El Reinado de Alfonso XIII y la Crisis de la Restauración
El reinado de Alfonso XIII coincidió con la crisis del sistema de la Restauración. Aunque se intentó mantener la monarquía parlamentaria, el régimen fue incapaz de resolver los problemas políticos, sociales, militares y regionales. Esta situación provocó un progresivo desgaste del sistema, que terminó con el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923.
El reinado de Alfonso XIII coincidió con la crisis del sistema de la Restauración por la fuerte intervención del rey en política y su apoyo al ejército, lo que debilitó la monarquía constitucional. Tras la muerte de Cánovas o Sagasta, Maura y Canalejas impulsaron el regeneracionismo o “revolución desde arriba” para reformar el sistema y evitar una revolución social.
Reformas y Regeneracionismo: Maura y Canalejas
Maura aprobó la Ley Electoral de 1907 y algunas reformas sociales, pero no acabó con el caciquismo; su gobierno cayó tras la Semana Trágica de 1909, causada por el envío de reservistas a Marruecos. Canalejas continuó las reformas con la Ley del Candado, la Ley de Reclutamiento y la Ley de Mancomunidades, pero su asesinato en 1912 agravó la crisis política.
Inestabilidad Política y Conflictividad Social tras la Gran Guerra
Después de la Primera Guerra Mundial aumentó la inestabilidad política. Los partidos dinásticos estaban divididos y no conseguían mayorías estables. Para solucionarlo se formaron gobiernos de concentración, que reunían a varios partidos, pero fracasaron, como el Gobierno Nacional de 1918, debido a las diferencias internas. Por ello se volvió al turno de partidos, con continuos cambios de gobierno.
La crisis económica provocó un aumento de la conflictividad social. Destacó la huelga de La Canadiense (1919), que consiguió la jornada laboral de ocho horas. También se desarrolló el pistolerismo, una violencia entre obreros y patronos con asesinatos como el del presidente Eduardo Dato y el cardenal Soldevilla. A esto se unieron los problemas en Marruecos, el Desastre de Annual, el Expediente Picasso y, finalmente, el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923.
El Auge de la Oposición: Republicanismo y Nacionalismos
El republicanismo fue ganando fuerza en el Parlamento. En el movimiento obrero destacaron el PSOE, del que surgió el Partido Comunista en 1921, y la CNT, de carácter anarquista y revolucionario.
Los nacionalismos crecieron, sobre todo el catalán y el vasco. En Cataluña destacó la Lliga Regionalista y se produjo el incidente del ¡Cu-Cut!, cuando militares asaltaron una revista satírica, lo que llevó a la Ley de Jurisdicciones, que reforzó el poder del ejército. El Carlismo mantuvo su presencia y defendía una dictadura militar.
La Cuestión Marroquí y el Desastre de Annual
España obtuvo el norte de Marruecos tras la Conferencia de Algeciras (1906) y el Tratado Hispano-francés (1912), que establecieron un protectorado compartido con Francia. A España le correspondió la zona del Rif, donde las tribus rifeñas ofrecieron una fuerte resistencia.
Las continuas derrotas obligaron a enviar reservistas, lo que provocó protestas sociales y fue una de las causas de la Semana Trágica de 1909. En 1921 se produjo el Desastre de Annual, con miles de muertos, que generó una gran crisis política. Para investigar lo ocurrido se abrió el Expediente Picasso, pero sus conclusiones no se conocieron por el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923.
Neutralidad en la Primera Guerra Mundial y Consecuencias Económicas
España fue neutral en la Primera Guerra Mundial. La guerra provocó crecimiento económico, ya que aumentaron las exportaciones de productos industriales y agrícolas. Sin embargo, también hubo inflación, subida de precios y escasez de productos básicos, lo que empeoró las condiciones de vida de la población.
Esta situación aumentó el malestar social, las huelgas y la conflictividad obrera, contribuyendo a la crisis del sistema de la Restauración. El sistema de la Restauración estaba agotado por la falta de reformas, el aumento de la oposición y los conflictos sociales. La incapacidad para democratizarse llevó a la intervención militar.
El golpe de Estado de Primo de Rivera, apoyado por Alfonso XIII, puso fin al sistema de la Restauración y desacreditó a la monarquía.
La Triple Crisis de 1917
La crisis de 1917 tuvo tres frentes diferenciados:
- La crisis militar: Se manifestó en las Juntas de Defensa, que protestaban por los ascensos y los bajos sueldos.
- La crisis política: Se reflejó en la Asamblea de Parlamentarios, que pedía reformas y Cortes constituyentes, pero fue disuelta.
- La crisis social: Fue la huelga general convocada por UGT y CNT contra el aumento del coste de la vida, que fue duramente reprimida.
Las tres fracasaron por falta de unidad, pero demostraron la debilidad del sistema de la Restauración.
Orígenes y Funcionamiento del Sistema Canovista (1874-1902)
Este periodo abarca desde la caída de la Primera República hasta la coronación de Alfonso XIII en 1902. Fue una etapa de relativa estabilidad, garantizada por la Constitución de 1876, el sistema bipartidista y un cierto progreso económico. El sistema presentaba importantes defectos como el fraude electoral, el caciquismo y la marginación de ciertos partidos, y buscaba reafirmar los valores tradicionales. Es una etapa de auge del nacionalismo y de tensiones internacionales que anticipan la Primera Guerra Mundial. Coincide, además, con la época del colonialismo, en la que las potencias europeas se reparten África y España pierde sus últimas colonias: Cuba, Filipinas y Puerto Rico.
