Historia de España Contemporánea: De la Constitución de 1869 a la Transición Democrática

La Constitución de 1869 y el Sexenio Democrático

La Constitución de 1869 fue aprobada tras la Revolución Gloriosa de 1868, que provocó el derrocamiento de la reina Isabel II y la formación de un Gobierno Provisional presidido por Francisco Serrano. Las nuevas Cortes, elegidas por sufragio universal masculino, elaboraron la primera constitución verdaderamente democrática de la historia de España.

La Constitución establecía la soberanía nacional, una monarquía parlamentaria, la división de poderes y el sufragio universal masculino. Además, reconocía amplios derechos y libertades, como la libertad de expresión, reunión, asociación y religión, así como la inviolabilidad del domicilio y la correspondencia.

Fue una de las constituciones más avanzadas de Europa en su época y representó la máxima expresión del liberalismo progresista iniciado con la Constitución de 1812. Sin embargo, las dificultades políticas, la muerte de Prim, el reinado de Amadeo I, la Tercera Guerra Carlista, la guerra de Cuba y la inestabilidad de la Primera República impidieron su consolidación. Finalmente, en 1874, el fin del Sexenio Democrático y la Restauración borbónica pusieron término a este proyecto político.

El Movimiento Obrero y Campesino en España

El movimiento obrero y campesino español surgió a finales del siglo XIX como respuesta a las duras condiciones de vida de trabajadores y jornaleros. Su desarrollo comenzó tras la libertad de asociación de 1868 y la llegada de las ideas de la Primera Internacional, difundidas por Giuseppe Fanelli.

Los obreros sufrían largas jornadas laborales, bajos salarios y falta de derechos, mientras que los campesinos padecían la concentración de la tierra en grandes latifundios y una situación de extrema pobreza. Estas dificultades provocaron un importante éxodo rural hacia las ciudades y la emigración a otros países.

Corrientes del Movimiento Obrero

Las principales corrientes del movimiento obrero fueron:

  • Socialismo: Se organizó en torno al PSOE (1879) y la UGT (1888), fundados por Pablo Iglesias Posse. Defendía la participación política y la mejora de las condiciones laborales mediante la negociación y la huelga.
  • Anarquismo: Tuvo una gran influencia en Cataluña y Andalucía, rechazó la participación política y apostó por la acción directa. A comienzos del siglo XX evolucionó hacia el anarcosindicalismo, que culminó con la creación de la CNT en 1910.

Junto a estas corrientes existieron otras formas de organización más moderadas, como las Sociedades de Socorros Mutuos y el sindicalismo católico, que buscaban mejorar las condiciones de vida de los trabajadores mediante la ayuda mutua y la cooperación.

El Reinado de Alfonso XIII y la Crisis de la Restauración

El reinado de Alfonso XIII comenzó en 1902 en un contexto de crisis del sistema de la Restauración tras el Desastre del 98. Para intentar regenerar el sistema surgió el revisionismo político, que buscaba modernizar el Estado sin acabar con la monarquía.

El principal impulsor de estas reformas fue Antonio Maura, quien intentó reducir el caciquismo con la Ley Electoral de 1907, impulsó una política económica proteccionista y creó el Instituto Nacional de Previsión en 1908. Sin embargo, su gobierno terminó tras la Semana Trágica de Barcelona de 1909 y la fuerte represión que siguió a los disturbios.

Posteriormente, José Canalejas continuó las reformas con medidas sociales, fiscales y religiosas, como la Ley del Candado. También favoreció la descentralización con la creación de la Mancomunidad de Cataluña y la Ley de Cabildos de Canarias en 1912. Su asesinato ese mismo año puso fin a los intentos de reforma desde dentro del sistema.

A partir de entonces, la Restauración entró en una crisis cada vez más profunda debido a la inestabilidad política, los problemas sociales y las consecuencias económicas de la Primera Guerra Mundial. Finalmente, el debilitamiento de la monarquía culminó con el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera en 1923, que puso fin al sistema de la Restauración.

La Segunda República: El Bienio Reformista (1931-1933)

Durante el primer bienio de la Segunda República (1931-1933), el gobierno presidido por Manuel Azaña impulsó un amplio programa de reformas para modernizar y democratizar España. Estas reformas se desarrollaron bajo la Constitución de 1931, que establecía un Estado democrático, laico y descentralizado, reconocía el sufragio universal y ampliaba los derechos y libertades de los ciudadanos.

