La romanización fue el proceso por el cual los pueblos de la Península Ibérica adoptaron la cultura, lengua y organización de Roma tras su conquista entre el 218 a.C. Y el 19 a.C. Este proceso fue lento y desigual, siendo más intenso en el sur y la costa mediterránea que en el interior y el norte.
La conquista se realizó en tres fases: ocupación del litoral mediterráneo, conquista de la Meseta (Numancia y Viriato) y sometimiento del norte con las guerras cántabras. Tras ella, Hispania se integró en el Imperio romano. La romanización se difundíó gracias al asentamiento de colonos romanos, el papel del ejército y la concesión de la ciudadanía a las élites indígenas. La administración se organizó en provincias y ciudades, que eran el centro de la vida política y económica. La sociedad se dividía en ciudadanos, no ciudadanos, libertos y esclavos. La economía era colonial: Hispania exportaba materias primas (agrícolas y minerales) e importaba productos elaborados. Destacaron la agricultura, la minería y el comercio, favorecido por una red de calzadas. Culturalmente, se impusieron el latín, el Derecho romano y las creencias romanas, hasta la expansión del cristianismo, que se convirtió en religión oficial en el siglo IV. A partir del siglo III, el Imperio entró en crisis por invasiones, conflictos internos y problemas económicos, lo que llevó a su caída en el 476. En conclusión, la romanización fue fundamental porque integró la Península en el mundo romano y dejó un legado duradero en la lengua, el derecho y la cultura.
Castilla y Aragón Durante la Baja Edad Media, los reinos de Castilla y Aragón atravesaron una etapa marcada por una profunda crisis en el Siglo XIV. Esta crisis se debíó principalmente a la Peste Negra de 1348, que provocó un fuerte descenso de la población, así como a malas cosechas que originaron una crisis agraria. Como consecuencia, surgieron conflictos sociales, como las revueltas campesinas, entre ellas las de los irmandiños en Galicia y los remensas en Cataluña. Además, se produjeron persecuciones contra los judíos, especialmente a partir de 1391. En el ámbito económico, predominaba la ganadería, especialmente en Castilla, donde la Mesta tuvo un papel muy importante. La agricultura, sin embargo, era poco productiva. Políticamente, Castilla y Aragón evolucionaron de forma distinta. En Castilla se consolidó una monarquía autoritaria en la que el rey concentraba gran parte del poder. En cambio, en Aragón se desarrolló una monarquía pactista, en la que el rey debía gobernar con el apoyo de las Cortes y respetar los fueros. Castilla se fortalecíó tras su uníón definitiva con León en 1230 y avanzó hacia un mayor poder real con leyes como el Ordenamiento de Alcalá. Aragón, por su parte, se vio más afectado por la crisis, especialmente en Cataluña, donde se produjeron conflictos como la Guerra Civil catalana.
Al-Ándalus fue el territorio de la Península Ibérica bajo dominio musulmán desde el año 711. A lo largo de su historia pasó por diversas etapas políticas. Primero fue un emirato dependiente del Califato de Damasco. En 756, Abderramán I establecíó el Emirato independiente de Córdoba, que más tarde se convirtió en Califato en el año 929 con Abderramán III, alcanzando su máximo esplendor político, económico y cultural. Tras la caída del Califato en 1031, Al-Ándalus se fragmentó en numerosos reinos de taifas, lo que debilitó su poder frente a los reinos cristianos.
Posteriormente, llegaron los imperios norteafricanos, primero los almorávides y luego los almohades, que intentaron frenar el avance cristiano.
Finalmente, solo sobrevivíó el reino nazarí de Granada, que perduró hasta 1492.
La sociedad andalusí era muy diversa, formada por musulmanes, cristianos mozárabes y judíos. La economía se basaba en una agricultura muy avanzada gracias al regadío, así como en el comercio. Además, Al-Ándalus destacó por su gran desarrollo cultural, con importantes avances en ciencia, medicina y filosofía, siendo Córdoba uno de los principales centros culturales de Europa.
Los reinos cristianos surgieron en el norte de la Península Ibérica tras la invasión musulmana, destacando el reino de Asturias como uno de los primeros núcleos de resistencia. Desde allí comenzó un proceso de expansión hacia el sur conocido como la Reconquista. A medida que conquistaban territorios, los reinos cristianos llevaron a cabo la repoblación de estas tierras mediante diferentes sistemas. En el norte predominaban los concejos, que otorgaban tierras y privilegios a los habitantes, mientras que en el sur se utilizaban los repartimientos, que favorecían la creación de grandes propiedades en manos de la nobleza. Entre los principales reinos cristianos destacaron Castilla, Aragón, Navarra y Portugal. Su sociedad era de tipo feudal, con una clara división entre los estamentos privilegiados, como la nobleza y el clero, y el resto de la población. La economía se basaba principalmente en la agricultura y la ganadería, siendo esta última especialmente importante en Castilla. En el ámbito político, surgieron instituciones como las Cortes, que permitían cierta participación de los estamentos, aunque el poder del rey seguía siendo fundamental.
