Evolución del Estado Liberal en España: Del Absolutismo a la Revolución Gloriosa

La construcción del Estado liberal

Durante el reinado de Isabel II se va a consolidar el sistema político liberal en España. Los dos partidos liberales que lucharán por el poder serán los moderados (representantes de la alta burguesía) y los progresistas (representan más a la baja burguesía); estos se sucederán en el poder y, cuando gobiernen, cada uno redactará una Constitución a su medida.

Fuera del sistema quedan los absolutistas (carlistas) que reclaman el trono para Carlos María Isidro y sus sucesores; debido a estos, España se verá envuelta en tres guerras civiles. En la evolución del reinado podemos hablar de varias etapas:

  • La primera es la de las regencias: la reina es menor de edad y en su nombre gobierna primero su madre María Cristina (1833-1840) y luego Espartero (1840-1843).
  • Proclamada mayor de edad en 1843, se sucederán los gobiernos moderados, interrumpidos solamente por la revolución de 1854 que inaugura el Bienio Progresista.
  • Tras 1856 retornan los moderados de varias tendencias, sin posibilidad de gobierno para los progresistas.
  • A partir de 1866 el sistema entra en crisis, afectando a la misma corona. En septiembre de 1868 una revolución destrona a Isabel II y se abre una nueva etapa en la historia de España.

I. La época de las regencias y el problema carlista

1. Moderados y progresistas

Con el reinado de Isabel II se instauró en España la monarquía liberal. Mientras se libraba la guerra carlista, la monarquía implantó el régimen liberal.

  • Los moderados: Defendían la soberanía compartida entre las Cortes y el rey, en unas Cortes bicamerales con un Senado de nombramiento regio, organización administrativa uniforme y centralizada, nombramiento de alcaldes por el gobierno y un sufragio censitario muy restringido. Su base social era la antigua nobleza y la alta burguesía terrateniente.
  • Los progresistas: Partidarios de un liberalismo más amplio, defendían la soberanía nacional, limitaciones al poder de la corona, la Milicia Nacional, ayuntamientos electivos y un sufragio más amplio. Se apoyaban en las clases medias, artesanos, parte del ejército y profesionales liberales.

2. La regencia de María Cristina (1833-1840)

a) Los comienzos moderados de la revolución liberal. El Estatuto Real de 1834

Tras la muerte de Fernando VII, María Cristina fue nombrada regente. El primer intento de implantar un sistema liberal fue el Estatuto Real de 1834, aprobado bajo el gobierno de Martínez de la Rosa. No era una constitución, sino una carta otorgada por la Corona, que establecía unas Cortes bicamerales pero sin reconocer derechos ni la soberanía nacional. El sufragio era muy restringido, lo que generó un fuerte descontento entre los liberales más radicales.

b) La fase progresista de la revolución liberal (1835-1837). Mendizábal y la desamortización eclesiástica. El motín de La Granja. La Constitución de 1837

El gobierno progresista de Mendizábal impulsó la desamortización de los bienes eclesiásticos para obtener recursos económicos, reducir la deuda pública y financiar la guerra carlista. Tras el motín de los sargentos de La Granja en 1836, la regente se vio obligada a restablecer la Constitución de 1812 y convocar nuevas Cortes. El proceso culminó con la Constitución de 1837, que reconocía la soberanía nacional, los derechos individuales y establecía unas Cortes bicamerales. Aunque mantenía el sufragio censitario, era más amplio que el moderado y buscaba un cierto consenso entre ambas corrientes liberales.

c) La vuelta de gobiernos moderados (1837-1840). La ley de ayuntamientos

Las elecciones de 1837 devolvieron el poder a los moderados. El conflicto principal fue la Ley de Ayuntamientos, ya que los moderados defendían que los alcaldes fueran nombrados por el gobierno, mientras que los progresistas querían que fueran elegidos por los ciudadanos. La aprobación de esta ley provocó una fuerte oposición progresista y llevó a la dimisión de María Cristina, que marchó al exilio.

d) El problema carlista y la primera guerra (1833-1839)

La primera guerra carlista enfrentó a los partidarios del absolutismo con los defensores del liberalismo. Los carlistas defendían la monarquía absoluta, la religión católica y los fueros, y contaban con el apoyo de gran parte del clero, parte de la nobleza y el campesinado, especialmente en el País Vasco, Navarra y zonas rurales. El bando isabelino estaba formado por la burguesía, las clases urbanas, el ejército liberal y los funcionarios. La guerra terminó con el Convenio de Vergara en 1839, firmado entre Espartero y Maroto, que supuso la derrota carlista y el reconocimiento definitivo del liberalismo.

