La industrialización en España: un proceso tardío
La industrialización en España comenzó con un notable retraso respecto a otros países europeos. Su inicio suele situarse en la década de 1830, una vez superados los efectos de la Guerra de la Independencia, la pérdida de las colonias americanas y el absolutismo fernandino.
- Desarrollo inicial (1830-1860): La producción industrial se duplicó gracias a focos como el textil catalán, la agroindustria andaluza y castellana, y la siderometalurgia asturiana.
- Expansión posterior: Surgieron ramas como la metalmecánica, química y papelera, concentradas en Cataluña y el País Vasco.
- Obstáculos: La inestabilidad política (guerras carlistas, golpes militares y rupturas dinásticas) impidió un despegue definitivo. En 1900, solo el 16% de la población activa trabajaba en el sector secundario.
El retraso industrial se explica por limitaciones estructurales: baja densidad de población, predominio de una economía agraria atrasada, escasa capitalización y una burguesía débil. Además, la inversión extranjera (británica, francesa y belga) se centró en la extracción de materias primas, consolidando una dependencia tecnológica y financiera.
La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)
La dictadura surgió en el contexto de la crisis de la monarquía de Alfonso XIII. Factores como el desastre de Annual, el auge de los nacionalismos y la radicalización obrera propiciaron el golpe de Estado de Primo de Rivera en septiembre de 1923.
Etapas del régimen
- Directorio Militar (1923-1925): Se disolvieron las Cortes, se prohibieron los partidos y se creó la Unión Patriótica. El éxito en el desembarco de Alhucemas otorgó gran popularidad al dictador.
- Directorio Civil (1925-1930): Se intentó institucionalizar el régimen mediante la Asamblea Nacional Consultiva y se impulsaron grandes obras públicas (ferrocarriles, pantanos y monopolios como Telefónica).
A partir de 1928, la oposición creció y la crisis de 1929 agravó el descontento. Tras perder el apoyo de la monarquía, Primo de Rivera dimitió en 1930, dando paso a la Dictablanda de Berenguer.
Dinámicas demográficas en el siglo XIX
La población española creció de forma constante, pasando de 11 millones en 1797 a 18,6 millones a finales de siglo. Este crecimiento fue desigual y estuvo marcado por el modelo demográfico antiguo:
- Natalidad: Muy elevada (35‰), debido a la importancia económica de los hijos y la influencia de la Iglesia.
- Mortalidad: También muy alta (28‰), causada por enfermedades infecciosas, crisis de subsistencia y falta de higiene. La mortalidad infantil era alarmante: uno de cada cinco niños moría antes de los cinco años.
La esperanza de vida rondaba los 35 años. El crecimiento vegetativo fue bajo (0,6%), impulsado por movimientos migratorios hacia América y un incipiente éxodo rural hacia las zonas industrializadas.
Transformaciones demográficas en el primer tercio del siglo XX
Durante este periodo, España consolidó la transición hacia un modelo demográfico moderno:
- Descenso de la mortalidad: Gracias a la mejora en la alimentación e higiene, la tasa bajó al 21‰ en 1930.
- Esperanza de vida: Aumentó hasta los 50 años.
- Natalidad: Descendió hasta el 30‰, con una fecundidad de 3,63 hijos por mujer.
La población pasó de 18 millones en 1900 a 23,5 millones en 1930. A pesar de este crecimiento, la economía no generaba empleo suficiente, lo que intensificó la emigración exterior y el éxodo rural hacia los nuevos centros industriales como Cataluña, el País Vasco y Madrid, acelerando el proceso de urbanización del país.
