La Crisis de la Monarquía y la Guerra de Independencia en España

1. La crisis de la monarquía y la Guerra de Independencia

La monarquía de Carlos IV se encontraba muy desprestigiada en los primeros años del siglo. Las razones eran una crisis del sistema de gobierno.

La desamortización ordenada por Godoy en 1798 para hacer frente a la crisis financiera generada por las guerras fue un factor clave. Otro motivo de descontento era la subordinación de la política exterior española.

Una de las consecuencias más graves fue la derrota en la Batalla de Trafalgar, donde fue destruida la armada española. Un nuevo acuerdo con Francia, el Tratado de Fontainebleau, permitió la entrada de tropas francesas para ocupar el reino de Portugal.

Esto levantó la oposición de un partido llamado antigodoísta, que estaba integrado por nobles y clérigos favorables al príncipe Fernando. El partido preparó una conspiración contra el rey.

El segundo acto de esta crisis fue el Motín de Aranjuez, que provocó la destitución de Godoy y la abdicación de Carlos IV. La caída agravó la crisis de la monarquía. Napoleón intervino en los asuntos de la familia real española y la convocó a la ciudad de Bayona.

El 2 de mayo de 1808, el pueblo de Madrid se alzó contra las tropas francesas. El ejército francés reprimió duramente el levantamiento, con muchas muertes. En Bayona, Napoleón había obligado a Carlos IV y Fernando VII a renunciar al trono y cedérselo a él. La insurrección se extendió a muchas localidades de España.

Los franceses intentaron instaurar por la fuerza en España un sistema de gobierno basado en los principios del liberalismo político; este sistema quedó plasmado en el Estatuto de Bayona. Una carta otorgada porque no respondía a una decisión popular. El rey José I llegó a Madrid con el encargo de poner en marcha todo el proyecto. La personalidad del rey se alejaba de la imagen que se dio de él en la propaganda, aunque carecía de autonomía en el gobierno.

Desarrollo de la guerra

La victoria en la Batalla de Bailén obligó al rey José I a abandonar Madrid y las tropas francesas se retiraron. Napoleón entró en Madrid el 2 de diciembre de 1808 y regresó José I a la capital. Durante su estancia en España, el emperador francés llevó a cabo reformas de corte revolucionario por las que suprimió la Inquisición, el régimen señorial, entre otras medidas.

Mientras, un ejército inglés desembarcó en la península para ayudar a los portugueses. La victoria francesa y el avance hacia el sur permitieron a Napoleón ocupar casi toda España. Entre 1810 y 1812, las tropas alcanzaron el máximo control sobre el suelo español.

En 1812, los efectos adversos de la campaña de Rusia, comandada por Napoleón, obligaron a retirar tropas de España. El avance de las tropas anglo-españolas obligó a José I y a los franceses a abandonar Madrid y dirigirse a Valencia.

La guerra se inclinó al lado de los anglo-españoles y la derrota francesa precipitó el abandono de José I. Napoleón firmó el Tratado de Valençay y Fernando VII era repuesto en el trono.

Patriotas y afrancesados

La evolución de la España ocupada generó un proceso revolucionario y una confrontación entre afrancesados y patriotas, liberales y absolutistas. El proceso revolucionario que vivió el país tuvo tres centros de acción:

  • La guerrilla: Fue un instrumento que canalizó la lucha del pueblo llano contra el invasor.
  • Las juntas: Se formaron en muchas localidades ante el vacío de poder producido por la invasión.
  • Convocatorias de Cortes: Defendían las reformas y optaron por unas Cortes Generales, elegidas por sufragio universal masculino.

Durante la ocupación francesa, el pueblo español adoptó dos actitudes ante el ejército invasor y la nueva dinastía de José I. Los patriotas eran defensores de la monarquía borbónica, entre ellos había dos posturas: unos vieron la invasión como una oportunidad para iniciar la reforma de la monarquía; otros veían la invasión como la justificación para mantener el sistema anterior.

2. Cortes de Cádiz

La elección de los diputados tropezó con grandes dificultades por la ocupación militar y la presencia de diputados procedentes de América. Entre los diputados existían varias sensibilidades:

  • Un grupo que pretendía no modificar nada del sistema político absolutista.
  • Otro grupo en el que destacaba el ilustrado Jovellanos.
  • Los liberales, que proponían una cámara única que asumiera la soberanía nacional y elaborar una constitución que debía recoger las novedades aportadas por la Revolución Francesa.

Esta última posición triunfó porque muchos diputados no pudieron acudir a la convocatoria y fueron sustituidos. La composición social de los diputados que participaron mostraba la compleja situación de aquella sociedad. La burguesía no fue la única clase social protagonista de la revolución liberal; parte del clero y la nobleza también la apoyaron.

Nació la prensa política y la opinión pública. Expulsados los franceses, las nuevas Cortes ordinarias se trasladan a Madrid.

La obra legislativa de las Cortes de Cádiz representó una ruptura radical con los principios hasta entonces vigentes. El primer decreto de las Cortes estableció que la soberanía residía en la nación. Se proclamó la igualdad ante la ley, lo que suponía el fin de la sociedad estamental. Se planteó un conjunto de reformas.