3. La regencia de Espartero (1840-1843)

Espartero gobernó de forma autoritaria y personalista, lo que le hizo perder apoyos incluso entre los progresistas. Su actuación más polémica fue el bombardeo de Barcelona en 1842 ante una revuelta social. Finalmente, una coalición de moderados y progresistas contrarios a él provocó su caída en 1843. Isabel II fue proclamada mayor de edad con solo 13 años.

II. La Década Moderada (1844-1854)

1. Las reformas moderadas. La Constitución de 1845

Tras la caída de Espartero y el adelanto de la mayoría de edad de Isabel II, se inicia un periodo de diez años dominado por el Partido Moderado. El hombre fuerte de esta etapa fue el general Narváez, quien asumió la presidencia del gobierno en 1844 con el objetivo de clausurar la etapa revolucionaria e instaurar un régimen basado en el orden, la autoridad y el centralismo.

El pilar fundamental de este periodo fue la Constitución de 1845. A diferencia de la anterior, esta eliminaba la soberanía nacional y establecía la soberanía compartida entre las Cortes y la Corona, otorgando a esta última amplios poderes, como el nombramiento de ministros y la disolución de las Cámaras. El Senado pasó a ser enteramente vitalicio y de designación real, mientras que el sufragio se volvió extremadamente censitario, permitiendo votar únicamente al 1% de la población (la alta burguesía y la aristocracia).

Durante estos años se llevó a cabo una profunda labor legislativa para construir un Estado centralizado y uniforme. Entre las medidas más destacadas figuran:

  • La reforma fiscal de Mon-Santillán (1845): Se simplificó el sistema de impuestos, unificándolo para todo el país, aunque mantuvo los polémicos impuestos de «consumos» sobre artículos de primera necesidad.
  • Creación de la Guardia Civil (1844): Fundada por el Duque de Ahumada, nació como un cuerpo armado con estructura militar para proteger la propiedad privada y mantener el orden público, especialmente en el ámbito rural.
  • Ley de Ayuntamientos: Se suprimió la autonomía municipal, permitiendo que el Gobierno nombrara directamente a los alcaldes de las capitales y ciudades importantes.
  • Concordato de 1851: Se firmó un acuerdo con la Santa Sede para normalizar las relaciones tras las desamortizaciones. El Estado se comprometía a sostener económicamente a la Iglesia y le concedía el control sobre la censura y la educación.

III. El Bienio Progresista (1854-1856)

1. Los progresistas en el poder

El 28 de junio de 1854, un grupo de militares bajo la dirección de los generales O’Donnell y Dulce decidían iniciar un pronunciamiento en Madrid en contra del gobierno; el día 30 se enfrentaba con las tropas gubernamentales en Vicálvaro (la “Vicalvarada”) dando como resultado un encuentro indeciso. Las fuerzas sublevadas no encontraron el apoyo que esperaban en Madrid y decidieron retirarse hacia el sur. En Manzanares el general Serrano se unió a la sublevación y convenció a O’Donnell para dar al pronunciamiento un giro hacia el progresismo, y con esa finalidad se redactó, por Cánovas del Castillo, el “Manifiesto de Manzanares”, con promesas progresistas, que firmó O’Donnell (7 de julio) y cuya difusión permitió que la sublevación militar se transformara en una revolución popular y progresista. A la vista de los acontecimientos, a la reina solo le quedaba un camino: formar un gobierno dirigido por la principal figura del progresismo, el general Espartero, que con O’Donnell como ministro de la Guerra, quedaba constituido a finales de julio.

2. La Constitución non nata de 1856 y la obra legislativa. El fin del Bienio

Durante el Bienio se aprobaron importantes reformas económicas y sociales. Se elaboró una nueva Constitución en 1856 que no llegó a entrar en vigor, conocida como non nata. Defendía la soberanía nacional, ampliaba derechos y libertades, restablecía la Milicia Nacional, permitía la libertad religiosa y establecía ayuntamientos electivos.

