Principales aspectos de la constitución de 1830 en cuanto a la forma de gobierno:nacionalidad perdida de ciudadanía y el sistema electoral

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La Restauración Borbónica : Cánovas del Castillo

Con la vuelta de los Borbones al poder comienza la Restauración, que incluye el reinado de Alfonso XII (1875-1885) y la regencia de María Cristina (1885-1902). Se establece un sistema liberal de carácter conservador que tiene como carácterísticas principales la ausencia de pronunciamientos militares, el final definitivo de las Guerras Carlistas, la existencia de una constitución con una larga vigencia y la alternancia en el poder del Partido Conservador y el Partido Liberal.
Tras la caída de la Primera República, el general Serrano ocupó el poder, restablecíó la Constitución de 1869 y establecíó un gobierno de carácter autoritario para resolver el cantonalismo y la insurrección carlista. En busca de estabilidad, Cánovas del Castillo publica el manifiesto de Sandhurst, firmado por Alfonso XII, y propónía la restauración de un sistema monárquico, con la religión católica como eje fundamental. Pero se le anticipa el pronunciamiento del general Martínez Campos (1874), que puso fin a la República y nombró rey a Alfonso XII. Cánovas del Castillo fue nombrado presidente del Gobierno provisional.
Los principales problemas fueron la II guerra Carlista, los partidarios de Carlos VII contra la monarquía de Amadeo I, que finalizó cuando el general Cabrera aceptó el acuerdo de amnistía de Alfonso XII. A partir de ese momento el carlismo dejó de ser un movimiento armado y pasó a convertirse en un movimiento político, origen de los nacionalismos.
En cuanto a la Guerra de Cuba, Alfonso XII envió al general Martínez Campos para combatir la rebelión de las clases bajas que buscaban la independencia y pedían cambios económicos y políticos. Se firmó la Paz de Zanjón, que ponía fin al conflicto, y según la cual los cubanos tendrían los mismos derechos que los peninsulares además de instituciones propias de gobierno.
Durante el reinado de Alfonso XII, las principales figuras políticas fueron Cánovas del Castillo, que gobernó casi todo el periodo, y llevó a cabo importantes administrativas y políticas como la Ley de Imprenta contra la crítica, el sufragio censitario restringido, o una organización política centralizada. Durante el gobierno de Sagasta (1881-1883), el Partido Liberal suavizó algunas de estas medidas. Sin embargo, un intento de pronunciamiento republicano hizo que el Rey sustituyese a Sagasta por Cánovas La principal reforma que se realizó fue la elaboración de la Constitución moderada de 1876,


 cuyas principales carácterísticas fueron: la soberanía compartida entre rey y Cortes, cortes bicamerales, con el Congreso, elegido por ciudadanos, y el Senado, elitista y conservador.   No existe una clara división de poderes, el rey tiene el poder ejecutivo total y el legislativo compartido con Cortes y el poder judicial reside en los tribunales. Teóricamente se reconocen derechos y libertades, aunque en la práctica eran limitados. El sufragio no estaba especificado hasta que la Ley Electoral de 1878 establecía el voto censitario; la religión católica es declarada religión oficial del Estado, aunque permitían otros cultos. El Estado se organiza de forma centralista dado que los alcaldes eran nombrados por el rey.
El sistema político de la Restauración está ligado a la figura de Antonio Cánovas del Castillo, que aspiraba a asentar las bases de un sistema político estable sobre tres puntos: el rey con las Cortes, el turno de partidos y una Constitución moderada. El turno de partidos consistía en la alternancia pacífica de los 2 partidos políticos creados: el Partido Conservador, dirigido por Cánovas y apoyado por moderados; y el Partido Liberal, dirigido por Sagasta y apoyado por la izquierda moderada burguesa.
La prematura muerte de Alfonso XII en 1885, puso en peligro el sistema, por lo que se firmó Pacto del Pardo entre Cánovas y Sagasta, con participación de María Cristina, comprometíéndose a dimitir en caso de crisis o desprestigio y garantizar la alternancia pacífica en el poder de ambos dirigentes.
Para asegurar la alternancia era necesario el fraude electoral: cuando el partido en el poder se desgastaba, se sugería a la Corona el relevo en el Gobierno, que disolvía las Cortes y convocaba elecciones, que se manipulaban mediante: el “encasillado”, se adjudican escaños en función de lo acordado entre gobierno y oposición, y el “caciquismo”, caciques locales se encargaban de que fuese elegido el candidato acordado. Si era necesario se recurría al “pucherazo”, cambiando una urna por otra con los votos deseados, o se añadían votos falsos para asegurar la victoria.
Una vez institucionalizado este sistema gobernó Sagasta (1885 y 1890), en una etapa conocida como el “Parlamento Largo”. Se pusieron en marcha medidas más progresistas como la Ley de Asociaciones (1887), que favorecíó el desarrollo de las organizaciones obreras, la redacción de un nuevo Código Civil (1889) y, sobre todo, la aprobación del Sufragio Universal Masculino para mayores de 25 años.


