Historia de España en el Siglo XIX: De Isabel II al Desastre de 1898

El reinado de Isabel II

El reinado de Isabel II. La oposición al liberalismo: carlismo y guerra civil. La cuestión foral

a) La cuestión sucesoria

En 1830 nació Isabel, primera hija de Fernando VII y de María Cristina de Nápoles. Según la Ley Sálica, las mujeres quedaban excluidas de sus derechos al trono. Esta ley fue derogada por Fernando VII, dictando la Pragmática Sanción para que su hija pudiera ser la heredera. Esto significaba la pérdida de todas las opciones al trono de Don Carlos y, por lo tanto, provocó sus protestas. Entonces, Fernando adoptó tres decisiones: obligó a Carlos a marcharse a Portugal, destituyó de su cargo en el Ejército a los partidarios del infante y ordenó una amnistía política para los liberales presos o exiliados.

En 1833, después de la muerte de Fernando VII, Don Carlos reivindicó desde Portugal sus derechos dinásticos (Manifiesto de Abrantes), comenzando un conflicto civil.

b) Las guerras carlistas

Carlos es proclamado rey en diversas ciudades y surgen partidos carlistas por todo el país. Se enfrentaron dos sectores con posiciones opuestas:

  • El bando isabelino o cristino: recibió el apoyo de las clases medias, la alta burocracia, mandos del Ejército, jerarquías eclesiásticas, alta nobleza, grandes burgueses y una parte del campesinado. La regencia de María Cristina contó con el apoyo de Portugal, Inglaterra y Francia (Cuádruple Alianza).
  • El bando carlista: contaba con el respaldo de todos aquellos que temían la victoria liberal por temor a que se vieran amenazados sus intereses. El carlismo se implantó en Navarra, País Vasco, norte del río Ebro y en el Maestrazgo. Contaron con la simpatía de Austria, Rusia y Prusia.

Su programa político se resumía en “Dios, Patria, Fueros y Rey”. Sus principios más característicos eran la defensa del absolutismo regio, el integrismo religioso, el mantenimiento de los fueros vascos y navarros, el inmovilismo y la fidelidad a la patria. La guerra civil entre carlistas e isabelinos tuvo tres etapas:

  1. Primera etapa (1833-1835): El general Zumalacárregui, al mando del ejército carlista del norte, controló grandes espacios rurales en las provincias vascas y en Navarra. Apenas hubo combates y ambos bandos emplearon medios brutales de represión contra sus adversarios. El general Ramón Cabrera dirigió a las tropas carlistas en la región valenciano-aragonesa.
  2. Segunda etapa (1836-1837): Baldomero Espartero accedió al mando supremo del ejército isabelino. Las columnas armadas carlistas realizaron varias expediciones (Expedición Gómez, 1836, y Expedición Real, 1837) penetrando en Castilla, Andalucía, Cantabria, Asturias y Galicia. Sin embargo, esas expediciones fracasaron y los carlistas no encontraron respaldos.
  3. Tercera etapa (1838-1840): El bando carlista se dividió en dos facciones: por un lado, los ultras absolutistas e integristas católicos y, por otro, los más moderados, como Maroto, favorables a un pacto con los isabelinos. La guerra civil concluyó con la victoria de las tropas liberales isabelinas, con la huida de Don Carlos a Francia y con la firma del Convenio de Vergara (1839).

El carlismo se mantuvo militarmente activo, provocando otros dos conflictos:

  • La Segunda Guerra Carlista (1846-1849): Conocida como la “Guerra dels Matiners”, se desarrolló en Cataluña y tuvo como pretexto el fracaso de la boda entre Isabel II y Carlos VI. Posteriormente se produjeron otras sublevaciones carlistas como la de Cataluña (1855) o la Ortegada (1869).
  • La Tercera Guerra Carlista (1872-1876): Los carlistas se enfrentaron a Amadeo I de Saboya y después a la I República. La guerra se desarrolló en Cataluña, Navarra y País Vasco. Se produjeron expediciones hacia el interior de la Península como el saqueo de Cuenca (1874). Finalmente, la restauración de los Borbones en el trono (1875) supuso el declive del carlismo.

c) La cuestión foral

La primera guerra carlista concluyó con la firma del Convenio de Vergara en 1839 por el general carlista Maroto y por el general isabelino Espartero; buscaba la reconciliación entre ambos bandos y el deseo de reintegrar a los carlistas en el nuevo sistema político liberal. Incluía una promesa de mantenimiento de los privilegios forales específicos vascos y navarros. Sin embargo, en 1841, se suprimieron algunos privilegios forales navarros, pero el sistema fiscal fue favorable para Navarra. En 1846 se produjo un recorte de los fueros vascos, que resultó ventajoso para la población vasca en materia fiscal.