En el ámbito económico, destacó la desamortización de Madoz, que afectó tanto a bienes eclesiásticos como municipales. Esta medida permitió aumentar los ingresos del Estado, pero favoreció sobre todo a la burguesía, que fue la principal compradora de tierras. También se aprobó la Ley General de Ferrocarriles de 1855, que impulsó la construcción de la red ferroviaria gracias a la inversión extranjera, y la Ley de Bancos y Sociedades de Crédito, que facilitó la financiación del capitalismo español.

Sin embargo, el aumento de la conflictividad social, las protestas obreras y los motines por la carestía de los alimentos provocaron tensiones dentro del gobierno. Finalmente, Espartero dimitió y O’Donnell dio un golpe de fuerza, poniendo fin al Bienio Progresista.

3. El retorno al moderantismo

a) La evolución política y el crecimiento económico

Tras el Bienio, se restauró la Constitución de 1845 y se inició una etapa de alternancia entre moderados y la Unión Liberal. O’Donnell lideró el llamado “gobierno largo” (1858-1863), una de las etapas más estables del reinado. Este periodo coincidió con una fase de crecimiento económico, impulsada por el ferrocarril, la industria textil catalana y la consolidación del sistema bancario. También se desarrolló una política exterior activa con intervenciones militares en Marruecos, México y Vietnam, destinadas a recuperar prestigio internacional.

b) La crisis final del reinado (1863-1868)

A partir de 1863 el sistema entró en crisis definitiva. La reina favorecía únicamente a moderados y unionistas, excluyendo a progresistas y demócratas. Esto anuló el funcionamiento real del sistema liberal y empujó a la oposición hacia la conspiración. La represión de protestas como la Noche de San Daniel (1865) y el fracaso del pronunciamiento del cuartel de San Gil (1866) aumentaron el descontento. En el exilio, progresistas y demócratas firmaron el Pacto de Ostende, cuyo objetivo era destronar a Isabel II y convocar Cortes por sufragio universal masculino. Finalmente, en septiembre de 1868 estalló la Revolución Gloriosa, que provocó la caída de Isabel II y el inicio de una nueva etapa histórica: el Sexenio Democrático.

La crisis del Antiguo Régimen de España (1803-1833)

I. La crisis de 1808 y la Guerra de la Independencia

1. La crisis de 1808

El reinado de Carlos IV, un rey débil de carácter, inepto para gobernar y que abandona el poder. En cuanto al gobierno del reino encontramos desde noviembre de 1792 a Manuel Godoy, que acapara un poder sin límites. Él fue el artífice de una política que tendrá consecuencias como el enfrentamiento con Inglaterra.

a) El motín de Aranjuez y la caída de Godoy

Victorioso Napoleón en el continente, este decidió quitarse la espina inglesa a través del decreto de bloqueo continental por el que se prohibía todo comercio del continente europeo con Inglaterra para provocar la ruina de la industria inglesa y con ello llevar la miseria al país. Para hacer efectivo el bloqueo en Portugal, aliado de Inglaterra, Napoleón firmó con España el Tratado de Fontainebleau, por el que se autorizaba al ejército francés a atravesar España camino de Portugal. En pocos días, las tropas francesas acabaron con la resistencia portuguesa. Mientras, otras fuerzas se apoderaban de Barcelona, Pamplona y otras plazas bajo el pretexto de defender a España de un desembarco inglés.

b) Las abdicaciones de Bayona

La caída de Godoy y de Carlos IV y la elevación al trono de Fernando VII agravaron la crisis de la monarquía española. Esto favoreció los planes de Napoleón que logró atraer a la familia real a la localidad francesa de Bayona. Allí, Napoleón obtuvo las abdicaciones de los monarcas, Carlos IV y Fernando VII, renunciando a sus derechos a la corona española. Napoleón decidió entonces entregar el reino de España a su hermano José I, lo que desembocaría en la oposición del pueblo español y en el inicio de la Guerra de la Independencia (1808–1813) iniciada con el levantamiento del pueblo de Madrid el 2 de mayo de 1808, secundado por el resto del país.