Entre 1890 y 1897 continúo la alternancia entre gobiernos de Cánovas y Sagasta, con una gran estabilidad del sistema, hasta el asesinato de Cánovas en 1897. El Partido Conservador eligió nuevo dirigente a Francisco Silvela, con menos peso político que su predecesor. Este acontecimiento, junto con la crisis generada en 1898 por la pérdida de colonias, inició la descomposición del sistema canovista, que se agravó más con la muerte de Sagasta en 1903 y la descomposición del Partido Liberal.     

La Restauración Borbónica: Los nacionalismos catalán ..

    Tras la muerte de Alfonso XII en 1885, se establece el Pacto del Pardo, en el que queda institucionalizado el sistema del turno de los partidos de Cánovas y Sagasta excluyendo al resto de partidos; comprometíéndose a dimitir en caso de crisis o desprestigio y garantizar la alternancia pacífica en el poder de ambos dirigentes, se disolverían las Cortes y se convocarían elecciones, cuyos resultados estaban ya pactados, mediante el encasillado. Para conseguir esto se recurría a las personas más influyentes, caciques, para manipular a las zonas rurales; y al pucherazo, que era la manipulación directa de las urnas. La oposición quedaba formada por los carlistas y los republicanos, muy debilitados ya, y los nacionalistas, regionalistas y el movimiento obrero, que fueron cobrando fuerza poco a poco.
El Carlismo continuó defendiendo su ideología por la vía política, defendían la religión católica y la recuperación de los fueros vasco- navarros y aragoneses. El republicanismo había quedado muy desprestigiado tras la experiencia fallida de la I República y no recuperó cierta relevancia hasta la implantación del sufragio universal en 1890.
En 1879 Pablo Iglesias fundó el partido socialista obrero español (PSOE), apostó por aprovechar las oportunidades que daba el sistema parlamentario. Durante el gobierno de Cánovas, este partido sufríó represión, y finalmente se consolidó aprovechando las reformas de Sagasta. Para ello se valíó de, El Socialista, que difundía sus ideas, así como la apertura en muchas ciudades españolas de las Casas del Pueblo, sedes del partido en las que se realizaba una importante labor social. Reivindicaron mejoras laborales, una nueva legislación social y el derecho a huelga, para lo que fundaron la Uníón General de Trabajadores , que había conseguido consolidarse en Madrid Vizcaya y Asturias.
La ideología anarquista tiene como principios ideológicos la búsqueda de la desaparición


