Consecuencias de la desintegración de la gran Colombia

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El reinado de Alfonso XIII (1902 – 1931) puso de manifiesto que el régimen de la Restauración del s: XIX, a  pesar de los intentos modernizadores de los presidentes Maura y Canalejas ya en el s: XX, era incapaz de  adaptarse a los nuevos retos. Fue de hecho, un reinado convulso en el que afloraron problemas como el  nacionalismo catalán, el sindicalismo obrero o la Guerra de Marruecos. Ante la incapacidad por la vía  política de dar con soluciones eficaces y duraderas, los sucesivos gobiernos se fueron apoyando cada vez  más en un ejército que en 1923 acabó haciéndose con el control del país a través de la Dictadura de Primo  de Rivera (1923 – 1930).

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Cuando en 1902 Alfonso XIII alcanzó su mayoría de edad, la Constitución de 1876 le otorgaba un papel  relevante para nombrar y destituir gobiernos y dirigir las Fuerzas Armadas. El contexto político estaba  marcado por el Regeneracionismo, que asumieron tanto el partido liberal conservador de Maura, como el  Liberal progresista de Canalejas. El Regeneracionismo nacíó como un movimiento intelectual crítico  después de la Crisis del 98 y encabezado por Joaquín Costa que propuso reformas económicas y educativas  que se resumían en el lema Despensa y escuela. El Regeneracionismo inspiró a ambos partidos para llevar a  cabo en España lo que se consideraba una “revolución desde arriba” y en este sentido el partido conservador  retomó la legislación social iniciada en la I República, regulando por ejemplo los accidentes laborales y el  trabajo de mujeres y niños, y por su parte el partido progresista propónían la reforma del régimen  monárquico. El propio monarca asumiría el espíritu del Regeneracionismo y lo aplicaría a la monarquía.

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Maura encabezó la renovación del partido conservador, que tenía un claro componente católico  oponiéndose con fuerza a la propuesta de crear un Estado laico del partido progresista. Entendíó además  que la sociedad y la


vida política debían estar conectadas y que para ello, el caciquismo debía terminar y  había que incorporar al resto de fuerzas políticas, sobre todo al catalanismo, al sistema. En cuanto a la  política exterior, y después de la pérdida de las colonias en 1898, propónía un planteamiento nacionalista y  expansionista que se centraría en Marruecos.()El partido Liberal por su parte, encontró tras la muerte de Sagasta, en Canalejas a un nuevo líder que  procedía del ala izquierda del partido y con el que simpatizaban muchos republicanos. En los años en los que  fue presidente del gobierno orientó las iniciativas hacia la democratización del Régimen, admitiendo sin  embargo, la intervención del Estado en la economía, legislando en materia de seguros obreros y  compensaciones por accidentes y planteando de forma rotunda la separación Iglesia –Estado prohibiendo  durante dos años la creación de nuevas congregaciones religiosas en la conocida como Ley del Candado de  1910.() Además de los partidos liberales conservador y progresista, se crearon nuevas formaciones como la  Coalición Republicano – Socialista, con la que Pablo Iglesias obtendría por primera vez un escaño en el  Congreso o el Partido Radical de Lerroux, que fue moderando los planteamientos antimonárquicos y  anticlericales con los que nacíó. Además, en estos años se produjo un gran crecimiento de los sindicatos: la  UGT tuvo entre los mineros asturianos un gran desarrollo y en Cataluña nacíó la CNT, un movimiento  anarcosindicalista que a través de la acción directa pretendía la destrucción del Estado.()A pesar de los intentos de modernización inspirados en el Regeneracionismo por parte de los dos partidos  que estuvieron en el poder, durante el reinado de Alfonso XIII se produjeron numerosas crisis y conflictos:  la Semana Trágica de Barcelona (1909), el impacto de la I Guerra Mundial (1914 – 1918), la crisis de 1917, la  radicalización del Movimiento Obrero y la Guerra de Marruecos (1909 – 19231)