Isabel II (1833-1843): Las Regencias

a) La regencia de María Cristina (1833-1840)

La muerte de Fernando VII puso fin al absolutismo monárquico. La reina se alió con los liberales y el gobierno estuvo presidido por Cea Bermúdez. Cabe destacar a Javier de Burgos, que dividió el país en 49 provincias. Sin embargo, en 1834, la regente situó a Martínez de la Rosa al frente del gobierno, quien adoptó medidas como la ampliación de la amnistía, la libertad de prensa limitada, restableció la Milicia Nacional y aprobó un Estatuto Real.

El Estatuto Real era una carta otorgada o ley fundamental que reformaba las Cortes y las convertía en una asamblea para asesorar a la Corona. Las Cortes quedaban formadas por una Cámara alta de Próceres, compuesta por individuos designados por el monarca, y por una Cámara de Procuradores, elegidos por sufragio restringido indirecto. El Estatuto Real no logró satisfacer a los liberales más radicales y surgieron dos tendencias: los moderados y los progresistas.

Durante 1835 surgieron protestas de los liberales más extremistas que protagonizaron revueltas callejeras, asaltaron y destruyeron fábricas y quemaron conventos. Ante estos sucesos, la reina le encargó el gobierno a los liberales progresistas con Juan Álvarez Mendizábal a la cabeza. Este gobierno emprendió la desamortización eclesiástica, la libertad de imprenta, la supresión de conventos y la ampliación de la Milicia Nacional y del número de personas con derecho a voto.

María Cristina, tras esas medidas, forzó la dimisión de Mendizábal en 1836, lo que desencadenó la sublevación de la Guardia Real en el Palacio de la Granja. La regente tuvo que volver a entregar el gobierno a los progresistas y restableció la Constitución de 1812. El nuevo gobierno, encabezado por José María de Calatrava, continuó la labor de demolición del absolutismo. Se eliminaron el régimen señorial, el mayorazgo y el diezmo. También se permitió la elección popular de los alcaldes. Por último, se sustituyó a los jefes del ejército y se puso al frente al general Espartero.

Las Cortes elaboraron la Constitución de 1837, un intento de contentar a progresistas y moderados. Los aspectos más relevantes eran:

  • Soberanía nacional compartida con la Corona.
  • Bicameralismo parlamentario (Congreso y Senado).
  • Mantenimiento de ciertos poderes del rey (iniciativa legislativa, derecho de veto y nombramiento de ministros).
  • Reconocimiento de los derechos individuales y de la libertad de imprenta.
  • Afirmación de la libertad religiosa.

Se completó con el establecimiento de una ley electoral con voto directo y sufragio restringido masculino. En 1840, se produjo un intento de eliminar el voto popular y los progresistas protagonizaron una insurrección con el apoyo de Espartero que forzó la dimisión de María Cristina.

b) La Regencia de Espartero (1840-1843)

Espartero protagonizó un gobierno autoritario. Intentó reprimir las protestas moderadas y progresistas radicales. Decidió recortar los fueros vasco-navarros y se aceleraron las ventas de los bienes desamortizados.

Algunos generales moderados intentaron sublevarse y en 1842 estalló una revuelta popular en Barcelona debido a la disminución de los salarios, la subida de impuestos, la actividad de los republicanos demócratas y la protesta ante un acuerdo comercial librecambista con Gran Bretaña. Espartero mandó bombardear la ciudad, lo que liquidó su prestigio. Posteriormente, moderados y progresistas protagonizaron un pronunciamiento militar que obligó a Espartero a dimitir y a abandonar el país. Entre los impulsores estaban Narváez (moderado) y Prim (progresista). Finalmente, el general Narváez cerró periódicos y clubes políticos, destituyó a los militares progresistas y persiguió a los diputados más radicales. En 1844 se convirtió en jefe de Gobierno.

Isabel II (1843-1868): El reinado efectivo

En 1843, las Cortes votaron la mayoría de edad de Isabel II. Fue un periodo de tendencia muy conservadora, regulado por la Constitución de 1845. Fue un régimen de gobiernos autoritarios, dominio de las oligarquías y una monarquía fuerte. La reina Isabel intervino activamente en la vida política, apoyando a los sectores más conservadores y utilizando su capacidad de veto absoluto y nombramiento de ministros, condicionada por la Camarilla.