c) El levantamiento contra los franceses

El 2 de mayo de 1808, el pueblo de Madrid, irritado por la conducta de los franceses, estalló en rabia y surgió el choque con el ejército francés. La lucha tuvo carácter popular. En efecto, las tropas militares en Madrid tenían la orden de no intervenir contra los franceses; solo algunos oficiales. El ejército francés, al mando del general Murat, lugarteniente de Napoleón en España, con un ejército de 30.000 hombres reprimió duramente el levantamiento popular, con un saldo de cientos de muertos: en la noche del 2 al 3 de mayo un centenar de prisioneros eran fusilados, inmortalizados por Goya, en la montaña de Príncipe Pío y en la Moncloa.

d) Poder oficial y poder popular. La monarquía de José I Bonaparte

Mientras, la Junta de Gobierno y el Consejo de Castilla venían acatando las órdenes que provenían de Francia y recibieron al nuevo rey José I Bonaparte. Napoleón quiso presentarse como el regenerador del pueblo español. Para dar más fuerza a su proyecto convocó en Bayona a un centenar de eclesiásticos, nobles, militares y otras personalidades con la intención de elaborar una constitución, que nunca estuvo vigente, y que desembocó en la aprobación del Estatuto de Bayona, en realidad una carta otorgada, puesto que no fue realizada libremente por los representantes de la nación. El rey llegó a Madrid en julio de 1808. Fue un monarca impopular, cuya personalidad se alejaba de la imagen que sobre él dieron los patriotas españoles, llamándole “Pepe Botella”. Contó con el apoyo de los viejos ilustrados que creían en las reformas pero que fueron tachados de afrancesados por las clases populares opuestas al rey. La mayoría del país no reconoció a las autoridades oficiales y solo vieron como rey a Fernando VII, pero como estaba ausente, en su nombre surgirán Juntas Locales y luego Provinciales. Más tarde, para organizar la resistencia y dar un gobierno central al país, constituyeron una Junta Suprema Central.

Primero residió en Aranjuez, luego, ante el avance francés, se retiró a Sevilla y, por último, a Cádiz, donde terminó disolviéndose (enero de 1810) pasando el poder a un Consejo de Regencia.

2. La Guerra de la Independencia

a) La primera fase: los éxitos iniciales (junio-noviembre de 1808)

La guerra se desarrolló en tres fases. La primera de ellas tiene lugar entre los meses de junio y noviembre del año 1808. En este período los soldados franceses se emplearon en sofocar los alzamientos urbanos que se habían extendido por las ciudades más importantes del país. En el mes de junio tuvo lugar el primer sitio de Zaragoza, cuya posesión era fundamental para controlar la importante vía de comunicación del valle del Ebro. El hecho más destacado de esta primera fase de la guerra fue la batalla de Bailén, donde un ejército francés dirigido por el general Dupont fue derrotado el 19 de julio por un ejército español improvisado por algunas juntas provinciales de Andalucía, y de manera destacada por la de Sevilla, comandado por el general Castaños. La derrota de Bailén tuvo una doble repercusión: estratégica y propagandística. Por primera vez era derrotado un ejército napoleónico en campo abierto. Sus consecuencias fueron importantes: José I abandonó Madrid, donde acababa de llegar, con los pocos afrancesados que habían abrazado su causa y las tropas francesas se retiraron al norte del Ebro.

b) La segunda fase: el apogeo francés (noviembre de 1808-primavera de 1812)

Napoleón, para vengar esta derrota, decidió entrar personalmente en España al frente de un poderoso ejército: la Grande Armée, y recupera el control de casi toda la península, excepto Cádiz. Ante la superioridad militar francesa, nace la guerrilla: partidas de civiles armados que realizan ataques sorpresa, sabotajes y cortan las líneas de comunicación francesas, desgastando moralmente al enemigo. Los guerrilleros eran hombres del pueblo que se agrupaban en bandas o guerrillas de algunos centenares de combatientes. Hostilizaban a los destacamentos franceses, desorganizando su retaguardia y causándoles todas las bajas posibles. Conocían el terreno y contaban con la complicidad de las poblaciones, de las que obtenían víveres o información, permitiéndoles burlar la persecución de fuerzas muy superiores. Entre los jefes de guerrillas destacan el navarro Francisco Espoz y Mina, el cura Merino y Juan Martín Díaz “el Empecinado” y otros muchos, cuya aportación al éxito final de la guerra fue muy valiosa.

c) La tercera y última fase de la guerra: la ofensiva final anglo-española (primavera de 1812-agosto de 1813). Las consecuencias de la guerra

La tercera y última fase de la guerra se inició en la primavera de 1812, cuando Napoleón retira tropas para la invasión de Rusia. Esto es aprovechado por el ejército anglo-español bajo el mando del duque de Wellington. Tras las victorias en Los Arapiles, Vitoria y San Marcial, los franceses se retiran. La guerra finaliza con el Tratado de Valençay (1813), por el que Napoleón reconoce a Fernando VII como rey.