del Estado, la abolición de la propiedad privada sustituida por la colectiva, además de su anticlericalismo y su negativa a la participación política defendiendo la vía revolucionaria para la consecución de sus objetivos. Tras los sucesos de la Mano Negra sufrieron una dura represión, hasta que Anselmo Lorenzo creó la Federación de Trabajadores de la Regíón Española. A finales de siglo hubo una vertiente terrorista y, aun así, siguieron siendo mayoría entre los campesinos andaluces y los obreros catalanes.
La oposición intelectual estaba configurada principalmente por profesores universitarios que criticaban el sistema canovista por su carácter antidemocrático y su incapacidad para solucionar los problemas del país. Este movimiento se hizo importante con la Generación del 98, que tras la pérdida de las colonias criticaron abiertamente el sistema establecido. Con la llegada al Vaticano del papa León XIII, el catolicismo social se quiso presentar como una alternativa social para la clase obrera. Se promovieron la creación de los sindicatos católicos, que tuvieron escasa aceptación entre la clase obrera española.
Durante todo el Siglo XIX, el liberalismo había defendido la organización centralizada de España, mientras que los carlistas querían instituciones y leyes diferenciadas. Sin embargo, durante la Restauración surgen los Regionalismos, que reclamaban formas de autogobierno en los territorios con carácterísticas “nacionales”, es decir, que tenían una lengua, cultura, historia y tradiciones comunes y diferenciadas del resto del país.
Los precedentes del nacionalismo catalán están en los años 30 del siglo, en los que surge la Reinaxença, movimiento de recuperación cultural que pretende fortalecer el catalán. No se trataba de un movimiento político. Otros precedentes son el carlismo y el federalismo de Pi i Margall. Sin embargo, no será hasta 1892 cuando surge el primer movimiento claramente político de carácter regionalista. Se trata de la Uníó Catalanista de Enric Prat de la Riba, que estaba formado fundamentalmente por la burguésía urbana. Su programa quedó reflejado en las Bases de Manresa, documento que pretendía ser el fundamento de una futura Constitución catalana y que tenía como ejes principales la existencia de un Gobierno y Cortes propias, así como una clara división de competencias entre la Autonomía y el Estado. Este fue el principal movimiento regionalista en el Siglo XIX y a principios del XX aparece la Lliga Regionalismo, de Cambó, también


conservadora y burguesa. La corriente regionalista más popular y republicana fue minoritaria hasta el reinado de Alfonso XIII.
El origen del nacionalismo vasco está en el carlismo, la recuperación del euskera y en la idea de los vascos como un pueblo sometido por Castilla. Su principal figura es Sabino Arana, fundador del Partido Nacionalista Vasco (PNV), de carácter conservador y católico, que estaba en contra de la inmigración castellana y era apoyado por las clases medias vascas. Su ideología era abiertamente xenófoba. El fallecimiento de Arana en 1903 provocó la reorganización del regionalismo vasco.
El regionalismo gallego nace del Rexurdimento, movimiento cultural de recuperación de la lengua gallega. Derivado de éste, se desarrolló un movimiento regionalismo de carácter federalista, con la creación de la Liga Regionalista Gallega, dirigida por Manuel Martínez Murguía, marido de Rosalía de Castro                                                                                                 El problema de Cuba y la guerra entre España y EEUU. 
Desde la batalla de Ayacucho (1824), las posesiones ultramarinas de España se reducían a Cuba, Puerto Rico, islas Filipinas, islas Marianas y la isla de Guam. Por un lado, Cuba y Puerto Rico habían desarrollado una próspera economía basada en el tabaco y la caña de azúcar con trabajo de semiesclavitud. Ambas islas eran prósperas y se había implantado el ferrocarril. Los beneficios para España eran elevados por el monopolio del comercio con las colonias y el proteccionismo. Filipinas y el resto de las colonias del Pacífico tenían un desarrollo muy escaso y las relaciones económicas con la Península eran muy escasas.
Los intereses del gobierno en mantener Cuba eran importantes y ya habían surgido problemas en este aspecto en décadas anteriores. Entre 1868 y 1878 se desarrolló la Guerra Larga, conflicto en Cuba que se inició tras la Revolución Gloriosa y no se resolvíó hasta el reinado de Alfonso XII, con la Paz de Zanjón, por la que los cubanos tendrían los mismos derechos que los peninsulares e instituciones propias de gobierno. Estos antecedentes, unido a otras causas, provocan la crisis cubana a finales del Siglo XIX. La burguésía pedía la apertura de mercados, la negativa a esta apertura y el incumplimiento de los acuerdos de Zanjón aumentaron el apoyo al movimiento independentista encabezado por José Martí, fundador el 1892 del Partido Revolucionario Cubano, que buscaba la independencia de Cuba. 