Hubo fraude y manipulaciones electorales constantes. Además, la participación de los generales en el Gobierno fue continua. Los mandos militares de alta graduación (“espadones”) como Espartero, Narváez, O’Donnell, Serrano y Prim lideraron los principales partidos. Otra característica fue la exclusión de la gran mayoría del país de la vida política y la represión de las clases populares.

a) Época moderada (1844-1854)

Periodo caracterizado por el liderazgo de Narváez y la estabilidad. Sus principales actuaciones fueron:

  1. Creación de la Guardia Civil en 1844, dirigida por el Duque de Ahumada.
  2. Ley de Ayuntamientos de 1845 para nombrar alcaldes desde el gobierno.
  3. Reforma del sistema fiscal de Alejandro Mon (1845).
  4. Aprobación de la Constitución de 1845: soberanía compartida, confesionalidad del Estado y supresión de la Milicia Nacional.
  5. Modificación de la legislación electoral (1846), restringiendo el voto a los más ricos.
  6. Firma del Concordato con la Santa Sede (1851).

En 1849, algunos progresistas radicales fundaron el Partido Demócrata, defendiendo el sufragio universal.

b) El bienio progresista (1854-1856)

En 1854 se produjo un golpe de Estado tras la “Vicalvarada”. Los rebeldes publicaron el Manifiesto de Manzanares, redactado por Cánovas del Castillo. Isabel II entregó el Gobierno a Espartero. Se formó la Unión Liberal, liderada por O’Donnell. Se aprobaron la Ley de Desamortización de Madoz (1855), la Ley de Ferrocarriles y la Ley de Sociedades Bancarias (origen del Banco de España). Tras una crisis de conflictividad social, Espartero dimitió en 1856 y la reina encargó el gobierno a Narváez.

c) El gobierno de la Unión Liberal y el final del reinado (1856-1868)

Entre 1856 y 1863, la Unión Liberal controló la política con el “Gobierno Largo” de O’Donnell. Fue una época de euforia económica y política exterior activa (Cochinchina, Marruecos, México, Santo Domingo y la guerra contra Perú y Chile).

A partir de 1863, el sistema entró en crisis económica y política. Se produjeron los sucesos de la Noche de San Daniel (1865) y la sublevación del Cuartel de San Gil (1866). Finalmente, progresistas, demócratas y republicanos firmaron el Pacto de Ostende y en 1868 derrotaron a la reina.

Sexenio Democrático (1868-1874)

La Revolución de 1868 y el reinado de Amadeo I

La Revolución de 1868, “La Gloriosa”, comenzó en Cádiz encabezada por Prim, Serrano y Topete bajo el lema “España con honra”. Tras la batalla de Alcolea, Isabel II se exilió. Se formó un Gobierno provisional presidido por Serrano. Las Cortes constituyentes elaboraron la Constitución de 1869, la primera democrática de España, que establecía una monarquía democrática, soberanía nacional y sufragio universal masculino.

Prim buscó un nuevo rey, eligiendo a Amadeo de Saboya, quien llegó a España en 1871, coincidiendo con el asesinato de Prim. Su reinado (1871-1873) fue inestable debido a la Guerra de Cuba, la Tercera Guerra Carlista y la división de los partidos liberales. En 1873, Amadeo I abdicó.

La Primera República (1873-1874)

Proclamada en 1873, tuvo como primer presidente a Estanislao Figueras, seguido por Pi y Margall. Se intentó una República Federal, pero el sistema colapsó por la insurrección cantonalista, la guerra carlista y el conflicto en Cuba. Tras los gobiernos de Nicolás Salmerón y Emilio Castelar, el general Pavía dio un golpe de Estado en 1874. Finalmente, el general Martínez Campos proclamó a Alfonso XII como rey en Sagunto.

El régimen de la Restauración

El sistema canovista y la Constitución de 1876

Alfonso XII firmó el Manifiesto de Sandhurst, garantizando una monarquía constitucional. Antonio Cánovas del Castillo fue el artífice del sistema, basado en la Constitución de 1876 y el turno de partidos entre el Conservador (Cánovas) y el Liberal (Sagasta). El sistema se apoyaba en el caciquismo y el encasillado para manipular las elecciones.

La Regencia de María Cristina y el nacionalismo

Tras la muerte de Alfonso XII en 1885, María Cristina de Habsburgo asumió la regencia. El Pacto de El Pardo consolidó el turno pacífico. Durante este periodo surgieron los nacionalismos periféricos:

  • Cataluña: Con figuras como Valentí Almirall y Enric Prat de la Riba, y documentos como las Bases de Manresa.
  • País Vasco: Sabino Arana fundó el PNV en 1895, defendiendo la etnia, la lengua y la independencia.

Guerra de las colonias y crisis de 1898

En 1895 estalló la guerra en Cuba (dirigida por José Martí). La intervención de Estados Unidos, tras la explosión del Maine, llevó a la derrota española. Por el Tratado de París (1898), España perdió Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. El Desastre del 98 provocó una profunda crisis moral, política y social en el país, marcando el fin del imperio colonial.

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