Principales Reformas Republicanas

  • Ámbito social y laboral: Se aprobaron leyes para mejorar las condiciones de los trabajadores, regulando los contratos laborales, los convenios colectivos y el derecho de huelga.
  • Reforma Agraria: Destinada a repartir tierras entre los campesinos sin recursos, aunque sus resultados fueron limitados por la falta de medios económicos y la oposición de los grandes propietarios.
  • Reforma Religiosa: Buscó reducir la influencia de la Iglesia en la vida pública mediante la separación entre Iglesia y Estado, la implantación del matrimonio civil y el divorcio, y la limitación de la enseñanza religiosa.
  • Reforma Militar y Territorial: Se emprendió una reforma militar para modernizar el Ejército y garantizar su fidelidad a la República, así como una reforma territorial que permitió la aprobación del Estatuto de Autonomía de Cataluña en 1932.
  • Educación: Se impulsó una importante reforma educativa basada en la creación de escuelas públicas, la lucha contra el analfabetismo y la enseñanza laica.

A pesar de sus objetivos modernizadores, muchas de estas reformas encontraron una fuerte oposición y se vieron limitadas por la crisis económica y la conflictividad social. Tras las elecciones de 1933, la victoria de las fuerzas conservadoras dio paso al Bienio Conservador, durante el cual las reformas fueron paralizadas o revisadas.

La Dictadura de Francisco Franco (1939-1975)

Tras el final de la Guerra Civil el 1 de abril de 1939, Francisco Franco instauró una dictadura personal que duró hasta 1975. El nuevo régimen eliminó las libertades democráticas, prohibió los partidos políticos y los sindicatos, y concentró todo el poder en la figura del Caudillo.

Los principales pilares del franquismo fueron el Ejército, la Falange y la Iglesia católica. El Ejército garantizaba el mantenimiento del régimen; la Falange, convertida en partido único, se encargaba del control político y del adoctrinamiento de la población; y la Iglesia legitimó la dictadura a cambio de una posición privilegiada en la educación y la sociedad, dando lugar al nacionalcatolicismo.

El Estado franquista se caracterizó por el totalitarismo, el centralismo, la represión de la oposición, el anticomunismo y el rechazo de la democracia y las libertades. Además, los medios de comunicación estuvieron sometidos a una estricta censura y fueron utilizados como instrumento de propaganda.

Las Leyes Fundamentales del Reino

Para organizar el régimen, Franco aprobó las llamadas Leyes Fundamentales. Entre ellas destacaron:

  • Fuero del Trabajo (1938): Establecía el sindicato vertical y prohibía la huelga.
  • Ley Constitutiva de las Cortes (1942): Creó unas Cortes sin poder real.
  • Fuero de los Españoles (1945) y Ley de Sucesión (1947): Definía a España como un reino y otorgaba a Franco la facultad de nombrar sucesor.
  • Ley Orgánica del Estado (1967): Regulaba el funcionamiento institucional del régimen.

En conjunto, el franquismo fue una dictadura autoritaria basada en la concentración del poder en Franco, el control de la sociedad y la ausencia de derechos y libertades democráticas.

La Transición a la Democracia y los Pactos de la Moncloa

Tras la muerte de Franco en 1975, quedó claro que la dictadura no podía continuar. La sociedad española había cambiado profundamente y existían presiones internas y externas para instaurar un sistema democrático. Ante esta situación surgieron tres opciones: mantener el franquismo, romper completamente con el régimen o reformarlo desde sus propias instituciones. Finalmente se impuso la vía reformista, impulsada por el rey Juan Carlos I y por Adolfo Suárez.

En 1976 se aprobó la Ley para la Reforma Política, que permitió desmontar legalmente el franquismo y convocar elecciones democráticas. Posteriormente se legalizaron los partidos políticos, incluido el Partido Comunista, y se concedió una amnistía a los presos políticos. Las elecciones de junio de 1977 dieron la victoria a la UCD de Suárez y permitieron la formación de unas Cortes encargadas de elaborar una nueva Constitución.

La Transición coincidió con una grave crisis económica provocada por el aumento del precio del petróleo, que generó inflación, desempleo y dificultades industriales. Para afrontar estos problemas y garantizar la estabilidad democrática, el gobierno y los principales partidos firmaron los Pactos de la Moncloa en 1977.

Estos acuerdos incluyeron medidas políticas, como la ampliación de derechos y libertades, y reformas económicas destinadas a reducir la inflación, modernizar el sistema fiscal y fortalecer la Seguridad Social. Los Pactos de la Moncloa fueron fundamentales para consolidar la democracia y preparar el camino hacia la Constitución de 1978 y la modernización de España.

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