Sociedad ilustrada

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11.2. Política económica del franquismo:
De la autarquía al desarrollismo. Transformaciones sociales:  causas y evolución. 

Nos referiremos a la segunda gran  etapa del Franquismo, donde los conflictos de diversa índole de 1956 habían convencido a Franco de la necesidad de  un cambio de rumbo en el gobierno que fue encomendado especialmente al equipo de López Rodó, diseñador de un  Plan de Estabilización de 1959 que contribuirá a una mayor liberalización de la economía.  

2. Transformaciones económicas: de la autarquía al desarrollismo

Tras la Guerra Civil, el Franquismo adoptó una política económica autárquica, muy dirigista e intervencionista, y de  aislamiento y autosuficiencia con respecto al mercado exterior sobre todo en los años ´40, se  produjeron un estancamiento económico generalizado, ejemplificado en unas cartillas que duraron hasta 1952. Prueba evidente de la carestía fue que el mercado  negro estuvo durante años copado por productos alimenticios. La actividad industrial también se estancó, aunque  intentará dinamizarse desde 1941 con la creación del INI.El ocaso de esta política autárquica comienza a vislumbrarse a partir de 1951 en virtud del fin del bloqueo diplomático del Régimen y de la entrada de los tecnócratas del Opus Dei en el gobierno de 1957. Hasta 1959 el  nuevo gobierno (Laureano López Rodó), tomó medidas para modernizar la economía, integrar en el espacio  europeo y mejorar la administración del Estado: cambio único de la peseta, reforma tributaria para equilibrar gastos  e ingresos y creación de un marco favorable para las inversiones extranjeras. España ingresó en el FMI, y en el Banco  Internacional de Reconstrucción y Desarrollo (BIRD).  dos medidas que provocaron el milagro económico español de los años 60 fueron: 

El Plan de Estabilización (1959): propónía el fin de la autarquía y planificaba la liberalización económica. Se tomaron  medidas fiscales para limitar el crédito al sector privado y suprimir subsidios fiscales a las empresas públicas, elevar  los tipos interés, reducir los gastos y aumentar los impuestos, congelar los salarios y rebajar la tasa de inflación.  Todas estas medidas serían compensadas con medidas comerciales para facilitar las inversiones extranjeras:  devaluación de la peseta y cambio único con el dólar. Los efectos a corto plazo no fueron buenos hasta que se  consiguió controlar la inflación, donde se produjo un aumento del empleo, las exportaciones industriales y en mayor  equilibrio en la balanza de pagos. Se pusieron en marcha tres planes de desarrollo entre 1964-1975. El objetivo era superar las deficiencias  estructurales y en general favorecer las zonas menos industrializadas a través de los “polos de desarrollo”. Los recursos se destinaron a las zonas económicamente más seguras adecuándose a los intereses políticos y económicos más influyentes, es necesario destacar que el PIB de España entre 1961-1974  crecíó un 7% al año y la renta per cápita se duplicó de 35.791 pesetas en 1960 a 83.238 en 1975. La modernización agraria mejoró la productividad y proporciónó mano de obra para los crecientes  centros industriales urbanos de Cataluña, País Vasco, Madrid… Esta situación fue reforzada por el creciente ciclo económico europeo de los años 60 hasta la crisis del petróleo de  1975, favorecíó la exportación de productos manufacturados y agrícolas; la modernización tecnológica y la inversión extranjera; el aumento del turismo gracias a las condiciones naturales favorecían el turismo de “sol y playa” y por último las remesas de dinero que enviaron los emigrantes españoles  en Europa que contribuyó a equilibrar el déficit comercial. 

3. Transformaciones sociales: causas y evolución

La sociedad española de los años ´40 y ´50 se distinguieron por una rígida jerarquización en la que predominaban los  valores tradicionales y la moral católica, difundidos por la Iglesia a través de instrumentos como la educación y la  censura. En el ámbito educativo fueron depurados los docentes de izquierdas y liberales y la enseñanza  privada religiosa monopolizó el sector. En líneas generales cabría hablar de una sociedad gobernada por una moral  escrupulosa y una estricta división sexual de las funciones que implicaba una  absoluta supeditación de la mujer respecto al hombre. Provocaron la transición a una sociedad moderna. En 1940 más del 50 % de la  población activa española estaba empleada en la agricultura. Para 1960 estos dos últimos  sectores juntos superan el número de empleados en la agricultura. Las grandes ciudades recibieron grandes  contingentes de población que provocaron la aparición de la influyente burguésía urbana, las clases medias y de  funcionarios y profesiones liberales aumentaron notablemente. El movimiento obrero se hizo más potente y  reivindicativo frente al poder de las empresas y el sistema político. Se provocó un aumento del empleo y de los salarios que permitieron a la población adoptar  nuevas formas de vida y mentalidad de los españoles: La mujer tuvo acceso a la formación académica y profesional, su incorporación al mundo laboral provocó que se constituyó en 1970 el 17.9% de la población activa. Se produjo un aumento significativo en la demanda de bienes  de consumo propios de una sociedad de consumo: electrodomésticos para el hogar, el uso del automóvil. Las jóvenes generaciones fueron las que asimilaron y propiciaron los cambios, asimilando modas, peinados… El cine desarrolló una producción crítica gracias a autores como Luis García Berlanga, Luis Buñuel y Juan  Antonio Bardem, aparecieron revistas de temática crítica (víctimas de la censura) como La Codorniz. Todas estas manifestaciones culturales son reflejo de las transformaciones sociales de los años 60 y 70. La oposición  social al régimen la protagonizó el movimiento obrero con sus sindicatos y las numerosas  huelgas, manifestaciones y conflictividad laboral. Los estudiantes y la universidad se convirtió un en un foco de  oposición permanente al franquismo. Se produjeron constantes enfrentamientos entre sindicatos ultraderechistas y de izquierdas.

Toda esta evolución social fue el motor del cambio político hacia una nueva estructura democrática y liberal, cocinada durante la Transición y que dio como consecuencia nuestro sistema democrático  actual.

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