Las consecuencias de la Ley General de Ferrocarriles de 1855

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8.2. La revolución industrial en la España del Siglo XIX. El sistema de comunicaciones: el ferrocarril. Proteccionismo y librecambismo. La aparición de la banca moderna.

La economía española en el siglo XIX puede calificarse como dual, debido a la persistencia de estructuras económicas arcaicas junto a focos aislados de desarrollo.
Aunque también en otros países europeos se da esta dualidad en los comienzos de la industrialización, lo más carácterístico del caso de España fue la lentitud de los cambios. La agricultura siguió siendo la actividad económica más importante; (unos dos tercios de la población activa estaba empleada en ella) Pero la desigual distribución de la tierra, la ausencia de innovaciones tecnológicas y los bajos rendimientos agrícolas hacían necesario adoptar medidas en el sector agrícola. La Revolución industrial española fue tardía e incompleta. Se inició a partir de 1840, en el reinado de Isabel II, coincidiendo con una fase de expansión de la economía mundial y con una relativa estabilidad política. Además del escaso papel de la agricultura hay que señalar otros factores del retraso: La inexistencia de una burguésía financiera emprendedora. La burguésía prefería inversiones a corto plazo o en sectores industriales que generen dinero rápido, como el ferrocarril, antes que en sectores industriales básicos como la siderurgia. La dependencia técnica o financiera del exterior. El capital extranjero aprovechó la buena coyuntura para invertir en España, primero el inversor Franco-belga y después el inglés. Escasez de carbón y materias primas. Falta de coherencia en las políticas económicas de los partidos políticos. A pesar de estos factores se intentó transformar las viejas estructuras económicas en otras nuevas basadas en el desarrollo del comercio y la industria, pero los resultados no se correspondieron con los objetivos. Cataluña fue la única zona donde la industrialización se originó a partir de capitales autóctonos, aunque predominó la empresa de tamaño mediano. El sector algodonero fue el más dinámico. La protección arancelaria la puso a salvo de la competencia inglesa y le permitíó, tras la pérdida del mercado colonial, orientar su producción al mercado nacional. La inexistencia de buen carbón y de demanda suficiente explica el desarrollo dificultoso de la industria siderúrgica cuya localización fue cambiado a lo largo del Siglo XIX: Primero se desarrolló la industria en torno a Málaga, sobre todo en el apogeo de las guerras carlistas que impedían la explotación de las minas del norte. Se basaba en la explotación del hierro. Después entre los años 60 y 80 se dio la etapa asturiana, basada en la riqueza de carbón de la zona, aunque no era de gran calidad. Pero el verdadero despegue de la siderurgia se inició a finales de siglo en torno a Bilbao. Bilbao exportaba hierro y compraba carbón galés, más caro, pero de mejor calidad y más rentable. En cuanto a la minería alcanzó su apogeo en el último cuarto de siglo. España era rica en reservas de hierro, plomo, cobre, cinc y Mercurio. Aunque fueron sobre todo compañías extranjeras las que se hicieron cargo de la explotación minera. Es importante en este desarrollo la “ley de bases sobre minas de 1868”. 


8.2. La revolución industrial en la España del Siglo XIX. El sistema de comunicaciones: el ferrocarril. Proteccionismo y librecambismo. La aparición de la banca moderna.

En cuanto al comercio, aumento considerablemente en volumen a lo largo del Siglo XIX. La política proteccionista se mantuvo con altibajos durante todo el siglo. Exceptuando durante el Sexenio Democrático con el arancel Figuerola. Hay que destacar también la reforma de la Hacienda pública de Mon-Santillán en 1845 y la implantación de la peseta como moneda oficial en 1868. La revolución de los transportes llegó con el ferrocarril. La primera línea se construyó en 1848: Barcelona-Mataró, pero la fiebre constructora se desencadenó a partir de la ley general de Ferrocarriles de 1855. Las causas hay que atribuirlas al apoyo estatal, al flujo masivo de capital y tecnología extranjeros, sobre todo franceses y a la aportación de capitales nacionales, especialmente en Cataluña, País Vasco y Valencia. En 1868 se habían construido 4.803 kilómetros y fijado el trazado de las grandes líneas nacionales. Entre las compañías ferroviarias las más importantes eran la de Madrid-Zaragoza (M.Z.A) y la del Ferrocarril del Norte. El ferrocarril abríó el camino a la integración real del mercado español, permitiendo un intenso tráfico de ideas, viajeros y mercancías. El ferrocarril actuó como una poderosa palanca de desarrollo económico. El origen de la banca moderna en España hemos de situarlo en las leyes liberales de 1856, que dieron lugar a la aparición de dos decenas de bancos, siendo uno de los primeros el Banco de Barcelona (1844), ligado al temprano proceso de industrialización catalán. Dicho banco tuvo el privilegio de emitir billetes en la ciudad, funcionando como un banco comercial, financiando actividades comerciales e industriales y participando en la construcción del ferrocarril. En 1874, el ministro Echegaray, creó un decreto por el cual, se impuso el monopolio financiero del Banco de España, creado en época de Isabel II.

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