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En Julio de 1909 estalló en Barcelona una crisis conocida como la Semana Trágica que tuvo como  consecuencias el final del gobierno de Maura. En este conflicto entraron en juego varios problemas políticos  y sociales. Por un lado, desde principios de siglo el catalanismo estaba representado por la Liga  Regionalista fundada por Prat de la Riba, que pretendía lograr cierto grado de autonomía administrativa a  cambio de colaborar con la monarquía. Por otro lado, existía un republicanismo en torno a Lerroux,  antimonárquico y anticlerical, que estaba respaldado por la burguésía contraria al catalanismo y que acabó  cristalizando en el Partido Radical. Finalmente, el sindicalismo catalán, tradicionalmente de corte  anarquista había encontrado en la huelga general un instrumento capaz de paralizar la sociedad. En este  ambiente en 1909 cuando el gobierno de Maura movilizó a los reservistas para la Guerra de Marruecos,  estalló un conflicto que comenzó con la convocatoria de una huelga general y que degeneró en un motín, la  Semana Trágica, en el que se mezclaron reivindicaciones obreras, anticoloniales y anticlericales con la  quema de más de setenta edificios religiosos. La represión por parte del gobierno conservador de Maura  fue tan dura que se vio obligado a dimitir presionado incluso internacionalmente.

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Por lo que respecta a la I Guerra Mundial (1914 – 1918) las consecuencias económicas y sociales para España  fueron importantes a pesar de que esta se declaró neutral., porque las relaciones comerciales  internacionales se vieron afectadas: se aceleró la industrialización para cubrir la demanda pero eso provocó  una fuerte inflación y subida de precios que hizo disminuir los ingresos de los obreros. Desde los sindicatos  UGT (Uníón General de Trabajadores) y CNT (Confederación Nacional del Trabajo) se convocaron huelgas y  se solicitó al gobierno que interviniera para controlar los precios. En este contexto, en Agosto de 1917 convocaron una huelga general indefinida que no fue apoyada ni por el ejército ni por los republicanos y  que tomó tintes de revolución. El gobierno actuó de nuevo con dureza, hubo represión en las calles y se  produjo la detención del Comité organizador encabezado por el socialista Largo Caballero. Tras los  acontecimientos de 1917 la crisis del régimen monárquico crecíó, sobre todo por el auge del movimiento  obrero. La UGT aunque siguió controlada por el PSOE alcanzó su madurez como sindicato industrial  alcanzando los 200000 afiliados aunque sin duda el crecimiento más espectacular fue el de la CNT que con  su iniciativa de sindicatos únicos por ramo rebasó los 700000 afiliados. La lucha sindical estuvo poco  organizada pero fue muy activa y perseguía reivindicaciones como el jornal fijo, la abolición del destajo, la  contratación de trabajadores en los sindicatos en lugar de en la plaza del pueblo y la jornada laboral de 8  horas que finalmente lograron en 1919.

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El último gran problema de la monarquía de Alfonso XIII fue la Guerra de Marruecos (1909 – 1927). La  necesidad de prestigio militar tras el Desastre del 98 unido a que empresas y particulares se habían  enriquecido enormemente en el norte de África, provocaron que España participara en la Conferencia de  Algeciras (1906) por la que Francia obténía la tutela del sur de Marruecos mientras que el norte, con la salida  al Mediterráneo quedaban bajo protección española. Las primeras expediciones se produjeron en el Rif, una  regíón poblada por tribus bereberes o kábilas lideradas por el Abd el Krim que se enfrentaron a unas tropas  españolas inexpertas y sin motivación. Las emboscadas entre ambos fueron continuas pero tuvieron su  punto álgido en el verano de 1921 con el conocido como Desastre de Anual.

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En esta operación militar, el general Silvestre se alejó de la base militar española de Melilla y sus tropas  fueron cercadas en la población rifeña de Anual por Abd el Krim; para salvar la vida, comenzó una  desbandada del ejército español hacia Melilla que tuvo como factura 10000 españoles muertos, las  posiciones rifeñas aseguradas por muchos años de campañas perdidas en pocos días y una fuerte división  en el ejército español entre los africanistas, partidarios de continuar la Guerra en Marruecos donde como  Franco estaban desarrollando una brillante carrera militar y los junteros partidarios de abandonar el  conflicto. Se abríó también el debate sobre las responsabilidades, en el que se evidenció que la guerra de  Marruecos era muy impopular sobre todo entre las clases medias y trabajadoras.

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Así la situación, la monarquía de Alfonso XIII tenía sólo dos opciones para mantenerse: democratizar de  forma real el sistema o establecer un régimen autoritario, al estilo de los que se sucedían en países de Europa  más atrasados en los años veinte. Para sobrevivir, el sistema derivó finalmente en una solución militar y en  1923 Primo de Rivera encabeza un Golpe de Estado que abriría un periodo dictatorial hasta 1930.
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