Consecuencias de la guerra:

  • Medio millón de muertos.
  • Ciudades destruidas.
  • Ruina económica.
  • Crisis de la Hacienda.
  • Impulso a la independencia de América.

II. La Revolución Liberal, las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812

1. La revolución liberal

Cambio brusco del sistema político, económico o social como resultado de un proceso político violento (guerra) o de circunstancias extraordinarias. Este proceso buscó sustituir el orden tradicional del Antiguo Régimen por principios inspirados en la Ilustración y la Revolución Francesa, tales como la monarquía parlamentaria, la separación de poderes y la igualdad ante la ley.

2. Las Cortes de Cádiz

Ante el vacío de poder provocado por las abdicaciones de Bayona y la ocupación francesa, se formaron juntas que culminaron en la convocatoria de Cortes en Cádiz. A diferencia de las cortes tradicionales por estamentos, estas se constituyeron como una cámara única donde los diputados representaban a la nación. Su primer acto revolucionario fue declararse depositarias de la soberanía nacional, afirmando que el poder político pertenece a la nación y no al monarca.

a) La convocatoria a Cortes

La convocatoria a Cortes fue un proceso fundamental impulsado inicialmente por la Junta Suprema Central y ejecutado por el Consejo de Regencia en junio de 1810. Aunque según la Junta deberían haberse convocado según el procedimiento tradicional del Antiguo Régimen (es decir, en tres estamentos: nobleza, clero y estado llano), terminó siéndolo como deseaban los partidarios de poner fin al absolutismo monárquico. Ante el vacío de poder y la ocupación francesa, la idea de convocar Cortes estaba muy extendida como medio para reformar las instituciones y suprimir abusos. Así, en el verano de 1810 eran elegidos los diputados por sufragio universal, en unas condiciones malas por la situación de guerra en que se vivía. En realidad, estas Cortes solo se parecían a las tradicionales en el nombre.

b) Composición de las Cortes

En Cádiz se congregaron unos 300 diputados, estando presentes 104 en el momento de la inauguración, 184 cuando se aprobó la Constitución y 223 en el momento de la clausura. La composición social de los diputados era el reflejo de una parte muy influyente de la sociedad de aquella época. El clero predominaba, junto a abogados y juristas; seguían los altos funcionarios, militares y catedráticos y unos cuantos propietarios de negocios industriales o comerciales. Por el contrario, la presencia de nobles era escasa, como la de miembros del alto clero; puede decirse que predominaban los individuos pertenecientes a las clases medias y con una buena formación intelectual y académica.

Durante las sesiones, pronto aparecieron entre los diputados dos tendencias ideológicas diferentes:

  • Liberales: Partidarios de las reformas, defendían las libertades, una sociedad estructurada en la igualdad ante la ley y el fin de la monarquía absoluta.
  • Absolutistas: Llamados despectivamente «serviles», eran partidarios de la continuidad de la monarquía absoluta.

3. La Constitución de 1812

En la sesión inaugural, el 24 de septiembre de 1810, los diputados proclamaron que representaban la soberanía nacional; en consecuencia, las Cortes adquirían un carácter constituyente. Así, tras los correspondientes debates, se aprobaba la primera Constitución española, una Constitución de carácter liberal que era aprobada el 19 de marzo de 1812, conocida como “La Pepa” por su aprobación el día de San José. La Constitución es un texto de gran extensión, con 384 artículos, y su contenido se basa en los siguientes principios fundamentales:

  • Afirmación de la Soberanía Nacional: Fue el principio revolucionario básico, estableciendo que el poder político pertenece a la nación y no al monarca, siendo delegado en los representantes elegidos por los ciudadanos.
  • División de poderes: La Constitución definió una estructura clara donde el poder legislativo residía en las Cortes junto con el rey; el poder ejecutivo correspondía exclusivamente al monarca; y el poder judicial a los tribunales.
  • Monarquía constitucional: El rey dejaba de ser el titular de la soberanía y sus facultades quedaban limitadas por la Constitución, poseyendo únicamente un derecho de veto suspensivo transitorio por dos años sobre las leyes aprobadas.
  • Cortes unicamerales: Elegidas por sufragio universal indirecto de los varones mayores de 25 años. Sin embargo, para ser candidato a diputado era necesario tributar a la Hacienda una cierta cantidad.
  • Igualdad ante la Ley: Significaba el fin de las diferencias estamentales y de los privilegios fiscales, militares y jurídicos que venían beneficiando a los nobles.
  • Derechos y libertades individuales: Libertad de imprenta, libertad de comercio e industria, derecho a la propiedad.

4. La labor legislativa de las Cortes

Además de redactar una Constitución, las Cortes aprobaron una serie de decretos y leyes, entre 1810 y 1813, por las que se procedía a una profunda reforma de las instituciones políticas, económicas y jurídicas españolas; en resumen, venía a abolir los fundamentos del Antiguo Régimen:

  • Libertad de imprenta y supresión de la censura de prensa (1810).
  • Abolición de los señoríos jurisdiccionales y del régimen señorial (1811).
  • Abolición de la Inquisición (1813), medida que fue recibida con desagrado por la mayor parte del clero.
  • Eliminación de las organizaciones gremiales e introducción de la libertad económica, abriendo paso a las relaciones económicas capitalistas (1813).
  • Derogación de los privilegios de la Mesta (1813).
  • La supresión del mayorazgo y, como medida desamortizadora, se decretó la incautación y venta de bienes de propios de los municipios y de conventos destruidos por la guerra (1813).

III. El reinado de Fernando VII (1814-1833): Sus etapas

Tres etapas:

1. El restablecimiento del absolutismo (1814-1820)

Una vez acabada la guerra, las Cortes se trasladan a Madrid. De acuerdo con la Constitución, para aceptar a Fernando VII como rey, este debía jurar la Constitución. Fernando recuperó su trono entre muestras de calor popular y de prestigio. Fernando VII llega a España, entra por Cataluña, sigue hacia Zaragoza, y de allí a Valencia; en esta ciudad recibe el Manifiesto de los Persas, un escrito de sesenta y nueve diputados. A su vez, el monarca también recibía en Valencia el apoyo del general Francisco Javier Elío con sus tropas para que volviera a recobrar sus derechos absolutos.

Ya no había dudas en el rey. Se preparó el golpe de Estado y, mediante el decreto dado en Valencia, se restauraba el poder absoluto del monarca y se abolía toda la legislación de las Cortes de Cádiz. A finales de mayo, Fernando VII, como rey absoluto, entraba en Madrid. Las potencias vencedoras de Napoleón se reunieron en el Congreso de Viena y terminaron creando la Santa Alianza, una unión entre las monarquías absolutistas para acabar con cualquier brote liberal.

Tras el golpe de Estado vino la represión política. Fueron detenidos y juzgados liberales y afrancesados, acusados, respectivamente, de conspiración contra el rey y de traición. Otros muchos lograron abandonar antes el país, integrando el primer exilio de la España contemporánea. En cuanto a la labor de los gobiernos de Fernando VII, hay que decir que fue desastrosa. La Hacienda estaba prácticamente en bancarrota, los pagos de los intereses de la deuda estatal no se cumplían y la guerra en América se llevaba los pocos ingresos de la Hacienda. Pero el mantenimiento de las colonias americanas era clave para la Hacienda por los recursos que desde siempre habían generado, y ello explica el denodado esfuerzo de Fernando VII para hacer fracasar la independencia de las colonias.

La represión política no detuvo la acción de los sectores liberales. Se dedicaron a conspirar, siendo el mejor marco para ello las logias masónicas, muy difundidas en el ejército; serán los pronunciamientos o golpes militares las herramientas más adecuadas para acabar con el absolutismo. El rey, consciente de su debilidad, aceptó el 7 de marzo la Constitución de 1812, la juró el día 9 y el 10.

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