La Constitución de 1812

El 23 de diciembre de 1810 se creaba la comisión encargada de elaborar un proyecto de constitución. Este proceso estuvo precedido de un intenso debate. Tras año y medio, se promulgó el 19 de marzo de 1812, por coincidir con el cuarto año del reinado de Fernando VII. La nueva Constitución se llamó «la Pepa».

Los principios fundamentales fueron:

  • Afirmación de la soberanía nacional.
  • Reconocimiento de los derechos y libertades individuales y la igualdad ante la ley.
  • División de poderes.
  • La religión católica era la única permitida.
  • Creación de la Milicia Nacional y una monarquía moderna.

3. Sexenio Absolutista

Tras el Tratado de Valençay, Fernando VII regresó a España, pero no aceptó el tratado ni las reformas legislativas de Cádiz.

En mayo se produjo un contexto internacional favorable al absolutismo. Fernando VII desembarcó en Valencia coincidiendo con la publicación del Manifiesto de los Persas. El Decreto de Valencia supuso un golpe de Estado, restauró el poder absoluto del monarca y abolió la legislación de las Cortes de Cádiz.

La política aplicada por Fernando consistió en una idea obsesiva: se persiguió a los liberales que lucharon en la guerra por la vuelta de Fernando; el resultado fue el primer exilio de la España contemporánea. España debía enfrentar una guerra abierta por la independencia en las colonias americanas mientras la Hacienda estaba en ruina.

Se restauró el viejo sistema fiscal. El Motín de Garay intentó remediar esta situación estableciendo un sistema fiscal de contribución única y proporcional a los ingresos. La represión iniciada en mayo no detuvo la acción de los liberales. Los liberales carecían de apoyo popular, por lo que para llegar al poder necesitaban a los militares.

El 1 de enero de 1820 se sublevó el ejército; Riego no consiguió apoyo inmediato, pero la revolución se extendió, por lo que Fernando VII tuvo que jurar la Constitución de 1812.

4. Trienio Liberal

Tras el pronunciamiento de Riego, Fernando VII juró la Constitución de 1812, formó un gobierno integrado por liberales y se inició la labor legislativa.

El primer gobierno liberal estuvo formado por exiliados. Se estableció un sistema de libertades políticas: libertad de los presos políticos, supresión de la Inquisición, etc.

Fue un periodo de reformas políticas y económicas basadas en las normas de las Cortes de Cádiz. Surgió el fenómeno juntero; este hecho dio lugar a la existencia de un doble poder: el del gobierno y el de las juntas. En el verano de 1820, los exaltados no aceptaron la decisión del gobierno moderado. En octubre se sumó la supresión de las sociedades patrióticas.

Destacó la ley de supresión de órdenes monacales y reforma de regulares; una ley de octubre de 1820 suprimió todos los conventos. Otra medida fue la abolición de los gremios, la desamortización de los bienes de la Iglesia y la supresión de las vinculaciones y mayorazgos de la nobleza.

El intento de golpe cambió el signo de esta etapa. La Santa Alianza decidió intervenir y Francia envió un ejército, los Cien Mil Hijos de San Luis. En junio, el gobierno y las Cortes marcharon a Cádiz y el 1 de octubre de 1823 Fernando VII restauraba su poder absoluto.

5. Década Ominosa

Es una década considerada como uno de los periodos más negros de la historia. Los primeros años fueron de una acentuada represión política. Muchos liberales abandonaron España. Tras la revolución de París en julio, muchos se trasladaron a Francia. Unos y otros países conspiraron para derrocar a Fernando VII.

Quienes no pudieron huir fueron perseguidos, encarcelados o ejecutados. El aparato represivo absolutista se articuló con cuatro instrumentos básicos:

  1. La Superintendencia General de Policía y las comisiones militares.
  2. El Cuerpo de Voluntarios Realistas.
  3. Los Tribunales de Justicia.
  4. Las Juntas de Fe.

La pérdida de las colonias agravó más la crisis de la Hacienda. Fernando VII acudió a nuevos empréstitos para cancelar la deuda anterior.

Luis López Ballesteros recurrió a una reforma fiscal dirigida a recuperar viejos impuestos que acabó en fracaso. Se llevaron a cabo cambios en la administración del Estado; Fernando se mostraba algo más moderado.

La insurrección más importante tuvo lugar en Cataluña (Guerra de los Agraviados). Los rebeldes reclamaban la sucesión de Carlos María Isidro, la restauración de la Inquisición y la supresión de la policía.

El rey quería asegurar la sucesión; casado con María Cristina, se anunció el embarazo. Un mes antes se había publicado la Pragmática Sanción de 1789 que derogaba la Ley Sálica, lo que permitía reinar a las mujeres. En 1830 nacía una niña, Isabel, y comenzaba el carlismo. La guerra civil se anunciaba cuando fallece Fernando VII en 1833 y, dos años después, Isabel II fue proclamada reina.

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