Durante los años del Sexenio Democrático, las fuerzas conservadoras prepararon el regreso de la monarquía en la persona de Alfonso XII. El principal impulsor fue Antonio Cánovas del Castillo, que buscó un régimen moderadamente liberal capaz de poner fin a la inestabilidad política, a las guerras civiles y al intervencionismo militar. El proceso culminó en 1874 con el Manifiesto de Sandhurst y el posterior golpe de Estado que restauró la monarquía, recibido con satisfacción por los sectores conservadores.
La Constitución de 1876 y los Pilares del Régimen
La Constitución de 1876 fue la base del sistema político de la Restauración. Establecía la cosoberanía entre el Rey y las Cortes, otorgando amplios poderes al monarca. Las Cortes eran bicamerales (Congreso y Senado). Reconocía derechos y libertades, pero estos podían limitarse con leyes posteriores. El sufragio primero fue censitario y en 1890 pasó a ser universal masculino. El catolicismo era la religión oficial, aunque se permitía la tolerancia religiosa.
El sistema de la Restauración se basó en cuatro pilares:
- La Corona: Actuaba como árbitro político.
- Los partidos dinásticos: El Conservador y el Liberal, que garantizaban la estabilidad mediante la alternancia en el poder.
- El Ejército: Al que se intentó apartar de la política.
- La Constitución de 1876.
El Partido Conservador, dirigido por Cánovas, defendía el orden, la Iglesia y pocas reformas, mientras que el Partido Liberal, liderado por Sagasta, era más reformista y promovió medidas como el sufragio universal masculino.
La Constitución establecía la cosoberanía entre el Rey y las Cortes, otorgando amplios poderes al monarca. Las Cortes eran bicamerales y el sufragio, regulado por leyes posteriores, pasó del censitario al universal masculino en 1890. Aunque se proclamaban derechos y libertades, estos quedaban limitados por leyes ordinarias.
El Funcionamiento del Turno Pacífico y el Caciquismo
El sistema político se basaba en el turno pacífico, una alternancia pactada entre conservadores y liberales asegurada mediante el fraude electoral. Este se realizaba a través del encasillamiento, que fijaba de antemano los diputados elegidos, y del caciquismo, por el cual los caciques locales manipulaban el voto usando presiones, favores o el pucherazo, garantizando así que ganara el partido que debía gobernar.
La Regencia de María Cristina y el Desastre del 98
Tras la muerte de Alfonso XII en 1885, Cánovas y Sagasta firmaron el Pacto del Pardo para garantizar la estabilidad del régimen durante la regencia de María Cristina. En este periodo destacó el predominio del Partido Liberal, especialmente durante el “Gobierno largo” de Sagasta, en el que se aprobaron importantes reformas:
- Ley de Asociaciones (1887): Permitió la legalización de partidos y sindicatos.
- Abolición de la esclavitud en Cuba (1888).
- Código Civil (1889): Unificó las leyes civiles en toda España.
- Sufragio Universal Masculino (1890): Todos los hombres adultos pudieron votar.
A pesar de ello, el sistema comenzó a desgastarse por la división interna de los partidos, el asesinato de Cánovas y el crecimiento de la oposición al régimen.
Uno de los principales problemas de la Restauración fue la cuestión colonial. Tras la Paz de Zanjón en 1878, España no cumplió las reformas prometidas a Cuba (amnistía, abolición de la esclavitud, reformas políticas), lo que provocó nuevos conflictos. Comenzó la Guerra Chiquita (1879) y, en 1895, estalló una nueva guerra liderada por el independentismo cubano con el Grito de Baire. En 1898, Estados Unidos intervino tras el hundimiento del acorazado Maine. España fue derrotada militarmente y firmó la Paz de París, perdiendo Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
El Regeneracionismo y la Oposición al Sistema
El desastre de 1898 provocó una profunda crisis moral e ideológica. Surgió el regeneracionismo, movimiento que denunciaba la corrupción y el atraso. Joaquín Costa, su principal representante, defendió la necesidad de modernizar el país («despensa y escuela»). En el ámbito cultural, surgió la Generación del 98. La Institución Libre de Enseñanza defendía una educación moderna, laica y científica, influyendo decisivamente en los intelectuales de la época.
Durante la Restauración crecieron las fuerzas opositoras. El Carlismo se reorganizó como partido. En Cataluña surgió el nacionalismo a partir de la Renaixença y la Lliga Regionalista. En el País Vasco, Sabino Arana fundó el nacionalismo vasco defendiendo la identidad frente a la industrialización.
Los republicanos permanecieron divididos, mientras que el movimiento obrero, influido por el anarquismo y el marxismo, se consolidó con la creación del PSOE y de la UGT, a pesar de la represión.
La Restauración logró una notable estabilidad política, pero a costa de limitar la democracia y las libertades. Fue un sistema muy personalista, dependiendo de figuras como Cánovas y Sagasta, cuya desaparición aceleró su decadencia. Los problemas heredados, como la cuestión colonial y la exclusión política, no se resolvieron, y la oposición fue creciendo. El refuerzo surgido tras 1898 influyó decisivamente en la evolución política posterior de España.
