençay.
Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
En septiembre de 1810, las Cortes de Cádiz se constituyeron como Asamblea Nacional Constituyente, asumiendo la soberanía nacional. Se dividieron en tres grupos: liberales, ilustrados (jovellanistas) y absolutistas. Entre sus medidas destacaron la supresión del régimen señorial, la desamortización y la abolición de la Inquisición.
La Constitución de 1812, aprobada el 19 de marzo, estableció:
- Soberanía nacional y división de poderes.
- Monarquía constitucional.
- Derechos individuales y colectivos.
- Sufragio universal masculino indirecto.
- Catolicismo como religión oficial.
El Reinado de Fernando VII
Tras el Manifiesto de los Persas, el rey promulgó el Decreto de Valencia (1814), anulando las reformas. El Sexenio Absolutista (1814-1820) se caracterizó por la represión liberal. El Trienio Liberal (1820-1823), iniciado por el pronunciamiento de Riego, restableció la Constitución de 1812 hasta la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis. Finalmente, la Década Ominosa evolucionó hacia un reformismo moderado, marcado por la crisis sucesoria que derivó en la Ley Sálica y el inicio de la Primera Guerra Carlista tras la muerte del monarca.
Paralelamente, la emancipación de las colonias americanas fue impulsada por el descontento criollo, la influencia de las ideas ilustradas y la crisis política de 1808, consolidándose la independencia de los territorios americanos tras la vuelta al absolutismo de Fernando VII.
