La proclamación de la Segunda República. La Constitución de 1931. El bienio reformista (1931-1933)
La Segunda República surgió tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, en un contexto marcado por la crisis internacional iniciada con el crack de 1929. Esta crisis provocó la disminución de las exportaciones, el colapso de las inversiones extranjeras y un aumento del paro debido a la interrupción de la emigración.
El gobierno provisional, presidido por Alcalá Zamora, impulsó un programa reformista que incluía el perdón para presos políticos, la libertad de partidos y sindicatos, y la protección de los campesinos. Las elecciones generales, mediante sufragio universal masculino, dieron el triunfo a la coalición republicano-socialista.
La Constitución de 1931
De carácter progresista, esta Constitución definió un régimen democrático, estableció la soberanía nacional, la división de poderes y una amplia declaración de derechos. Por primera vez, se instauró el sufragio universal masculino y femenino.
Reformas del bienio
- Religiosas: Nacionalización de bienes, secularización de cementerios, ley del divorcio y cierre de colegios católicos.
- Educativas: Creación de un sistema unificado, laico, público y gratuito en primaria.
- Militares: Reducción del ejército y creación de la Guardia de Asalto.
- Agraria: Redistribución de la propiedad mediante la expropiación de tierras, aunque tuvo un cumplimiento limitado.
El bienio radical-cedista (1933-1935), la Revolución de Asturias y el Frente Popular
En 1933, la CEDA ganó las elecciones gracias al voto femenino. El nuevo gobierno paralizó las reformas anteriores, redujo el presupuesto educativo y devolvió la enseñanza a la Iglesia. La tensión social culminó en la Revolución de Asturias de 1934, sofocada por el ejército bajo el mando de Franco.
Tras el escándalo del «Estraperlo» en 1935, se formó el Frente Popular, que ganó las elecciones de febrero de 1936. El asesinato de José Castillo y, en respuesta, el de Calvo Sotelo, fueron los detonantes del levantamiento militar iniciado el 17 de julio de 1936.
La Guerra Civil: sublevación y dimensión internacional
España quedó dividida en dos bandos:
- Sublevados (nacionales): Apoyados por terratenientes, banqueros, la Iglesia y el ejército.
- Republicanos: Defensores de la democracia, apoyados por milicias de izquierdas.
El conflicto tuvo una gran dimensión internacional: los sublevados recibieron ayuda de Alemania (Legión Cóndor) e Italia, mientras que la República fue apoyada por las Brigadas Internacionales y la URSS.
Fases militares y consecuencias de la Guerra Civil
La guerra se desarrolló en cuatro fases, destacando la liberación del Alcázar de Toledo, la caída del frente norte, la batalla del Ebro y, finalmente, la rendición republicana el 1 de abril de 1939. Las consecuencias fueron devastadoras: 500.000 muertos, destrucción de infraestructuras, crisis económica y una dura represión.
La creación del Estado franquista
El franquismo fue una dictadura personal sin constitución inicial, basada en leyes fundamentales como el Fuero de los Españoles y la Ley de Sucesión. Se apoyó en el ejército, la Falange, la Iglesia y la clase financiera. Sus etapas fueron:
- Asentamiento: Autarquía, represión y aislamiento internacional.
- Desarrollismo: Apertura económica, turismo y tecnocracia del Opus Dei.
- Crisis final: Inestabilidad política, asesinato de Carrero Blanco y pérdida del Sahara.
Política económica y transformaciones sociales
La autarquía inicial provocó inflación y escasez. Posteriormente, el Plan de Estabilización y los Planes de Desarrollo impulsaron la industria y el turismo. El «baby boom» y el éxodo rural transformaron la sociedad, consolidando las clases medias y modernizando los hábitos de consumo.
La oposición a la dictadura y el final del franquismo
La oposición (PCE, PSOE, sindicatos, universidad) fue creciendo a pesar de la represión. En 1969, Juan Carlos I fue nombrado sucesor. Tras el asesinato de Carrero Blanco en 1973, Arias Navarro intentó una apertura limitada. Con la muerte de Franco en noviembre de 1975, se inició una nueva etapa con Juan Carlos de Borbón como jefe de Estado.
La Transición española (1975-1982)
Tras la muerte de Franco, se plantearon tres vías: continuidad, reforma o ruptura. Adolfo Suárez, nombrado presidente por el Rey, impulsó la Ley de Reforma Política, legalizó los partidos y convocó las elecciones de 1977. La Constitución de 1978 consolidó la monarquía parlamentaria y el Estado de las Autonomías, culminando el proceso con la victoria del PSOE en 1982.