Empezó a ser mayoritario el apoyo a la independencia por buena parte de la burguésía y las clases populares. Paralelamente, en Filipinas surgíó un movimiento independentista que acusaba a la metrópoli de abandono y buscaban el desarrollo con la independencia. Su máximo dirigentes fue José Rizal.
En 1895 da inicio el conflicto armado, con el Grito de Baire, insurrección independentista apoyada por EE.UU. La respuesta del gobierno fue militar, con los generales Weyler y Martínez Campos a la cabeza. Pero esta guerra enseguida se hizo tremendamente costosa, tanto económicamente como en pérdida de vidas. El envío cada vez mayor de soldados generó un movimiento en España contrario a la guerra.
El asesinato de Cánovas provoca la llegada al poder de Sagasta, que opta por un intento de solución política, ofreciendo un proyecto de Constitución para Cuba. Según esta, Cuba sería un estado autónomo dentro de la Corona española, con Gobierno y Cámara de Representantes propia, y sus habitantes tendrían los mismos derechos que los peninsulares. Sin embargo, la desconfianza respecto al ofrecimiento, motivada por los incumplimientos de acuerdos anteriores, así como la intervención de EE. UU hizo que la situación no se solucionara. El interés de EE. UU por la isla de Cuba se basaba en aspectos económicos y geoestratégicos. En el plano económico, las empresas de EE. UU querían entrar en el mercado cubano del azúcar y el tabaco, así como poder vender sus manufacturas en la isla. Desde el punto de vista geoestratégico, estaban interesados en aumentar su presencia en la zona de Centroamérica y Golfo de México, así como en el Pacífico con las islas Filipinas. En este contexto, el presidente McKinley realizó una oferta para comprar Cuba, pero el gobierno español la rechazó.
Amparándose en la inestabilidad de la zona, Estados Unidos envió un buque a las costas de Cuba, el acorazado Maine. Esta embarcación sufríó una explosión que causó víctimas estadounidenses, responsabilizando de la misma a España. Se inició entonces una campaña periodística en EE. UU, financiada por los grupos económicos con intereses en Cuba, para forzar la intervención directa en la guerra. En este contexto, el presidente McKinley declaró la guerra a España. El conflicto fue breve, ya que se enfrentaban una potencia emergente e industrializada como era Estados Unidos, contra un país atrasado y débil. 


La destrucción de la Armada española en los enfrentamientos de Santiago de Cuba y Cavite (Filipinas) obligaron al gobierno español a pedir la paz. El 10 de Diciembre de 1898 se firmó la Paz de París. Cuba se proclamó país independiente bajo el control de EE. UU, que se quedaba una pequeña porción de la isla como territorio propio: Guantánamo. Puerto Rico, las islas Filipinas, las Marianas y la isla de Guam pasaron a ser de EE. UU, aunque en Filipinas continuó el conflicto independentista
. La crisis del 98 fue el inicio de la descomposición del sistema de la Restauración. En el plano económico, se aprovechó la situación para realizar una reforma fiscal, además hubo una gran repatriación de capitales que se invirtieron en la Península. Políticamente, a nivel internacional España se convirtió definitivamente en una potencia menor, y a nivel interno la crisis de la idea de España causó el auge de los nacionalismos periféricos. También, aumentó la oposición al sistema establecido, con un gran avance de los movimientos obreros y del republicanismo. Cultural y socialmente se vivíó una conmoción nacional, cuya máxima expresión fue la Generación del 98. Unamuno, Maeztu, Baroja, entre otros, criticaron el sistema de la Restauración por su incapacidad para modernizar el país, y empezaron a hablar del “desastre del 98”. Surge también el Regeneracionismo, con la obra de Joaquín Costa, que analiza desde una perspectiva más científica el sistema establecido, que impedía el desarrollo democrático y por tanto la modernización del país. Para Costa, el retraso agrario era el inicio del problema y cualquier solución debía partir de su modernización.

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