Evolución socioeconómica y movimiento obrero en la España decimonónica

1. Transformaciones económicas

1.1. Proceso de desamortización y cambios agrarios

1.1.1. Antecedentes

Ya en el reinado de Carlos III se empezó a criticar la vinculación de bienes y tierras tanto a nobles como a la Iglesia y a los ayuntamientos, considerándolo como la principal causa del estancamiento agrario. De tal forma, se empezó a proponer la detención de la amortización e incluso su supresión.

A partir de 1795, con Godoy, se inicia una pequeña desamortización en la que se declaran en venta bienes eclesiásticos, destinando lo obtenido a amortizar la deuda e indemnizar a la Iglesia.

Durante la Guerra de la Independencia, tanto el gobierno bonapartista como las Cortes de Cádiz realizaron una legislación paralela de supresión de conventos y órdenes religiosas, poniendo a la venta sus propiedades. Sin embargo, con la restauración del absolutismo en 1814, estas leyes se anularon, aunque volverían a entrar en vigor en el Trienio Liberal (1820-1823).

1.1.2. La desamortización de Mendizábal

Con estos precedentes, a partir de 1833, el proceso de desamortización se aceleró por varias causas:

  • La guerra obligaba al Estado a obtener recursos.
  • Clima anticlerical por todo el país a causa del apoyo del clero al pretendiente carlista.
  • Los antiguos compradores de bienes desamortizados en el Trienio, expropiados en 1823, presionaban al gobierno para que les devolviera sus bienes. Eran hombres ricos que formaban un grupo muy influyente, esencial para el bando cristino.

Por esto, no es extraño que los gobiernos liberales fueran poco a poco avanzando hacia la desamortización. En este contexto, se publicó la primera de las dos grandes leyes de desamortización: la de Mendizábal, en 1836, en la que se declaraban en venta todos los bienes pertenecientes al clero regular. Sus objetivos eran:

  • Sanear la Hacienda reduciendo la deuda.
  • Conseguir el acceso a la propiedad a los sectores burgueses.
  • Crear un sector social de nuevos propietarios vinculados al régimen y al bando cristino.

Además, desde 1841, se incluyeron los bienes del clero secular. Fue finalmente con la vuelta de los moderados, en 1844, cuando se suspendieron las subastas, aunque el gobierno del general Narváez reconoció las ventas ya realizadas. En total, entre 1836-1844 se vendieron propiedades por valor de unos 3.000 millones de reales, desamortizándose el 62% de las propiedades de la Iglesia.

Consecuencias de esta desamortización:

  • Desmantelamiento casi completo de la propiedad de la Iglesia y de sus fuentes de riqueza (el diezmo fue suprimido en 1837).
  • La desamortización no resolvió el problema de la deuda, pero sí contribuyó a atenuarlo.
  • No se produjo un aumento de la producción agraria, ya que los nuevos propietarios se limitaron a seguir cobrando rentas.
  • Se acentuó el latifundismo, constituyendo la nueva élite terrateniente (caciques, viejos señores) que controlará el poder durante el reinado de Isabel II.

1.1.3. La segunda gran desamortización: la ley Madoz

Se inició en 1855 con la Ley de Desamortización General, conocida como la Desamortización de Madoz. En ella se declaraban a la venta:

  • Toda clase de propiedades rústicas y urbanas pertenecientes al Estado.
  • Toda clase de propiedades rústicas y urbanas pertenecientes a la Iglesia.
  • Las tierras de propios y baldíos de los Municipios.

Pretendía completar el proceso iniciado por Mendizábal. Las consecuencias fueron la eliminación de la propiedad comunal, el empeoramiento de la situación económica del campesinado y la ruptura de las relaciones con la Iglesia.

1.2. Las peculiaridades de la incorporación de España a la revolución industrial

La evolución de la economía española hasta 1868 fue lenta debido a las condiciones geográficas, la escasez de materias primas, el lento crecimiento demográfico, la pérdida de las colonias americanas, la falta de capitales y una política proteccionista que favoreció los intereses agrarios.

1.2.1. Modernización de las infraestructuras: el sector industrial

Hacia 1830, solo el sector textil de Barcelona había iniciado su industrialización mediante la mecanización y la energía de vapor. En cuanto a la siderurgia, el desarrollo fue menor debido a la falta de mecanización y la escasez de carbón de calidad. Se distinguen tres etapas: la inicial (1830-1860, altos hornos andaluces), la segunda (1860-1880, altos hornos asturianos) y la tercera (desde 1880, predominio vizcaíno).

2. Transformaciones sociales

2.1. Crecimiento demográfico

La población española creció en el siglo XIX, aunque a un ritmo inferior a la media europea. El principal lastre fue la alta mortalidad debida a guerras, crisis agrarias y epidemias (cólera y tuberculosis). La mejora en la higiene urbana y la autorización de la emigración en 1853 fueron factores clave en la evolución demográfica.

2.2. De la sociedad estamental a la sociedad de clases

La revolución liberal acabó con los privilegios estamentales, instaurando un sistema basado en la igualdad ante la ley y el dinero como elemento diferenciador. Se divide en tres grupos:

  • Clase dirigente: Vieja aristocracia, altas jerarquías del clero, Ejército y alta burguesía (terratenientes, comerciantes, financieros y profesionales).
  • Clases medias: Pequeños propietarios, mandos intermedios y profesionales liberales. Grupo heterogéneo y conservador.
  • Sectores populares: Campesinos (80% de la población), artesanos y trabajadores de servicios.

2.3. Génesis y desarrollo del movimiento obrero en España

Las duras condiciones laborales (jornadas de 12-14 horas, trabajo infantil, analfabetismo) propiciaron el surgimiento del movimiento obrero. Tras el Bienio Progresista, el movimiento se politizó, apoyando al partido demócrata y republicano. Con la Revolución Gloriosa de 1868 y la llegada de la AIT, el movimiento obrero se organizó de forma autónoma.

En 1879 se fundó el PSOE, liderado por Pablo Iglesias, con objetivos como la abolición de las clases y la conquista del poder político. Posteriormente, en 1888, se creó la UGT, mientras que en 1911 surgió la CNT como alternativa anarquista centrada en la acción revolucionaria.

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